PEKUDEI 5785
La cuestión de la excelencia (hidur) en lo que respecta a las matzot en la noche del Seder
Es preciso cuidar las matzot destinadas a la noche del Seder de un modo especial para que no leuden. @ En la noche del Seder se acostumbra a ser puntillosos e ingerir matzot cuidadas desde el momento de la siega del cereal. @ Las matzot elaboradas a máquina son a priori kasher para el cumplimiento del precepto de la ingestión de matzá en la noche del Seder. @ Hay quienes proceden con excelencia e ingieren matzot hechas a mano elaboradas en aras de la observancia del precepto (leshem mitzvá). @ El resto de los días de Pesaj, se considera una observancia excelente el ingerir matzot cuidadas (shemurot) desde la siega del cereal por temor al jametz. @ La matzá viene a recordarnos la fe, y por ello todo su proceso de elaboración precisa llevarse a cabo con gran cuidado.
Las matzot comunes que son cuidadas a partir del momento de la molienda del cereal son kasher a priori para toda la festividad de Pesaj, e incluso quienes entienden que es preceptivo comer matzá durante los siete días festivos, cumplen por su intermedio con el precepto. Y quienes proceden con excelencia, comen matzot cuidadas desde el momento de la siega del cereal, principalmente porque de ese modo se cuidan mejor en lo que respecta a evitar que estas leuden.
Matzot shemurot para la noche del Seder
Es precepto positivo de la Torá comer matzá en la noche del Seder, tal como fue dicho: “Por la noche comeréis matzot” (Shemot-Éxodo 12:18). Es preciso cuidar las matzot destinadas a la noche del Seder de un modo especial para que no leuden, tal como fue dicho: “Y cuidaréis las matzot” (ídem 12:17).
Hay autoridades halájicas que consideran que es preciso cuidar las matzot desde el momento de la siega del trigo (Rif, Rambám), y otras entienden que alcanza con cuidarlas desde el momento de la molienda del grano (Rosh, Rashi y otros). Además, los juristas debatieron respecto de si el cuidado debe ser llevado a cabo con una intención manifiesta en aras de la observancia del precepto (Sheiltot y Rashbá) o si alcanza con que se cuide de que no leuden, sin que resulte necesario que ello sea hecho en aras de la observancia del precepto (leshem mitzvá) (Rabí Aharón Haleví).
En la práctica, en la noche del Seder se acostumbra a ser puntillosos y comer matzot que fueron cuidadas desde el momento de la siega, y a partir del momento del amasado se tiene el recaudo de cuidarlas y hornearlas en aras de la observancia del precepto. Si bien según la Halajá para cumplir el precepto alcanza con que las matzot estén cuidadas a partir del momento de la molienda del grano, de todas maneras, a priori es correcto cumplir el precepto de la ingesta de matzá en la noche del Seder por medio de matzot cuyos granos del cereal fueron cuidados desde el momento de la siega (Pninei Halajá Pesaj 12:2-3).
¿Acaso es necesario hacerse de matzot hechas a mano para la noche del Seder?
Hay quienes cumplen con excelencia y tienen el recaudo de comer matzot hechas a mano en aras del cumplimiento del precepto, pues hay autoridades halájicas que entienden que es preciso que las matzot preceptivas que se ingieren en la noche del Seder sean horneadas con una intención especial (kavaná meiujedet), esto es, en aras de la observancia del precepto de ingerir matzá, y dado que la máquina no puede tener intenciones, resulta que no se debe cumplir el precepto con matzot elaboradas a máquina.
No obstante, la opinión de la mayoría de los juristas es que las matzot hechas a máquina son aptas a priori para el precepto de la noche del Seder porque la intención que se tiene al ponerla en funcionamiento se entiende que es válida, por lo que se considera que la matzá fue elaborada en aras de observar el precepto. Además, según la opinión de algunas de las eminencias medievales (rishonim) no se requiere de una intención especial a la hora de elaborar las matzot sino que lo que resulta preceptivo es cuidar que estas no leuden. En la práctica, las matzot elaboradas en máquinas son aptas a priori para cumplir con el precepto de ingerir matzá en la noche del Seder y las hechas a mano implican una excelencia suplementaria en el proceder.
