NOAJ 5786
Se requiere de una profunda revisión en los diferentes aparatos estatales
Una comisión estatal de investigación nombrada por la Corte Suprema no servirá de nada. @ Debemos realizar una revisión profunda. @ Nuestra guerra por la tierra de Israel y la redención de nuestro pueblo abarca numerosos ámbitos, aparatos y mecanismos. @ Todos ellos necesitan ser reparados. @ Existen varias áreas generales de reparación, cada una de las cuales se ramifica en miles de detalles. @ El talit representa el mundo material con sus cuatro puntos cardinales, y en él están ocultas fuerzas inmensas. @ Los hilos del tzitzit aluden a los mandamientos de la Torá, que nos enseñan cómo llevar a la práctica la totalidad de las potencialidades que anidan en el ser humano y en el mundo.
También el sistema judicial debe ser sometido a una minuciosa revisión, y no resulta razonable que los miembros de la comisión se investiguen a sí mismos. Además, no hemos oído de parte del sistema judicial ninguna disposición a realizar una autocrítica en ningún aspecto. En general, puede decirse que todos los sistemas públicos necesitan ser mejorados y reparados; esto no significa que sean especialmente malos, sino que los desafíos que se presentan ante nosotros son enormes y la guerra ha puesto de manifiesto sus carencias y sus debilidades.
Teníamos la esperanza de derrotar por completo al Hamás; ese es el significado de obtener una «victoria total». Lamentablemente, eso no ocurrió. Gracias a la entrega abnegada de nuestros soldados les hemos asestado duros golpes a nuestros enemigos, pero al carecer de un plan definido para obtener la victoria, a la postre, no vencimos. Nuestra situación sigue siendo riesgosa: nuestros enemigos aprendieron que pueden atacarnos y seguir existiendo, y ya están planeando su próxima campaña. Ellos son pacientes, y continuarán preparándola. Esa es la actitud religiosa que caracteriza al islam desde sus orígenes. Cuando regresemos a la rutina y nos cansemos, volverán a atacarnos. Irán ha sido golpeada, pero su aspiración de destruirnos sigue intacta. Gracias a los soldados de la infantería y a los agentes del Mosad que arriesgaron su vida en aras de la defensa del pueblo y del país, nuestra capacidad de disuasión se ha restituido parcialmente. Sin embargo, cuando se trata de enemigos ideológicos que están imbuidos de una fe extraña y que además cuentan con partidarios antisemitas en países influyentes en todo el mundo, ello no resulta suficiente.
Debemos llevar a cabo una profunda introspección. Una comisión estatal de investigación nombrada por la Suprema Corte de Justicia no servirá de nada, pues el propio sistema judicial debe ser objeto de revisión, y no puede ser que los miembros de la comisión se investiguen a sí mismos. Además, no hemos oído de parte del sistema judicial ninguna predisposición a efectuar autocrítica alguna en ninguna área de su quehacer.
En general, puede decirse que todos los sistemas estatales necesitan ser mejorados y reparados; mas ello no significa que sean especialmente deficientes. Lo que ocurre es que los desafíos que se presentan ante nosotros son inmensos, y la guerra ha dejado al descubierto sus carencias y sus debilidades.
Cabe decir que, dado que el fracaso fue de carácter multisistémico, es difícil encontrar una entidad que pueda investigar con honestidad a todos los sistemas que fallaron. Se puede —y se debe— establecer comisiones que examinen ciertos temas específicos, como por ejemplo, la preparación del ejército para la guerra, incluyendo la ausencia de planes operativos y la carencia de municiones; las fallas de la inteligencia; el desempeño del Estado Mayor del Ejército (el Matkal) en la planificación y gestión de la guerra; la responsabilidad del sistema judicial, de la asesoría legal y del Tribunal Supremo (el Bagatz) en el debilitamiento de la disuasión ante al enemigo y la incapacidad del ejército para impedir su fortalecimiento; la responsabilidad de la asesoría legal y del Bagatz en las fallas acaecidas en la conducción de la guerra y en la muerte de soldados; y la evaluación de cuál ha de ser la estrategia correcta para encarar la devolución de los secuestrados.
