TETZAVÉ 5785
La alegría de Purim vivifica todo el año
El objetivo de la festividad de Purim es brindar inspiración para todo el año. @ A veces, de tanto querer incrementar la alegría, uno se pasa del límite, al punto de que ya no consigue alegrarse. @ Hay que volver a las bases y cumplir con los preceptos festivos según la Halajá. @ Toda iniciativa suplementaria debe llevarse a cabo únicamente si incrementa efectivamente la alegría festiva. @ El precepto de beber tampoco debe causar dolor a los miembros de la familia. @ Según la Halajá, en la actualidad no hay nadie que detente el estatus de Amalec, pero sigue en pie el principio según el cual es preciso derrotar por completo a un enemigo cruel.
En vez de intentar organizar una comida demasiado grande, es mejor llevar a cabo una más íntima en el seno de la familia. A priori, es buena realizarla juntamente con otra familia, pero se la puede efectuar con la sola presencia de los miembros de la familia nuclear. La comida precisa ser fijada sobre pan, y se debe tener el recaudo de que sea digna como la de un día festivo de la Torá. Es bueno que el plato principal sea cárnico, pero quien prefiera pollo o pescado, o incluso una comida láctea, podrá por su intermedio cumplir con el deber de la comida festiva.
Dado que Purim solo es un día en el año y no se pueden enviar porciones de alimento (mishloaj manot) ilimitados y tampoco se pueden realizar comidas con la participación de todos los familiares y todos los amigos, surge la pregunta de a quién es preferible enviarle porciones, al círculo íntimo de amigos que siempre nos acompaña, o justamente a personas más distantes con quienes a veces las relaciones pueden ser un poco tensas. ¿Qué es mejor, realizar dos envíos a amigos selectos o quizás hacerlo con diez, veinte o treinta? Otro tanto en la comida festiva, ¿hacerla con parientes de este lado de la familia o del otro? O, ¿quizás con buenos amigos o con nuevos inmigrantes? ¿Hacer una comida para diez invitados o para cincuenta?
La respuesta es que todas las ideas son buenas, y ese es el tema de Purim, brindar inspiración para el resto del año.
Si bien en Purim no podremos enviarles porciones a todos, mas sí podremos aprender lo bonita que es esta práctica, de modo tal que también después de Purim, a lo largo de todo el año podamos enviarles a todos nuestros amigos y a todas nuestras relaciones manjares de nuestra cocina hogareña. Por ejemplo, cuando se hornean jalot o algún platillo exquisito para el Shabat, se puede agrandar un poco la cantidad que se prepara y enviarle un pan o un platillo sabroso a algún amigo que pasó por una semana especialmente intensa o complicada, a quien haya cumplido años, a quien haya sido despedido o haya comenzado un nuevo trabajo. Así, podremos proyectar al resto del año el acercamiento entre los corazones que tuvo lugar en Purim.
Otro tanto ocurre con la comida festiva. En Purim solo vamos a poder comer con algunos de nuestros amigos y parientes, pero en virtud de la alegría del banquete, entenderemos el valor de la amistad y el regocijo, y procuraremos participar más activamente de las alegrías de las personas cercanas a nosotros a lo largo de todo el año, por ejemplo, asistiendo a sus casamientos, a sus britot milá (ceremonias de circuncisión) y demás ágapes de amigos y familiares.
Lo mismo en lo que refiere al precepto de obsequiar presentes a las personas necesitadas (matanot laevioním), en virtud de lo hecho en Purim nos reforzaremos a lo largo del año en la separación de un diezmo o un quinto de nuestros ingresos para dedicarlo a fines caritativos.
De igual manera ocurre en lo que respecta al precepto de la lectura del rollo de Ester. A raíz de la lectura del relato de Ester, apreciaremos la intervención de la Providencia Divina en el mundo, y veremos cómo el mal puede transformarse repentinamente en bien, y de ese modo, nos reforzaremos todo el año en el estudio de la Torá y en la comprensión de la acción providente de D’s en la realidad.
Una pregunta incisiva de parte de una mujer respecto del precepto de la alegría en Purim
Pregunta: Yo soy una mujer para la cual Purim se ha tornado un día difícil. De ser un día en el cual uno debería alegrarse, se ha transformado para mí en uno de los días más duros. La necesidad de preparar un gran número de porciones para entregar, cocinar y servir el banquete festivo, ayudar a los niños a disfrazarse y orientarlos a la hora de entregar las porciones. A todo esto, hay que sumarle el escuchar la lectura del libro de Ester (¡dos veces!) así como las demoras que se producen y el ruido que se genera cuando durante la lectura se pronuncia el nombre de Hamán. La comida es pesada y no me resulta agradable. Por lo general, mi marido me ayuda en la preparación de las comidas de Shabat y festividades, pero cuando llega Purim, todo recae sobre mí. Como si fuera poco, me tengo que fijar que mi marido no se emborrache, pues de ser así, lo tengo a mi cargo junto al resto de los niños, incluyendo los momentos desagradables y a veces bochornosos que pueden sucederse en esa circunstancia. Por supuesto que hay mujeres que se alegran con todo esto, pero supongo que debe haber no pocas que se sienten como yo.
