BO 5785
Dios creó el mundo de tal manera que se rige por principios generales denominados leyes naturales. @ Los milagros tienen como objetivo revelar y difundir que D’s es quien maneja la totalidad del mundo. @ Los dos grandes milagros a través de los cuales D’s se reveló al mundo, y gracias a los cuales este existe, son la salida de Egipto y la entrega de la Torá. @ Desde que los hijos de Israel entraron a la tierra prometida, los milagros dejaron de producirse. @ En general, la conquista de la tierra de Israel se llevó a cabo por medios naturales. @ Cuando Israel elige el bien, la bendición fluye a través de los conductos naturales. @ La redención depende de la observancia de los mandamientos relacionados con el poblamiento de la tierra de Israel, el cual se lleva a cabo por medios naturales.
Al igual que un ser humano, que en su infancia depende de los cuidados de sus padres, y a medida que crece se vuelve responsable de su vida y de su sustento, así también ocurre con el pueblo de Israel. Al principio, D’s se encargaba de todas sus necesidades, como una madre que cuida a su hijo lactante, y a medida que crecía y maduraba, la responsabilidad pasaba a este, para que fuera él quien revelara la palabra de D’s al mundo a través de los anales de su existencia.
La Naturaleza y el milagro
Pregunta: ¿Acaso la conducción del mundo a través de las leyes de la naturaleza no es algo que ocurre a posteriori y en retrospectiva, al tiempo que a priori, el mundo debería sostenerse mediante milagros como en el caso de la salida de Egipto?
Respuesta: Desde un inicio, D’s creó el mundo con sabiduría, es decir, de modo tal que se rija por principios denominados leyes naturales. A través de este sistema, el ser humano entiende las leyes que gobiernan el mundo, y sabe que cada acción que realice tendrá un impacto en lo que le sucederá a él y a los demás. Si elige el bien, traerá el bien a sí mismo y para los demás; si elige el mal, se hará daño a sí mismo y a los demás. Si estudia una profesión, podrá encontrar trabajo. Si trabaja con honestidad y esfuerzo, tendrá una buena fuente de sustento. Si un hombre honra, ama y alegra a su esposa, y así también procede la mujer para con su marido, ambos tendrán una vida feliz y podrán criar a sus hijos de un modo adecuado. Si una persona habrá de ser buena y fiel para con sus amigos, gozará de un entorno social bueno y solidario. Además, si estudia Torá y cumple sus mandamientos, podrá expresar la imagen de D’s que anida en su seno de la mejor manera y será un socio de HaShem en la mejora del mundo y su redención. He aquí que Dios creó la naturaleza como el marco más adecuado para revelar tanto el poder del ser humano como así también sus talentos.
La carencia inherente al orden natural y la necesidad de un milagro
Sin embargo, hay un defecto en el funcionamiento del orden natural, y es que puede hacer que se olvide el Nombre de D’s, y los milagros están destinados a corregir esta carencia. Esta deficiencia puede ser descrita de tres maneras:
La primera, al ser humano las leyes de la naturaleza por medio de las cuales se rige el mundo le parecen ordenadas y estables, al punto de que parecería como que su poder proviene de sí mismas sin que nadie las haya creado. Y cuando estos órdenes naturales colapsan, por medio de milagros que rompen las leyes de la naturaleza o a través de un estallido de fuerzas naturales tales como los rayos y los truenos, los terremotos, las inundaciones y los incendios (ver Tratado de Berajot 59(B)), la creencia en que hay un Creador del mundo vuelve a surgir en la conciencia humana.
La segunda, aun cuando una persona recuerda que el mundo tiene un Creador, la sabiduría y el poder de las leyes naturales pueden hacerle pensar que, desde la creación, la naturaleza se maneja por sí sola, sin que D’s continúe vivificándola y supervisándola providentemente. Entonces, la persona debe luchar por su supervivencia, atrapada dentro de las leyes de la naturaleza y de los bajos instintos que controlan su existir, sin poder cambiarse a sí misma ni al mundo para bien. Por lo tanto, a veces D’s quiebra los límites de la naturaleza, realiza milagros y les enseña a los seres humanos que Él es quien mantiene o sostiene en funcionamiento a las leyes naturales, para por su intermedio poder influir con Su luz y Su bondad sobre los seres creados. De este modo, la persona puede entender que su tarea es seguir los caminos de Dios, descubrir los secretos de las leyes de la naturaleza y usarlas para el bien, y cuanto más profundamente las descubra, mayor será su capacidad para convertir al mundo en un lugar mejor.
La tercera, incluso los justos, que siempre recuerdan que D’s creó el mundo y lo dirige, y a pesar de que se dedican continuamente a la realización de caridad y justicia pueden llegar a olvidar que la naturaleza en la que viven no es perfecta. Se acostumbran al hecho de que la Providencia Divina en el mundo se mantiene oculta, y muchas veces al justo le va mal y al malvado le va bien, y dentro de este marco intentan hacer lo mejor que pueden de acuerdo con las instrucciones de la Torá. A través de los milagros realizados por personalidades especiales, los cuales se originan en un mundo superior, recordamos nuestros anhelos por la reparación del mundo, nos negamos a conformarnos con sus fallas y sus defectos, y trabajamos con un mayor ahínco en pos de su redención.
