La valentía de nuestros soldados

Yom Kipur 5784

La valentía de nuestros soldados

 

El deseo de alcanzar la paz deformó nuestra percepción de la realidad en cuestiones vinculadas a la seguridad nacional y generó el paradigma geopolítico que nos condujo al desastre. @ Durante su servicio militar, los conscriptos cumplen dos preceptos, cada uno de los cuales equivale en importancia a la sumatoria de todos los mandamientos: salvar al pueblo judío de manos de sus enemigos y poblar la tierra de Israel. @ Estos son los únicos mandamientos respecto de cuyo cumplimiento resulta preceptivo poner en peligro la propia vida. @ El público sionista religioso sobresale de manera singular por sus porcentajes de enrolamiento a las unidades de combate tanto en el servicio obligatorio como en la reserva. @ Por medio del cumplimiento de los preceptos en la tierra de Israel se consigue unir al cielo con la tierra y conectarse con ambos conjuntamente.

En la medida que profundicemos en la comprensión de todos los preceptos y comprendamos cómo es que por medio de su observancia se hace descender la bendición Divina sobre el cielo y la tierra conjuntamente, lograremos recibir esta bendición en su totalidad.

En el último año hemos presenciado atónitos el grado de entrega y valentía que pusieron de manifiesto nuestros soldados combatientes que arriesgan sus vidas en aras de la defensa de la nación y el país. La alta comandancia fracasó, pero el arrojo de los ciudadanos veteranos de unidades de combate que dejaron sus casas y pusieron su vida en peligro para salvar a los residentes de la zona fronteriza con Gaza, así como el coraje de los soldados de la reserva que se enrolaron en altísimos porcentajes para un servicio prolongado que duró varios meses, inclinaron finalmente el fiel de la balanza en nuestro favor. Desde entonces, en el marco de un esfuerzo extendido en el tiempo, el Estado de Israel se ha fortalecido y ha ido derrotando a sus enemigos.

En virtud de nuestro deseo por vivir una vida de abundancia y tranquilidad, el Estado de Israel se había extraviado, marchando tras promesas vanas de lograr una estabilidad relativa con nuestros enemigos a la cual denominamos falsamente “paz”. Por ello, firmamos los acuerdos de Oslo con enemigos malvados y engañosos, cedimos a la presión ejercida por el movimiento “Cuatro madres” y por la prensa y nos retiramos de la franja de seguridad en el sur del Líbano. Eliminamos los asentamientos en Gush Katif y en el norte de la Samaria y no respondimos adecuadamente a las crecientes provocaciones que provenían de la franja de Gaza y del Líbano. El deseo por alcanzar la paz deformó también nuestra percepción en cuestiones de seguridad y generó el paradigma geopolítico que nos condujo al desastre.

La valentía de nuestros soldados y la decisión de nuestro gobierno le permite hoy al Estado de Israel comenzar a recomponer su poder de disuasión, avanzar hacia el afianzamiento de su estatus en la región y alcanzar una situación de seguridad de largo alcance.

Quiera HaShem que todas las familias de los caídos y los heridos puedan consolarse con el sosiego de Jerusalém e Israel, y que por su mérito surja nueva vida en el seno de estas, que logren agrandar sus núcleos familiares para el esplendor de la Torá, el pueblo y el país. Sea Su voluntad que todos los secuestrados y todos los desplazados retornen a sus hogares.

Dos preceptos que equivalen en importancia a la totalidad de los mandamientos

Por medio del servicio militar -especialmente en las unidades de combate- los reclutas cumplen dos preceptos, cada uno de los cuales equivale en su importancia a la totalidad de los mandamientos.

El primero, es el de participar en la guerra preceptiva (miljemet mitzvá) en aras de salvar al pueblo de Israel de manos de sus enemigos. Tal como es sabido, salvar una sola vida equivale en importancia a la totalidad de los preceptos, ya que en caso de peligro mortal quedan sin vigencia todas las mitzvot, y se las transgrede a los efectos de salvarla. Cuánto más aun que esto es así cuando hablamos de la salvación de la totalidad del pueblo de Israel. El segundo precepto es el de poblar el país, respecto del cual nuestros sabios dijeron que equivale en importancia a la totalidad de todos los mandamientos (Tosefta Avodá Zará 4:3, Sifrei Reé 53).

Más aun, estos dos son los únicos preceptos cuyo cumplimiento puede implicar poner en riesgo la vida propia, ya que en términos generales no se pone una vida en peligro para observar mandamientos tales como cuidar Shabat o ayunar en Yom Kipur, pero en el caso de la guerra preceptiva destinada a salvar a la totalidad del pueblo de Israel y a poblar el país, es obligatorio hacerlo (Minjat Jinuj 425 y 604, Mishpat Cohen 143). También en el caso de los tres preceptos respecto de los cuales se dice “morirá y no transgredirá”, a priori, la persona debe escaparse para no llegar a una situación en la cual se le imponga la transgresión, al tiempo que, en el caso de la guerra para la salvación de la nación y el país, es preceptivo arriesgarse en aras de su observancia.

