¿A TRAVÉS DEL MILAGRO O POR MEDIOS NATURALES?

KORAJ 2025

¿A TRAVÉS DEL MILAGRO O POR MEDIOS NATURALES?

¿Resulta apropiado recitar una bendición por el éxito militar obtenido frente a Irán? @ ¿Es correcto definir lo que ocurrió allí como un milagro? @ La precisión del Ran (Rabenu Nisim) sobre el versículo: “Y recordarás al Eterno tu D’s, porque Él es quien te da la fuerza para tener éxito”. @ ¿Cómo se conserva la humildad y, al mismo tiempo, no se reniega de la fuerza que D’s nos ha dado? @ ¿Y qué tenía de especial el rey David, que fue justamente él quien logró las mayores victorias —y sin que se produjeran milagros?

Debemos precisar y decir que todos esos logros fueron alcanzados con la ayuda de D’s. Es decir, los éxitos militares fueron logrados por personas idealistas, capaces y valientes, que durante largos años, con laboriosidad e ingenio recolectaron inteligencia y planificaron operaciones militares exitosas. Y gracias a los valientes soldados, que se entrenaron para estas misiones, arriesgaron sus vidas y salieron al territorio enemigo por aire y por tierra, asestándole un golpe contundente. Sin embargo, sin la ayuda de D’s, ni los más diligentes ni los más capacitados podrían haber tenido éxito en sus acciones —y mucho menos cuando se trata de logros tan extraordinarios.

Shehejeianu

Pregunta: ¿Resultaba apropiado recitar la bendición de Shehejeianu (“que nos diste vida e hiciste llegar a este momento”) o HaTov VeHametiv (“que (D’s) es bueno y hace el bien”) después de que los cuerpos de seguridad del Estado de Israel lograran eliminar a la cúpula del mando militar iraní, y también una vez que los Estados Unidos se sumaran a nosotros en el bombardeo de las instalaciones nucleares de Irán? ¿Y cuál de estas bendiciones habría que decir?

Respuesta: Todo aquel que sintió alegría por este hecho, correspondía que recitara la bendición de Shehejeianu, por haber tenido el mérito de asestar a nuestros enemigos y a sus armas de guerra un golpe contundente ante los ojos del mundo entero. No obstante, no se trata de una obligación, ya que existen dos tipos de bendición de Shehejeianu: una que es obligatoria y otra que es un precepto cuyo cumplimiento resulta voluntario u opcional. La obligatoria se recita en las festividades y por el cumplimiento de los preceptos festivos. El recitado voluntario tiene lugar por cosas buenas nuevas que le suceden a la persona y le generan alegría; de modo tal que quien bendice cumple así con un precepto, pero quien no lo hace, no incurre en falta alguna. Y dado que esta bendición depende del regocijo experimentado por el corazón de cada uno, y no hay una medida objetiva o fija para la alegría, no se puede establecer como obligación (ver Pninei Halajá, Berajot 17:2, nota al pie de página 1).

Y lo correcto sería recitar Shehejeianu y no HaTov VeHametiv, ya que esta última bendición fue instituida para un bien concreto y compartido entre al menos dos personas, como en el caso de una pareja que compra una casa o utensilios nuevos, o al beber un vino adicional junto con otros. En cambio, la bendición de Shehejeianu es una expresión de gratitud más general, que se estableció también por noticias buenas que no implican una mejora material concreta —por ejemplo, alguien que escucha que su hijo recibió un premio importante o ganó una gran suma de dinero (Pninei Halajá ídem 17:8). Y en este caso, la buena noticia del bombardeo a las instalaciones nucleares no es tangible en la misma medida que lo es una ganancia económica, la compra de una casa o de mobiliario nuevo, lo cual sí ameritaría el recitado de HaTov VeHametiv, sino que se trata de una noticia alentadora sobre la eliminación de un peligro existencial y un incremento o un refuerzo en la dignidad y el prestigio del pueblo de Israel. Por eso, en este caso, la bendición adecuada es la de Shehejeianu.

