JUKAT 5786
El trabajo: una de las funciones del ser humano en el mundo
Es obligación del padre enseñar a su hijo un oficio, es decir, una profesión. @ Incluso si el hijo decide dedicar su vida al estudio de la Torá, de todos modos, recae sobre el padre la obligación de enseñarle un oficio. @ La bendición que HaShem concede al ser humano llega por medio del esfuerzo y la dedicación de la persona a su trabajo. @ Abstenerse de trabajar implica transgredir prohibiciones de la Torá y profanar el Nombre de D’s. @ Evitar el trabajo significa abandonar uno de los roles fundamentales del ser humano, que fue creado para “trabajarlo y cuidarlo” (al Jardín del Edén), y lleva a la persona a incurrir en transgresiones.
Hay casos excepcionales en los que una persona se esfuerza en su trabajo y, aun así, su situación económica sigue siendo difícil. En ese caso, debe reflexionar más profundamente para comprender su situación. Quizás exista algún defecto que impide que llegue la bendición; o quizás, según la raíz de su mazal, su corrección espiritual consiste en trabajar y ganarse la vida con dificultad; y tal vez la bendición llegue en la generación siguiente, a través de sus hijos, los cuales habrán de ser sumamente exitosos.
Es preceptivo que los padres enseñen a sus hijos un oficio
Pregunta: En sus columnas anteriores, usted Rabino escribió sobre el valor del trabajo, y de sus palabras parece deducirse que preferible enviar a los hijos a escuelas y a yeshivot que imparten educación de nivel secundario (yeshivot tijoniot, de las cuales se egresa con bachillerato). Pero Rabí Nehorai dijo: “Abandono todos los oficios del mundo y no enseño a mi hijo sino Torá” (Tratado de Kidushín 82(A)). Esto parecería indicar que lo mejor es que una persona se dedique únicamente al estudio de la Torá durante toda su vida.
Respuesta: Aunque no lo había escrito explícitamente (a qué sistema educativo enviar a nuestros hijos), lo has comprendido correctamente. Así también lo enseñaron los sabios en la Mishná (Tratado de Kidushín 29(A)), que es obligación del padre enseñar a su hijo un oficio, es decir, una profesión. Rabí Yehudá añadió que todo aquel que no enseña a su hijo un oficio “es como si le enseñara a robar”, ya que, al no tener las herramientas necesarias para obtener su sustento, cuando crezca y sea independiente se verá obligado a robar a las personas para poder sobrevivir (Rashí ad loc.).
Puesto que se trata de un precepto, los sabios permitieron hablar de ello incluso en Shabat. Si en Shabat un padre encuentra a una persona que puede enseñar a sus hijos una profesión con la que puedan ganarse la vida, puede acordar con ella en el propio día sagrado las condiciones del trabajo y el pago correspondiente. Asimismo, si en Shabat un director de escuela encuentra a un maestro que puede enseñar a los alumnos una profesión que los ayude en la procura de su sustento —por ejemplo, matemáticas o inglés—, está permitido que acuerde con el maestro su trabajo y su salario, del mismo modo que está permitido acordar con un maestro de Torá (Tratado de Shabat 150(A); Shulján Aruj Oráj Jaím 306:6). Cabe agregar que este precepto tiene su origen en la Torá (Mejiltá de Rabí Ishmael, Bo, Maséjet dePijsa 18).
La respuesta que se ha dado a las palabras Rabí Nehorai
Sobre lo que dijo Rabí Nehorai: “Abandono todos los oficios del mundo y no enseño a mi hijo sino Torá”, hay quienes explican que Rabí Nehorai entendió que su hijo podría ganarse la vida mediante la profesión de la enseñanza religiosa, y prefirió instruirle únicamente Torá, ya que es la profesión más sagrada. Así lo escribió Rabí Yaakov Reischer, autor de la responsa Shevut Ya’akov, en su comentario “Iyún Ya’akov” sobre este pasaje (véase también Piskei HaRosh sobre el Tratado de Kidushín 4:28; Comentario del Meiri sobre el Tratado de Kidushín 30(B)). Asimismo, esta recomendación también es válida en nuestros días, ya que muchos se ganan la vida mediante el ejercicio de la docencia (Igrot Moshé a Yoré Deá IV, 36).
Otros juristas sostienen que efectivamente Rabí Nehorai discrepa con los (demás) sabios, y según su opinión no existe la obligación de enseñar al hijo una profesión. Sin embargo, la halajá final no es conforme a su opinión (Lev HaIvrí II, pág. 85). Por lo tanto, incluso si el hijo en cuestión decide dedicar su vida al estudio de la Torá, sigue recayendo sobre el padre la obligación de enseñarle un oficio, porque no se debe confiar en que ocurra un milagro (lo somjím al hanes) y esperar que encuentre a alguien que lo ayude a mantenerse económicamente (Comentario del Maharshá al Tratado de Kidushín 30(B)).