El milagro tiene como objetivo revelar que HaShem dirige el mundo
Por lo tanto, el milagro tiene como objetivo revelar y difundir que D’s es el conductor de la totalidad del mundo, y que todos los seres humanos deben seguir Sus caminos. El significado de la palabra «milagro» (nes) es tanto «maravilla» como «bandera que flamea». El milagro maravilloso es como una bandera que se iza y se eleva a una gran altura, para que se pueda ver desde lejos, y mediante ella, saber que HaShem dirige el mundo y tiene el control sobre todas las fuerzas. Tal como fue dicho: «Les diste a Tus temerosos una bandera (o milagro) para que ondeara por causa de la verdad (o de la belleza)» (Salmos 60:6), es decir, HaShem le otorgó a quienes le temen un milagro para confirmar y embellecer Sus palabras. De manera similar, el significado de la palabra «señal» (ot) es «símbolo», y su significado también es «milagro maravilloso», tal como fue dicho: «Y este bastón tomarás en tu mano y con él realizarás los milagros» (Éxodo 4:17). El milagro es un símbolo de la conducción divina general sobre el mundo.
Los milagros de la salida de Egipto y la entrega de la Torá
Por encima de todos los milagros, hay dos grandes portentos a través de los cuales HaShem se reveló ante el mundo, y gracias a los cuales este existe: la salida de Egipto y la entrega de la Torá. Incluso si una persona intentara con todas sus fuerzas contemplar la luz superior que se encuentra oculta en las leyes naturales, sin la revelación milagrosa de la entrega de la Torá no recibiría una orientación divina clara sobre la fe y el camino apropiado a transitar para corregir al ser humano y al mundo, y se perdería de la senda de la virtud en medio de un enredo de dificultades y aspiraciones personales. Además, la elección divina de Israel para manifestar Su palabra en el mundo es la base para la entrega de la Torá, y en la salida de Egipto, esta elección se reveló.
Por lo tanto, la elección de Israel y la entrega de la Torá se llevaron a cabo con señales y milagros, para que todos supieran que su contenido antecede en importancia a todos los asuntos del mundo y a todas las leyes naturales, y que por su intermedio se revelan el poder y la conducción de Dios sobre el mundo. Así dijeron los sabios: «Dios podría haber sacado a los hebreos de un solo golpe o incluso por medios naturales, pero castigó a los egipcios con diez plagas hasta que se rindieron y enviaron a Israel en libertad para revelar al mundo Su grandeza y Su poder, y dejar en claro que no hay fuerza alguna que pueda resistirlo». Sobe eso fue dicho (Shemot-Éxodo 7:3): «…e incrementaré Mis señales y Mis portentos en la tierra de Egipto». Y también fue dicho: «Y para que hayas de relatar a oídos de tu hijo y del hijo de tu hijo lo que Yo me he mofado en Egipto; y Mis signos los que Yo he operado en ellos y habréis de saber que Yo soy HaShem» (ídem 10:2). Por eso estamos obligados a recordar la salida de Egipto todos los días, en las festividades, en las mezuzot y en los tefilín, para que recordemos todos los principios de la fe que se revelaron a través de los milagros que D’s realizó durante la salida de Egipto (Rambán, comentario a Shemot-Éxodo 13:16).
De igual manera, la entrega de la Torá se llevó a cabo por medio de una revelación milagrosa ante todos los hijos de Israel, para que creyeran en D’s y recibieran la Ley, tal como fue dicho: «Pues pregunta ahora por los días pretéritos … ¿acaso ha ocurrido como la cosa magna esta, o acaso se ha oído algo como ello? ¿Acaso ha oído pueblo alguno, la voz de D’s que habla de en medio del fuego, como la has oído tú, y ha permanecido con vida?» (Devarim-Duteronomio 4:32-33).
El pasaje hacia una conducción basada en las leyes naturales
En general, a partir de que los hijos de Israel entraron a su tierra, los milagros cesaron. El maná dejó de caer del cielo, y los israelitas tuvieron que obtener su sustento por medios naturales, labrando, sembrando, plantando y cuidando de las cosechas de la tierra para que crecieran mediante el esfuerzo de sus propias manos, separando de ellas los diezmos y las ofrendas (trumot uma’aserot), y designando tiempos para el año sabático (shemitá) y el jubileo (iovel). De esta manera, cumplieron con el precepto de poblar la tierra de Israel, que equivale en importancia a la sumatoria de todos los mandamientos de la Torá.
