La fuerza espiritual en el frente: el papel de la tribu de Leví en las guerras de Israel

JANUCÁ 5786

La fuerza espiritual en el frente: el papel de la tribu de Leví en las guerras de Israel

La primera función de los miembros de la tribu de Leví es la de conducir al ejército desde el punto de vista espiritual y disciplinario. @ Además de fortalecer el ánimo de los combatientes previo a la batalla, el Cohen Mashúaj Miljamá (sacerdote ungido para la guerra) participaba en las decisiones del Estado Mayor. @ Asimismo, los cohanim (sacerdotes) llevaban el Arca Sagrada que acompañaba a Israel en sus guerras. @ La función de los oficiales era la de estimular a los combatientes y castigar a los desertores. @ Los jashmonaím (hasmoneos) continuaron el camino de nuestro maestro Moshé, quien, tras el pecado del becerro de oro, cuando Israel se hallaba ante un peligro enorme, proclamó: “¡Quien esté con HaShem, que venga a mí!”.

 

Cuando la nación de Israel fracasa y tanto el pueblo como el país se encuentran en peligro, la tribu de Leví —y dentro de ella los cohanim (sacerdotes)— constituye una suerte de unidad de élite que, en la hora más difícil, entra en el combate más duro contra los enemigos de Israel, decide la contienda y ayuda al pueblo a regresar a su misión sagrada.

 

Las funciones de los miembros de la tribu de Leví en el ejército

En la columna anterior aprendimos que los miembros de la tribu de Leví participaban en las guerras de Israel destinadas a la defensa del pueblo y del país, tal como se explica en el Tanaj, en las palabras de los sabios y en las de los maestros jurisprudentes tanto medievales (rishonim) como los de las últimas generaciones (ajaronim). Por ello, cuando se censó a los soldados de la tribu de Leví en los tiempos del rey David, su número no era inferior al de los soldados de las demás tribus (I Crónicas-Divrei Haiamim 12:24–39), y algunos de ellos incluso fungieron como jefes militares, como en el caso de Benaíahu ben Yehoiadá.

En el presente artículo continuaremos aprendiendo que, según la guía de la Torá, la primera función de los miembros de la tribu de Leví es la de conducir al ejército desde el punto de vista espiritual y disciplinario. Es decir, en un primer momento debían seleccionar de entre los leviím (levitas) a todos aquellos que eran aptos para cumplir estas funciones, y después los restantes se alistaban en el ejército como todo el pueblo de Israel. Y tal como aprendimos la semana pasada, según la mayoría de las autoridades halájicas, en una guerra obligatoria destinada a salvar al pueblo de Israel, estaban obligados a alistarse; y según parte de los maestros jurisprudentes, estaban preceptuados de alistarse, aunque no se tratase de una obligación estricta.

 

El sacerdote ungido para la guerra

Además del cohen gadol (el sumo sacerdote), que era el responsable del servicio del Templo, se ungía con el aceite de la unción a otro sacerdote, llamado Cohen Mashúaj Miljamá (sacerdote ungido para la guerra), cuya función era alentar a los combatientes de Israel con palabras de fe, tales como: “Israel! Vosotros ustedes se acercan hoy a entablar batalla contra sus adversarios: que no desmaye vuestro corazón: no teman y no se aturdan, y no se quebranten ante ellos. Porque HaShem vuestro D’s, es El que va con ustedes, para regir la batalla por ustedes, contra sus adversarios: para salvarlos a ustedes” (Devarim-Deuteronomio 20:2–4; Maimónides, Hiljot Melajim 7:1–3). Es razonable suponer que, así como el Cohen Gadol (el sumo sacerdote) estaba al frente del sistema de los cohanim (sacerdotes) que servían en el Templo, del mismo modo el Cohen Mashúaj Miiljamá (sacerdote ungido para la guerra) encabezaba a un conjunto de cohanim que apoyaban a los combatientes en sus distintas unidades.

