El acuerdo para la liberación de los secuestrados y el heroísmo de los soldados

VAERÁ 5785

 

Debemos magnificar el valor de los soldados conscriptos y de los reservistas que lucharon durante largos meses. @ Gracias a su entrega, el pueblo de Israel vive y continuará avanzando. @ Con su abnegación, Jananiá, Mishael y Azariá fortalecieron el espíritu de toda la generación y la motivaron a aferrarse a la fe de Israel. @ Debemos regresar a la rutina de la santidad de la vida con discreción y humildad. @ La bendición reservada para los amados héroes de la nación está en lo más profundo de su alma. @ Cuando el pueblo de Israel necesita de un milagro para su salvación, posteriormente se producen crisis. @ El camino que D’s ha establecido para el progreso del ser humano, es el de conducirse por medios naturales.

 

Cuando el pueblo de Israel necesita de un milagro para su salvación, posteriormente se producen crisis, porque el camino que D’s ha establecido para el progreso del ser humano es el de conducirse de acuerdo con las leyes de la naturaleza. De esta manera, uno se acostumbra a avanzar gracias a su laboriosidad y a su astucia, y a salvarse de los peligros en virtud de su precaución. Sin embargo, cuando recibe una bendición o una salvación por medio de un milagro, se crea una peligrosa brecha entre su situación personal y el obsequio que ha recibido, y su existencia queda pendiendo sobre el vacío, y todo lo que posee puede perderse rápidamente.

 

Luego del acuerdo

Muchos se sienten decepcionados por el acuerdo humillante. Esperábamos que gracias al valor y a la entrega de nuestros soldados, la comandancia militar y la dirigencia política cumplirían los objetivos de la guerra, erradicarían por completo al Hamás y a su régimen, y devolverían a los rehenes. Sin embargo, en la práctica, los altos mandos del ejército no prepararon un plan para derrotar al Hamás, por lo que la pérfida organización sigue en pie y extorsiona al Estado de Israel para liberar a terroristas abominables.

Todavía no hemos terminado la guerra, por lo que aún no ha llegado el momento de hacer un balance. Pero mientras tanto, es necesario magnificar el valor de los soldados, tanto de los conscriptos como de los reservistas que lucharon durante muchos meses; la valía de los padres que los educaron y rezaron por ellos; la valentía de las mujeres que enviaron a sus esposos al frente y quedaron solas a cargo del hogar. Es un deber sagrado recordar a las personas sagradas que arriesgaron su vida para defender al pueblo de Israel y su tierra, así como también  el valor de los heridos que sufrieron y siguen sufriendo en los hospitales.

Gracias a su entrega, el pueblo de Israel sigue hoy con vida y continuará avanzando. Aunque de momento no hemos alcanzado la victoria, hemos visto que ha crecido una generación capaz de ganar y que quiere hacerlo, y son ellos los que llevan adelante al Estado de Israel a pesar de los fracasos de la dirigencia. Resulta inconmensurable la dimensión de la virtud y la recompensa de aquellos soldados que dieron su vida por Israel en la guerra y la de sus familias. Ellos tuvieron el mérito de cumplir dos preceptos, cada uno de los cuales equivale a la sumatoria de todos los mandamientos de la Torá: la conquista de la tierra de Israel y la salvación del pueblo judío, y su recompensa por ello en el Mundo Venidero -el mundo de la verdad y la eternidad- es infinita.

 

En este mundo

También en este mundo, gracias a su entrega, a nuestros héroes se les concede la oportunidad de abrir su corazón y recibir una bendición sin medida. Quien resistió y luchó con abnegación durante muchos días, ya no es la misma persona que supo ser. Su alma se elevó al nivel de la generalidad del pueblo de Israel (klal Israel), y si ha de lograr transferir a su vida, aunque tan solo sea un poco de todas estas virtudes manifiestas, recibirá una gran bendición.

Y no se refiere a una bendición que se expresa en actos grandes y ruidosos, sino a la capacidad de alcanzar a conectar con un nivel más profundo en el alma, lo cual le permitirá experimentar la vida de una forma más correcta y precisa. Así es en lo referente al hombre que regresa del frente a su esposa, y otro tanto ocurre con la mujer que durante meses cuidó y mantuvo a su familia con valentía. Ellos pueden lograr profundizar su amor de pareja y dar a sus hijos una educación de mayor calidad. Lo mismo ocurre en lo que respecta a los padres y a los hermanos. Lo mismo pasa con relación a los amigos y a las familias que han sufrido la pérdida de un ser querido, a quienes debemos apoyar, e intensificar nuestro estudio de la Torá para la elevación del alma de los sagrados caídos.

Si en virtud de su entrega abnegada, logran elevarse un poco en el estudio de la Torá de la Tierra de Israel y su comprensión, en la realización de actos de bondad, en su laboriosidad en el trabajo y en su apego a los preceptos, recibirán una bendición inimaginable. Porque un pequeño incremento que proviene de lo más profundo del alma tiene más valor que grandes actos que permanecen únicamente sobre la superficie, y produce buenos frutos durante un largo tiempo.