¿Corresponde adquirir matzot shemurot para toda la festividad?
Pregunta: ¿Es conveniente proceder con excelencia y comprar matzot shemurot o cuidadas desde el momento de la siega del cereal o acaso es posible conformarse con matzot comunes cuyo precio es la tercera parte del de las shemurot?
Respuesta: Esta pregunta contiene dos aspectos: 1) El punto de vista del precepto de la ingesta de matzá. 2) El temor al jametz.
1) Según la opinión de algunas autoridades medievales y de las últimas generaciones (rishonim veajronim) (Rosh, Gaón de Vilna) es preceptivo ingerir el volumen equivalente a una aceituna (un kazait – 29 gr.) de matzá en las dos comidas durante cada uno de los siete días de Pesaj. Pero para ello cabe contentarse con matzot comunes porque si bien no se las denomina “cuidadas” o shemurot, en realidad están supervisadas desde el momento de la molienda del grano, y por lo tanto, en caso de necesidad, por su intermedio se puede también cumplir el precepto en la noche del Seder, y a fortiori ello es posible durante los siete días de la festividad.
El temor a que “algo de jametz” se encuentre en las matzot comunes
2) Desde el punto de vista del temor al jametz se procede con la excelencia de ingerir únicamente matzot cuidadas desde el momento de la siega del trigo, porque en efecto, en la práctica, en las matzot comunes hay a veces mezclada una cierta cantidad de jametz. Si bien de acuerdo con la opinión de la mayoría de los juristas este jametz se anula en sesenta, y por lo tanto las matzot son kasher, hay autoridades de parecer más estricto que entienden que en Pesaj el jametz no se anula en sesenta, por lo que en su opinión está prohibido ingerir matzot comunes. Lo explicaremos con más detalle.
Las matzot comunes versus las cuidadas o shemurot
Al hornear matzot comunes se tiene la intención de producir la mayor cantidad de estas en el menor tiempo posible para abaratar su costo al público en general, al tiempo que en el caso de las shemurot se hace un esfuerzo por ser más puntillosos y proceder con excelencia.
Se tiene el recaudo de segar las espigas de trigo para las matzot cuidadas o shemurot previo a que estas se sequen, de modo tal que, aunque cayere sobre estas una abundante lluvia mientras permanecen aun arraigadas a la tierra, ciertamente no habrán de fermentar por cuanto que extraen aun su sustento de la tierra. Tras la siega, se tiene el recaudo de almacenar las espigas o el grano en un sitio seco, por lo que no hay casos de cereal que se moje y por ende fermente. Sin embargo, en el caso del grano de trigo común que por lo general es importado del exterior, y del cual se elabora el resto de las matzot, resulta que hay algunos granos que fermentan o por causa de las lluvias que cayeron sobre estos tras haberse secado pero cuando todavía se encontraban en el campo, o por causa del agua que a veces puede quedar atrapada o acumulada en el fondo de los depósitos.
Existe una diferencia significativa entre los dos tipos de matzá también durante el amasado. Cuando se hornean matzot cuidadas o shemurot se acostumbra a interrumpir el trabajo de las máquinas cada menos de dieciocho minutos para desarmar sus partes y limpiarlas cuidadosamente. Por su parte, cuando se hornean matzot comunes, las máquinas continúan trabajando de continuo durante muchas horas, y mientras funcionan se interrumpe el suministro de la masa y se las limpia en la medida de lo posible. Resulta claro que esta limpieza es importante, pero no es perfecta, y resulta que de tanto en tanto quedan partículas de jametz en las ranuras de la maquinaria que reposaron allí más de dieciocho minutos y fermentaron, y se teme que vuelvan a mezclarse con la masa de las matzot.