¿Es correcto establecer una comisión de investigación sobre el desempeño del gobierno?
En una situación normal, una comisión de este tipo podría ser útil. Para ello deben cumplirse dos condiciones: a) Los miembros de la comisión deben estar libres de todo sesgo político. b) Las conclusiones de la comisión deben ser presentadas ante el gobierno y la opinión pública de modo tal que en las siguientes elecciones ciudadanos puedan tomar en cuenta dichas conclusiones al elegir a sus representantes para la Kneset. En caso de que se descubra la existencia de algún tipo de sospecha de delito, el asunto debe ser derivado a una investigación policial, tal como es habitual. Sin embargo, en nuestra realidad actual, la primera condición no puede cumplirse. Y, al parecer, tampoco la segunda, pues desde hace ya largo tiempo muchas de las figuras del sistema judicial consideran que su función es intervenir en los otros poderes del Estado y, en gran medida, incluso participar en la elección del primer ministro, los ministros, los asesores legales, los jefes del aparato de seguridad y la totalidad de la alta administración pública.
Ante semejante situación, si el gobierno lo considera adecuado, puede nombrar una comisión que lo ayude a mejorar su funcionamiento, pero no es posible establecer una comisión estatal (que según la ley vigente debe estar encabezada por jueces de la Suprema Corte de Justicia, N. de T.). El pueblo debe decidir en las elecciones quiénes habrán de ser sus representantes para la Kneset, y a su vez estos son quienes deben formar el gobierno.
La reparación a emprender es compleja y contiene innumerables detalles
A primera vista parece que existe un único problema de raíz, que, de resolverse, todo lo demás se arreglaría; la única cuestión sería identificar dónde se encuentra ese problema: ¿en la concepción de la seguridad nacional?, ¿en el conocimiento y entendimiento del enemigo?, ¿en la política exterior?, ¿en el sistema judicial?, ¿en el sistema educativo o acaso en el mundo de la Torá? Sin embargo, tras una reflexión más profunda, vemos nuestra lucha por la tierra de Israel y por la reconstrucción de nuestro pueblo abarca muchísimos ámbitos. En todos ellos hay elementos acertados y otros que adolecen de fallas; no existiendo un único fundamento que, de ser corregido, solucione todo lo demás. Todos los sistemas necesitan correcciones, y existen varias áreas generales de reparación, cada una de las cuales a su vez se ramifica y subdivide en miles de detalles. Es importante identificar cuáles son esos principios generales que requieren ser reparados, y con la ayuda de D’s, trataremos de abordarlos en los próximos artículos. Mientras tanto, conviene saber que se trata de varios principios que se extienden a todos los aspectos de la vida, y cada uno de nosotros está llamado a ocuparse, en la medida de su capacidad, en la mejora de aquellos ámbitos sobre los que ejerce influencia. Esto puede parecer desalentador, pero en realidad es un motivo de alegría, porque ofrece la posibilidad de que multitudes de personas participen en el acercamiento de la redención.
En cierta medida, esta idea está insinuada en el precepto del tzitzit.
El significado del precepto del tzitzit: el talit y los flecos
El talit cuadrado representa al ser humano y al mundo, en los cuales anidan múltiples fuerzas. Mientras esas fuerzas no se manifiestan, tanto la persona como el mundo permanecen como una materia en bruto, sin contenido ni propósito. Por ello, el talit, que envuelve al hombre, simboliza la “luz envolvente” (or makif), que supera y trasciende a la luz que se revela dentro del mundo (or pnimí, lit. luz interior); y esta se expresa tanto en la luz que rodea al mundo como en las potencias ocultas que se hallan dentro de él. Los flecos (tzitziot) que salen del manto representan precisamente la manifestación de esas fuerzas potenciales. La palabra tzitzit proviene de tzitz hasadé (“flor del campo”), aludiendo a los brotes que surgen y se asoman desde la tierra, sacando a la luz las fuerzas que se encontraban ocultas al interior del tierra. Sin embargo, manifestar esas fuerzas es un desafío tanto complejo como así también peligroso.
