KI TETZÉ 5785
Los perros guía en la sinagoga
Por regla general, está prohibido introducir animales en la sinagoga, ya que esto se considera una falta de respeto hacia el lugar y puede distraer la atención de quienes asisten a rezar @ Sin embargo, el rabino Moshé Feinstein permitió que una persona invidente entre a la sinagoga con su perro guía. @ Otros rabinos se sumaron a esta opinión debido a que se trata de una gran necesidad, aunque algunos se inclinaron por prohibirlo, argumentando que la entrada de un perro a la sinagoga representa una gran falta de respeto. @ El núcleo de la controversia reside en la actitud general que cada jurista tiene respecto de los perros. @ Dado que cientos de millones de personas crían perros en sus hogares, no se puede considerar la entrada de un can a la sinagoga como una gran ofensa. @ En situaciones excepcionales, a los efectos de ayudar a que una persona invidente o a alguien que sufre de un trastorno de estrés postraumático pueda rezar junto a la comunidad, se debe permitir la entrada de un perro a la sinagoga.
De las palabras de quienes prohíben, se desprende que no conocían perros, especialmente a los adiestrados. Por eso, temían que el perro ladrara o hiciera sus necesidades en la sinagoga, sin saber que estos canes están entrenados para no ladrar sin motivo y para no hacer sus necesidades salvo en los momentos y los lugares designados para ello. Además, argumentaban que los no judíos no permiten el ingreso de perros a sus lugares de culto, sin saber que, en efecto, en los países occidentales, muchos no judíos sí lo permiten.
Un Elul de guerra
Con el inicio del mes de Elul, para poder despertar en mi retorno en arrepentimiento (lehit’orer bitshuvá) de cara a los Días Solemnes, comencé a leer cada noche el libro ‘Maasé Betsadik VeAlunka’ («Historia de un justo y una camilla») del rabino Jaim Navon, publicado por iniciativa de la Asociación de Yeshivot Hesder y en colaboración con la editorial Yediot Sfarim. El libro narra las historias de vida de los sagrados estudiantes de las yeshivot hesder que murieron santificando el nombre de Dios en la guerra. Cada capítulo trata sobre uno de estos sagrados muchachos, presentando fragmentos cortos de relatos y descripciones sobre su carácter único. Los cuentos y las descripciones no intentan exagerar las virtudes de los muchachos caídos a los efectos de engrandecer su figura, sino que procuran describirlos tal como ellos eran. Precisamente por esto, a través del texto en cuestión sus personalidades brillan con una luz maravillosa.
En su calidad de estudiantes de yeshivá, ellos se esforzaban por superarse, cada uno en sus áreas particulares: en el entendimiento, en el estudio, en la humildad, en el servicio militar, y casi todos, en la realización de actos de bondad. Algunos de ellos pudieron haber sido grandes eruditos, como aquel que logró completar el Talmud dos veces antes de su Bar Mitzvá pero dijo que lo había hecho solo una vez para no presumir. Estos muchachos son tan humanos y bondadosos que el dolor por su pérdida desgarra el corazón. Y al leer relatos como estos, recitando el Shemá antes de dormir y la bendición de “Baruj hamapil”, acuden a mi mente pensamientos y me brotan lágrimas: ¿cómo podremos ser dignos de su sacrificio?, ¿cómo se puede consolar a sus familias?, y, ¿cómo podremos, en la medida de lo posible, completar lo que ellos no alcanzaron a hacer?
¿Se permite entrar a una sinagoga con un perro guía?
Pregunta: Hay una persona invidente interesada en acudir a nuestra sinagoga con su perro guía. Se lo pidió al encargado, pero este se negó, argumentando que la entrada del perro vulnera el respeto debido al lugar y a los que allí rezan. Sin embargo, algunos miembros de la congregación consideraron que el encargado estaba equivocado y que debía permitirse la entrada del hombre junto a su perro guía de una manera digna. ¿Cuál es la postura de la Halajá al respecto?
Respuesta: Por regla general, está prohibido introducir animales en la sinagoga, ya que está destinada únicamente a cuestiones vinculadas a la santidad (dvarim shebakdushá), y la presencia de animales afecta el debido respeto que se debe tener hacia el lugar y puede distraer a quienes asisten a rezar. La pregunta es si en una situación de gran necesidad o apremio como esta ello pudiera estar permitido.
Antecedentes sobre los perros guía
Desde hace aproximadamente cien años, se encontró una forma de ayudar a las personas invidentes mediante el uso de perros guía entrenados. Inicialmente, solo unos pocos los utilizaban; hace unos cincuenta años, su uso se volvió común en los Estados Unidos, y unos quince años después también en Israel. Sin embargo, hay personas invidentes para las cuales tener un perro resulta difícil, tanto para ellos como para sus familias, y prefieren avanzar más despacio utilizando un bastón.