Además de esto, con la bendición de Shehejeianu no hay que temer tanto por el recitado de una bendición en vano (berajá lebatalá), ya que según la opinión del Ribash (responsa, inciso 505), dado que esta bendición es voluntaria u opcional (reshut), no se le aplica la regla de “en caso de duda respecto del recitado de bendiciones, se adopta la postura flexible” (safek berajot lehakel), y en una situación de duda, quien sienta alegría tiene permitido bendecir. Y aunque la mayoría de las eminencias halájicas no coincidieron con su opinión, varias otras sí lo hicieron, entre ellas el Bait Jadash, el Prí Jadash, Eliá Rabá, Rabí Yejezkel Landau y el Jatam Sofer. Por lo tanto, siempre que parezca adecuado recitar Shehejeianu, se podrá hacerlo sin temor a estar diciendo una bendición en vano.

Sin embargo, quienes deseen recitar también la bendición de HaTov VeHametiv pueden beber vino en grupo, recitar previamente la bendición de Boré Prí HaGafen, y luego beber un vino adicional que, desde algún punto de vista o bajo algún criterio sea de mejor calidad, y entonces podrán recitar también HaTov VeHametiv, alegrándose así por la salvación que nos ha sido concedida.

Los éxitos en la guerra con Irán ¿son un milagro o parte del orden natural?

Pregunta: Surgió entre nosotros una discusión. Algunos afirmaron que el éxito de los ataques contra Irán fue un milagro extraordinario y maravilloso, ya que, según las leyes de la naturaleza un logro tan contundente no resultaría posible. Por otra parte, otros dijeron que el éxito fue natural, y tuvo lugar gracias al accionar de personas sabias, trabajadoras e idealistas. ¿A quién le asiste la razón?

Respuesta: En primer lugar, hay que aclarar que la diferencia entre lo natural y lo milagroso existe solo desde el punto de vista humano, ya que los sistemas naturales nos parecen comprensibles y como si funcionaran por sí solos, mientras que los milagros no los comprendemos, y por eso nos impresionan más. Pero desde el punto de vista del Creador, no hay diferencia entre naturaleza y milagro, ya que D’s todo lo vivifica, tanto a lo natural como a lo milagroso. Por eso, lo que llamamos milagro puede también ser considerado como natural, y viceversa, la naturaleza también puede ser visto como un milagro, pues solo se sostiene gracias a D’s. Tal como decimos en la bendición de la Amidá: “Por Tus milagros que están con nosotros todos los días” (Rambán, comentario a Éxodo 13:16).

Es decir, el debate sobre si se trata de un milagro o de un proceso natural es solo desde la perspectiva humana. Y desde ella, hablamos de logros grandiosos obtenidos con la ayuda de D’s a través de medios naturales. No se trata de milagros porque no rompieron las leyes de la naturaleza, pero como todas las cosas en este mundo, se sostienen por la benevolencia divina —y más aun tratándose de éxitos excepcionales en los que la ayuda de D’s se percibe con mayor claridad.

¿Qué perjuicio genera el definir estos hechos como un milagro?

Pregunta: Incluso si se pudiera explicar cada logro por medios naturales, ¿acaso no es correcto decir que el éxito de la totalidad del operativo es un milagro extraordinario, el cual debemos reconocer? ¿Y qué daño genera el definir lo sucedido como un milagro? ¿Acaso ello no expresa un grado más elevado de fe?

Respuesta: En primer lugar, el error generado en una definición incorrecta ya es, en sí mismo, un perjuicio. El sello de HaShem es la verdad –“Emet” (Tratado de Shabat 55(A)), y cualquier desviación de esta nos aleja del camino de D’s.

En segundo lugar, definir algo que fue logrado mediante sabiduría, esfuerzo y valentía como un portento puede llevar a las personas a confiar en los milagros, descuidando así la observancia de preceptos de la Torá tales como servir en el ejército, así como también el de de poblar la Tierra de Israel, cuya observancia incluye también actuar en aras del desarrollo científico y económico del país.