Además de fortalecer el espíritu de los luchadores antes de la batalla, el sacerdote ungido para la guerra participaba de las decisiones del Estado Mayor, hasta el punto de que los sabios dijeron (Tratado de Nazir 47(B)) que muchos dependían de él, pues “todo el orden (la disposición) de la guerra se hacía conforme a él” (Rosh ad loc., y también Rashi y Tosafot allí).

 

El toque de las trompetas

Otra función de los sacerdotes en la guerra —también un precepto de la Torá— era la de tocar las trompetas para animar a los combatientes a ser valientes y a tener confianza en D’s, y para recordar al pueblo de Israel favorablemente ante HaShem (Bemidbar-Números 10:8–9). Así se hizo en la guerra contra Midián, cuando Pinjás Hacohen tocara las trompetas (Bemidbar-Números 31:6). Y otro tanto ocurrió en la guerra de Yerijó (Jericó), cuando los cohanim tocaran los shofarot delante del Arca de HaShem durante los siete días en que los combatientes de Israel rodearon la ciudad, conduciendo así la batalla desde el punto de vista espiritual (Yehoshúa-Josué 6:4).

 

Los leviím eran los portadores del Arca Sagrada que salía con los combatientes

Además de ello, los cohanim portaban el Arca Sagrada que acompañaba a Israel en sus guerras, y de este modo, la Shejiná (Presencia Divina) reposaba en el campamento de Israel, haciéndolos merecedores de ayuda proveniente del Cielo. Tal como fue dicho: “Ya que HaShem tu D’s, Su Divinidad se expande en medio de tu campamento, para librarte y para entregar a tus enemigos ante ti” (Devarim-Deuteronomio 23:15).

Es razonable suponer que la guardia de cohanim que portaba el Arca Sagrada estaba compuesta por combatientes de gran valentía, capaces de proteger el Arca frente al enemigo que se esforzaba por capturarla y así decidir la contienda. Tal como era costumbre en todos los ejércitos de la época, que asignaban soldados de élite para custodiar el estandarte que estaba junto a quienes comandaban la batalla. Así encontramos que, en la guerra que los filisteos libraron contra Israel en Eben Ha-Ezer, la guardia de los cohanim fracasó, y los filisteos mataron a Jofní y a Pinjás, los hijos de Elí el sumo sacerdote, quienes custodiaban el Arca, y tomaron cautiva el Arca de HaShem que había sido llevada a la guerra. A consecuencia de ello, la localidad de Shiló fue destruida y Elí, el sumo sacerdote murió (I Shmuel-Samuel 7:2–14).

 

Los hijos de Leví como oficiales que determinaban quién estaba exento de ir a la guerra

Además de ser los leviím maestros de la Halajá, educadores y jueces, también actuaban como gendarmes (policías), tal como dijeron los sabios: “Al comienzo (en los días del Primer Templo) no se designaban gendarmes sino de entre los levitas” (Tratado de Yevamot 86(B)), tal como fue dicho: “Y los oficiales levitas estarán delante de ustedes” (II Divrei Haiamim-Crónicas 19:11) (Asimismo en I Divrei Haiamim-Crónicas 23:1–4; 26:29; 34:13; ver también Beer Sheva al Tratado de Sotá 42(A); Asé Lejá Rav 3:48).

Los gendarmes eran quienes hacían cumplir la ley, tal como fue dicho: “Jueces y gendarmes pondrás para ti en todas tus ciudades” (Devarim-Deuteronomio 16:18). Dentro de su función como oficiales, los levitas eran responsables de conceder la exención de la guerra voluntaria a los soldados que acababan de construir una casa, plantar una viña o casarse, así como a los soldados de corazón temeroso, que podían perder el dominio de sí mismos en la guerra, tal como está dicho: “Y hablarán los oficiales al pueblo diciendo: ‘es el hombre que ha edificado una casa y no la ha inaugurado? Que vaya y que vuelva a su casa…”. Y cuando los oficiales terminen de hablar al pueblo, “los jefes de los ejércitos pondrán comandantes al frente del pueblo” (Devarim-Deuteronomio 20:5–9). En una guerra preceptiva (miljemet mitzvá), a la que todos estaban obligados a alistarse, los oficiales eran responsables de determinar quién quedaba exento de la guerra a causa de fuerza mayor, como una herida o una enfermedad.

