Volver a construir en Yehudá (Judea) y Shomrón (Samaria)

HAAZINU 5786

Volver a construir en Yehudá (Judea) y Shomrón (Samaria)

La esencia de la alegría en la festividad de Sucot es la recolección de los frutos y la herencia de la tierra de Israel. @ Cada vez que el pueblo de Israel se descuidó en el cumplimiento del precepto de habitar su tierra (ishuv haaretz), pagó por ello precios muy altos. @ Por eso, en este momento, cuando se nos presenta una oportunidad especial, no debemos ser negligentes en la misión de construir el país, incluso al precio de recurrir a la labor de trabajadores árabes. @ Un judío que vive en el extranjero, pero tiene una profunda conexión con la Tierra de Israel, como aquel que planea hacer aliá pronto, mientras se encuentre en el país no necesita observar el “segundo día festivo del exilio” (Yom Tov shení shel galuiot).

En el último año y medio se han “abierto las compuertas”, se han generado oportunidades para poder expandir los asentamientos judíos en Yehudá (Judea) y Shomrón (Samaria). Hubiera sido posible duplicar o triplicar el ritmo de la construcción en estas regiones, pero a raíz de decisiones equivocadas de parte de los residentes de los poblados y de sus consejos deliberativos (no construir recurriendo a la mano de obra árabe), en lugar de acelerarse el ritmo de la construcción este se vio notablemente frenado. Paradójicamente, estos últimos fueron los dos años más difíciles para la edificación y la absorción de nuevos residentes israelíes en Yehudá y Shomrón.

Las tres festividades de peregrinación están relacionadas con la temporada agrícola en la que caen (Shemot-Éxodo 23:14-16). La festividad de Pesaj, en la época de la primavera, tiene lugar cuando todo comienza a brotar; la festividad de Shavu’ot, cae durante la culminación de la cosecha de los cereales; y la festividad de Sucot, se celebra al concluir la recolección de los frutos del año. El proceso natural que se produce en este mundo físico refleja el proceso espiritual que tiene lugar en los planos superiores de la vida. Pesaj es un tiempo de comienzo y renovación, por eso, en esta festividad salimos de Egipto y nos convertimos en una nación. Shavu’ot es el tiempo de la maduración del proceso del crecimiento de los cereales, y por eso, es en esta festividad que recibimos la Torá.

La festividad de Sucot es un tiempo de conclusión, de reunión y almacenamiento de los cereales y los frutos en la casa, y también en el plano espiritual, se trata de un tiempo destinado a recoger o reunir de los frutos espirituales que Israel logró obtener durante los días de la esclavitud en Egipto y las andanzas en el desierto, para llevarlos hacia su casa, es decir, hacia la Tierra Prometida, que es el hogar del pueblo de Israel. Y así escribió el Abarbanel (en su comentario a Devarim-Deuteronomio 16:13) al expresar que la esencia de la alegría de la festividad de Sucot es la herencia de la Tierra de Israel, la de la festividad de Pesaj es la virtud singular del pueblo de Israel que se reveló en la salida de Egipto, y la de la festividad de Shavu’ot es la entrega de la Torá.

Por lo tanto, corresponde que en la festividad de Sucot que se aproxima a nosotros para bien, renovemos nuestra atención hacia el cumplimiento del precepto de habitar la tierra que D’s prometiera a nuestros ancestros.

La celeridad en el cumplimiento del precepto de habitar o poblar la Tierra de Israel

En los últimos dos años, son muchos los que se lamentan por los retrasos en la instrumentación de la soberanía israelí sobre las regiones de Yehudá y Shomrón, pero no cabe lamentarse menos por la paralización de la construcción en estos sitios durante el mismo período, ya que ella depende exclusivamente de nosotros, los pobladores. Ya sea que la soberanía se instaure pronto o que su implementación se demore, el futuro de Yehudá y Shomrón se decidirá en base a la cantidad de judíos que allí residan, y especialmente en los asentamientos que se encuentran en la región montañosa (gav hahar).

En el último año y medio se “abrieron las compuertas” para la expansión de los asentamientos en Yehudá y Shomrón. Luchas que duraron muchos años en torno a la política estatal en lo que refiere a la adjudicación de los permisos de construcción, bajo el liderazgo del ministro Betzalel Smotrich se resolvieron, y hoy es posible planificar y construir en estas regiones sin limitación. Se podría haber duplicado o triplicado el ritmo de la construcción, pero debido a decisiones equivocadas tomadas por los propios asentamientos y por sus consejos deliberantes (no construir con mano de obra árabe), en lugar de acelerarse el ritmo, este se frenó considerablemente. Estos últimos dos años han sido los más difíciles en lo que se refiere a la construcción y a la absorción de nuevos pobladores judíos en las distintas localidades de Yehudá y Shomrón.

Es cierto que emplear a trabajadores hostiles les otorga a ellos un punto de ventaja, pero para nosotros, ello implica nueve puntos a favor. Por lo tanto, cuando seguimos construyendo, el resultado es nueve a uno a favor nuestro; y cuando dejamos de hacerlo, el resultado es nueve a uno a su favor.