Hace unos veinticinco años, se comenzó también a utilizar perros para ayudar a personas videntes que sufrían de trastorno de estrés postraumático (TEPT). Estos perros entrenados les brindan a estas una sensación de seguridad y alivio ante la ansiedad, permitiéndoles volver a funcionar o desempeñarse de un modo normal. Los perros aprenden a percibir la ansiedad del paciente cuando solo esta comienza a apoderarse de su corazón o cuando se inicia una pesadilla nocturna, acercándose al paciente con cariño y calidez para tranquilizarlo.
La opinión del rabino Feinstein en favor de permitir el ingreso de perros guía a la sinagoga
Hace ya unos setenta años, en los Estados Unidos (año 5713), el rabino Moshé Feinstein (1879-1986) dictaminó que está permitido que una persona invidente entre con su perro a la sinagoga (Igrot Moshé, Oraj Jaím I, 45) tal como los sabios permitían a quien quería estudiar Torá y estaba en el camino con su burro, entrar al beit midrash junto con el animal (Talmud Jerosolimitano Tratado de Meguilá 3:3). Además, se deduce que cuando Abaié era un joven huérfano, bajo la instrucción de su nodriza, iba con un cordero a todas partes (Tratado de Berajot 62(A)), y probablemente también ingresaba con él al beit midrash (casa de estudio). Puede decirse que introducir un animal a la sinagoga es una falta de respeto si no media para ello necesidad alguna, pero en caso de que esta sea grande o apremiante, como lo es el evitar el robo del burro o del cordero, no se considera que se trate de una falta importante. Por lo tanto, para que una persona invidente no se vea privada de rezar, escuchar la lectura de la Torá y de la Meguilá en comunidad durante toda su vida, se debe permitir que esta entre a la sinagoga acompañada de su perro guía. Es recomendable que se siente en los flancos laterales de la sinagoga para minimizar así las molestias a los demás fieles.
La opinión restrictiva del rabino Breisch
Por el contrario, el rabino Ya’akov Breisch (1896-1977), nacido en Galitzia y quien sirviera como rabino de la comunidad ultraortodoxa en Zúrich, Suiza (en su obra «Jelkat Ya’akov» a Oraj Jaím 34, del año 5725), argumentó en contra del rabino Feinstein que está prohibido introducir un perro en la sinagoga ya que ello constituye una gran falta de respeto. Todo lo que permitieron los sabios fue entrar con un burro o un cordero al beit midrash (casa de estudio), donde está permitido que los eruditos coman, pero no a la sinagoga. Además, es posible que incluso no permitieran introducirlos al beit hamidrash propiamente dicho, sino que los ataran afuera del lugar de estudio. Además, existe una seria preocupación de que el perro distraiga a quienes asisten a rezar, y especialmente a los jóvenes de entre estos, y encontramos que los sabios establecieron leyes para evitar cualquier tipo de distracción durante la plegaria.
Agregó también: «Y esto es lo principal para mí: en estos lugares en los que reina el desenfreno y la observancia del judaísmo se ha debilitado tanto, son muchos los arrogantes que pasean con sus perros por todas partes… El llevar consigo perros no es un sentimiento verdadero de judaísmo, solo los arrogantes lo hacen». Y si se permite ingresar con el perro a un invidente, otros podrían pensar que «ese es el perro del presidente de la comunidad que lo acompaña siempre» o algo similar, y otros también se tomarán la misma libertad de hacerlo. «Y en virtud de nuestros numerosos pecados, la observancia del judaísmo se ha debilitado tanto, especialmente en estos lugares, que si se efectúa una pequeña abertura del tamaño del ojo de una aguja, pronto se abrirá otra con las dimensiones de la entrada de un salón, y quizás algún rabino ya se encuentre dispuesto a permitirlo, y se apoye en una autoridad importante diciendo que los judíos apegados a la religión ya lo permitieron en caso de gran necesidad, y como «rabino» («rabbi») decidirá que en efecto se considera una gran necesidad, y, D’s no lo permita, esto podría resultar en una gran profanación del Nombre Divino ya que los cristianos prohíben el ingreso a la iglesia en compañía de un perro, pero a diferencia de ellos, en la sinagoga ello sí estaría permitido».
Otros rabinos que prohibieron el ingreso de perros guía a la sinagoga
En general, quienes prohíben consideran que introducir un perro en la sinagoga constituye una gran profanación, y además el perro puede asustar a los fieles, especialmente a los niños, y así perturbar la oración. Asimismo, encontramos en las palabras de los sabios referencias negativas respecto de los perros peligrosos. Así también escribió el rabino Moshé Malka, rabino de Petaj Tikva, en «Mikvé HaMaim» (5:21): «No hay mayor desprecio y profanación que éste para una casa de oración». Otro tanto escribió el rabino Jaim David HaLevi, rabino de Tel Aviv, en su libro «Maim Jayim» (3:16). Así también lo escribió el rabino Ya’akov Yosef en su libro «Yalkut Yosef» (151:25) en nombre de su padre, el Gran Rabino sefardí Ovadia Yosef. Igualmente fue escrito por el rabino Kasher en el Jumash «Torá Shlemá» (15, suplemento, nota y, en la nota), en «Shea’rim Metzuianim BaHalajá» (13:2), en «Sha’arei Moshe» (151:1, del rabino Steinberg de Kiriat Yam) y en «Mishnat Yosef» (9:53). El rabino Amar también se inclinó por esta opinión en su libro «Shemá Shlomó» (4:3). Todos estos sugirieron que el perro fuera atado fuera de la sinagoga y que uno de los fieles acompañe a la persona invidente a lo largo de su trayecto.