Expliquemos más detalladamente. El talit simboliza el mundo material con sus cuatro direcciones o puntos cardinales, en el cual están contenidas inmensas fuerzas. En cada átomo hay concentrada una gigantesca energía. Pero la cuestión es cómo hacer uso de esas fuerzas sin sufrir daño. Asimismo, en el ser humano —que es un “microcosmos”— existen enormes deseos y talentos, que a veces se transforman en impulsos destructivos para la persona y el mundo. La pregunta es cómo canalizar correctamente esas enormes energías que existen tanto en el hombre como en la creación, de modo tal que resulten benéficas y no dañinas. La respuesta está insinuada en el precepto del tzitzit. Sus hilos representan los mandamientos de la Torá, los cuales nos enseñan cómo desplegar todas las fuerzas potenciales del ser humano y del mundo de manera ordenada y gradual en todos los ámbitos de la vida. Por ejemplo, los preceptos nos orientan sobre cómo revelar de forma adecuada el amor que se encuentra oculto en el corazón del hombre dentro del marco del matrimonio, la familia y la sociedad; cómo dirigir el deseo humano de prosperar de manera positiva; cómo encauzar las aspiraciones nacionales hacia la gran visión de la redención y la corrección del mundo (según el Maharal en Netiv HaAvodá 15).
Las cuatro esquinas o puntas
Solo una prenda que tiene cuatro esquinas está obligada a llevar tzitzit, porque únicamente esta es la que representa el mundo en todas sus direcciones (Or HaJaim, Números 15:39). Es decir, solo mediante la conexión con la totalidad de la realidad creada por D’s resulta posible aplicar las 613 mitzvot de la Torá, que trazan el camino correcto para desplegar las fuerzas que están ocultas en toda la creación, de manera que aporten bendición al hombre y al mundo. Esto se corresponde con el principio según el cual “el buen comportamiento precede a la Torá” (Derej Eretz kadmá laTorá).
Del principio general a su detallado completo
Los tzitziot deben atarse en las esquinas, que son las puntas del manto. Y los propios tzitziot comienzan como un cordón trenzado (gdil), que representa las ideas generales de la guía de la Torá; a partir de ese cordón se separan ocho hilos, lo cual simboliza cómo, desde los principios generales, la instrucción de la Torá se va desglosando gradualmente hasta llegar a los detalles de los mandamientos y las leyes. De manera similar, el talit y los tzitziot expresan el proceso gradual de cómo llevar a la práctica las fuerzas potenciales.
¿Por qué no se colocan tzitziot en una camisa o una chaqueta con cuello?
Pregunta: ¿Por qué no se debe poner tzitziot en una camisa o chaqueta con cuello doblado? Después de todo, el cuello forma dos puntas y, abajo, hay otras dos —¿acaso eso no serían cuatro esquinas?
Respuesta: La prenda que debe llevar tzitzit es aquella que tiene dos esquinas al frente y otras dos atrás, y las puntas del cuello, que están al frente, no se consideran esquinas de la prenda (Ramá, Oraj Jaim 10:12).
Además, por naturaleza, las esquinas de una prenda cuelgan hacia abajo, mientras que las del cuello se alzan hacia arriba como adorno, y por eso no se consideran verdaderas esquinas. Si bien hay quienes opinan que conviene redondear una de las esquinas (Maguen Abraham 10:13; Mishná Berurá 10:36), el pueblo de Israel ha tenido por costumbre desde hace ya generaciones adoptar en esto una actitud flexible sin reparo alguno.