La conquista de la tierra de Israel también se llevó a cabo principalmente a través de las leyes de la naturaleza. Sin embargo, al comienzo de la campaña, D’s realizó grandes milagros para revelar y comunicarles a los israelitas y a todos los habitantes del mundo que los hebreos entrarían a la tierra prometida y la conquistarían por efecto de un mandamiento Divino. Por eso, D’s dividió el río Yardén (Jordán), derribó las murallas de Yerijó (Jericó) y detuvo el sol en Guiv’ón (Gabaón) hasta que los israelitas derrotaron a los cinco reyes de la región montañosa. Sin embargo, después de esto, tuvieron que fortalecerse en el cumplimiento del precepto y conquistar la tierra por medios naturales, y cuando obraron con negligencia, D’s no los ayudó.
Como una persona que crece de la infancia a la madurez
Al igual que una persona cuya infancia está marcada por la preocupación de sus padres por todas sus necesidades, y a medida que crece se vuelve responsable de su vida y de su sustento, así también ocurrió el pueblo de Israel. En una primera etapa, D’s se encargó de cubrir todas sus necesidades, tal como una madre que cuida de su hijo lactante, y conforme creció y maduró, la responsabilidad pasó a él, para que fuera él quien revelara la palabra de HaShem al mundo a través de los acontecimientos de su existencia.
Los grandes milagros tuvieron lugar para enseñar cómo es la conducción de HaShem, pero el objetivo ulterior era que los israelitas vivieran en la tierra de Israel, y por medio del cumplimiento de la Torá y los preceptos, revelaran la palabra de D’s dentro de la naturaleza, para que todos los ámbitos estén colmados de Su bendición.
Así fue cómo pecaron los espías, quienes temían asumir la responsabilidad de conquistar la tierra de Israel por medio de las leyes naturales.
Los milagros en tiempos de crisis
Cuando el pueblo de Israel elige el bien, la bendición fluye por los medios naturales, tal como aprendemos de la Torá, que cuando seguimos los mandamientos de D’s, obtenemos una bendición natural. Sin embargo, cuando el pueblo de Israel peca y su fuerza se debilita, precisan de milagros para recordarles que HaShem dirige el mundo y darles así tiempo para retornar en arrepentimiento. Así ocurrió en el reino de Israel, cuando antes de su destrucción, los profetas Eliahu (Elías) y Elishá (Eliseo) realizaron grandes milagros y dieron a Israel una oportunidad para poder arrepentirse. Pero como no lo hicieron, el reino de Israel fue destruido y sus diez tribus fueron exiliadas. Sin embargo, los milagros reportaron un beneficio, porque si bien no lograron evitar la calamidad en tiempo real, enseñaron al pueblo de Israel a lo largo de las generaciones que HaShem dirige el mundo, y que en virtud de a Su amor por ellos, les envió a Sus profetas para intentar salvarlos, y que cuando retornen en arrepentimiento serán redimidos.
La redención depende del cumplimiento del precepto de poblar la tierra Israel
Entender el valor del trabajo según las leyes de la naturaleza resulta de importancia para nuestros días, ya que la redención depende del cumplimiento del precepto de poblar la tierra de Israel, el cual se efectiviza por medios naturales a través de judíos que asciendan al país, lo pueblen, erijan un Estado y formen un ejército para proteger a la nación y al país, y construyan el Templo de Jerusalém. Sin embargo, los sabios insinuaron (Tratado de Sanedrín 97(B)) que, si el pueblo de Israel no retorna en arrepentimiento, D’s impondrá sobre nosotros un rey que dictará decretos severos como los del malvado Hamán, hasta que, a través del sufrimiento, retornemos en arrepentimiento, ascendamos a la tierra de Israel y la repoblemos de acuerdo con las leyes naturales. Y cuanto más nos fortalezcamos en la observancia de este mandamiento por los medios naturales, más éxito tendremos; y si no nos reforzamos, entonces, seguiremos avanzando, pero a través del sufrimiento.
Un argumento en contra del rezo sobre el Monte del Templo
Pregunta: Oí de un rabino destacado que se opone a que se suba al Monte del Templo para rezar, argumentando que, entre otras cosas, quienes lo hacen están transgrediendo las palabras de los sabios: «Dijo Rav Kahana: Quien ora en un lugar descampado es un insolente (jatzif)» (Tratado de Berajot 34(B)), es decir, quien reza en un lugar abierto se lo considera desvergonzado, porque la oración debe efectuarse en privado.
Respuesta: Es extraño que ese rabino no haya revisado el comentario de Tosafot in situ (en el párrafo que comienza con el vocablo «jatzif» חציף), donde se preguntan por qué Ytzjak oró en el campo (Bereshit-Génesis 24:63), y responden que lo hizo en el Monte Moriá, que es en sí un lugar sagrado. Es decir, en un sitio sagrado y especialmente destinado para la conexión entre Israel y HaShem, la oración debe realizarse al aire libre. Y estas palabras de Tosafot han sido citadas en muchos libros.