 

El ejemplo de Jananiá, Mishael y Azariá

Resulta oportuno recordar aquí a Jananiá, Mishael y Azariá, quienes siendo aun niños fueron exiliados de Jerusalém y sirvieron como funcionarios en la corte del rey de Babilonia. Cuando llegó la orden de que todos se inclinaran ante la gran estatua que Nabucodonosor había erigido, muchos de los hijos de Israel olvidaron su patria y su fe, y se inclinaron. Sin embargo, Jananiá, Mishael y Azariá decidieron entregar sus vidas, y aunque los amenazaron con arrojarlos a un horno ardiente, se aferraron a su fe y no se inclinaron. Ellos sabían que iban a ser incinerados, pero D’s hizo un milagro y los salvó (Daniel 3; Tratado de Meguilá 12(A)).

Por medio de su arrojo y entrega fortalecieron el espíritu de toda la generación y la motivaron a aferrarse a la fe de Israel. Sobre esa época oscura, nuestros sabios dijeron: «D’s quiso transformar a todo el mundo en noche… y sangre… pero cuando vio a Jananiá, Mishael y Azariá, se apaciguó» (Tratado de Sanedrín 93(A)). Gracias a ellos, el pueblo de Israel recordó su pacto con D’s, regresó a su tierra y reconstruyó tanto el Templo como las murallas de Jerusalém. E incluso, su entrega abnegada sirvió de ejemplo para las generaciones venideras, para los santos de Israel que entregaron sus vidas santificando el Nombre Divino.

La gran pregunta que surge es: ¿cómo es posible regresar a la rutina después de un acto tan sublime?

Respecto de estos tres héroes, los sabios se preguntaron (Tratado de Sanedrín 93(A)): ¿A dónde fueron? «Rav dijo: Murieron por causa del mal de ojo», es decir, intentaron seguir viviendo en ese nivel elevado, y el público también esperaba eso de ellos, pero vivir en tal grado de santidad está más allá de las capacidades del ser humano, por lo que murieron debido al mal de ojo. «Shmuel dijo: Murieron a causa del escupitajo», ya que las naciones del mundo decían despectivamente: ‘D’s les hace grandes milagros, y ustedes se rebelan contra Él inclinándose ante una estatua’. Es decir, el gran milagro ocurrido les trajo como consecuencia el desprecio, y murieron debido a ello. «Rabí Yojanán dijo: Ascendieron a la Tierra de Israel, se casaron y tuvieron hijos e hijas». Es decir, se envolvieron en humildad, renunciaron a su estatus honorable en el palacio del rey, cumplieron la orden recibida de ascender a la tierra, y con gran entrega, se establecieron en una tierra que en esos días estaba destruida, y tuvieron familias hermosas.

Quizás se puede decir que en un inicio intentaron hacer grandes cosas y casi murieron por causa del mal ojo y el escupitajo, hasta que comprendieron que ese no era el camino, porque lo que se debe hacer es cumplir con la palabra de D’s y ascender a la tierra de Israel, y a ojos del mundo fueron considerados como muertos. Allí, en la tierra de los vivos, alcanzaron a tener una vida sencilla plena de bendiciones.

 

En silencio y humildad

Una sensación similar es la que pueden experimentar nuestros valientes soldados. Después de haberse elevado a las alturas de la abnegación, querrán hacer grandes cosas, transformar el mundo para bien por medio de una tormenta de emociones. Las mujeres, que apoyaron a sus esposos que se encontraban en el frente mientras mantenían sus hogares con valentía, también pueden esperar que de ahora en más todo sea perfecto. Sin embargo, cuanto mayores sean las expectativas, mayor puede ser la decepción, y podrían caer y quebrarse por causa de la desilusión.

Por lo tanto, es necesario regresar a la rutina de la santidad de la vida en paz y humildad, y saber que la bendición reservada para los amados héroes de la nación se encuentra en la profundidad de su alma, y que deben abrir su corazón con calma para poder recibirla tranquilamente.

 

Los que piden milagros

Algunos, desde su decepción, afirman: ¡Solo un milagro podrá ayudar! Sin embargo, debemos saber que los milagros no están destinados para eso, sino principalmente para revelar el poder de HaShem y Su conducción en el mundo. Tal como ocurriera con las maravillas que tuvieron lugar durante la salida de Egipto, por medio de las cuales se supo en el mundo que HaShem había elegido a Israel para ser Su pueblo. Al igual que en el caso de los milagros de la entrega de la Torá, que sirvieron para que todos supieran de la grandeza de la Torá que D’s le había dado a Israel. Y también los milagros que hizo HaShem por nosotros al entrar en la tierra en los días de Yehoshúa, la división de las aguas del rio Yardén (Jordán), la caída de las murallas de Yerijó (Jericó) y la detención del sol en Guivón (Gabaón) hasta el final de la guerra, fueron realizados con la finalidad de revelar y anunciar a los hijos de Israel y a todas las naciones del mundo, que el pueblo hebreo entraría y conquistaría la tierra por mandato de D’s.