La bendición llega por medio del trabajo
Pregunta: Asistí a una clase en la que escuché al rabino que la impartía explicar que el sustento proviene completamente de D’s, y por lo tanto todas las personas que trabajan con esfuerzo están desperdiciando su tiempo, porque si D’s así lo quisiera, incluso por medio de un trabajo ligero podrían ganarse la vida dignamente y enriquecerse.
Respuesta: O no comprendiste las palabras del rabino, o quien transmitió la clase, por querer elevar demasiado el valor de la Torá, se equivocó en un principio de la Torá y pasó por alto el enorme valor del trabajo realizado con esfuerzo. La bendición que HaShem trae a la persona llega mediante la dedicación de la persona a su trabajo, tal como fue dicho: “Y te bendecirá el Eterno, tu D’s, en todo cuanto hagas” (Devarim-Deuteronomio 15:18). Los sabios explicaron: ¿Acaso la bendición puede llegar cuando la persona permanece inactiva? Por eso la Torá dice: “en todo cuanto hagas” (Sifrei).
También aprendimos esto de nuestro patriarca Ytzjak, quien trabajó con enorme dedicación cavando pozos de agua y cuidando su ganado, tal como fue dicho: “Y tuvo rebaños de ovejas, rebaños de ganado y mucho trabajo” (Bereshit-Génesis 26:14). Tuvo tanto éxito que los filisteos sintieron celos de él y entraron en un pleito con él, diciéndole: “Vete de entre nosotros, porque te has hecho mucho más poderoso que nosotros” (ídem versículo 16). Como consecuencia, Dios le prometió: “Te bendeciré y multiplicaré tu descendencia” (ídem 26:24).
Ytzjak comprendió que la bendición que HaShem le había prometido se cumpliría mediante su trabajo, y por eso se esforzó aún con más dedicación, tal como dijeron los sabios: “Ytzjak razonó y dijo: puesto que la bendición solo reside sobre la obra de mis manos, ‘aró y sembró’” (Tosefta Berajot 6:8). En efecto, como consecuencia de su mayor esfuerzo en el trabajo, mereció una bendición doble y multiplicada.
Casos excepcionales
Pregunta: ¿Acaso no existen casos en los que una persona trabaja y tiene dificultades para ganarse la vida, mientras que otras personas casi no trabajan y logran enriquecerse?
Respuesta: Existen casos excepcionales en los que una persona se esfuerza en su trabajo y, aun así, su situación económica es difícil. En ese caso debe analizar más profundamente su situación para comprenderla. Quizás exista algún defecto que impide la llegada de la bendición; o quizás, según la raíz de su mazal, su corrección espiritual consiste en trabajar y ganarse la vida con dificultad; y tal vez la bendición llegue en la siguiente generación por medio de sus hijos, los cuales habrán de ser sumamente exitosos.
Asimismo, existen casos inversos: personas que no trabajaron con esfuerzo y aun así se enriquecieron. Ellas también deben reflexionar sobre su situación, porque una bendición gratuita de ese tipo puede terminar volviéndose en su contra, tal como la riqueza de Koraj provocó su perdición. Y encontramos muchas veces que personas que se enriquecieron con facilidad se corrompieron en sus cualidades personales y no vieron bendición en sus hijos ni en sus nietos.
Trabajar en lugares que no son recatados
Pregunta: Rabino, usted escribió, basándose en muchas fuentes, que una persona debe ganarse la vida con el esfuerzo de sus propias manos, incluso si a consecuencia de ello estudia menos Torá. Pero en nuestra generación, el mundo fuera del Beit Midrash a veces está lleno de cosas difíciles y perjudiciales, especialmente en temas de santidad y recato (tzniut). (Personalmente trabajo como economista y, lamentablemente, veo y escucho cosas que no puedo evitar y que está prohibido ver y escuchar). ¿También en una situación así sostiene usted que se debe preferir trabajar, estableciendo tiempos fijos para el estudio de Torá, antes que estudiar en un kolel?
Respuesta: Puesto que abandonar el trabajo es mucho más grave que los problemas de recato que mencionaste, incluso en esta situación se debe preferir dedicarse al sustento antes que permanecer en un kolel. Es decir, dejar de trabajar implica transgresiones a la Torá y una profanación del Nombre de D’s (jilul HaShem), mientras que los problemas de recato por usted mencionados generalmente están relacionados con la preocupación por una prohibición rabínica (isur derabanán) (no es este el lugar para explicarlo en detalle; solo mencionaremos que incluso respecto a la prohibición de derramar semen en vano existe una discusión bastante pareja en lo numérico entre los sabios sobre si su prohibición es de la Torá o por prescripción rabínica).
