La crisis del enrolamiento al ejército de los jóvenes ultraortodoxos

La crisis del enrolamiento al ejército de los jóvenes ultraortodoxos

El precepto de servir en el ejército de defensa de Israel equivale en importancia a todas las mitzvot de la Torá. @ La división interna respecto a la actitud a tomar hacia el enemigo árabe no permite una solución. @ La cuestión del reclutamiento de los ultraortodoxos se utiliza como instrumento de ataque contra el público jaredí y contra el gobierno de derecha, sin que medie un intento real por resolverla. @ La actitud hacia los miembros del público jaredí debe ser como hacia hermanos queridos y amados que se equivocan en un asunto fundamental. @ El precepto de los tzitzit recae sobre una prenda de vestir que tiene cuatro puntas. @ Aunque una toalla tenga cuatro puntas, no se le coloca tzitzit, ya que no se la considera una prenda de vestir. @ Quienes acostumbran a envolverse en la bandera del Estado de Israel lo hacen como una expresión de identificación y no para vestirse o cubrirse, tal como ocurre con una prenda de vestir, por lo tanto, no es necesario que lleve tzitzit.

Cabe suponer que, si hubiésemos nacido en el seno de la sociedad jaredí, lo más probable es que la elección que tendríamos ante nosotros estaría dentro de ese marco social, es decir, si desafiar con insolencia al público que cumple con entrega el enorme precepto del servicio en el ejército o respetarlo. Por lo tanto, aunque en tiempos de guerra la ira naturalmente se intensifique, corresponde mantener una postura básica de amor hacia el pueblo de Israel, tanto hacia el público en su conjunto como hacia cada individuo particular con el cual nos encontramos personalmente.

Pregunta: ¿Cuál es la opinión del rabino sobre la crisis del reclutamiento de los jóvenes jaredím al ejército? ¿Cómo es posible salir de ella, y cuál debe ser nuestra actitud hacia el público jaredí en general?

Respuesta: En este asunto nos encontramos en una situación trágica la cual encierra en sí misma todas nuestras fallas graves, tanto en el área de nuestra concepción de la Torá como en la de la unidad del pueblo de Israel, en la de la relación hacia el enemigo árabe y en el terreno de las actitudes del sistema judicial y el aparato de seguridad.

En primer lugar, hay un grave error de índole halájico. El precepto de servir en el ejército de defensa de Israel equivale a todas las mitzvot por dos motivos: el primero, porque salvar a un solo judío antecede en importancia a la observancia de todos los preceptos de la Torá, ¡cuánto más aun que esto es así cuando se trata de salvar a todo el pueblo de Israel! El segundo, porque el poblamiento de la tierra de Israel es un precepto equivalente en importancia a la sumatoria de todas las mitzvot, e incluso la Torá ordenó arriesgar la vida para cumplirlo. Sobre esto dijeron los sabios: “Un error en el estudio se cuenta como una transgresión intencional” (Tratado de Avot 4:13).

En segundo lugar, la división política interna en lo que respecta a nuestra actitud hacia el enemigo árabe no permite una solución. La derecha teme que si la izquierda llegare al poder se habrá de producir otro desastre de la magnitud de los Acuerdos de Oslo o la “desconexión” o “hitnatkut” – la retirada de la Franja de Gaza- y por eso está dispuesta a atender todos los pedidos de los representantes jaredíes en el parlamento, con tal de no traer un terrible desastre sobre el pueblo de Israel. Por otra parte, la izquierda, que cree que si solo se permitiera a los árabes palestino establecer un Estado habrá de llegar la ansiada paz, está también dispuesta a atender cualquier reclamo de parte de los representantes jaredím, con tal de que estos apoyen sus propuestas de concesiones territoriales.

En tercer lugar, a pesar de ello, se podría haber acordado en principio un esquema práctico que otorgue ventajas a los que se alistan al ejército y quite beneficios a quienes no lo hacen. Pero la izquierda, incluido el sistema judicial israelí, que está dispuesta a dañar al público jaredí, no acepta que ese mismo criterio se aplique también al público árabe o a los judíos no ultraortodoxos que eluden el servicio militar por otros motivos. De esta forma, no es posible fijar en la ley incentivos efectivos para los reclutas. En semejante situación, la cuestión del enrolamiento de los jaredíes se usa como instrumento de ataque contra el público jaredí y contra el gobierno de derecha, sin que medie un intento real por resolverla.

En cuarto lugar, los jueces de la Suprema Corte de Justicia, que se han arrogado muchas facultades, incluida la autoridad de aplicar sin limitación alguna el criterio de “razonabilidad”, vuelven una y otra vez a tratar el tema del reclutamiento de los jaredím al ejército alegando que su no alistamiento implica una discriminación, ignorando de forma descarada la exención discriminatoria que recibe el público árabe. No hay justicia alguna en dañar al público jaredí por no alistarse, mientras que al mismo tiempo se asegura que el público árabe reciba todos los derechos, además de una discriminación positiva en muchos ámbitos. “Esperamos justicia, y he aquí, iniquidad; esperamos rectitud, y he aquí, clamor” (Yshaiahu-Isaías 5:7). En esta situación, el sistema judicial aplica a sí mismo el versículo que dice: “En el lugar de la justicia, allí está la maldad” (Kohelet-Eclesiastés 3:16).