El abrigo de tipo «frac»
También se ha preguntado respecto del abrigo de tipo frac, que es usado por jueces rabínicos y rabinos, que tiene una gran abertura trasera, de modo que la parte posterior queda casi completamente abierta, resultando así que hay dos esquinas delanteras y dos traseras. Algunos opinan que, dado que tiene forma de prenda y no de talit (que está abierto por la mitad), está exento del precepto de tzitzit (Aruj HaShulján 10:16–19). Otros opinan que efectivamente, sí debe llevar tzitzit, pero si se redondea una de las esquinas, quedará exento (ver Mishná Berurá 10:36). Y así es la costumbre aceptada: redondear una de las esquinas traseras para evitar el deber de colocar tzitzit.
Una manta con cuatro esquinas con la que se duerme durante el día
Pregunta: ¿Por qué una manta está exenta del tzitzit, si tiene cuatro esquinas y se duerme con ella también durante el día, tiempo en el cual rige la obligación del tzitzit?
Respuesta: Una prenda de vestir (begued) es aquella que está destinada a cubrir a la persona mientras anda, tanto dentro como fuera de su casa. Por lo tanto, las mantas, aunque también se usen durante el día, están exentas del tzitzit, ya que no son consideradas prendas de vestir (Mordejai; Shulján Aruj, Oraj Jaim 18:2).
No obstante, algunos temieron que las mantas usadas también durante el día estuviesen obligadas, y por eso procuraban redondear una de sus esquinas, especialmente si estaban hechas de lana (Maguen Abraham 18:3; Shulján Aruj HaRav 5).
Sin embargo, la costumbre es no ser estrictos al respecto, ya que la norma principal establece que una manta no es una prenda de vestir y por ende está exenta del tzitzit (Mor UKtziá, Eshel Abraham Butshatsh, Aruj HaShulján 18:8, Brit Kehuná a Oraj Jaim Maarejet 90:14)
Del mismo modo, una manta ligera o cobertor con el que uno se envuelve ocasionalmente en el sofá (una “manta de abrigo”) está exento del tzitzit, pues su propósito es servir de cobijo, no de vestimenta.
¿Una prenda hecha de hilos sintéticos debe llevar tzitzit?
Una prenda de cuero está exenta del tzitzit, porque no está confeccionada con hilos como las prendas comunes, sino que está hecha de una sola pieza (Shulján Aruj 10:4; Levush; Shulján Aruj HaRav). Del mismo modo, una lámina de nailon o plástico elaborada en forma de prenda para proteger a los trabajadores está exenta del tzitzit, ya que no está tejida con hilos.
Siguiendo este principio, algunos opinan que también una prenda hecha de hilos sintéticos está exenta (Igrot Moshé a Oraj Jaim II:1). Sin embargo, la mayoría de los juristas halájicos de las últimas generaciones (ajaronim) sostienen que sí debe llevar tzitzit, ya que no hay diferencia entre una prenda hecha con hilos naturales y otra con hilos sintéticos, siempre que esté confeccionada con hilos (Har Tzví a Oraj Jaim I:9). No obstante, debido a la duda, algunos instruyeron no recitar la bendición sobre un tzitzit de este tipo (Tzitz Eliezer XII:3).
Con el paso de los años, la fabricación de hilos sintéticos ha mejorado enormemente. En el pasado, su calidad era pobre y se usaban únicamente por su bajo costo para elaborar prendas baratas, que no abrigaban bien en invierno y causaban sudor en verano. Sin embargo, hoy en día la calidad de los hilos sintéticos ha mejorado notablemente, y a partir de ellos se confeccionan prendas de alta calidad, a veces incluso mejores que las hechas con fibras naturales. Por lo tanto, se debe recitar la bendición sobre un talit confeccionado con hilos sintéticos (como, por ejemplo, de tela Dry Fit).





