TRUMÁ 5785
La actitud de la Halajá hacia el budismo
La mayoría de los fieles budistas en el subcontinente indio adoran estatuas del Buda, y por lo tanto, se los considera personas que practican la idolatría «con participación» (beshituf, esto es, creen en HaShem y en otros dioses) @ El budismo en sí se ocupa de la pacificación de los instintos humanos y de encaminar al hombre hacia una vida de tranquilidad y menos de una actitud hacia D’s. @ Por eso, numerosas personas occidentales que adoptan conceptos y prácticas budistas no se refieren a esta como a una religión y no se considera que practiquen idolatría.
Aquellos budistas que se elevaron por sobre la perspectiva idolátrica y creen en una Fuente Superior que no puede ser aprehensible y que no descansa sobre las estatuas, no son considerados paganos en absoluto. Y aunque veneren efigies ello no es parte de un ritual, sino que es una manera de honrar una idea y a quien la concibió.
Luego de que la semana pasada nos refiriéramos a la actitud del judaísmo y la Halajá hacia el hinduismo, en el presente artículo continuaré analizando las diferentes religiones dharmicas. Bajo este nombre nos referimos a las religiones surgidas en el subcontinente indio. Esta familia de credos incluye a la religión hindú y a las tres religiones que surgieron de esta: el budismo, el jainismo y el credo sikh.
La idolatría con participación
En primer lugar, quisiera decir que para la Halajá la religión hindú es considerada idolatría con participación (shituf), la cual está absolutamente prohibida para el pueblo de Israel, mas para los hijos de Noaj, según la opinión mayoritaria de los juristas halájicos, está permitida, y para algunas eminencias también para ellos está prohibida.
La idolatría con participación (avodá zará beshituf) significa que una persona cree que HaShem es el D’s de todos los dioses, el origen de todas las fuerzas y tiene el poder de influir sobre estas deidades, motivo por el cual le reza a Él. Pero al mismo tiempo, cree que HaShem creó diferentes fuerzas que dirigen el mundo, que poseen una capacidad propia de influir sobre el devenir de las cosas, para bien y para mal. Dado que estos dioses benefician a quienes los adoran y perjudican a quienes no los veneran, esta persona se prosterna ante sus estatuas y lleva a cabo rituales en su honor. De esa manera combina o participa su fe en HaShem con su veneración y su servicio a los ídolos.
El budismo
Unos mil años después de la aparición de la religión hinduista, hace cuestión de unos dos mil quinientos años, surgió de esta el budismo. Según la tradición budista, el creador de este credo fue Siddhartha Gautama, un príncipe hindú que vivía a los pies del Monte Himalaya (aproximadamente entre el 563 y el 479 A.E.C.). Cuando salió del palacio se topó con el sufrimiento que rodea la vida del ser humano, así como el dolor infinito que este produce, y de la profundidad de su alma le surgió la interrogante existencial de cómo podría hacer el hombre para redimirse de este terrible sufrimiento. Abandonó el palacio y adoptó practicas ascéticas y autoflagelantes, estudió donde maestros hinduistas y vio que su doctrina, así como sus flagelos y ejercicios de yoga, no lograban aliviar de raíz el problema del sufrimiento.
Por medio de una prolongada meditación profundizó en su consciencia hasta alcanzar la iluminación, motivo por el cual fue llamado “Buda”, literalmente “el iluminado”. Por medio de su iluminación comprendió que el problema del sufrimiento humano tiene su origen en los deseos y su salvación pasa por dejar de desear. El ser humano no debe practicar el ascetismo ni el hedonismo, sino marchar por el camino del medio y por medio de la meditación calmar sus deseos de acumular riquezas y recibir honores, de comer y de beber. Tampoco debe desear satisfacer sus instintos sexuales ni recibir el reconocimiento de sus pares, sino que deberá vivir su vida con una grande y profunda paz interior. En la medida que persista en esta forma de vida, se elevará a esa calma interior y a esa iluminación llamada nirvana (lit. calma) y de ese modo se redimirá para siempre.
Las diferencias entre el hinduismo y el budismo
A diferencia de la religión hinduista que insta a sus fieles a experimentar la vida en toda su potencia y con toda su sensualidad, por medio de la actitud pagana de conferirle significado a las diferentes situaciones, el budismo aspira a extinguir la pasión y el deseo por esas vivencias, vaciarse de pensamientos y de sentimientos, pues de ellos proviene la conexión al mundo exterior, y en su lugar, conectarse al vacío absoluto que es a la vez el ser y la luz absoluta.
