Los leviím eran los oficiales encargados de hacer cumplir los preceptos de la guerra. @ De aquí se desprende que no se debe eximir a los jóvenes que estudian en yeshivot del servicio militar so pretexto de que su estatus se asemeja al de los leviím. @ La santidad del Ejército de Defensa de Israel proviene de que, por medio de él, cumplimos dos grandes preceptos de la Torá: salvar al pueblo de Israel de manos de sus enemigos y poblar la Tierra Prometida. @ El gran precepto de defender al pueblo y al país no quedó sin efecto incluso cuando los reyes y muchos de los integrantes del pueblo pecaron e incurrieron en faltas graves.
Así como si se afirmara que la observancia del Shabat pudiera provocar que la gente abandonara el judaísmo (tal como lo sostienen los reformistas), no por ello flexibilizaríamos la prohibición de profanar el Shabat, así también —y con mayor razón— no debe anularse el precepto del enrolamiento al ejército, puesto que se trata del salvataje de la vida de los judíos, un claro caso de pikuaj nefesh. Más bien, es necesario preparar a los reclutas lo mejor posible para afrontar el servicio y, al mismo tiempo, trabajar a los efectos de crear las condiciones apropiadas que permitan la observancia de las mitzvot dentro del ejército.
En los dos artículos anteriores expliqué que, en tiempos de guerra en aras de la defensa del pueblo Israel y su tierra, los miembros de la tribu de Leví se reclutaban y combatían incluso más que las demás tribus. En primer lugar, los cohanim (sacerdotes) encabezaban al ejército en las funciones especiales que la Torá les asignó para fortalecer el ánimo de los combatientes. Los leviím (levitas) eran los oficiales encargados de hacer cumplir los preceptos vinculados a la guerra: liberaban a quienes tenían derecho a exención y castigaban a quienes eludían el deber de combatir. Además, el resto de los cohanim y leviím se reclutaban como soldados comunes, y de entre ellos incluso llegaron a haber altos jefes militares. Solo en la guerra de conquista de la tierra de Israel en los días de Yehoshúa (Josué) los leviím no sirvieron como combatientes comunes, puesto que no recibieron una parcela en heredad como las demás tribus.
De aquí se deduce que no debe eximirse del servicio militar a los jóvenes que estudian en yeshivot so pretexto de que son como los leviím, pues de ser así, deben ofrecerse como voluntarios y ser pioneros al frente del ejército, tanto en lo espiritual como en lo militar, tal como lo fueran los jashmonaím (hasmoneos). quienes encabezaron y condujeron la guerra contra los griegos.
Una pregunta de gravedad
Algunos sostuvieron que, si bien es cierto que los levitas y los estudiosos de la Torá estaban obligados a reclutarse en el ejército de Israel, eso ocurría en el pasado, cuando el ejército se conducía con santidad y todas sus acciones se regían según la guía de la Torá y las instrucciones del Sanedrín. En cambio, hoy en día el ejército está dirigido por un gobierno secular y por comandantes seculares; por lo tanto —afirman— no hay santidad en el ejército, y en consecuencia, no habría lugar para que los estudiosos de la Torá participen en la actividad de una milicia de ese tipo.
La santidad de la mitzvá del reclutamiento al ejército
La respuesta a ello es que la santidad del Ejército de Defensa de Israel proviene del hecho de que, por su intermedio, cumplimos dos grandes preceptos de la Torá: salvar al pueblo de Israel de manos de sus enemigos y poblar la Tierra Prometida. En consecuencia, todo aquel que se dedica a observar estas dos grandes mitzvot se santifica.
Respecto de la salvación de vidas, los sabios dijeron en la Mishná: “Todo el que salva una sola vida de Israel, la Escritura dice de él que es como si hubiera salvado un mundo entero” (Tratado de Sanedrín 4:5). Y la preservación de la vida (pikuaj nefesh) antecede en importancia a todas las mitzvot (Tratado de Yomá 85(B)). Incluso resulta preceptivo arriesgar la propia vida para salvar a otros, tal como dijeran los sabios: ¿De dónde se aprende que quien ve a su prójimo ahogándose en un río, o a una fiera que lo arrastra y está a punto de devorarlo, o a salteadores que vienen a matarlo, está obligado a salvarlo? De lo que dice la Torá: “No te quedes impasible ante la sangre de tu prójimo” (Tratado de Sanedrín 73(A)). Con mayor razón que esto es válido cuando se trata de salvar a todo el pueblo de Israel (Mishpat Cohen 143; Tzitz Eliezer 13:100; Pninei Halajá – Ha’am Vehaaretz 4:1, nota al pie de página 1).