Explicando la discusión
Aparentemente, dado que resulta probable que en las matzot comunes haya presente algún tipo de mezcla de jametz, todos deben adoptar la actitud estricta e ingerir matzot cuidadas. Sin embargo, según la Halajá, detentamos un principio y es el de que todos los productos prohibidos que se hubieren mezclado con el alimento se anulan en sesenta, y así, ello aplica también a aquellos granos de trigo que hubieren fermentado y a las partículas de masa que pudieren haber quedado en la máquina. Todos estos se deben anular en sesenta.
Sin embargo, nuestros sabios adoptaron para esta festividad una actitud estricta según la cual el jametz en Pesaj no se anula ni siquiera en mil, pero para la mayoría de las autoridades halájicas cuando la mezcla fue preparada antes de Pesaj sí se anula en sesenta, y por ende, la matzá en cuestión ya no contiene producto prohibido alguno (Shulján Aruj Oraj Jaím 447:4).
A pesar de ello, cabe adoptar una actitud estricta, porque hay eminencias que entienden que el jametz que se anuló en sesenta previo a Pesaj, vuelve a “despertarse” o recupera su vigor al comenzar la festividad dejando sin efecto la aptitud de todas las mezclas (Rambám y Rashbá). Si bien a los efectos de la halajá cabe respaldarse en la opinión de quienes detentan la actitud más flexible y que además son la mayoría, y a pesar de que se trata de una discusión respecto de una normativa rabínica -ya que fueron los sabios quienes establecieron que el jametz en Pesaj no se anula ni siquiera en mil partes-, de todas maneras no cabe duda que cumplir el precepto festivo con matzot que son kasher según todas las opiniones -es proceder con excelencia.
En resumen
Las matzot comunes que son cuidadas desde el momento de la molienda son kasher a priori, y con estas se cumple con el precepto incluso de acuerdo con la opinión de quienes entienden que es preceptivo ingerir matzá durante los siete días de Pesaj. Y quienes proceden con excelencia, comen matzot cuidadas desde el momento de la siega, principalmente porque se cuidan más en cuanto a evitar que estas leuden.
La matzá: el pan de la fe
La matzá viene a recordarnos la fe, tal como lo decimos en la Hagadá: “Esta matzá que ingerimos ¿a qué se debe? Se debe a que la masa de nuestros ancestros no alcanzó a leudar cuando ya se reveló ante ellos el Rey de reyes, el Santo Bendito Él y los redimió”. Asimismo, en el libro del Zohar (parte II 183b) la matzá es denominada “pan de la fe” (mijla de meheimenuta).
Dado que la matzá alude a la fe, resulta comprensible que todo su proceso de elaboración deba efectuarse con un gran cuidado ya que todo indicio de defecto que pudiera encontrarse en la fe, provocaría luego una gran destrucción en el mundo. En este contexto, hemos de continuar con nuestra investigación en el área de la fe en lo que respecta a nuestra actitud hacia la religión hinduista.
Las clases sociales o las castas en la religión hindú
Hace cuestión de un mes escribí que según la Halajá la religión hindú se considera idolatría con participación (esto es, creen en D’s y en otras fuerzas también). Por ello, está completamente prohibida para los judíos, pero según la opinión mayoritaria de los juristas, está permitida para los hijos de Noaj (los gentiles). Quisiera analizar detenidamente otro aspecto a partir del cual se puedan entender tanto la libertad como el poder de la elección que anidan en el núcleo de la postura judaica.
Con el apoyo de la religión hindú, se desarrolló un sistema rígido de cuatro castas (varnas) o clases sociales: 1) Los brahmanes –los sacerdotes y religiosos. 2) Los guerreros. 3) Los trabajadores. 4) Los sirvientes. Hay además una casta por debajo de estas cuatro y es la de los impuros, de los cuales los miembros de las primeras cuatro castas se alejan, evitan tocarlos, así como también comer o beber de un alimento que uno de ellos pudiere haber tocado. A los impuros se les adjudicaron las labores más humillantes, y suelen vivir en un agudo grado de pobreza. La casta de los impuros asciende a un 20% del total de la población, y hasta el día de hoy muchos de ellos son objeto de una dura discriminación, a pesar de que la constitución democrática del Estado hindú está en vigor hace ya unos ochenta años y a pesar de la labor educativa que es promovida desde el gobierno y procura atenuar la actitud de la población general hacia esta gente.