Resulta fundamental ser precisos y afirmar que alcanzamos estos logros con la ayuda de D’s. Es decir, los éxitos militares fueron el resultado del accionar de personas idealistas, capaces y valientes que, durante años, reunieron inteligencia con laboriosidad e ingenio, y planificaron operativos militares exitosos. Y gracias a valientes soldados que se entrenaron para las misiones, arriesgaron sus vidas y salieron al territorio enemigo por aire y por tierra, logrando asestarle al enemigo un duro golpe.

Sin embargo, sin la ayuda de D’s, ni los más esforzados ni las personas más capacitadas tendrían éxito en sus acciones —y menos aún en logros tan sobresalientes como estos. Tal como está escrito: “Si HaShem no construye la casa, en vano trabajan los albañiles; si HaShem, no cuida la ciudad, en vano vigila el guardia” (Tehilim-Salmos 127:1). Es decir, es necesario esforzarse en construir la casa y apostar guardias que la protejan, pero sin la ayuda divina todo ello no se verá coronado por el éxito, tal como los iraníes, que en la práctica fracasaron a pesar de haber realizado ingentes esfuerzos, porque D’s no desea el suceso de los malvados.

¿Acaso no existe el temor de caer en el pensamiento de que “mi fuerza y el poder de mi mano me han concedido este éxito”?

Pregunta: ¿No hay riesgo de que, al atribuir los logros a causas naturales, se llegue al orgullo y se peque diciendo: “Mi fuerza y el poder de mi mano me han concedido este éxito”?

Respuesta: El uso de la expresión “mi fuerza y el poder de mi mano” es erróneo, y muchas veces incluso va acompañado del pecado de despreciar el precepto de enrolarse en el ejército, que es un precepto equivalente en importancia a la sumatoria de todos los demás mandamientos de la Torá, ya que a través de este es posible asentarse y poblar la tierra de Israel, así como también proteger al pueblo judío en su conjunto.

Voy a ampliar un poco sobre este respecto. La Torá nos ordenó observar todos los preceptos, incluyendo el de asentar nos en la Tierra de Israel, tal como fue dicho:

Toda la mitzvá que Yo te ordeno hoy la cuidarás para cumplirla, a fin de que vivan y se multipliquen y entren y posean la tierra que HaShem juró dar a vuestros padres” (Devarim-Deuteronomio 8:1). Después de esto, la Torá nos advierte que no olvidemos todos los favores y milagros que D’s hizo por nosotros en el desierto, no sea que, a causa de la bendición y el éxito, que tanto ensorbecen al ser humano, nos llenemos de orgullo olvidando a D’s y la misión que Él nos asignó, tal como fue dicho: “Y dirás en tu corazón: Mi fuerza y el poder de mi mano me han concedido este éxito” (Deuteronomio 8:17), y como consecuencia de eso, seamos expulsados de la buena tierra.

Para evitarlo, la Torá nos instruyó lo siguiente: “Y recordarás a HaShem tu Dios, porque Él es quien te concede fuerza para tener éxito, a fin de confirmar Su pacto que juró a tus padres, como ocurre hoy” (Deuteronomio 8:18). El Ran explica con precisión que, si la Torá hubiera querido minimizar el valor de las acciones humanas de Israel, habría dicho: “porque Él te concede éxito”. Pero en cambio dijo: “porque Él es quien te concede fuerza para tener éxito”, para enseñarnos que es Israel quien logra el suceso por medio de su esfuerzo —pero debe recordar que es HaShem quien le otorgó el vigor necesario para ello (Ran, comienzo del Drush 10).