Otros rabinos que permitieron el ingreso
Por otra parte, quienes lo permiten sostienen que introducir un perro guía en la sinagoga no implica una gran falta de respeto, y por lo tanto, ante una necesidad tan grande se permite su ingreso. Así lo escribió el rebe de Lubavitch (Igrot Kodesh, tomo 18, carta 626), así también opinaron mi maestro, el Gran Rabino sefaradí (Rishón Letzión), el rabino Mordejai Eliahu (Maamar Mordejai, segunda parte, Oraj Jaím 14), el rabino Pinjás Toledano (Marruecos y Londres; Brit Shalom, primera parte, Oraj Jaím 16), el rabino Eliashiv (‘Menashim BaOhel’, pág. 125), el rabino Jaim Kanievsky (Da’at Notá, primera parte, Tefilá 68) y el rabino Aviner en su libro Piskei Shlomó (I, pág. 120).
El fundamento de la controversia
Parece ser que el eje principal de la discusión radica en la actitud general que cada jurista tiene hacia los perros, y de ahí que su introducción en la sinagoga se considere o no una gran falta de respeto. Hasta la época moderna, salvo en casos excepcionales, principalmente entre reyes y nobles, no era común criar perros como mascotas. Solo se criaban por motivos de seguridad, y eran vistos principalmente como animales que ladran y asustan, y llevarlos a las casas se consideraba algo vil y repugnante. En cambio, el burro se veía como un animal aceptado y bienvenido en el hogar, ya que servía para montar y cargar. Hasta hoy, en los países islámicos y en las comunidades judías ultraortodoxas, no es nada común criar perros, por lo que su ingreso a las sinagogas se considera una gran deshonra. Por el contrario, en los últimos siglos, en Europa y en otros países económicamente desarrollados, cada vez más personas comenzaron a criar perros como mascotas, y hoy en día cientos de millones de personas tienen perros en sus casas y pagan grandes sumas de dinero por comprarlos y cuidarlos. Así, también aprendieron a utilizarlos para fines terapéuticos y de asistencia. Por eso, para estas personas, el ingreso de perros guía a la sinagoga en casos de gran necesidad o apremio no se considera una falta de respeto.
Perros adiestrados
Es más, de las palabras de quienes lo prohíben se nota que no conocen de perros, y mucho menos sobre los adiestrados. Por eso temen que el perro ladre o haga sus necesidades en la sinagoga, sin saber que están entrenados para no ladrar sin motivo y no hacer sus necesidades fuera de los momentos y los lugares destinados para ello. Estos juristas sostuvieron también que los no judíos no autorizan el ingreso de perros a sus templos, sin saber que en los países occidentales, muchos sí lo permiten.
Para ilustrar y dejar en claro en qué grado se trata de perros meticulosamente entrenados y cuidados, cabe señalar que el precio de un perro guía para ciegos ronda en los ciento cincuenta mil shekels, y este acompañará a una persona invidente durante unos ocho años, tras lo cual se «jubilará» como animal de compañía (según el Centro Israelí de Perros Guía). El adiestramiento de un perro de servicio para tratar a quienes sufren de trastorno de estrés postraumático es más sencillo, por lo que su precio parte de los treinta mil shekels.
La ley en la práctica
En la actualidad que cientos de millones de personas crían perros en sus casas, no se puede considerar que el ingreso de un perro a la sinagoga implique una gran falta de respeto, por lo que, en casos de necesidad o apremio, a los efectos de ayudar a una persona invidente o a quien sufre de estrés postraumático a rezar en minián, se debe permitir su ingreso a la sinagoga. Para minimizar las molestias durante la plegaria, es recomendable asignarle al invidente o al postraumático un asiento al final de la sinagoga, cerca de la puerta de entrada.
No obstante, en comunidades cuyos orantes no están acostumbrados a ver perros ni a apreciarlos, el ingreso de un can a la sinagoga se percibe como una profanación del lugar sagrado y, por lo tanto, interferirá con la concentración de los asistentes durante la oración. En esos casos, se puede dictar halajá de acuerdo con la opinión de los rabinos que prohibieron su ingreso.
De ser posible, es preferible educar a la comunidad para que tenga compasión por las personas invidentes o por las que sufren de estrés postraumático, permitiéndoles ingresar a la sinagoga con su perro. Pues no hay nada de preceptivo ni de virtuoso en considerar al perro como un animal despreciable. Y, al parecer, a medida que pasan los años, la conciencia sobre la utilidad de los perros crece y se los percibe como animales cada vez más respetables, y por ende, cada vez más rabinos permiten su ingreso a la sinagoga.





