La Intensificación de la herejía en las últimas generaciones

EMOR 5785

La Intensificación de la herejía en las últimas generaciones

En las últimas generaciones, la conciencia humana se ha desarrollado y expandido mucho, y el estudio y esclarecimiento de la fe no estuvieron lo suficientemente fundamentados como para hacer frente a ello. @ Muchas personas que estaban acostumbradas a rezar y cumplir los preceptos para salvarse del hambre, de la peste, de la pobreza y de la esclavitud, sintieron menos necesidad de orar y de observar los mandamientos. @ Por temor a que los estudios científicos llevaran a la herejía, hubo rabinos que lucharon contra ellos, pero cuanto más se desarrolla la postura científica, más se revela la palabra de D’s por su intermedio con una mayor luminosidad. @ Cuanto más profundicemos en el esclarecimiento de la fe y depuremos la guía de la Torá, más volverá a encenderse en los corazones la fe en D’s y en Su enseñanza.

En todas las soluciones que la ciencia ofreció a las angustias del ser humano se podría haber visto una oportunidad para elevarse a un nivel más elevado en la fe, ya que en la situación anterior, en la que la persona sentía una constante ansiedad frente a los peligros de la naturaleza, la mayoría de la gente se conectaba con D’s por temor al castigo, con una sensación de obligación: que, si no cumplían los preceptos, serían castigadas en este mundo o en el Venidero. En ese contexto, solo unos pocos lograban vincularse con D’s a través del amor.

Pregunta: ¿Qué causó que en las últimas generaciones la mayoría del público judío no observe la Torá y los preceptos tal como lo hacía en el pasado, y qué debemos hacer para corregir esta situación?

Respuesta: En general, se puede decir que, en las últimas generaciones, como resultado del desarrollo de todas las ciencias, tanto las naturales como las humanísticas y las sociales, así como también del progreso de la cultura humana en todos sus matices y aspectos, la conciencia del hombre se desarrolló y se expandió en gran manera. Por el contrario, el estudio de la fe y su esclarecimiento no fueron suficientemente sólidos como para poder enfrentar esta nueva realidad. Y cuanto más profundicemos en el esclarecimiento de la fe y depuremos la guía de la Torá, más volverá a encenderse en los corazones la fe en D’s y en Su enseñanza.

Este tema lo traté en el último capítulo de mi nuevo libro «Emuná uMitzvoteha» (en el marco de la serie «Pninei Halajá»). Aquí mencionaré la parte relacionada con el conflicto entre la fe y la ciencia, y junto con las diferentes posturas, presentaré la que considero es la más adecuada.

La ciencia reemplazó a la religión en quienes poseían una fe débil

Uno de los cambios que tuvieron lugar en la era moderna fue que muchos fenómenos naturales que antes no eran comprendidos por el ser humano fueron investigados y se volvieron comprensibles y explicables. Como resultado de ello, parte de las explicaciones sobre la fe que eran aceptadas en las generaciones anteriores perdieron de su valor. En el pasado, cuando los cielos se cerraban y no caía lluvia, el trigo no crecía y los depósitos de agua se vaciaban, por lo que las personas morían de sed y de hambre. Cuando se propagaba una epidemia, muchas personas caían víctimas, sin que tuvieran prácticamente forma alguna de protegerse de la muerte que las acechaba. Incluso en la rutina de la vida, el ser humano estaba expuesto a graves peligros, tales como la mordedura de una serpiente o el desarrollo de enfermedades infecciosas. En medio de su angustia, la persona se volvía hacia D’s por medio de plegarias en busca de ayuda, y los líderes religiosos alentaban a la gente a rezar y a cumplir las mitzvot (los preceptos), para que D’s los salvara.

Por el contrario, en las últimas generaciones se desarrollaron métodos para almacenar agua y transportarla por medio de tuberías, de modo tal que incluso en épocas de severa sequía, las personas no se mueren de hambre o de sed. Gracias a la investigación científica se encontraron vacunas y medicamentos para enfermedades que en el pasado no tenían cura, y las epidemias peligrosas casi no se presentan. Así, la esperanza o expectativa de vida aumentó considerablemente. Con la ayuda de las ciencias sociales, se desarrollaron métodos eficientes para organizar la sociedad y la economía, así como formas de brindar apoyo para las enfermedades mentales. Gracias al desarrollo de la tecnología, la producción de alimentos, muebles, ropa y viviendas mejoró enormemente, hasta el punto de que hoy en día una persona promedio puede vivir muchos años en condiciones mucho más confortables que las de los grandes reyes del pasado.

En semejante estado de cosas, muchas personas que se habían acostumbrado a rezar y cumplir los preceptos para salvarse del hambre y de la epidemia, de la pobreza y de la esclavitud, sintieron menos necesidad de orar y observar las mitzvot. Su sensación fue que la ciencia seguiría avanzando hasta resolver todas las angustias del ser humano, y que no quedaría lugar en el mundo para la religión.

