Nuestro maestro el Rabino Abraham Ytzjak HaCohen Kuk, de bendita memoria, a 90 años de su desaparición física

SHOFTIM 2025

Nuestro maestro el Rabino Abraham Ytzjak HaCohen Kuk, de bendita memoria, a 90 años de su desaparición física

En las últimas generaciones, la conciencia humana se ha desarrollado y expandido en gran manera @ En paralelo con los avances científicos, en Europa Occidental se consolidó el movimiento de la Ilustración y la Haskalá @ Muchas personas religiosas vieron en la pretensión de la Ilustración y la Haskalá de cambiar el mundo, una afrenta hacia el Cielo @ En su ensayo “HaDor” (‘La generación’) el Rav Kuk explicó que los que abandonaban la Torá en la nueva generación creen en los valores de la verdad y el bien @ Por ello, es preciso dirigirse a esta nueva generación con aprecio hacia sus aspiraciones y deseos @ Precisamente, a través de la guía de la Torá, es posible potenciar todas las nuevas ideas, purificarlas de sus impurezas y realizarlas de la manera más correcta y apropiada @ A los efectos de hacer retornar al pueblo de Israel y al mundo en teshuvá en estas generaciones, el estudio de la Torá debe hacerse con conciencia de la visión general de la reparación del mundo (tikún haolam) que está presente en la Torá.

Respecto al debate central sobre el lugar del hombre, el movimiento de la Ilustración tenía razón. Pues la Torá es la que enseñó que el hombre fue creado a imagen de D’s, y es ella la que lo colocó en el centro por el mero hecho de que todos sus preceptos y directivas están dirigidas a él. Ella enseñó que D’s encargó al hombre la responsabilidad de preservar el mundo, conducirlo con justicia y rectitud y perfeccionarlo hasta su redención. Por lo tanto, la crítica justa o acertada de los religiosos no pudo detener al movimiento de la Ilustración.

En la presente columna, intentaré señalar la enorme contribución de nuestro maestro el Rav Kuk a la construcción de la fe y la Torá en la época moderna, en la que oscuridad y la luz están entremezcladas, con los horrores más terribles del exilio en los tiempos previos al advenimiento del Mashíaj (ikveta DeMeshija) por un lado, junto al retorno de los exiliados y el establecimiento del Estado de Israel como parte del inicio de la redención por el otro.

 

La época moderna

En las últimas generaciones, gracias al desarrollo de las ciencias naturales, del hombre, de la sociedad y de la cultura, la conciencia humana se desarrolló y se amplió en gran manera. Muchos fenómenos naturales que antes no eran comprendidos por el hombre fueron investigados, entendidos y explicados. Gracias al desarrollo científico, la agricultura progresó y el alimento se volvió abundante, la producción de ropa, muebles y viviendas mejoró en gran manera, y se descubrieron vacunas y medicinas para enfermedades que antes eran incurables. Gracias a todo esto, hoy una persona promedio puede vivir más años y en condiciones más cómodas que los grandes reyes de antaño.

El movimiento de la Ilustración y la Haskalá

Paralelamente a los desarrollos científicos, en Europa Occidental se consolidó el movimiento de la Ilustración y la Haskalá, que buscaba la renovación (modernidad) bajo la convicción de que el hombre, con su pensamiento e iniciativa, puede cambiar el mundo para bien y resolver todos los problemas que enfrenta. De este movimiento surgieron grandes ideas destinadas a la mejora de la sociedad como lo son el liberalismo, la democracia, el socialismo y el comunismo, los movimientos nacionales, e incluso el fascismo y el nazismo. Estas ideas provocaron cambios radicales en los órdenes sociales, y llevaron al pasaje del gobierno monárquico al democrático, el cual otorga al individuo derechos y al ciudadano libertad para permitirle manifestar sus capacidades en todos los campos, o, en su defecto, a un gobierno dictatorial destinado a “corregir el mundo». Estos movimientos aceleraron en gran medida el desarrollo de la ciencia y la economía, reforzando los idearios sociales y la necesidad de aplicarlos.

El éxito de la Haskalá en potenciar la iniciativa, la creatividad, la investigación y el desarrollo en los pueblos de Europa y Norteamérica generó una riqueza enorme que se invirtió en la aceleración del desarrollo científico, la economía y la producción de armas avanzadas. Con ellas, se apoderaron de países y continentes en todo el mundo, explotaron los recursos naturales y a sus habitantes, e impusieron su cultura, cada corriente según su camino.

El lugar del hombre y la crisis de la fe

Muchos de los primeros pensadores e investigadores de la Ilustración y la Haskalá, como es el caso de Descartes, Leibniz y Newton, creían en D’s. Sin embargo, la concepción religiosa aceptada que enfatizaba la pequeñez del hombre se opuso al movimiento de la Ilustración, lo cual, a su vez, a modo de reacción, causó que muchos de sus seguidores se alejaran de la religión. Con el tiempo, dentro del movimiento de la Ilustración se consolidó la postura de que la religión es nociva y frena el desarrollo de la humanidad, y que, en lugar de obedecer las leyes de la religión, se debían invertir ingentes esfuerzos en la promoción de los cambios sociales, la investigación científica y el desarrollo tecnológico, para redimir al hombre de la pobreza y la discriminación, y permitirle manifestar todas sus capacidades.