En quinto lugar, el Estado Mayor del Ejército, que en principio exige que los jóvenes jaredím se alisten, en realidad no está dispuesto a recibirlos bajo el compromiso de aplicar con ellos reglas de servicio adecuadas acordes con su idiosincrasia. Según el Estado Mayor y el sistema judicial, el “deber” de mezclar soldados y soldadas en todas las unidades es más importante. Por lo tanto, no es posible fijar en la ley normas de servicio adecuadas para el público jaredí y religioso, y los mandos del ejército ni siquiera están dispuestos a establecerlo en las órdenes permanentes del Estado Mayor.

Buscar la verdad y a la vez abundar en amor

Para salir de esta crisis debemos seguir profundizando y explicando el precepto de servir en el ejército, con la certeza de que la luz de la Torá penetrará en los corazones y nos hará retornar en teshuvá. Debemos seguir profundizando y explicando respecto del derecho del pueblo de Israel sobre su tierra. Debemos seguir profundizando y explicando los conceptos de justicia universal, que reciben su vigencia del alma que D’s otorgó a toda la humanidad y al pueblo de Israel, de modo tal que el sistema judicial corrija su forma de proceder. A partir de ello cabe esperar que también los jefes del ejército cumplan su misión y se enfoquen en la preocupación por la seguridad nacional, y no en la defensa de las concepciones de la izquierda y sus posturas progresistas.

Abundar en amor

La actitud hacia los hijos del público jaredí debe ser como hacia hermanos queridos y amados que se equivocan en un asunto fundamental. Conviene añadir que cabe suponer que, si hubiéramos nacido en la sociedad jaredí, lo más probable es que la elección que tendríamos ante nosotros sería dentro del marco de sus códigos, es decir, si desafiar con insolencia al público que cumple con entrega el enorme precepto del servicio militar, o respetarlo. Por lo tanto, aunque en tiempos de guerra naturalmente la ira se intensifica, corresponde mantener una postura básica de amor hacia el pueblo de Israel, tanto hacia el público en su conjunto como hacia cada individuo particular con el que uno se encuentra personalmente. Asimismo, son muy dignos de elogio los jóvenes jaredím que, sin renunciar a su estilo de vida, comprenden la grandeza del precepto de defender al pueblo de Israel y se alistan en el ejército. Esperamos que el buen ejemplo que den al público jaredí en general lo despierte a retornar en arrepentimiento en este ámbito, y que todos juntos mejoremos el aparato militar y el sector público en general.

La medida del talit katán

Pregunta: ¿Cuál es el tamaño del talit katán? ¿Es cierto que se puede recitar la bendición sobre él solo si es muy grande?

Respuesta: El precepto de tzitzit recae sobre una prenda de vestir o cobertura que tiene cuatro puntas. Para que la tela sea considerada una prenda de vestir, debe tener una cierta medida. Dijeron los sabios que esta medida es “que el niño se cubra la cabeza y la mayor parte de su cuerpo con ella, y que el adulto pueda salir con esta de manera temporal” (Tratado de Menajot 40(B)). “Niño” significa un infante de alrededor de nueve años, y la prenda debe cubrir su cabeza y la mayor parte de su cuerpo, sin contar sus brazos y sus piernas. Una tela de esta medida es una prenda que también un joven de trece años puede usar para cubrirse, y por lo tanto, tiene el estatus de prenda de vestir; y de ahí que también un adulto que quiera usarla debe ponerle tzitziot.

En la práctica, muchos opinan que una prenda de una longitud de un codo y medio (amá vajetzi – aproximadamente 70 cm.) y un ancho de un codo (una amá – aproximadamente 46 cm) está obligada a llevar tzitziot, y por su uso se debe recitar la bendición correspondiente (Artzot HaJaim, Rav Pealim y otros). Por otra parte, están quienes desean cumplir el precepto con excelencia toman una prenda de dos codos de largo (aproximadamente 92 cm.) y uno de ancho (unos 46 cm.). Un talit de esta medida cubre la mayor parte del cuerpo de un adulto.

Al calcular la longitud de los “codos” no es necesario tomar en consideración la opinión del Jazón Ish, pues los poskim o juristas halájicos que hablaban de la medida de “ama vejetzí” (un codo y medio) se referían a la medida aceptada en la Halajá, y no conocían la del Jazón Ish.

Una toalla o un chaleco antibalas que tienen cuatro puntas

Pregunta: ¿Una persona que en horas del día se envuelve en una toalla al salir de la ducha está obligada a ponerle tzitziot?

Respuesta: Aunque la toalla tenga cuatro puntas, y aunque a veces quien sale de la ducha se envuelva en ella para cubrirse o para calentarse, no se le colocan tzitziot, ya que no se la considera una prenda de vestir, y solo esta está obligada a llevarlos. Es decir, dado que el propósito de la toalla es secarse y no vestir el cuerpo, incluso cuando ocasionalmente se la usa para envolverse, no precisa tener tzitziot.