La respuesta
Respuesta: El problema es que de tanto deseo de incrementar la alegría uno se pasa del límite al punto de que ya no hay alegría. Y así, toda cosa buena, cuando se exagera, se torna molesta y nociva. Los halagos son algo agradable y regocijante, pero cuando son exagerados se tornan una forma de burla. Un buen amigo es algo bueno y fantástico, pero quien exagera en su apego hacia su amigo, lo agobia hasta provocarle rechazo por la relación.
Por lo tanto, hay que volver a las bases y cumplir con los preceptos festivos según la Halajá y todo suplemento debe llevarse a cabo únicamente si incrementa efectivamente la alegría festiva.
El envío de porciones (mishloaj manot)
Es preceptivo enviarle dos porciones a una persona, y los dos miembros de una pareja deben efectuar dos envíos, cada uno de los cuales debe contener dos porciones. En un inicio, se cocinaba la comida festiva, y de lo que se preparaba para el banquete se hacía un envío de dos porciones a un vecino o a un amigo o pariente. Así, el envío no resultaba pesado, y por ende, la alegría que producía era grande porque el destinatario del envío recibía de lo mejor que su amigo se disponía a comer. Dado que es preceptivo educar a los niños en la observancia de los preceptos, hay que posibilitarle a cada hijo que le haga un envío de porciones a un amigo. Más allá de esto no es preciso agregar, salvo que hacerlo produzca una alegría suplementaria.
La lectura de la meguilá
Lo mismo ocurre con la lectura del rollo de Ester. Es preciso organizarse para asistir a una lectura que tenga lugar en un sitio agradable. Si bien a priori es preferible hacerlo en un sitio multitudinario, pero si ello reportare dificultades, por ejemplo, si a la persona en cuestión le molestare escuchar golpeteos cuando se pronuncia el nombre de Hamán, es preferible asistir a un sitio en el cual se lea ininterrumpidamente y sin que se produzca ruido alguno. Esto es lo he escrito respecto de esta costumbre: “En la práctica, quienes deseen continuar con la costumbre de los golpeteos al pronunciar el nombre de Hamán pueden hacerlo, a condición de que tengan el cuidado de que la totalidad del público pueda escuchar la totalidad de la meguilá. No obstante, lo mejor es no hacer ruido alguno mientras se lee el rollo de Ester. Y en una congregación en la cual la mayoría de las personas prefieran que no se interrumpa con golpeteos, corresponde que los encargados avisen previo a la lectura que no se debe hacer ruido. Y esto no implica modificar la costumbre, sino continuar con la costumbre de todas aquellas comunidades que solían escuchar en silencio la lectura de la meguilá (Pninei Halajá Zmanim 15:13).
La comida festiva (se’udá)
Otro tanto ocurre con la comida festiva, en vez de intentar organizar una comida demasiado grande, es mejor llevar a cabo una más íntima en el seno de la familia. A priori, es bueno realizarla juntamente con otra familia, pero se la puede efectuar con la sola presencia de los miembros de la familia nuclear. La comida debe ser fijada sobre pan, y se debe tener el recaudo de que sea digna como la de un día festivo de la Torá. Es bueno que el plato principal sea cárnico, pero quien prefiera pollo, pescado o incluso una comida láctea podrá por su intermedio cumplir con el deber de la comida festiva.
La lógica según la cual es preceptivo embriagarse un poco
Lo mismo ocurre con el precepto de beber, tal como está escrito: “Para que sean días de banquete (con bebida – mishté) y alegría” (Ester 9:22), no es preciso que la ingesta de alcohol traiga sufrimiento a la familia. En términos generales hay dos métodos o lógicas en lo que respecta a la definición de este “precepto”.
Hay quienes dicen que la intención de nuestros sabios (Tratado de Meguilá 7(B)) es que una persona debe embriagarse hasta no diferenciar entre “el maldito Hamán y el bendito Mordejai” (Rif, Rosh). Esto es, a pesar de que el individuo sabe que Hamán era un gran malvado que quería destruir al pueblo de Israel, al mencionarlo no habrá de sentir dolor alguno, tal como suele ocurrir cuando se trae malvados a la memoria, porque en virtud de la alegría de su ingesta alcohólica, verá todo lo bueno que le sobrevino al pueblo de Israel en virtud de su decreto de aniquilación, ya que los judíos retornaron en arrepentimiento y el dictamen adverso se tornó una gran salvación, y por ello, los sabios establecieron que en Purim era preciso alegrarse.