En el hinduismo la persona aspira a potenciar el yo interior que recibe el nombre de “atman”, hasta que este se fusiona en el origen superior. Ello se logra por medio del tránsito por la senda correcta y el potenciamiento del yo interior por medio experiencias enriquecedoras plenas de significado. Por otra parte, dado que el individuo no precisa aspirar a lograr una meta determinada sino simplemente a realizar la acción del modo correcto, todas las desgracias que sobrevinieren sobre él no habrán de afectarlo negativamente ni deberán entristecerlo, sino que se tratará de su camino individual hacia el empoderamiento de su yo interior hasta la unificación con la fuente superior.
Por su parte, el objetivo en el budismo es anular la consciencia del yo, pues todo pensamiento sobre su existencia es una ilusión que genera sufrimiento, así como todas las pasiones y todo el sufrimiento del ser humano son también ilusorios. O sea, según el budismo, la anulación de la personalidad y los deseos no se contradice con la verdad, sino que es en sí misma la verdad absoluta, que la personalidad egoísta y sus deseos son una ilusión, y por ende, cuando el individuo se apega a ellos estos le causan sufrimiento, y en la medida que su consciencia esté más libre de egoísmo estará más limpia de ilusiones y podrá acceder a la tranquilidad y a la felicidad. De aquí que, desde su perspectiva, los rituales hinduistas son innecesarios por cuanto que su objetivo es reforzar las ilusiones nocivas.
El camino budista
Los budistas devotos aceptan sobre sí votos de disciplina monástica, se apartan de la vida mundana y se dedican a la anulación del yo y de los deseos, para alcanzar la iluminación y la calma hasta lograr acceder al nirvana absoluto y eterno. Por su parte, el resto de los fieles budistas reciben de esta doctrina directivas para el buen vivir, un vivir libre de adulterio, robo y demás acciones que perjudican al prójimo, con abstinencia del alcohol y las drogas, procurando obrar actos de bien con compasión y generosidad, apoyando materialmente a los monjes que se elevan a niveles más altos, y guían al público en general.
Por medio de la realización de ejercicios meditativos los fieles budistas refuerzan su identificación con los valores de la doctrina y aflojan los lazos que los amarran a las diferentes pasiones, y a la tensión que se produce en virtud de querer alcanzarlas. Contemplan sus vidas y sus aspiraciones con una mirada benevolente y por medio de una mirada profunda y alejada, y en virtud de ello logran alcanzar la estabilidad y la calma. Al persistir en esta práctica, logran una felicidad limitada y la satisfacción de saber que van por la senda correcta. En la medida que persistan en la realización de buenas acciones, que les resultan agradables y benéficos, lograrán un buen karma (un buen destino), por medio del cual podrán continuar gozando de una buena vida, en esta reencarnación y en la siguiente.
La reencarnación del alma y la existencia de castas en el hinduismo y en el budismo
Bajo la inspiración de la religión hinduista, en la India se desarrolló un estricto sistema de división de la sociedad en cuatro castas (varnas), esto es, cuatro clases o estamentos sociales: 1) Los brahmanes que son los religiosos y los clérigos, 2) los guerreros, 3) los trabajadores, y 4) los sirvientes. Hay una clase más que se encuentra por debajo de estas cuatro y es la casta de los impuros, y todas las demás castas se alejaron de sus miembros, se abstuvieron de tocarlos y de comer o beber algo que hubiese sido tocado por estos. A los impuros se les adjudicaron las labores más denigrantes y solieron vivir en una pobreza absoluta.
La idea fundacional de las castas es la fe de que el alma humana se encuentra permanentemente en un proceso de reencarnación: nacimiento, vida y muerte, y nuevamente nacimiento, vida y muerte y así sucesivamente. Según el karma del individuo, esto es, según la totalidad de las acciones realizadas en sus reencarnaciones anteriores, su alma rotará rumbo a un nuevo ciclo de vida. En caso de que hubiere estropeado su alma por medio de malas acciones, y particularmente, si hubiere tratado impropiamente a alguna de las deidades, habrá generado para sí un mal karma, por lo que en la próxima vida habrá de nacer en una casta inferior, o incluso transmigrará pasando a adquirir la forma del cuerpo de un animal, de un vegetal o incluso la forma mineral. En caso de que el individuo en cuestión hubiere realizado buenas acciones y también honrare a los dioses que representan las diferentes fuerzas que operan en el mundo, su karma será bueno, por lo que volverá al mundo para nacer en una casta superior hasta alcanzar el máximo nivel que es la liberación del ciclo de las encarnaciones y la unificación con la fuente del ser. De acuerdo con esto, la persona no debe quejarse por su estatus, dado que nació en la casta que le corresponde de acuerdo con la totalidad de sus acciones en las encarnaciones anteriores. Su reparación personal depende también de la aceptación de su destino, y dentro de ese marco, deberá procurar actuar correctamente.