La reacción de los religiosos

Por otra parte, muchas personas poseedoras de fe religiosa vieron en la pretensión de la Ilustración y la Haskalá de cambiar el mundo una afrenta contra el Cielo, ya que, según ellos, la función del hombre es la de obedecer a D’s y rezarle para que redima al hombre y al mundo. Muchos advirtieron que la osadía de cuestionar el orden imperante en el mundo causaría desastres. Que la crítica a las instituciones religiosas llevaría a la herejía y al estallido de instintos incontrolables, que la rebelión contra la monarquía desintegraría a la sociedad y causaría derramamientos de sangre, y que la exageración en el énfasis puesto en los derechos individuales disolvería a la familia y amenazaría la cohesión social. Por lo tanto, el hombre debe poner a D’s en el centro (teocentrismo), disminuirse ante Él y ante las instituciones que representan su conducción, y no colocarse en el centro (antropocentrismo) de la realidad.

Lo acertado de las críticas de los religiosos

En la crítica de los religiosos había elementos ciertos, ya que la Ilustración engendró el comunismo, el fascismo y el nazismo, movimientos que promovieron la negación de D’s y pretendieron “corregir el mundo”, pero que en la práctica causaron terribles injusticias y el asesinato de cientos de millones de personas. Incluso la corriente liberal-capitalista, que no llevaba en alto como bandera la negación de D’s y que no provocó desastres tan terribles, generó de todas maneras numerosas dificultades. Por ejemplo: la esclavitud de cientos de millones de personas bajo el dominio de personas poderosas y corporaciones, la sumisión de muchos pueblos al control de los países occidentales con el consiguiente daño generado a sus identidades nacionales y culturales, el debilitamiento de la institución familiar, el deterioro de la seguridad personal, de los valores y de la fe, y la conversión del hombre en un ser solitario frente a los desafíos de la vida.

Las transformaciones provocadas por el movimiento de la Ilustración

Al perseguir los ideales de “libertad, igualdad y fraternidad”, el movimiento de la Haskalá produjo cambios radicales en la vida del hombre y de la sociedad. Como resultado de ello, cayeron reinos y en su lugar se levantaron Estados que intentaron concretar los valores de la Ilustración, con lo bueno y lo malo que había en ellos. Del marco de la “libertad” surgieron las corrientes liberal, democrática, capitalista y posmoderna, incluidos sus extremos más duros. Del marco de la “igualdad” se desarrolló la corriente socialista, y de su radicalización, la corriente comunista. Del marco de la “fraternidad” se desarrolló la aspiración a fundar Estados nacionales, y de su radicalización, surgieron el fascismo y el nazismo.

En el debate de fondo, el movimiento de la Ilustración tenía razón

Sin embargo, en el debate principal sobre el lugar del hombre, el movimiento de la Haskalá tenía razón. Pues la Torá es la que enseñó que el hombre fue creado a imagen de D’s, y es ella la que colocó al hombre en el centro por el hecho mismo de que todos sus preceptos y directrices están dirigidos a él. Ella enseñó que D’s impuso al hombre la responsabilidad de preservar el mundo, de conducirlo con justicia y rectitud, y de perfeccionarlo hasta su redención. Por lo tanto, la justa crítica de los religiosos no tenía la fuerza suficiente para detener al movimiento de la Haskalá.

Un análisis del tenor de la nueva generación

A partir de esto, nuestro maestro el Rav Kuk explicó en su ensayo “HaDor” (La generación) que los móviles de quienes abandonan la Torá en la era moderna son completamente distintos a los de otrora. En todas las generaciones anteriores, quienes abandonaban la Torá eran aquellos que se veían arrastrados por su inclinación al mal: robaban y saqueaban, traicionaban y cometían adulterio. En cambio, los que abandonan la Torá en la nueva generación creen en los valores de la verdad y el bien, y en ocasiones están incluso dispuestos a dedicar sus vidas para concretarlos. Ellos creen que el ser humano puede desarrollarse y comprender más, ser más moral, más creativo y feliz. Pero, según lo que acostumbraban a escuchar, entendieron la religión como algo que se ocupa de disminuir al hombre, de convertirlo en obediente y carente de iniciativa, y de enfocarse en halajot particulares sin proponer una visión general de reparación del mundo. Por eso, muchos de ellos abandonaron la religión y se dejaron arrastrar por ideas que cautivaron sus corazones, sin imaginar que precisamente a través de la guía de la Torá se podría potenciar todas esas nuevas ideas, purificarlas de sus impurezas y concretarlas de la manera más correcta y positiva.