En semejante estado de embriaguez, una persona puede comportarse de un modo poco decoroso, y a veces hasta puede conducirse de un modo un tanto embarazoso, pero sin humillarse realmente. Por eso, si por autoconocimiento la persona sabe que en virtud de la embriaguez puede llegar a comportarse de un modo desagradable o incurrir en acciones prohibidas, deberá evitar entrar en avanzado estado etílico y en su defecto, deberá beber bastante hasta quedarse dormido, y en sueños, no habrá de diferenciar entre “el maldito Hamán” y el “bendito Mordejai”.
El método según el cual no se debe llegar a la embriaguez
Hay quienes dicen que el precepto implica beber más de lo acostumbrado, hasta estar pasado de copas, pero sin llegar al estado de embriaguez que es aquel en el cual la persona puede llegar a conducirse de una manera no decorosa. Esto obedece a que a los efectos de la halajá, no se acepta la idea según la cual una persona debe beber hasta no distinguir (a Hamán de Mordejai – ad deló iadá) (Rabenu Efraim). O sí se acepta, pero con la intención de que la persona beba hasta que no sea capaz de expresarse de manera exacta, y en caso de que tuviera que repetir varias veces la expresión “maldito sea Hamán, bendito sea Mordejai”, se entreverará en algunas de las ocasiones (Tosafot y Rabenu Nisim), o, que la intención de “hasta no diferenciar” implica acercarse sin llegar efectivamente a ese estado.
En la práctica
A los efectos prácticos, cada persona debe escoger para sí el modo en el cual habrá de alegrarse en mayor medida de su ingestión preceptiva de alcohol. Quien sepa que su mujer realmente sufre cuando lo ve embriagado, corresponde que cumpla el precepto de acuerdo con la idea que entiende que alcanza con entonarse un poco. Y en caso de que su mujer realmente sufra, es probable que el cónyuge haya exagerado, incluso según la idea que considera preceptivo emborracharse.
Recuerda lo que te hizo Amalec
Este Shabat cumpliremos con el precepto de leer la porción de la Torá de Zajor, para recordar que el pueblo judío tiene prohibido ser clemente en exceso con sus enemigos. Cuando procedimos con una excesiva piedad fuimos castigados. Así ocurrió en los días del rey Saúl, quien se apiadara del rey Agag, y otro tanto nos ocurrió con el rey Ajav, quien se apiadara del rey de Aram. Si bien según la Halajá, en la actualidad no hay nadie que ingrese en el estatus de Amalec, sigue en pie el principio según el cual es preciso derrotar por completo a un enemigo cruel. El precepto es recordarlo y no olvidarlo, y en virtud de ello, librar batallas en las que se persigue la obtención de una victoria absoluta. Lamentablemente, en el seno de nuestra dirigencia política y de nuestra comandancia militar son muchos los que lo olvidan. Todavía hoy escuchamos a comandantes de nuestro ejército decir que es preciso desarmar los batallones enemigos y eliminar a sus cabecillas como forma de presionarlos a negociar etc. Solamente cuando los oigamos decir que es preciso luchar contra el enemigo hasta que este se rinda incondicionalmente -sabremos que hemos vencido.
La perla diaria
El próximo Shabat, el día 15 del mes de Adar, el día de Shushán Purim, comenzaremos a estudiar el tomo de Pninei Halajá que versa sobre el Shabat, en el marco del estudio diario de las halajot. Unas seis mil personas en todo el país participan de este programa. Tal como lo escribiera a finales del mes de Jeshván, cuando estábamos por comenzar a estudiar el tomo de Berajot, cuando en un inicio se comenzó a organizar este marco de estudio, pensé que el ritmo del avance era demasiado lento y que sería mejor estudiar más halajot cada día para de esa forma alcanzar a estudiar todo el material en menos tiempo, tal como lo hacen un par de cientos de personas que cada día alcanzan a estudiar diez incisos, de modo tal que a lo largo de un año logran abarcar la totalidad de la serie Pninei Halajá. Sin embargo, hace dos libros, yo mismo me sumé al marco de estudio y me di cuenta de que el estudio de dos incisos por día resulta también sumamente significativo. Un inciso y otro inciso se suman a una cuenta grande.
Quien tenga el mérito de sumarse al estudio de las leyes del Shabat, hasta el final del presente año, alcanzará a profundizar en los dos tomos que versan sobre ese tema, desde el significado del Shabat y las leyes de recordarlo y deleitarse en él (zajor y oneg Shabat) y hasta la cuestión de cuidarlo (shamor) y las treinta y nueve labores prohibidas. Antes de Rosh HaShaná alcanzaremos a comenzar el tomo de las leyes del rezo (Tefilá). Quienes se sumen vía el sitio de internet “Halajá Yomit” podrán recibir herramientas auxiliares que les facilitarán el estudio.





