KI TAVÓ 5784

La liberación de cautivos (pidión shvuím)

 

Liberar prisioneros es un gran precepto y antecede en importancia a todos los diferentes tipos de tzedaká. @ Está prohibido pagar un precio exorbitante por la liberación de cautivos. @ Todo pago de un precio exorbitante a cambio de los secuestrados por el Hamás significa un acto de claudicación que pone en riesgo a la vida de todos los judíos y los condena a un peligro multisistémico. @ Los familiares de los secuestrados deben respetar al público numeroso que no está dispuesto a aceptar acuerdos que impliquen una rendición. @ Los familiares de los secuestrados que logran elevarse por encima de su terrible dolor personal y sentir un lazo de hermandad con las familias de los caídos por la acción terrorista son dignos de un reconocimiento sobresaliente.

 

A raíz de las concesiones realizadas en los acuerdos anteriores, el enemigo ya no se contenta con la liberación de un elevado número de terroristas a cambio de cada secuestrado, sino que exige alcanzar logros políticos y militares tales como el cese de los combates, la retirada de las tropas israelíes etc. En semejante estado de cosas, el peligro es más grave, ya que todo territorio del cual nos retiremos se convertirá en un sitio desde el cual los terroristas se organizarán para atacar al Estado de Israel.

 

Nuestros sabios dijeron que liberar cautivos en un gran precepto y antecede en importancia a todos los demás tipos de tzedaká, porque el cautivo sufre de hambre, de sed y de la falta de vestimenta, y además de ello, su vida corre peligro (Tratado de Baba Batra 8(A)). Por ello, no se deben escatimar esfuerzos a los efectos de liberar prisioneros (Rambám y Shulján Aruj Yoré Deá 252:1).

Sin embargo, nuestros sabios establecieron un principio o halajá según el cual está prohibido pagar un precio exorbitante por la liberación de cautivos, tal como aparece en la Mishná: “No se liberan cautivos por más dinero que el que valen (los esclavos en el mercado) en pos de preservar el correcto funcionamiento del mundo (tikún olám)” (Tratado de Guitín 45(A)). Esta medida tiene por cometido no generar incentivos a los bandidos para que apresen más y más judíos, pues una vez que entienden que estamos dispuestos a pagar por ellos cualquier precio no dejarán de hacerlo. Así es como se dictó la Halajá en el Shulján Aruj (Yoré Deá 252:4).

Sin embargo, en caso de que los captores amenacen con asesinar al prisionero, las autoridades halájicas debatieron respecto de la postura a asumir, y hay quienes dicen que dado que se trata de un peligro de vida tangible e inmediato está permitido y es preceptivo pagar cualquier suma que sea por el cautivo (ver Pitjei Teshuvá a Yoré Deá 252:4). Según esto, hay quienes sostienen que también es preciso liberar a los secuestrados por el Hamás a cualquier precio ya que se encuentran sumidos en un terrible sufrimiento y el riesgo para sus vidas resulta inminente.

No obstante, su argumento es errado. Toda la discusión halájica gira en torno al pago de una suma exorbitante a bandidos, pero si se tratase de demandas sobre la totalidad del público judío de una región determinada, por ejemplo, que la abandonen o que dejen de dedicarse al comercio o a la agricultura, ya no estaríamos ante una exigencia de un grupo criminal sino de enemigos que declaran la guerra contra la totalidad de la comunidad judía. Y tal como instruyeron nuestros sabios, si los enemigos vienen a robar tan solo heno y paja de una aldea fronteriza, se debe arriesgar la vida y salir a combatir contra los bandoleros, porque si hemos de claudicar en una cuestión menor seguirán luchando contra nosotros y pondrán en peligro la vida de numerosos judíos (Tratado de Eruvín 45(A), Shulján Aruj Oraj Jaím 329:6).

Cuánto más aun que se debe proceder así cuando se trata de un enemigo cuya meta declarada es aniquilar al Estado de Israel, y todo pago de un precio exorbitante por los secuestrados implica una claudicación que pone en peligro de todos los judíos y los condena a numerosos factores de peligro: a) Muchos de los terroristas liberados volverán a asesinar judíos. b) Un acuerdo de ese tipo promoverá más intentos futuros de secuestro a cambios de precios elevadísimos. c) El enemigo verá en ello una victoria, y en virtud de ella, su moral se verá reforzada, la guerra se prolongará y costará la vida de numerosas víctimas. d) A raíz de las concesiones efectuadas en acuerdos anteriores, el enemigo ya no se contenta con la liberación de un elevado número de terroristas a cambio de cada secuestrado, sino que exige alcanzar logros políticos y militares tales como el cese de los combates, la retirada de las tropas israelíes etc. En semejante estado de cosas, el peligro es más grave, ya que todo territorio del cual nos retiremos se convertirá en un sitio desde el cual los terroristas se organizarán para atacar al Estado de Israel.