 

Castigar a los que desertan del combate

Después del inicio de la guerra, la función de los oficiales era animar a los combatientes y castigar a quienes huían del campo de batalla. Tal como dijeran los sabios (Mishná Tratado de Sotá 8:6), detrás de los combatientes se colocaban guardianes, es decir, “gendarmes fuertes y aguerridos” (Maimónides, Hiljot Melajim 7:4), para castigar a los que huían, a fin de evitar una derrota. Y tal como dijeran los sabios: “Tenían hachas de hierro en sus manos, y a todo el que intentara volver (huir) les estaba permitido cercenarle las piernas, pues el comienzo de la caída (de un ejército) es la huida (de sus combatientes)” (véase el Talmud Jerosolimitano Tratado de Sotá 8:10).

 

Canto y oración

Otra función que tuvieron los levitas en la guerra era que durante el combate un grupo de ellos permanecía dedicado al canto y a la oración en favor de los soldados. Tal como se relata en los días del rey Yehoshafat: “Y se levantaron los levitas, de los hijos de los kehatitas (de la Casa de Kehat) y de los hijos de los korajitas (descendientes de Koraj) para alabar a HaShem D’s de Israel, con una voz muy fuerte… Y cuando comenzaron con el canto y la alabanza, HaShem puso emboscadas contra los hijos de Amón, Moab y el monte de Seír que venían contra Yehudá, y fueron derrotados” (II Divrei Haiamim-Crónicas 20:19–22). Hay quienes dicen que el salmo que dice: “Que el Eterno te responda en el día de la angustia” (Tehilim-Salmos, cap. 20) fue compuesto para los leviím que rezaban por los combatientes en la batalla (Meirí a Tratado de Sotá 42(B)). Es razonable suponer que para esta función sonora se escogía a los leviím que fungían musicalmente en el Templo, tanto con la voz como con instrumentos musicales.

 

¿Cómo llegaron a merecer estos roles?

Los levitas merecieron servir en estas funciones después de haberse ofrecido voluntariamente en el momento del pecado del becerro de oro, cuando Moshé proclamó: “¡Quien esté con HaShem, que venga a mí!”, y se reunieron a su alrededor “todos los hijos de Leví” (Shemot-Éxodo 32:26). Junto con él combatieron a los pecadores y despertaron en Israel un proceso de arrepentimiento (véase Shemot-Éxodo 32:29; Devarim-Deuteronomio 10:8).

Asimismo, cuando Israel pecó con Ba’al Peor y se despertó una gran acusación (celestial) contra el pueblo, al punto de que estaba a punto de sobrevenir una catástrofe terrible, Pinjás ben Eleazar ben Aarón HaCohen tomó una lanza en su mano, hirió a los pecadores y detuvo así el arrastre tras los madianitas y sus ídolos, “y se detuvo la plaga de entre los hijos de Israel” (Bemidbar-Números 25:1–9). A raíz de ello, mereció el pacto de paz (brit shalom) y el puesto de Cohen Gadol (el sumo sacerdocio) para él y para su descendencia (ídem 25:13).

Los sabios dijeron que cuando Aarón falleció y se retiraron las Nubes de la Gloria Celestial (ananei hakavod) que protegían a Israel, los cananeos vinieron a combatirlos. A consecuencia de ello, hubo familias de Israel que tuvieron miedo y pidieron volver a Egipto, retrocediendo ocho etapas de las que habían andado en su marcha hacia la tierra de Israel. Sin embargo, los miembros de la tribu de Leví los persiguieron para hacerlos regresar y evitar que huyeran de la guerra, y se entabló entre ellos un combate en el que cayeron siete familias de las tribus de Biniamín, Shim’ón y Gad, y cuatro familias de la tribu de Leví (comentario de Rashi a Bemidbar-Números 26:13). Como continuación de ello, los leviím fueron designados como gendarmes, entre cuyas funciones estaba la de vigilar a los combatientes para que no huyeran del campo de batalla.