Sin embargo, a priori, también hay que alejarse incluso de una posible prohibición rabínica. Por eso, cuando una persona tiene dos posibilidades: la primera es trabajar en un lugar recatado y la segunda en un lugar menos recatado, es correcto elegir el primero. Tal como dijeran los sabios (Tratado de Bava Batra 57(B)): Si una persona tiene dos caminos iguales, uno de ellos es más recatado y el otro pasa junto a un río donde mujeres se bañan sin ropa, y elige ir por el camino del río, es considerado una persona malvada. Pero si el camino junto al río es el más corto, está permitido transitar por él. Del mismo modo, si el lugar de trabajo menos recatado es más adecuado para el trabajador, o si allí ganará significativamente más, puede trabajar en ese lugar (según la Guemará Tratado de Bava Batra 57(B); ver también Igrot Moshé, Even HaEzer I, 56; II, 14).
La gravedad de la abstención del trabajo
Abstenerse del trabajo significa abandonar uno de los roles fundamentales del ser humano, que fue creado para “trabajarlo y cuidarlo” (Bereshit-Génesis 2:15), y eso lleva a la persona a incurrir en transgresiones. Tal como dijeran los sabios: “Es bueno el estudio de Torá junto con la dedicación al trabajo (derej eretz, lit. “el camino del mundo”), porque el esfuerzo de ambos hace olvidar el pecado. Y toda Torá que no está acompañada de un oficio, al final desaparece y conduce al pecado” (Mishná Avot 2:2). Los comentaristas explicaron que las faltas a las que una persona puede llegar cuando estudia Torá sin trabajar son que se vuelva consentida y se vea arrastrada por sus deseos instintivos. Además, para recibir su sustento tendrá que adular a personas poderosas y ricas, y acostumbrarse a amar los obsequios. Asimismo, a veces necesitará desesperadamente de dinero para vivir y se verá tentado a mentir, robar, apostar o apropiarse de bienes ajenos (Meiri; Tashbetz en Maguén Avot; Bartenura allí). Tal como dijera Rabenu Yoná: “No hallará sosiego ni estará tranquilo hasta que transgreda todos los mandamientos mencionados en la Torá” (ad loc.).
¿Por qué quien disfruta del esfuerzo de sus manos merece el Mundo Venidero?
Pregunta: ¿Por qué dijeron los sabios: “Es más grande aquel que disfruta del esfuerzo de sus manos que quien es temeroso del Cielo” (Tratado de Berajot 8(A))? Quien vive de su trabajo merece este mundo y el Mundo Venidero, mientras que sobre quien es temeroso del Cielo, pero no trabaja, sino que otros lo mantienen, se dice solamente que es feliz en este mundo. Aparentemente debería ser al revés: quien teme al Cielo, esto es, que solo estudia y no trabaja, debería merecer únicamente el Mundo Venidero; mientras que quien vive de su esfuerzo debería recibir además este mundo. ¿Por qué quien es temeroso del Cielo no merece el Mundo Venidero?
Respuesta: En efecto, la suya es una buena pregunta. Para responderla primero hay que definir qué es el “Mundo Venidero». Según muchos de los sabios, la esencia del Mundo Venidero tendrá después de la resurrección de los muertos: un mundo completo en el que se combinan la espiritualidad y la materialidad, a diferencia del mundo de las almas —el Gan Eden y el Guehinom—, donde las almas permanecen hasta el momento de su perfección. Esta es la opinión del Rambán (Sha’ar HaGmul), del Shelá (Toldot Adam Beit David), del Ramajal (Derej Hashem I,3; Daat Tevunot 66-74), entre otros muchos. Según ellos, puesto que quien disfruta del esfuerzo del trabajo de sus manos rectifica tanto su alma como su cuerpo, merece el Mundo Venidero: es decir, el mundo completo en el cual el alma y el cuerpo coexisten o funcionan en armonía. Pero quien solamente estudia alcanza únicamente el nivel del alma: la satisfacción espiritual en este mundo, en el mundo de las almas y en el Mundo Venidero, pero no la unión completa de cuerpo y alma.
Según la opinión del Rambam, el “Mundo Venidero” es el mundo de las almas (Hiljot Teshuvá 8:2). Según su explicación, quien es temeroso del Cielo, pero no trabaja es considerado como alguien que estudia “no en aras del puro cumplimento del precepto” (shelo lishmá), porque estudia para recibir una beca y no solamente por amor al Cielo. Sobre quien estudia de esa manera dijeron los sabios (Tratado de Shabat 63(A)) que recibe riqueza y honor en este mundo, pero no en el Mundo de la Verdad (Olam HaEmet).
Además de ello, puesto que disfruta de la Torá en este mundo, disminuye su recompensa en el Mundo Venidero. Así se cuenta (Tratado de Ta’anit 25(A)) sobre Rabí Janina ben Dosa y su esposa, quienes no quisieron aceptar un regalo que no había llegado a ellos por medio del esfuerzo de la labor de sus manos. E incluso cuando se trataba de una pata de oro (reguel zahav) que les había llegado del Cielo, se negaron, porque vieron en un sueño que ese regalo disminuiría su nivel espiritual y reduciría su recompensa en el Mundo Venidero (Tratado de Ta’anit 25a; Maharshá y Jefetz HaShem al Tratado de Berajot 8(A)).