Sin embargo, después de eso, los hijos de Israel precisaron fortalecerse en la observancia del precepto de conquistar la tierra prometida y poblarla por medios completamente naturales.

 

El peligro que encierra el milagro

Cuando el pueblo de Israel necesita de un milagro para su salvación, posteriormente se producen crisis, porque el camino que D’s ha establecido para el progreso del ser humano es el de proceder según las leyes naturales. De esta manera, uno se acostumbra a avanzar gracias a su laboriosidad y a su astucia, y a salvarse de los peligros en virtud de su precaución. Sin embargo, cuando recibe una bendición o una salvación por medio de un milagro, se genera una peligrosa brecha entre su situación personal y lo que ha recibido como obsequio, y su existencia queda pendiendo sobre el vacío, y todo lo que posee puede perderse rápidamente.

Como no ha trabajado con diligencia y astucia para ganar la bendición, no sabe cómo conservar lo que ha recibido ni qué hacer para seguir avanzando. Como no ha aprendido a defenderse de los peligros, las amenazas contra él aumentarán.

Por ejemplo, una persona que se ha enriquecido gradualmente gracias a su trabajo y talento, durante el proceso de trabajo y enriquecimiento ha aprendido cómo manejar su dinero de una manera responsable, pero alguien que de repente recibe una gran suma no sabe qué hacer con ella, y muchas veces comete errores y la pierde al tiempo que se pelea con toda su familia y amigos. Un líder que ha crecido gradualmente sabe cómo guiar a otros y liderar procesos, pero quien es elegido líder de repente, a menudo comete errores y cae.

Un pueblo que ha ganado una guerra por medio de un milagro, es razonable que en la siguiente sea derrotado, ya que sus enemigos se prepararán bien para la contienda, mientras que este no sabrá cómo formar un ejército para que resulte victorioso.

Para cerrar la brecha generada por el milagro, es necesario fortalecerse mucho en los caminos naturales. Sin embargo, en la práctica, las personas que experimentan un milagro tienden a cultivar falsas esperanzas de que los grandes éxitos son posibles con pequeños esfuerzos, y desprecian el trabajo arduo que es aquel que genera un progreso lento y gradual. Además, el milagro puede opacar la naturaleza, y aquellos que reciben un milagro pueden equivocarse en pensar que ese es el nivel que D’s desea, que los seres humanos deben rezarle, y Él a su vez, cumplirá sus deseos. Así, en lugar de dedicarse al estudio de la Torá en todos sus aspectos, estudiarán sobre los grandes milagros. En lugar de dedicarse a cumplir todos los mandamientos entre el ser humano y D’s y entre los seres humanos, se concentrarán en las prácticas piadosas y descuidarán otros mandamientos. En lugar de rezar a HaShem para que los ayude a ser diligentes en su trabajo por los caminos naturales, rezarán pidiendo un milagro, yendo en contra de la advertencia de los sabios en cuanto a no confiarse en los milagros (Tratado de Ta’anit 20(B); Cuzarí 5:23; Rambán a Deuteronomio 6:16; Ramá a Yoré Deá 116:5).

 

El fin de la generación que salió de Egipto

Así también ocurrió con la generación que salió de Egipto. No hubo generación que viera más milagros y maravillas que esta, pero como no se elevó por sí misma en los caminos de la fe, fracasó en el pecado del becerro de oro; y dado que no se acostumbró a cumplir las palabras de la Torá por medio de los caminos naturales, fracasaron en el pecado de los espías, y se decretó que todos morirían en el desierto. No solo eso, sino que, según Rabí Akiva, no tienen porción en el Mundo Venidero. Sin embargo, según Rabí Eliezer, a pesar de su fracaso, sí la tienen (Tratado de Sanedrín 111(B)).

Y así encontramos en el Tanaj, que después de que sucede un milagro, sobreviene una caída, y cuanto mayor es la envergadura de la maravilla, más difícil es el posterior derrumbe.

Por lo tanto, después de que una persona recibe un milagro, debe esforzarse mucho para prepararse mediante el estudio, los buenos modales y las buenas acciones, para no necesitar más de portentos, y poder recibir toda la abundancia por medios naturales. Pero si no tiene éxito en ello, caerá, y solo aquellos que vengan después de él podrán aprender la lección de que el milagro está destinado a despertar a la persona para que esta a su vez se esfuerce por los medios naturales.

Por lo tanto, debemos armarnos de valor, seguir estudiando la Torá de la Tierra de Israel, y fortalecernos en la observancia de los mandamientos de la conquista del país y la protección del pueblo judío de manos de sus enemigos. Al igual que el rey David, que no pidió un milagro, sino solo le pidió a D’s que le ayudara a construir su ejército e infundir valentía en sus soldados, para que pudieran derrotar a sus enemigos de manera contundente.

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