La reacción de los líderes religiosos

Por otra parte, pensadores y líderes religiosos argumentaron, con razón, que no hay posibilidad de que la ciencia resuelva todas las angustias del ser humano, ya que este aspira a una vida plena de significado espiritual y de valores, sin límites. Mientras que la ciencia solo puede proporcionar condiciones de vida cómodas, pero no más que eso. Por lo tanto, esa pretensión conducirá a una amarga desilusión y a profundas crisis, y es la inclinación al mal (iétzer hará) el que induce o tienta al ser humano a sentirse orgulloso y a pensar que con su fuerza y el poder de su mano podrá comprender la naturaleza y mejorar sus condiciones de vida.

La respuesta apropiada

Sin embargo, no menos importante que criticar esa pretensión exagerada, habría sido apropiado alegrarse por el desarrollo de la ciencia, bendecir a D’s y agradecerle por ello. Porque fue D’s quien creó al ser humano a Su imagen, y lo dotó de inteligencia, gracias a la cual este puede avanzar en la comprensión de Su mundo y mejorar su vida. Asimismo, los sabios instituyeron una bendición a recitar al ver a un sabio de las naciones del mundo: «Bendito eres Tú, D’s nuestro, Rey del universo, que diste de Tu sabiduría a seres de carne y hueso (en hebreo lit. ‘carne y sangre’)» (Pninei Halajá, Berajot 15:18).

Más aun, en todas las soluciones que la ciencia ofreció a las angustias del ser humano se podría haber visto una oportunidad para elevarse a un nivel más alto de fe. Porque en la situación anterior, en la que el ser humano sentía una ansiedad constante por causa de los peligros naturales, la mayoría de las personas se conectaban con D’s por temor al castigo, con una sensación de obligación: que si no cumplían los preceptos serían castigadas en este mundo o en el Venidero. Solo unos pocos lograban vincularse con D’s a través del amor. Y ahora, gracias a los avances tecnológicos, la conexión con D’s ya no tiene que ser solo para pedir la salvación de desgracias, sino que puede surgir principalmente de un deseo puro. De esta manera, podremos alcanzar una iluminación más elevada de fe y apego a D’s. Tal como está escrito:

«Y sucederá en aquel día —declara HaShem— que Me llamarás ‘mi esposo’ y no Me llamarás más ‘mi amo’. Y quitaré de su boca los nombres de los dioses ba’al, y nunca más serán recordados por su nombre. Y en aquel día haré para ellos un pacto con los animales del campo, con las aves del cielo y con los reptiles de la tierra, y quebraré al arco, a la espada y a la guerra de la tierra, y los haré descansar seguros. Y te desposaré conmigo para siempre, te desposaré conmigo en justicia, en derecho, en amor y en compasión. Y te desposaré conmigo en fidelidad, y conocerás a HaShem» (Oseas 2:18–22).

El resultado del enfrentamiento

En la práctica, muchos líderes religiosos continuaron basando sus argumentos en la minimización del valor del ser humano, y advirtieron que es el iétzer hará (instinto o inclinación al mal) aquel que tienta a la persona a sentirse orgullosa y pensar que con su propio vigor y con el poder de su propia mano podrá comprender la naturaleza y mejorar sus condiciones de vida. Así, en lugar de valorar los frutos de los logros científicos y bendecir a D’s por ellos, consideraban que se debía desconfiar de la ciencia y poner en duda su credibilidad. Paralelamente, muchas personas que valoraban la ciencia sentían que la religión no aportaba nada útil a sus vidas ni al mundo.

El conflicto entre la ciencia y la religión

Dentro del marco de los descubrimientos científicos, se refutaron concepciones que eran aceptadas tanto por los líderes religiosos como por el resto de las personas. Por ejemplo, se solía creer que el sol giraba alrededor de la Tierra, pero los científicos descubrieron que es la Tierra la que gira alrededor del sol. Se solía pensar que no existían criaturas diminutas invisibles a la simple vista, pero mediante la observación con el microscopio se comprobó que estas sí existen. Por otra parte, diversos líderes religiosos vieron en la refutación de las concepciones antiguas por parte de los científicos una afrenta al honor de la religión, ya que no les parecía posible que los científicos supieran más que los grandes sabios religiosos del pasado, quienes aceptaron la ciencia tal como era en su época. No solo eso, sino que a veces los sabios de Israel utilizaban parábolas tomadas de la ciencia aceptada en sus días para explicar conceptos espirituales. Por lo tanto, cuando los científicos refutaban esas teorías antiguas, algunos consideraban que esto también atentaba contra el honor de aquellos sabios y sus enseñanzas, ya que pensaban que incluso esas parábolas eran parte de la Torá.

La discusión sobre la edad del mundo

Entre los sabios de Israel era común la creencia de que el mundo fue creado hace menos de seis mil años. En cambio, científicos en campos tales como la geología y la física sostienen que la Tierra existe desde hace miles de millones de años. Además, se concibieron teorías que hablan sobre un desarrollo gradual, una evolución del ser humano a partir de animales inferiores, tales como los simios, algo que no se menciona en la Torá. Así se generó la sensación de que la ciencia contradice a la Torá.