Sobre el precepto de poblar la tierra de Israel, los sabios dijeron (Sifrei, Reé, parashá 53) que es equivalente en importancia a la sumatoria de todos los demás mandamientos. Lo principal de esta mitzvá es que la tierra de Israel esté bajo soberanía judía, tal como fue dicho: «Y desterraréis a los habitantes de la tierra y os asentaréis en ella; ya que para vosotros os he dado la tierra, para poseerla…«. (Bemidbar-Números 33:53–54). “Desterraréis” significa “soberanía”. Este precepto está vigente y es de carácter obligatorio en todas las generaciones, tal como lo explicara el Rambán (Adición a los mandamientos positivos, mitzvá 4; Dvar Yehoshúa, vol. II, Oraj Jaim 48; Pninéi Halajá – Ha’am Vehaaretz 4:2). Y con mayor razón que esto es así cuando los gentiles quieren desarraigarnos de nuestra tierra, en ese caso existe el precepto de luchar contra ellos también por la salvación de nuestras vidas, ya que se debe salir a combatir a los gentiles invasores, aunque tan solo sea para salvar paja y heno, incluso en Shabat (Tratado de Eruvín 45(A); Rambám, Hiljot Shabat 2:23; Shulján Aruj, Oraj Jaim 329:6).
El precepto mantiene su vigencia incluso cuando los dirigentes pecan
En todo lo que hemos aprendido acerca de la guerra preceptiva (miljemet mitzvá), no encontramos ninguna exención del deber de combatir en situaciones en las que el rey sea un malvado y no obedezca al Sanedrín ni a los profetas. Es sabido que, lamentablemente, una parte considerable de los reyes de Yehudá e Israel practicaron la idolatría, y los profetas los definieron como malvados; y aun así, los justos y los profetas no se abstuvieron de participar junto a ellos en las guerras destinadas a salvar al pueblo de Israel y a su tierra.
La lógica de esto resulta clara: el objetivo del precepto es proteger al pueblo y al país, y no hay posibilidad de cumplirlo de no mediar la organización estatal. Por lo tanto, mientras los dirigentes conduzcan la guerra con ese propósito, incluso si en otros ámbitos incurren en faltas graves, mantiene plenamente su vigencia el deber de alistarse en aras de la salvación del pueblo y su tierra. Esto se asemeja al salvataje de un enfermo, para el cual se profana el Shabat, aun cuando el médico deba transgredir muchas prohibiciones, siempre y cuando sea capaz de salvar al paciente.
En ese mismo sentido, los sabios dijeron: “El Tanaj equiparó (I Samuel cap. 12) a tres hombres livianos (de poca monta) del mundo con tres hombres de peso del mundo (de envergadura), para enseñarte que Yeruba’al (Guidón) en su generación fue como Moshé en su generación; que Dan (Shimshón) en su generación fue como Aharón en su generación; que Yftaj en su generación fue como Shmuel en su generación. Para enseñarte que incluso el más insignificante de los insignificantes, si es nombrado dirigente por sobre la comunidad, es considerado como el más poderoso de los poderosos. Y fue dicho: (Devarim-Deuteronomio 17:9): ‘Y acudirás a los cohanim leviím (sacerdotes levitas) y al juez que haya en aquellos días’. ¿Acaso se te ocurriría que una persona vaya a un juez que no sea de su tiempo? No debes acudir sino al juez de tus días. Y dice (Kohelet-Eclesiastés 7:10): ‘No digas: ¿cómo es que los días pasados fueron mejores que estos?’” (Tratado de Rosh Hashaná 25(B)).
Es evidente que cuanto más cuidaron los israelitas la Torá y las mitzvot, mayor fue el auxilio divino que merecieron; sin embargo, el gran precepto de defender al pueblo judío y a su tierra no quedó sin efecto cuando los reyes y muchos integrantes de la nación pecaron incurriendo en faltas graves.
Las faltas del hombre para con su prójimo son más graves que la idolatría
Más aún, dijeron los sabios que, entre los diferentes preceptos, los del hombre para con su prójimo son más importantes que la prohibición de la idolatría. Tal como se afirma en el Talmud Jerosolimitano (Tratado de Peá 1:1): Incluso si Israel practicara idolatría, si estuvieran unidos, vencerían en su guerra contra sus enemigos, tal como fue dicho (Oshea-Oseas 4:17): “Efraím está ligado a los ídolos: déjalo”. Por eso, en los días del rey Ajav (Acab), a pesar de haber sido el rey que pecó e hizo pecar a Israel con idolatría más que todos los demás reyes, llegando incluso a asesinar a los profetas, dado que los israelitas estaban unidos y no se calumniaban unos a otros, “salían a la guerra y vencían”. En cambio, sobre los días de Shaúl y David fue dicho: “Todos eran justos” (en las mitzvot entre el hombre y Dios), pero como “había entre ellos delatores”, “Doeg y Ajitófel, que eran aficionados a la maledicencia”, “salían a la guerra y eran derrotados».
La monarquía de la Dinastía de los Jashmonaím (hasmoneos)
También en los días de la monarquía de los jashmonaím hubo reyes malvados, como el rey Yanai, que mató a muchos de los sabios de Israel (Tratado de Kidushín 66(A)), y Herodes, que mató a muchos sabios de Israel (Tratado de Bavá Batrá 3(B)). Y, aun así, cuando los sabios se ocuparon de la mitzvá de la guerra y ordenaron que “todos salen a combatir, incluso el novio de su habitación y la novia de su palio nupcial” (Mishná Tratado de Sotá 8:7), no encontramos ninguna salvedad que determine que, si los dirigentes de la nación son malvados, no existe el precepto de salir bajo su conducción a la guerra para la defensa del pueblo y de su tierra.