 

Los miembros de la tribu de Leví: una unidad de élite

Cuando HaShem le ordenó a Moshé que censara a todos los que salían al ejército en Israel, le ordenó no contar junto a ellos a los miembros de la tribu de Leví, pues no se les dio heredad en la Tierra de Israel (Bemidbar-Números 1:45–47, 49; 2:33; 26:62).

Dijeron los sabios (Bamidbar Rabá 1:11–12) que el ánimo de nuestro maestro Moshé se abatió y temió: “¿Acaso hay algún defecto en mi tribu, que el Santo, Bendito Sea, no desea que la contemos?” El Santo, Bendito Sea, le dijo: “No te dije esto por esa razón, sino para excluirlos del decreto, para que no mueran junto con ellos”. En efecto, cuando los soldados de Israel escucharon el informe adverso sobre la tierra e incurrieron en el pecado de los espías y pidieron volver a Egipto en lugar de conquistar la tierra de Israel, se decretó sobre ellos que murieran en el desierto. Pero los miembros de la tribu de Leví no fueron partícipes de su traición, y por ello no se decretó sobre ellos el mismo destino. Sin embargo, si hubieran sido contados junto con las demás tribus, habrían sido alcanzados por su culpa y el ángel destructor también los habría herido.

De igual manera, los sabios dijeron que después de que los príncipes de Israel ofrendaron los sacrificios para la dedicación del altar, el ánimo de Aarón HaCohen se abatió, ya que su tribu no había participado en la dedicación del altar. El Santo, Bendito Sea, le dijo: “No temas, has sido preparado para algo mayor”. Pues “los sacrificios se practican mientras el Templo existe, pero las luces siempre brillarán frente a la menorá” (Bemidbar Rabá 15:6; Tanjumá, Behaalotejá 5).

Najmánides explicó (comentario del Rambán a Bemidbar- Números 8:2) que la referencia es a las luces que los sabios instituyeron encender a raíz del milagro de Janucá que fuera efectuado para los jashmonaím (hasmoneos) descendientes de Aarón, las cuales se encienden también en días en los que el Templo de Jerusalém está destruido y no se ofrecen sacrificios sobre el altar.

 

Los jashmonaím (los hasmoneos)

De este modo, los jashmonaím continuaron el camino de nuestro maestro Moshé, quien, tras el pecado del becerro de oro, cuando Israel se hallaba en un peligro enorme, proclamó: “¡Quien esté con HaShem, que venga a mí!”

Así también, en los días de los decretos de exterminio del reino griego, los cohanim jashmonaím (los sacerdotes asmoneos) alzaron el estandarte de la rebelión y proclamaron: “¡Quien esté con HaShem, que venga a mí!” Tras numerosos combates heroicos, derrotaron a los griegos y anularon sus decretos, restaurando la soberanía de Israel por más de doscientos años (Maimónides, Hiljot Janucá 3:1; Pninei Halajá Zmanim 11:1–6).

Así pues, cuando la nación de Israel fracasa y el pueblo y el país se encuentran en peligro, la tribu de Leví —y dentro de ella, los cohanim (sacerdotes)— constituye una suerte de unidad de élite que, en la hora más difícil, entra en el combate más duro contra los enemigos de Israel, decide la contienda y ayuda a Israel a regresar a su misión sagrada.

 

Conclusión y preguntas adicionales

De ello se desprende que quienes desean ser considerados como miembros de la tribu de Leví deben ser los más abnegadamente entregados a la causa del pueblo de Israel y a su guerra, y además de ser soldados, deben fomentar el alistamiento general en el ejército y reforzar el espíritu de valentía de los combatientes.

Pregunta: ¿Es posible comparar a las fuerzas de defensa (Tzahal) del actual Estado de Israel con el sagrado ejército del antiguo Reino de Israel, cuando había rey, Templo y sacerdotes en función?

Respuesta: Con la ayuda de D’s, en el próximo artículo nos ocuparemos de ello.

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