Las reencarnaciones en el budismo
Los budistas, al igual que los hinduistas creen que las rencarnaciones del alma dependen de las elecciones realizadas por la persona entre el bien y el mal, pero en su opinión, la división de la población en castas es una ilusión nociva que encadena al ser humano y le provoca sufrimiento. Además de ello, el estatus de la persona, tanto para bien como para mal, no depende de su adoración a los dioses, porque en el budismo el servicio a los dioses carece de todo sentido.
En caso de que el individuo escogiere el mal, se reencarnará en una familia difícil o transmigrará en un animal, por el contrario, en caso de que fuere por la senda del bien, su karma adoptará una forma más positiva y en virtud de ello al volver a nacer lo hará en una realidad más agradable, hasta que alcance el grado elevado al que acceden los monjes que logran desconectarse del ciclo del samsara (lit. movimiento constante) de las reencarnaciones accediendo así a la paz eterna del nirvana.
A propósito, en el judaísmo existe también una referencia a la reencarnación de las almas, empero el objetivo es que en esta vida el individuo se eleve al nivel más alto posible, e incluso la persona que nace en las circunstancias más difíciles, como por ejemplo, en el caso de un bastardo, si ha de elegir el bien podrá encumbrarse por encima del nivel de un Sumo Sacerdote que carece de instrucción religiosa (Mishná Horaiot 3:8).
El budismo en la actualidad
En la actualidad más de quinientos millones de personas siguen la doctrina budista en todo el mundo (el hinduismo cuenta con más de mil millones de fieles), pero menos de un uno por ciento estos fieles llevan una vida monástica y se desconecta por completo de la vida mundana. No obstante, son muchos los que se ven inspirados por las enseñanzas budistas destinadas a lograr una vida tranquila en la que obtienen satisfacción de las pequeñas cosas de la vida cotidiana, de la mejora de los rasgos de su carácter y la realización de buenas acciones, sin esperar por ello recompensa alguna salvo la satisfacción de ser una buena persona. El camino para lograrlo pasa por la práctica de diferentes ejercicios de meditación, en los cuales el individuo se entrena en la contemplación profunda de su alma y adquiere fuerzas que le permiten superar sus instintos.
¿Se puede catalogar al budismo como religión? Y además, ¿es idolátrico?
En principio, el budismo no habla ni se ocupa de la cuestión de D’s, sino de abrir un camino para salvar a las personas de su sufrimiento y guiarlas para que logren la paz, la iluminación y la satisfacción. Por lo que puede decirse que se trata de una religión sin D’s. Este es el motivo por el cual numerosas personas en occidente encuentran sentido en el budismo, el cual les otorga una vida buena y agradable, sin exigirles creer en la existencia de una Fuerza Superior que se preocupa por el mundo y le instruye cómo proceder.
Sin embargo, en la práctica, dado que el ser humano naturalmente cree, también los budistas precisan de la fe, y por ello, la mayoría de estos adoran estatuas del Buda, creyendo que en estas se revelan fuerzas divinas, y creen que, si habrán de traer ofrendas y prosternarse ante las efigies en cuestión, obtendrán la bendición. No obstante, su principal creencia consiste en la existencia de una fuente superior eterna, por lo que se los considera idólatras por participación (beshituf) y todos sus rituales estarán prohibidos para un judío tal como lo está la idolatría en su estado de pureza.
Sin embargo, aquellos budistas que se elevaron por sobre la perspectiva idolátrica y creen en la existencia de una Fuente Superior que no puede ser aprehensible y que no descansa sobre las estatuas, no son considerados paganos en absoluto. Y aunque veneren íconos, ello no se considera parte de un ritual pagano, sino como una manera de honrar una idea y a quien la concibió.
El jainismo
Se trata de una religión hindú que surgió en la India en el siglo VI A.E.C., en el mismo siglo en el que surgiera el budismo.
El jainismo se asemeja al hinduismo en cuanto a que también se adoran estatuas de deidades. Según este credo, cada ser vivo posee un espíritu y el ser humano debe respetarlo y evitar dañarlo. Los monjes jainistas tienen un extremo recaudo de no pisar hormigas ni insectos. El número de fieles jainistas oscila entre los cuatro y los doce millones, pero su influencia es cuantiosa, porque muchos de ellos pertenecen a las clases sociales adineradas, y sus principios morales han tenido una gran influencia sobre muchas personas de otros círculos. En términos generales, se puede definir al jainismo como un credo idolátrico con participación.
La religión sikh
Esta religión fue fundada hace cuestión de unos trescientos años en la provincia de Punjab que se encuentra entre la India y Paquistán, y bajo la consigna de la fe en un único D’s combina en su legado creencias hindúes, musulmanas y de otras corrientes. El significado literal de la palabra sikh es “quienes continúan el camino”. Hay unos 23 millones de fieles sikh en el mundo, y como no adoran estatuas, no se los considera idólatras.