Por el contrario, la propia monarquía de la Dinastía de los Jashmonaím fue considerada un gran logro para el pueblo judío, por lo cual celebramos los días de Janucá. Tal como escribiera el Rambám, gracias a las victorias de los jashmonaím en los días de Janucá “regresó la soberanía a Israel por más de doscientos años” (Hiljot Janucá 3:1). Dentro de esos doscientos años están incluidas las numerosas etapas en las que gobernaron reyes malvados. Así lo explicó también Rabí Simjá Meir de Dvinsk, al referirse a las palabras del Rambam: “He aquí que el núcleo del milagro fue la victoria sobre el reino de Antíojus y el hecho de que Israel consiguiera la soberanía por doscientos años; y para conmemorarlo, es necesario encender luces” (Meshej Jojmá a Bereshit-Génesis 37:24).
Asimismo, el rabino Ya’akov Kaminetsky escribió que el hecho de que el pueblo de Israel esté bajo su propia autoridad se considera como estatus de monarquía (maljut); por lo tanto, aunque los reyes jashmonaím no gobernaron conforme a lo que indica la Torá, el Sanedrín y el profeta, su conducción fue considerada una monarquía de Israel, por lo que los sabios ordenaron recitar el Halel en agradecimiento por ella (Emet LeYaakov, parashat Vayejí).
Y así escribió también el Kol Bo (45), que esta monarquía fue como una “redención completa”, sobre la cual se recita el Halel, al igual que por la salida de Egipto. Es decir, desde el punto de vista del precepto nacional, las victorias fueron una “redención completa”, y por ello se recita por ellas el Halel, aun cuando muchos de los reyes jashmonaím fueron malvados. Esto se debe a que resulta claro para todos que incluso una monarquía israelita cuyos reyes son malvados, como lo fueran Alexander Yanai y Herodes, es preferible al dominio de extranjeros en la tierra de Israel; por ello los sabios ordenaron recitar por ella el Halel para todas las generaciones.
Resumen
En síntesis, aun cuando existan problemas graves en la conducción del reino o del Estado, y aun cuando haya reclamos justificados contra determinados comandantes y contra la política de seguridad, el precepto de alistarse en el ejército para defender al pueblo judío y a su tierra mantiene su firme e inalterada vigencia. La razón es sencilla: después de todas las críticas, sin un ejército, nuestros enemigos se levantarían contra nosotros para exterminarnos, tal como nos ocurrió durante todos los días de nuestro exilio.
El peligro de la secularización
Pregunta: ¿ El precepto de alistarse sigue vigente también cuando el reclutamiento al ejército puede provocar la secularización de los conscriptos?
Respuesta: Así como si se afirmara que la observancia del Shabat podría llevar a las personas a abandonar el judaísmo (tal como lo sostienen los reformistas), no por ello flexibilizaríamos la prohibición de profanar el Shabat, así también —y con mayor razón— no debe anularse el precepto de enrolarse al ejército, ya que se trata de pikuaj nefesh (salvación de vidas). Más bien, es necesario preparar a los reclutas para afrontar el servicio en la mayor medida posible y, al mismo tiempo, actuar a los efectos de crear buenas condiciones de servicio que permitan la observancia de los preceptos dentro del ejército. Si los representantes del público jaredí contribuyeran a ello, la situación mejoraría en gran manera.
La mitzvá de criticar para corregir
En el marco del precepto de servir en el ejército está incluida también la mitzvá de formular a los jefes del sistema de defensa una crítica constructiva, tanto respecto de la política de seguridad como en relación con su actitud hacia los valores judíos y la observancia de los mandamientos.
En este contexto, es obligatorio recordar que, a pesar de los enormes presupuestos y del personal humano de alta calidad que estuvieron a disposición del sistema de defensa, este fracasó en la comprensión del enemigo que sorprendió en Simjat Torá de 5784 (2023), y no logró derrotar a Hamás. En lugar de realizar un profundo examen de conciencia, se repiten las mismas respuestas de siempre, e incluso, se exige la aprobación de los suplementos jubilatorios que fueran otorgados ilegalmente a quienes sirvieron en el servicio permanente hasta los 45 años. Aun sin estos suplementos, sus pensiones son cinco veces superiores a las pensiones equivalentes en el servicio civil del Estado, cuando solo el 20 % de ellos sirvió como combatientes (pues la mayoría de los oficiales combatientes se retira antes de los 45 años).
Además de que estos suplementos se concedieron de manera ilegal y, por lo tanto, deberían anularse, expresan una concepción errónea al fomentar y estimular a un aparato que fracasó. Esperamos que los representantes de nuestro público en la Kneset, como el diputado Amit Halevi, logren cumplir su función y anulen estos suplementos innecesarios, y exijan a los jefes del sistema de defensa que dirijan los enormes presupuestos a aumentar los salarios de los oficiales combatientes y de otros oficiales que los necesitan, para que continúen en el servicio militar, y por supuesto, para completar el equipamiento faltante en las unidades de combate.