El éxito educativo del público sionista religioso

En el marco de todos estos episodios de heroísmo y voluntariado, resaltan especialmente los miembros del sector sionista religioso, quienes lideran en los porcentajes de enrolamiento a las unidades de combate y más aún entre los reservistas.

Este voluntariado increíble es el resultado de la buena educación impartida, dirigida a la observancia de estos dos grandes preceptos: poblar el país y salvar a los hijos de Israel de manos de sus enemigos. El valor de estos dos preceptos se ve potenciado por una educación orientada a la conducta ética, la cual antecedió a la aparición de la Torá, y por medio de la observancia del precepto de “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, el cual incluye la preocupación de todo judío por el bienestar de su pueblo.

Esta educación se basa en el profundo estudio de la Torá que tiene lugar en las yeshivot sionistas religiosas. En paralelo con el crecimiento de estas instituciones educativas, el porcentaje de muchachos que se voluntarizan para un servicio militar combativo y significativo ha ido in crescendo. Esta educación profunda tiene lugar en todas las instituciones superiores para mujeres (midrashot), en las instituciones preparatorias para el servicio militar (mejinot), en las yeshivot de educación secundaria, en los liceos religiosos femeninos (ulpenot), en la educación media en general, en los colegios primarios y en los jardines de infantes. Todos, sin excepción, son partícipes y socios de este fabuloso fenómeno educativo.

Esta formación, se ve permanentemente reforzada por el estudio de la porción semanal de lectura (parashat hashavúa), ya que la Torá hace un gran énfasis en el valor de la nación y de la tierra de Israel. Estas ideas son incorporadas en los educandos por medio de palabras de Torá que se dicen junto a la mesa de Shabat, en las clases de historia, en las celebraciones de Yom Ha’atzmaut, Yom Yerushalaim y en los días de ayuno nacional. Esta educación se ve reforzada por medio del respeto que los jóvenes le profesan a quienes se enrolan en las unidades de combate, y el gran reconocimiento que le manifiestan a los oficiales y a los combatientes de las unidades de elite. Asimismo, son de fundamental importancia el profundo ánimo y estímulo que reciben los soldados de parte de sus padres, y el rol que juegan las heroicas mujeres que siguen manteniendo y dirigiendo sus hogares y familias mientras sus maridos se encuentran fuera de casa durante los largos períodos de servicio en el frente.

Cuando logremos educar así de bien en el cumplimiento del resto de los preceptos

De todo esto surge la gran esperanza de que si hemos de poder educar así de bien en el cumplimiento de los demás preceptos tales como el estudio de la Torá, cuidar el Shabat, contraer matrimonio, aplicar la totalidad de los mandamientos entre el hombre y su prójimo y poblar la tierra de Israel en su más amplio sentido -lo cual incluye dedicarse a mejorar el mundo cultivando las ciencias y desarrollando la economía- lograremos traer la redención al pueblo judío, a nuestro país y al mundo entero.

Puede que incluso surja una pregunta acusatoria en el sentido de ¿por qué no logramos educar así de bien en el cumplimiento de todos los demás mandamientos? ¿Quizás estemos esmerándonos demasiado en una educación orientada hacia la entrega abnegada en aras del pueblo judío y su tierra, a cuentas de los demás preceptos? Sin embargo, no corresponde argumentar cosa semejante por dos motivos.

El primero es que el precepto de defender a la nación y a su país equivale en importancia a todos los mandamientos de la Torá, la vida de la nación judía depende de su observancia, y además, en este tema es preciso todavía mejorar más aún. Por lo tanto, de ninguna manera se debe permitir que su cumplimiento resulte afectado.

La Torá de la tierra de Israel

El segundo motivo es que el publico sionista religioso está conectado a la Torá de la tierra de Israel, que resalta de un modo esencial la bendición que llega a nuestra vida en este país proveniente del cumplimiento de las mitzvot, y por ende, de modo natural, cuanto más comprensible resulte la bendición que llega a través de un precepto determinado, mejor podrá ser absorbida. Quien observa la realidad con una visión lúcida, ve al exilio y su maldición hasta llegar al terrible Holocausto y entiende que el establecimiento del Estado de Israel y de su ejército salvaron al pueblo judío tanto nacional como espiritualmente, y por ende, comprende el enorme valor que encierra este precepto. Por ello, para esta persona, todo el valor sagrado de la Torá se pone de manifiesto en el cumplimiento de los preceptos de poblar el país y servir en el ejército.

La gran misión que se presenta ante nosotros es la de seguir discerniendo la bendición que nos trae cada uno de los mandamientos, y en la medida que logremos descubrirla, conseguiremos educar a la observancia excelente de todos los preceptos.

La diferencia entre la tierra de Israel y el extranjero

Los preceptos le fueron dados al pueblo de Israel para que este los observe en su tierra, tal como fue dicho: “Estos son los fueros y las leyes que habréis de cuidar para cumplir en la tierra” (Devarim-Deuteronomio 12:1). Aparentemente, de ello se desprende que en el extranjero no es preciso cumplir las mitzvot. Sin embargo, a partir de un análisis minucioso de los versículos, nuestros sabios puntualizaron que, aunque pequemos y seamos castigados con el exilio, debemos seguir observando los preceptos en el extranjero (ver Talmud Jerosolimitano Tratado de Sheviít 6:1, ídem Kidushín 1:8, Talmud Babilonio Tratado de Kidushín 37(A), Sifrei Ekev 43-44).