El precio que pagamos por el retraso en el cumplimiento del precepto de poblar la Tierra de Israel

Desde siempre, el precepto de poblar la Tierra de Israel requiere de celeridad en su cumplimiento. Cuando el pueblo de Israel salió de Egipto, ese era el momento propicio para heredar la Tierra Prometida. Si los israelitas hubiesen aceptado entrar inmediatamente al país bajo la guía de Moshé, habríamos merecido una permanencia eterna en ella y los gentiles no habrían podido obtener el dominio sobre el Templo de Jerusalém. Pero a raíz del pecado de los espías, nos demoramos y perdimos la oportunidad. Después, cuando los “ma’apilim” (los que intentaron subir por la fuerza) quisieron entrar, ya era tarde.

Nuestros sabios dijeron que si nuestro maestro Moshé hubiese pedido de inmediato que HaShem lo perdonara y le permitiera entrar a la Tierra de Israel, D’s habría atendido su pedido. Pero se demoró cerca de cuarenta años, y cuando le imploró a HaShem, ya era tarde y Él no atendió su petición (véase Devarim Rabá 2:3).

Cuando Koresh, el rey persa (Ciro el grande) llamó al pueblo de Israel a marchar hacia su tierra con miras a la construcción del Segundo Templo, la mayoría de los judíos podría haber respondido positivamente a su llamado, y de haberlo hecho, habrían merecido que la Divina Presencia (la Shejiná) reposara sobre el Segundo Templo tal como lo hizo sobre el Primero, y los israelitas habrían merecido recibir profecía, e incluso podían haber alcanzado la redención completa. Pero, como fueron pocos los que retornaron y además lo hicieron de manera gradual, desaprovecharon la oportunidad y no alcanzaron a recibir todo esto; posteriormente el Templo fue destruido y salimos a un largo exilio (véase Tratado de Yoma 9(B)).

El precio de la demora en la época moderna

Hace unos 120 años, en el tiempo de la fundación del movimiento sionista, el pueblo judío contaba con unos 11 millones de personas, mientras que los árabes que habitaban en todos los alrededores de las fronteras bíblicas de la Tierra de Israel —incluidos el Líbano, Siria e Irak— sumaban apenas algo más de cinco millones, y a ambas márgenes del rio Jordán vivían poco más de medio millón de árabes. En aquel entonces existía la oportunidad de que el pueblo judío regresara a su tierra, creciera en ella y se multiplicara.

Sin embargo, por diversas razones nos demoramos. Eso se asemejó al pecado de los espías, pero ocurrió en nuestra época, y tal como se nos advirtió en la Torá, el precio por ello fue terrible. Tuvimos que atravesar por el Holocausto, padecimos el régimen de opresión comunista y fuimos afectados por una gran corriente de asimilación. Así es que hoy, en todo el mundo hay solamente unos quince millones de judíos declarados, y en nuestro país alrededor de siete. En contraste, los árabes de los alrededores de la Tierra de Israel disfrutaron de los frutos de la revolución industrial, de la expansión de la producción de alimentos y de la mejora en la atención médica y pasaron de ser cinco millones a más de ochenta.

Luego de la liberación de Yehudá y Shomrón

Tras la Guerra de los Seis Días, se podía haber poblado las regiones de Yehudá y Shomrón con multitudes de judíos e imponer sobre ellos la soberanía israelí con relativa facilidad. Durante unos veinte años, no existió una presión internacional significativa en contra de ello. Si así hubiésemos actuado, habríamos establecido hechos consumados y hoy vivirían en Yehudá y Shomrón más de dos millones de judíos. Nuestra situación nacional y de seguridad sería incomparablemente mejor.

Pero, cuando era posible, nos demoramos demasiado; los árabes y demás enemigos de Israel se organizaron. Se ejercieron fuertes presiones sobre el Estado de Israel para que retrocediera, y la construcción y el asentamiento avanzaron lentamente, enfrentando los embates del terrorismo, amén de duras presiones y obstáculos tanto internos como externos.

El gran desafío en la actualidad

Hoy día es posible construir casi sin limitaciones, y nuestra demora transmite al pueblo de Israel y al mundo entero que asentarnos en Yehudá y Shomrón no es algo que nos importe demasiado. D’s no lo permita, esto puede aumentar significativamente las presiones a las que nos vemos expuestos.

No debemos pensar: “Ya hicimos mucho en aras del asentamiento de judíos en estas áreas y ese mérito nos sostendrá y nos servirá de ayuda”. Dado que ya comenzamos a cumplir la mitzvá, la responsabilidad de concluirla recae sobre nosotros. Nuestros sabios dijeron: “Quien comienza a cumplir un precepto y no lo concluye, entierra a su esposa y a sus hijos. ¿De quién aprendemos esto? De Yehudá” (Bereshit Rabá 85:3). Yehudá comenzó a salvar a Yosef; los hermanos lo escucharon y aceptaron no matarlo, pero en lugar de rescatarlo por completo y devolverlo a su padre, lo cedió a sus hermanos y ellos a su vez lo vendieron. El castigo fue muy severo: así como él se detuvo a mitad de camino y no concluyó el cumplimiento del precepto que había iniciado, su familia también quedó trunca. Solo después, cuando hizo teshuvá y reconoció ante su nuera Tamar que había errado, mereció volver a erigir una familia.