La piedra angular del sistema de castas es la creencia de que el alma del ser humano se encuentra en un continuo proceso de reencarnación: nacimiento, vida y muerte, nuevamente nacimiento, vida y muerte y así sucesivamente. La reencarnación de la persona en el próximo ciclo dependerá de su karma, esto es, de la sumatoria de las acciones realizadas en las encarnaciones anteriores. En caso de haber incurrido en malas acciones, lo cual incluye una mala conducta hacia los diferentes dioses, la persona se habrá generado un mal karma, por lo que habrá de nacer en el seno de la casta más baja de todas o incluso podría transmigrar en un animal, un vegetal o un mineral. En caso de que la persona hubiere realizado buenas acciones, honrando a los diferentes dioses que expresan las diferentes fuerzas del mundo, su karma será bueno y nacerá en el seno de una familia de una casta mejor. Según esto, la persona no tiene por qué quejarse de su estatus, ya que nació en la casta que es acorde a sus acciones en las vidas pasadas.
Por lo tanto, la reparación del ser humano depende de su aceptación del destino y de la existencia de las diferentes fuerzas naturales y deidades, incluidas las malas, y en ese marco debe procurar proceder correctamente. En efecto, hay una medida no pequeña de verdad en la idea de que el destino del ser humano viene dictado desde su nacimiento, ya que el marco familiar, social y hasta genético influyen en gran medida en el devenir de la vida, y además, la aceptación del destino y la no pretensión de ascender a una clase social más allá de su alcance resultan ventajosas. Esto y más, según la visión hindú el ser humano puede decidir modificar significativamente su estatus, pero ello tendrá lugar únicamente en la próxima encarnación, por el mérito de la aceptación de su destino en la presente y el esfuerzo que realice en aras de proceder de la mejor manera.
La postura del judaísmo
Por una parte, es aceptado que todo cuanto le acontece a una persona desde el momento de su nacimiento tiene que ver con la providencia divina individual (hashgajá pratit), pero su objetivo es elevarse permanentemente y sin fin. Por ello, en el judaísmo incluso un bastardo (mamzer), cuyo origen es tan defectuoso que tiene prohibido desposar a una mujer judía común, puede dedicarse al estudio de la Torá y alcanzar un nivel espiritual superior al de un sumo sacerdote. Otro tanto ocurre respecto de la persona menesterosa, si bien es preceptivo ser benevolente con esta y ayudarle a mantenerse de un modo honorable, el objetivo final es sacarla del círculo de la pobreza y permitirle autosustentarse. Por ello, cada comunidad tiene el deber de brindarle a todos los niños de la congregación una educación religiosa, profesional y ética completa, incluso a los niños de los pobres, para que en el futuro puedan valerse por sí mismos. Esto y más, nuestros sabios instruyeron lo siguiente: “Sed cuidadosos con los hijos de las personas necesitadas, pues de ellos saldrá Torá” (Tratado de Nedarim 81(A)). Justamente la carencia y la dificultad pueden hacer que la persona florezca en gran manera.
Y este es uno de los fundamentos centrales que aprendemos en Pesaj
En este Pesaj que viene a nosotros para bien, volveremos a recordar que todos fuimos esclavos en Egipto, que estuvimos sumidos en una condición más baja aun que la de los miembros de la casta de los impuros, y que gracias al amor de HaShem para con nuestros ancestros y con nosotros, nos escogió y nos ofreció ser Su pueblo, y nosotros aceptamos y nos transformamos en la nación de D’s, y desde entonces, divulgamos Su palabra y anunciamos Su bendición al mundo entero.