La postura de los sectores políticos de la izquierda

Pregunta: Tras exponer todos estos argumentos válidos, ¿cómo es posible entender la postura de numerosas personalidades, algunas de ellas expertas en cuestiones de política exterior y defensa, que apoyan la firma de un acuerdo de liberación de cautivos a un precio desmesurado, y aun entonces, solamente a cambio de la liberación de algunos de los secuestrados?

Respuesta: Estas personas creen que no es posible derrotar al enemigo porque no se puede vencer a ideas, y tampoco es justificado hacerlo, porque los árabes detentan demandas nacionales justas contra el Estado de Israel. Según ellos, si vamos a estar dispuestos a retirarnos de Judea, Samaria y Jerusalém Oriental, si vamos a otorgarle a los árabes que son ciudadanos de nuestro país un estatus de nación reconocida dentro del marco del Estado de Israel, alcanzaremos finalmente la paz y la seguridad.

Para quienes creen en esto, retirarse de zonas las estratégicas dentro de la Franja de Gaza no implica una gran concesión, ni tampoco lo es la liberación de terroristas, ya que de todas maneras no es posible derrotar al enemigo, y de todas maneras, para alcanzar la paz, deberemos tomar todas estas medidas. Para quienes creen en estas premisas, toda negativa a aceptar el acuerdo con el Hamás implica el abandono de los secuestrados a su suerte en aras de la consecución de metas vanas.

La política adecuada

Sin embargo, su postura no es justa desde el punto de vista moral, porque esta tierra es nuestra, y los árabes jamás tuvieron derechos nacionales sobre la tierra de Israel. E incluso rechazaron las propuestas generosas que les realizó el pueblo judío perdiendo así su derecho nacional. Además, desde el punto de vista de la seguridad, resulta imposible alcanzar la paz por medio de retiradas y de concesiones. Así, el principio moral, el destino nacional y la pura realidad nos exigen derrotar al Hamás. Si ello no ha de ocurrir, D’s no lo quiera, nuestra situación empeorará y los peligros que acechan a nuestro alrededor se incrementarán.

Afortunadamente, esta es la postura mayoritaria del público judío. Esta fue también la opinión de los comandantes de las fuerzas de seguridad del Estado de Israel durante varios meses, que habrían de derrotar a los terroristas del Hamás hasta que les quedasen solamente dos alternativas: rendirse o morir. Lamentablemente, a pesar del heroísmo de los soldados, en virtud de la ausencia de una estrategia adecuada, nuestras fuerzas de seguridad no han cumplido con los objetivos propuestos. Correspondería que los cabecillas del aparato de seguridad renuncien a sus puestos, ya que o fracasaron en su misión o le mintieron al público. De todas maneras, aunque no sean capaces de vencer y no estén dispuestos a renunciar, cuanto menos que no promuevan acuerdos de claudicación que pongan en peligro a la seguridad de la población.

Un acuerdo peligroso

Si bien la mayoría del público está convencida de que es preciso derrotar al Hamás, no queda claro que entienda que en caso de que el acuerdo de liberación de los secuestrados a un precio exorbitante sea efectuado no habremos de ganar la guerra, y así, pondremos en peligro a muchas más vidas de las que habremos de salvar. No se trata de una suposición sino de la experiencia del pasado. Gradualmente, el Estado de Israel se ha ido rindiendo y ha aceptado liberar secuestrados israelíes a un precio que fue constantemente en ascenso. En un principio se efectuó el acuerdo de Ghibril en el año 5745 (1985) en el marco del cual se liberaron 1151 terroristas a cambio de tres soldados del Ejército de Defensa de Israel. Estos terroristas liberados fueron los líderes de la primera Intifada (sublevación árabe que se inició en diciembre del 87 N. de T.) que estalló menos de tres años después de efectuado el acuerdo y causaron por lo menos diez veces más muertos.

En el año 5764 (2004) se firmó un acuerdo con el Hezbolá en el marco del cual se liberó a Eljanán Tenenboim y a tres cadáveres de soldados israelíes a cambio de 450 terroristas, entre ellos, el Sheikh Obeid y Mustafá Dirani. En virtud de ello, obviamente que el Hezbolá planificó secuestrar a más soldados. Dos años más tarde lo logró, y a raíz de ello estalló la Segunda Guerra del Líbano (2006) en la cual murieron 121 soldados y 44 civiles.

El proceso de deterioro continuó y llegó a su punto álgido en el acuerdo de la liberación de Guilad Shalit en el año 5772. En octubre del 2011 Guilad Shalit fue liberado a cambio de 1027 terroristas. El entonces premier Biniamín Netaniahu y 26 de sus ministros apoyaron el acuerdo, al tiempo que solo tres se opusieron a él: Avigdor Liberman, Moshé Ya’alón y Uzi Landau.