Por ello, debemos volver a construir y absorber a muchas más familias en Yehudá y Shomrón, para proteger así al pueblo de Israel y al país, y cumplir con el gran precepto de poblar el corazón mismo de nuestro terruño.

El precepto de alegrar en la festividad a quienes enseñan Torá

Dentro del precepto de alegrarse en la festividad, también está la mitzvá de alegrar al leví (levita), como fue dicho: “Te alegrarás en tu fiesta tú, tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva y el levita” (Devarim-Deuteronomio 16:14). La función de los levitas era enseñar y educar al pueblo de Israel, tanto a los pequeños como a los grandes. Incluso después de la destrucción del Templo, explicó el rabino Shlomó Cohen de Vilna (Binián Shlomó I, 33) que es mitzvá alegrar en la festividad a los rabinos que enseñan halajá y a los maestros de Torá. (Él no lo señaló en su respuesta, pero cabe añadir que en su época la situación económica de los rabinos en Europa del Este era muy precaria).

Hoy en día, este precepto se extiende a todos los docentes que se dedican a la educación de los hijos de Israel en la Torá, las mitzvot y las buenas virtudes. Pues ellos también, como los levitas en su momento, se dedican a la enseñanza; y como los levitas, son considerados como quienes no pueden enriquecerse, pero trabajan en la sagrado labor de educar a los niños de Israel.

El segundo día festivo del exilio (Yom Tov shení shel galuiot) en situaciones complejas

Pregunta: Nací y crecí en la Tierra de Israel, y también mis padres viven allí; pero mi esposa creció en los Estados Unidos desde los tres años hasta hoy. Nos casamos hace cuatro años y medio y vivimos en los EE. UU. con la idea de llegar a Israel después de un año. Hemos tenido varios retrasos y aún vivimos allí, aunque pensamos -con la ayuda de D’s- hacer aliá pronto, pero todavía no tenemos una fecha definitiva. Al principio, como tenía una fecha concreta para volver a Israel, no guardaba el segundo día festivo como corresponde según la Halajá, sino solo en público. Después de dos o tres años, como ya no tenía una fecha para hacer aliá, decidí ser más estricto y comencé a guardar el segundo día festivo según la Halajá.

Durante esos años, mi esposa siempre guardó el segundo día festivo. Hasta entonces, cuando veníamos a Israel para las festividades, yo no guardaba el segundo día festivo, mientras que mi esposa sí lo hacía. Yo pensaba que mi esposa debía guardar solo un día en Israel, ya que debía seguir a su marido. Pero ella no se sentía cómoda con guardar solo un día, porque mentalmente le resultaba difícil no guardar el segundo día festivo al que está acostumbrada, y además, sabemos que después de la festividad volveremos al extranjero. Más aún, ella quiere que yo también guarde el segundo día festivo estando en Israel. De todos modos, acordamos preguntar al rabino (también a mi esposa le gusta estudiar los libros de Halajá del rabino en inglés).

Respuesta: Según lo que has descrito, cuando ustedes están en el extranjero, también tú debes guardar dos días festivos, pues ese es vuestro lugar de residencia ahora. Y cuando vienen a Israel, también tu esposa debe guardar solo un día, ya que, por tres razones, ustedes tienen una fuerte conexión con la tierra: Así es la halajá para quien vivió alguna vez en la Tierra de Israel y considera tal vez volver en el futuro. Asimismo, esa es la halajá para quien tiene a su padre o a su hijo viviendo en la Tierra de Israel y piensa tal vez hacer aliá en el futuro. Y además, esa la halajá para quien tiene un plan cercano de hacer aliá (Como está explicado en Pninei Halajá, Mo’adim 9:8: todo aquel que tiene una conexión profunda con la Tierra de Israel, aunque viva en el extranjero, mientras se encuentre aquíl debe guardar solo un día).

Pregunta de seguimiento sobre volar en el segundo día festivo

Pregunta recibida un año después: Con el permiso del rabino, tengo otra pregunta. Venimos para la festividad a la Tierra de Israel y guardamos solo un día según el fallo del rabino. Compramos boletos para un vuelo que sale hacia el final de Isru Jag (el día posterior a la festividad). Sin embargo, al salir de las fronteras del país, resultará que durante cierto tiempo estaremos volando en un momento que corresponde al segundo día festivo del exilio. ¿Acaso estando en el avión debemos observarlo? ¿Existe aquí un problema de tjumín (traspasar los límites permitidos durante la festividad)?

Respuesta: Pueden tomar el vuelo que describieron, pues dado que abordaron el avión en la Tierra de Israel, mientras estén en el aire no necesitan guardar dos días festivos.

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