La respuesta adecuada

No habría sido necesario crear un conflicto, ya que la postura de los sabios de Israel hacia las ciencias siempre fue positiva, y por ello alentaron a sus estudiantes a estudiarlas (Talmud Babilonio, Tratado de Shabat 75(A)). El Rambám (Maimónides) consideraba a las ciencias naturales como parte de la gran sabiduría conocida como Ma’asé Bereshit (lit. el “acto de la creación”) (Rambám, comentario a la Mishná, Jaguigá 2:1). Asimismo, el Gaón de Vilna (el Grá) dijo que en la medida en que le falten al hombre conocimientos de otras sabidurías, en esa misma proporción le faltarán cien partes de la sabiduría de la Torá, ya que la Torá y la sabiduría van juntas de la mano (Pninei Halajá, Likutim 1:1, 15).

Tampoco puede haber contradicción entre la fe y la ciencia, ya que la Torá explica la idea de la creación, no su proceso en detalle. Por eso, los seis días de la creación pueden interpretarse como seis eras que abarcan miles de millones de años cada una. También se puede explicar que el proceso de la creación ocurrió gradualmente, tal como lo expone la teoría de la evolución (Orot HaKodesh II, p. 935). Incluso los sabios de Israel dijeron que Ma’asé Bereshit es un secreto, por lo cual no debe tomarse su significado de manera literal. Asimismo, puede interpretarse que la intención de la Torá es describir el orden del descubrimiento de la fe por parte del ser humano, y por eso comienza con la historia del primer Adam, al interior de quien D’s insufló un alma divina, y él fue el primero en poder oír la voz divina y elegir si obedecer o no Su mandato. Esto no contradice la existencia de seres anteriores a partir de los cuales Adam se haya podido desarrollar.

En la práctica, se generó un conflicto

Muchos sabios religiosos, tanto de Israel como de otras naciones, vieron en la crítica al conocimiento científico aceptado en el pasado un ataque a los grandes sabios tradicionales. Y cuando las posturas de los científicos contradecían descripciones que aparentemente están escritas en la Torá sobre la creación del mundo, estas eran consideradas como una herejía absoluta. Así se desarrolló entre algunos rabinos la postura de que la ciencia es peligrosa para la religión, y que se debe luchar contra ella o al menos debilitar su estatus. Para reforzar su posición, diversos predicadores comenzaron a recopilar casos en los que los científicos se equivocaron, casos en los que desarrollos científicos causaron daño, y casos en los que “todos los médicos” afirmaron que cierta persona moriría, pero esta fue a ver a un tzadik (justo piadoso), que oró por él, y a la postre se curó.

Más aún, por temor a que el estudio de las ciencias condujera a la herejía, hubo rabinos que lucharon activamente en su contra. Para reforzar su argumento, surgieron predicadores que afirmaban que no era necesario estudiar ciencias, ya que todas ellas podían aprenderse a partir de la Torá.

Sin embargo, gracias a la ciencia, se siguieron abriendo caminos que potenciaron la capacidad del ser humano para crear máquinas, acelerar el desarrollo de la agricultura, la industria, el comercio, los medios de transporte y comunicación, y en virtud de todo ello, acumular riquezas inconmensurables. Y cuanto más se esforzaban los representantes de la religión por luchar contra la ciencia, más aumentaban las críticas hacia la religión.

La clave para la corrección está en la depuración de la fe

Nuestro maestro el Rav Kuk (en Orot, Zar’onim, “Yisurim Memarekim”) que todas las confusiones y complicaciones en la vida del ser humano provienen de la falta de comprensión del concepto de la divinidad, que es un océano sin fin. Naturalmente, la persona anhela la cercanía con D’s, y por tanto busca definirlo. Pero D’s está por encima de toda comprensión y definición. Solo podemos captar aquello que se nos revela, por lo tanto, lo único que se puede decir de D’s es que Él es la fuente única de todas las ideas y valores, de todas las fuerzas y las creaturas. Y todo aquel que intenta definirlo a Él mismo, o incluso definir toda la luminosidad que Él irradia, incurre en una pizca de idolatría, porque está limitando la revelación de Su luz a ciertos ámbitos y se desconecta de las ideas y los valores positivos que son también manifestaciones de Su palabra. 

Es decir, cuando se define la fe de un modo limitado, esta no logra abarcar todas las ideas que se revelan en el mundo, y entonces se genera una aparente contradicción entre la fe y las ideas. Así, cuando los líderes religiosos piensan que D’s solo se revela a través de la explicación científica aceptada hasta ahora, surge un conflicto entre la fe y las nuevas posturas científicas. Pero en realidad, D’s está por encima de todas las posturas científicas de todas las generaciones, ya que en cada una de ellas se manifiesta una chispa divina acorde con lo que esa época requiere. Y cuanto más se desarrolla la postura científica, más se revela por su intermedio la palabra de D’s irradiando una luminosidad suplementaria. 

 

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