Estos terroristas son los que lideraron varias oleadas de violencia contra Israel, y en ese contexto, erigieron un sistema de terror monstruoso y sin igual, y condujeron al estallido de la presente guerra, en la que hasta el momento han caído más de 1500 israelíes entre civiles y soldados.

¿Se pueden justificar las manifestaciones violentas por la liberación de los secuestrados?

Pregunta: Hay quienes sostienen que a las familias de los secuestrados les está permitido todo, incluso exigir públicamente la rendición incondicional ante el Hamás, así como también espetar duras acusaciones contra el gobierno y contra todo aquel que no esté de acuerdo con ellos. ¿Hay algo de verdad en este argumento?

Respuesta: Quienes creen en la postura de los sectores políticos de izquierda es comprensible que exijan la liberación de los secuestrados a cambio de numerosos terroristas y la retirada de la Franja de Gaza. Pero carecen del derecho moral para espetar duras acusaciones y procurar amargar la vida de quienes piensan que acuerdos de este tipo ponen en peligro a vidas humanas. Cuánto más siendo que nosotros nos encontramos en plena guerra, y expresiones de este tipo ponen vidas en peligro porque generan disenso interno y afectan negativamente al espíritu de heroísmo de nuestros soldados, sus familiares y el público en general. No menos grave que ello, estas expresiones incitan al enemigo a elevar el número de terroristas que exigen liberar y a mantener en su poder a más secuestrados, y en un futuro, a iniciar otra guerra.

También los familiares de los secuestrados tienen que respetar al público en general que no está dispuesto a aceptar un acuerdo de rendición. Se los puede juzgar favorablemente cuando se imaginan lo que les está ocurriendo a sus seres queridos en el cautiverio, y por causa del sufrimiento pierden la razón, y sumidos en su dolor se expresan muy duramente. Pero cuando políticos y medios de comunicación sesgados políticamente se aprovechan de su dolor para insultar al público en general y a sus representantes, a un público que tiene a numerosos hijos arriesgando su vida en la defensa del país y del pueblo, se trata ya de un pecado grave que no puede ser interpretado de una manera condescendiente. Aquellos familiares de secuestrados que logran elevarse por encima de su terrible dolor personal y sentir un lazo de hermandad con las familias de los caídos, son dignos de un reconocimiento sobresaliente.

Una situación trágica

Nuestra situación es trágica, la división entre la derecha y la izquierda es profunda y toca cuestiones vinculadas a la vida y a la moral. A ello se le agrega la falta de confianza en el actual gobierno de los partidarios de la izquierda y de algunos de los de la derecha, así como a la falta de confianza de los partidarios de la derecha y algunos de los de la izquierda en la comandancia actual del ejército. En semejante estado de cosas, es preciso realizar el mayor de los esfuerzos en aras del reforzamiento de la identidad judía y los valores comunes, entre ellos, los del respeto, la sensibilidad y la consideración para con los contrincantes políticos.

El estatus de una jalá separada que volvió a mezclarse con la masa

Pregunta: Separamos jalá y por equivocación alguien la devolvió a la masa. ¿Cuál es el estatus de esta masa?

Respuesta: En primer lugar, es preciso explicar que la jalá está destinada al cohen, para que la ingiera en estado de pureza. Un israelita tiene prohibido comer de la jalá, al igual que un cohen que está impuro. Por lo tanto, en la actualidad, que no hay manera de purificarnos, está prohibido ingerir la jalá debiendo ser quemada o envuelta y colocada de un modo honorable en el bote de la basura.

En la práctica, si la masa es cien veces más voluminosa que la jalá separada, esta última resultará anulada y la masa o el producto horneado con esta podría ser ingerido. Si la masa no es cien veces más voluminosa que el trozo de jalá separado, este no se anula y estará prohibido comer de la masa o del producto horneado con esta.

Pero si aún no se comenzó a ingerir del producto horneado, quien separó la jalá puede ir a consultar a un rabino para que, reunido con dos personas más, formen un tribunal y autoricen la jalá separada, pues esta tiene el estatus de promesa (neder), y así cómo es posible liberarse de una promesa es también posible anular la separación de la jalá (Ramá Yoré Deá 323:1).

Quien pida la autorización, dirá al tribunal que se arrepiente de haber separado la jalá y que de haber sabido que esta se mezclaría con la masa no la habría separado. A su vez, los miembros del tribunal le dirán al solicitante tres veces: “la jalá fue anulada” (hajalá betelá) o “la tienes autorizada” (mutar laj), y de esa manera, la masa o el producto horneado con esta pasarán a estar permitidos y se deberá volver a separar de estos jalá obviando el recitado de la bendición correspondiente (Pninei Halajá Kashrut 11:13).

 

 

 

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