Por lo tanto, cuando los hijos de Israel se enorgullecen de su fuerza y de su capacidad sin recordar que fue HaShem quien se las dio, pecan de soberbia, y su castigo es la pérdida de la buena tierra. Y de igual manera, cuando se niegan a reconocer la fuerza que D’s les otorgó, siguen pecando tal como lo hicieron los espías, negando la guía divina y descuidando Sus preceptos, lo cual también conlleva como castigo la pérdida de la Tierra Prometida. En resumen, cuando definimos los logros de manera correcta, ello nos conduce a agradecer a D’s por Su ayuda y a continuar esforzándonos en el desarrollo del Estado de Israel en los campos de la ciencia, la economía y la seguridad.

¿Se debe establecer un día de alegría y cánticos como ocurriera con el “Cántico del Mar” que fuera entonado tras la salida de Egipto y el cruce del Mar Rojo?

Pregunta de otra persona: ¿Acaso No sería apropiado establecer un día festivo y recitar cánticos como el “Cántico del Mar” (Shirat HaYam) por los grandes milagros que nos han ocurrido? Después de todo, el milagro que nos sucedió ¡fue tan grande como la partición del mar Rojo o como la salvación del rey Ezequías, quien fue castigado por no entonar alabanzas!

Respuesta: Debemos tener cuidado con las exageraciones. El rey Jizkiahu (Ezequías) fue salvado del ejército que amenazaba con destruirlo sin haber hecho de su parte ningún esfuerzo. La partición del Mar Rojo fue el milagro más grande que culminó la salida de Egipto, y a través de este HaShem se reveló al mundo por medio de Su pueblo. Pero después de ello no hubo milagros tan grandiosos. Al contrario: la conducción principal del pueblo de Israel en su país debe ser a través de medios naturales, y es así precisamente como se revela la fe completa, cuando las creaturas en general —con el pueblo de Israel en el centro— continúan trayendo la Palabra de D’s y Su bendición al mundo (ver Pninei Halajá Emuná uMitzvoteha 18:3–5).

Además, es una característica de la realidad que después de milagros evidentes suelan sobrevenir momentos de crisis, y cuanto más grande es el milagro ocurrido, más fuerte suele ser la caída posterior. Esto se debe a que, tras grandes milagros, a las personas les cuesta conducir sus vidas con grandeza espiritual, y por ello caen. Así ocurrió con los libertos de Egipto, quienes después de todos los grandes milagros que presenciaron incurrieron en los pecados del becerro de oro y de los espías, y fueron condenados a morir en el desierto.

Siguiendo la senda del rey David

En nuestra generación debemos seguir la senda marcada por el rey David, quien nunca se confió en los milagros, sino que le pedía a HaShem que lo ayudara a preparar a sus soldados y les concediera la valentía y el ingenio necesarios para vencer a sus enemigos. Gracias a eso, fue el rey que obtuvo las mayores victorias militares sin que sucedieran milagros, y fue también el rey que más rezó, más agradeció y más alabó a D’s de entre todos los reyes. Sobre él, los sabios dijeron: “Durante todos los años de su vida, David no tuvo un solo sueño bueno” (Tratado de Berajot 55(B)), sino que todos ellos eran sobre guerras, destrucción y desolación (Zohar I, 200a). Pero como era un gran creyente, sus pesadillas no lo deprimían, sino que lo llevaban a tomar conciencia de todos los peligros que lo rodeaban, por lo cual se esforzaba en preparar a su ejército estando siempre alerta, y gracias a ello, salvó al pueblo de Israel.

Del rey David debemos aprender a prepararnos siempre para la guerra, rezarle a D’s para que esté de nuestro lado, y agradecerle por cada salvación entonando cánticos acompañados de instrumentos musicales—pero sin un ápice de arrogancia. No obstante, en los días en los que hemos tenido el mérito de avanzar de forma tangible en el cumplimiento del precepto de poblar la tierra de Israel —que es el núcleo central de la redención—, resulta obligatorio establecer días festivos. Por eso celebramos el Día de la independencia (Yom Ha’Atzmaut) y el Día de la liberación de Jerusalém (Yom Yerushalayim).

 

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