De igual manera, un chaleco antibalas, un chaleco contra radiación, un delantal para protegerse de la suciedad en el trabajo, o un delantal para los cortes de cabello —aunque tengan cuatro puntas— están exentos de llevar tzitziot, ya que fueron hechos como forma de protección contra ciertos factores, y por lo tanto, no se los considera como una prenda de vestir destinada a proteger del frío, del calor o enaltecer a la persona (Ver Beur Halajá 10:11, en el párrafo que inicia con la palabra “סודר”).

Los que se envuelven en la bandera del Estado de Israel

Pregunta: En ocasiones especiales, como actos de recordación o en la “Marcha de la Vida” en Polonia, hay personas que se envuelven en la bandera de Israel. Dado que la bandera tiene cuatro puntas, ¿acaso no transgreden al envolverse en una “prenda” de cuatro puntas que carece de tzitziot? Conviene recordar que la bandera del Estado de Israel fue inspirada en el talit y en el color azul celeste (tjelet).

Respuesta: Dado que no se trata de una prenda, y dado que envolverse en ella lleva como fin expresar una identificación y no se usa a modo de vestimenta o cobertura, no es necesario que lleve tzitziot.

El corte del cabello que se realiza a los tres años (jálake) durante los días festivos intermedios (Jol HaMo’ed)

Pregunta: ¿Está permitido hacer la jálake (primer corte de cabello cuando un varón judío llega a la edad de tres años) en Jol HaMo’ed, de modo tal que más familiares puedan participar de la alegría?

Respuesta: Está permitido, porque los sabios prohibieron cortarse el cabello en Jol HaMo’ed con el objetivo de que la gente lo hiciera antes de la festividad. Pero a un niño pequeño cuyo cabello ha crecido mucho y este le causa molestia, se le permite cortarlo, ya que aún no está obligado a cumplir los preceptos, y por lo tanto, los sabios no decretaron que no se le corte el cabello en Jol HaMo’ed (Shulján Aruj Oraj Jaím 531:6).

De manera similar, quienes acostumbran a celebrar el primer corte de cabello de un niño al llegar a los tres años, pueden hacerlo en Jol HaMo’ed. Incluso cuando su cumpleaños cae antes de la festividad, está permitido posponer su corte de cabello para Jol HaMo’ed a fin de incrementar la alegría (Gan HaMelej, Sha’arei Teshuvá 531:7).

Comprar una entrada a una atracción para un familiar que la habrá de usar en Shabat

Pregunta: Gracias a mi trabajo, tengo una tarjeta de beneficios con un descuento significativo para diversos sitios y atracciones. Un familiar mío en primer grado me pidió que le comprara entradas para él y su familia para cierto museo con el fin de visitarlo durante el Shabat. ¿Está permitido que yo le compre las entradas con el descuento? ¿Se considera esto ayudar a alguien a transgredir? Aclaro que, de todas maneras, él irá al museo en Shabat con o sin mi descuento.

Respuesta: Dado que el asunto implica quebrar la prohibición de viajar en Shabat y otras transgresiones, si usted compra las entradas para su familia se considerará que está “ayudando a efectuar una transgresión”. Por lo tanto, debe disculparse y decirles que, si lo hace, se encontrarás siendo partícipe de la profanación del Shabat, algo que usted no puede permitirse. Si se tratare de una entrada general y él no le hubiera dicho que piensa usarla en Shabat, estará permitido que se la compre sin indagar si piensa o no usarla en Shabat.

¿Acaso los perros y los gatos son muktzé en Shabat?

Pregunta: A raíz del artículo de la semana pasada sobre los perros guía, quisiera preguntar si los animales domésticos, como perros y gatos criados en casa se consideran muktzé en Shabat.

Respuesta: La regla general es que todo aquello que no tiene un uso en Shabat es muktzé y está prohibido moverlo en Shabat. En este marco, también los animales se consideran muktzé. En caso de necesidad, cuando hay que moverlos de su lugar para evitarles sufrimiento, los sabios permitieron sujetarlos y arrastrarlos, pero no levantarlos (Shulján Aruj Oraj Jaim 308:39–40).

Así era también la instrucción respecto de los gatos y los perros, porque en el pasado no se acostumbraba a criarlos dentro del hogar como mascotas, sino que se los usaba solo para vigilancia en exteriores. Pero hoy en día, que es costumbre criarlos como animales de compañía, todos los perros y gatos cuyos dueños acostumbran a levantarlos y jugar con ellos durante la semana, así como los perros guía, no se consideran muktzé, y está permitido tocarlos y levantarlos. Así dictaminaron el Rav Moshé Feinstein (Igrot Moshé Oraj Jaím V, 22:21) y el Rav Shlomo Zalman Auerbach (Shulján Shlomó Oraj Jaím 308:74). Y aunque hay quienes adoptan una actitud más estricta, dado que la norma del muktzé es de origen rabínico y la postura flexible parece más razonable, la halajá final es de acuerdo con la opinión de quienes lo permiten.

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