El retorno en teshuvá

Por ello, el Rav Kuk escribió que la nueva generación no podrá retornar en teshuvá a través de amenazas de castigos en este mundo o en el venidero, reprimiendo así las nuevas ideas que despiertan en su pensamiento y en su corazón. Porque “aunque quisiera estar sometida y abatida” no podría resistirlo ya que ello resulta contrario a su naturaleza. “Ella no puede retornar por temor”, es decir, bajo amenazas de castigo “pero está muy capacitada para retornar por amor” al gran ideal. Por lo tanto, es preciso dirigirse a la nueva generación con aprecio por sus aspiraciones y sus deseos: “A ellos debemos enseñarles una Torá de vida proveniente de la fuente de la vida, caminos de moral llenos de luz y alegría, palabras de gracia y buen entendimiento, depuradas y refinadas… del tesoro de la vida para una Torá de vida. Hemos de caminar ante ellos con una columna de fuego de Torá y conocimiento sagrados, poseedores de una gran fuerza y un potente corazón” (Adar HaYakar, p. 115).

La clave de la corrección radica en la depuración de la fe

Nuestro maestro el Rav Kuk explicó (Orot, Zer’onim, “Yesurim Memarkim”) que todas las confusiones y complicaciones en la vida del hombre provienen de la falta de comprensión del concepto de la Divinidad. Este es el fundamento espiritual de la prohibición que reza: “No tendrás otros dioses delante de Mí». Cuando la fe se define de un modo limitado, no logra abarcar todas las ideas que se revelan en el mundo, y se genera un choque entre la fe general y las diferentes ideas que contienen verdad y bien, y cuya raíz está en lo divino. Este choque produce un sinfín de sufrimiento, divisiones, crisis y guerras, tanto en el alma del individuo como en el de la humanidad en su conjunto.

Por lo tanto, debemos acostumbrarnos a refinar la fe en el D’s Único (HaShem Ejad), que no tiene ninguna definición ni límite, y cuya definición más cercana es la “perfección infinita”, ya que ninguna creencia en una idea finita y delimitada podrá expresar la fe en su completitud. Por eso también es necesario que siempre que tengan lugar innovaciones adicionales con el surgimiento de movimientos, que estas revelen la fe infinita. Asimismo, es imprescindible que la fe se manifieste en la aspiración moral infinita que anida en el interior del hombre (Maamar “Da’at Elokim”).

Ver la luz y el bien en los diferentes movimientos

A partir de esta fe pura podremos ver la luz de D’s que se revela en todos los noveles movimientos que surgen y surgirán en busca de la verdad y el bien, porque “en todos ellos hay una chispa de luz, la chispa divina interior brilla en todas y cada una de las diferentes creencias». Por eso, en lugar de oponernos a ellas, debemos incrementar la luz original de Israel, en toda su profundidad y amplitud, y a partir de ello veremos cómo cada chispa de bien en cada movimiento proviene de su fuente. Entonces, de todas esas chispas se añadirán y renovarán luz y vida para todo el pueblo de Israel, y los corazones sedientos de luz ya no se extraviarán en campos extraños, sino que verán y entenderán que precisamente a través de la adhesión a la fe de Israel lograrán realizar todas sus aspiraciones (Orot, Zer’onim, “LeMiljemet HaDe’ot VeHaEmunot”, p. 131).

La función de los estudiosos de la Torá (talmidei jajamim)

A los efectos de devolver al pueblo de Israel y al mundo en general en teshuvá, el estudio de la Torá en estas generaciones debe efectuarse con conciencia de la visión general de la reparación del mundo que hay en la Torá, y con una profunda comprensión de que este gran ideal se manifiesta a través de todas sus reglas y detalles (Orot HaTeshuvá 4:10). Porque “dentro de la totalidad de los detalles se encuentra a su vez el alma divina del perfeccionamiento del mundo, en la vida material y espiritual, en la sociedad y en el individuo, y de esa manera la luz penetra también en cada faceta particular” (Orot HaTorá 2:2). De esta forma, no sólo que todos los logros de las ciencias naturales y humanas no habrán de obstaculizar la revelación de la fe ni serán un tropiezo para ella, sino que la potenciarán y la elevarán. A través del estudio conjunto de la Torá en general y en particular, se aclarará también que todas las ideas morales a las que aspira la nueva generación encuentran su expresión plena y recta en la guía de la Torá.

Para que los estudiosos de la Torá (los talmidei jajamim) puedan revelar la luz de la Torá, deben dejar de temer a las nuevas grandes ideas. Tal como escribiera nuestro maestro el Rav Kuk (Ikvei HaTzón, “HaPajad”), para captar la gran luz que comienza a brillar en el final de los tiempos, en los días previos a la llegada del Mashíaj (ikveta DeMeshija), es preciso quitar el miedo y la debilidad que afectan especialmente a los justos y piadosos temerosos por la preservación de nuestra preciosa tradición. “Entonces se establecerá la valentía en el marco de la santidad, y el pensamiento florecerá» (Véase más sobre esta cuestión en Pninei Halajá “Emuná uMitzvoteha” 30:1–7).

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