Sin embargo, los sabios aclararon que el deber de observar los preceptos en el extranjero no deja sin efecto la postura básica en cuanto a que estos fueron entregados para ser observados en la tierra de Israel, ya que el motivo de su cumplimiento en el extranjero obedece a la necesidad de no olvidarlos para poder aplicarlos a nuestro regreso. Tal como dijeran los sabios: “A pesar de que Yo os exilio de la tierra de Israel, cumplan diligentemente los preceptos para que al regresar no les resulten desconocidos. Esto se asemeja a un rey que se enoja con su mujer y la envía a la casa de su padre. Le dijo: Mantente ornamentada con tus joyas para que cuando regreses no te parezcan nuevas. Así le dijo el Santo Bendito Él al pueblo de Israel: Hijos míos, cumplan diligentemente los preceptos para que al regresar no les resulten desconocidos. Tal como dijera el profeta Yrmiahu – Jeremías: ‘Ponte señales en el camino’, estos son los preceptos que el pueblo de Israel se esmera en cumplir y le fungen como señales en el camino” (Sifrei Ekev 43, y también Rashi a Devarim-Deuteronomio 11:18, Rambán a Vaikrá-Levítico 18:25).

La Torá del extranjero

La Torá del extranjero no se dedica a revelar su contenido sagrado en la tierra sino únicamente en el alma, en el cielo. Por ello, la bendición resultante de la observancia de los preceptos en el extranjero es que la parte espiritual del individuo se apega a HaShem, y la recompensa por ello llega en el Mundo Venidero, y en este mundo oscuro, llega únicamente a la interioridad del alma. Pero esta observancia en el extranjero no conlleva la recepción de la bendición en el mundo terrenal, el cual continúa siendo duro y difícil. En este contexto educativo, la realidad no es tan importante, es preciso acomodarse en ella, pero no se intenta mejorarla o desarrollarla. Por ello, en el extranjero, el trabajo y el progreso del mundo carecen de valor propio e inherente, pues el mundo material en el cual nos encontramos es defectuoso y carece de arreglo para nosotros. Solamente cuando logramos retornar a la tierra de Israel podemos traer bendición al país y al mundo entero.

La bendición de la Torá de la tierra de Israel

Por otra parte, por medio de la observancia de los preceptos en la tierra de Israel logramos unir cielo y tierra, tal como fue dicho: “Nos ha ordenado HaShem, cumplir todos los fueros estos: para venerar a HaShem nuestro D’s, para nuestro bien, durante todos los días” (ídem 6:24). Y tal como se explica ampliamente en las secciones de lectura de la bendición y la maldición en las porciones de Bejukotai y Ki Tavó.

También en la tierra de Israel el cielo es sumamente valioso. Pero a diferencia del exilio, donde se extendió un tabique entre el plano superior y la tierra y por ende el firmamento expresa un mundo espiritual distante y eterno, en la tierra de Israel HaShem se manifiesta, y así cielo y tierra se vuelven cercanos, el cielo fecunda a la tierra y esta a su vez enaltece al cielo (ver Hoshea-Oseas 2:23-25).

El desafío

En la medida que profundicemos en todos los preceptos y entendamos mejor cómo por medio de su observancia la bendición Divina fluye a la vez hacia el cielo y hacia la tierra, lograremos cumplirlos de un modo más correcto y obtendremos la totalidad de la bendición que de ellos emana. No se trata de explicaciones que tornen al cumplimiento de los mandamientos en más sencillo. Es un hecho que la educación orientada a la defensa del pueblo de Israel y su tierra ha sido coronado por el éxito, a pesar de que se trata de un precepto que implica una gran entrega, peligro y grandes dificultades. Lo antedicho tampoco busca dar una explicación a cada uno de los preceptos, pues estos son mandatos Divinos, y por lo tanto, jamás podremos comprenderlos en toda su dimensión. Pero cuando se comprende el valor y la importancia de cada mitzvá, se busca cumplirla en todos sus detalles, aunque estos resulten incomprensibles. De igual manera, cuando entendemos el valor del servicio militar logramos soportar la dureza de los entrenamientos, aunque no siempre comprendamos las duras órdenes que recibimos, y así, logramos llevar el servicio a buen término, aunque en el camino nos surjan dudas respecto de la idoneidad tanto de la comandancia política como de la militar.

Mientras tanto, en numerosos aspectos nos encontramos a medio camino entre la Torá del extranjero y la de la tierra de Israel. Todavía nos nutrimos de la Torá del extranjero y esta es de suma utilidad, pero por lo general, no satisface a quien su mundo ya pertenece a la Torá de la tierra de Israel y espera recibir explicaciones más completas sobre su contenido. En la medida que logremos comprender mejor la Torá de la tierra de Israel, nos estaremos acercando más a la llegada de la redención.

 

 

 

 

 

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