VAIELEJ 5786
El amor a las creaturas
Es preciso fortalecerse en el retorno a D’s, la teshuvá, y honrar en gran manera a los educadores y a las educadoras que enseñan Torá. @ Hay que apegarse a las cualidades de nuestro patriarca Abraham, que todo él “amaba a las creaturas”. @ Quien haya fallado en esto debe reconciliarse con su prójimo, ya que el Día del Perdón (Yom Kipur) no expía por las faltas cometidas entre una persona y su semejante si antes esta no obtuvo el perdón de parte de su prójimo. @ Cuando alguien logra reconciliarse con su compañero, también el Santo, Bendito Sea se reconcilia con él y le perdona sus transgresiones para con D’s. @ El Rav Kuk (Rabí Abraham Ytzjak HaCohen Kuk) nos enseñó que incluso quien no puede lograr la reconciliación con su prójimo no debe caer en la desesperación, porque la teshuvá general sirve para la reparación (tikún) y muy especialmente cuando es llevada a cabo en aras de la generalidad del pueblo de Israel.
El Rav Tzví Yehudá solía explicar que la enseñanza de la Mishná que dice (respecto del profeta Aharón): “Ama a las creaturas y las acerca a la Torá” (Pirkei Avot 1:12) contiene dos aspectos que son independientes el uno del otro: “No se dijo: ‘Ama a las creaturas para acercarlas a la Torá’ pues de ser así se trataría de un amor falso. El amor a las creaturas tiene un valor intrínseco, y de este se deriva naturalmente el acercamiento a la Torá”. ¿De qué creaturas se habla? Sin duda, de aquellas que están alejadas de la Torá, pues justamente a ellas es a las que hay que acercar, y también a ellas resulta preceptivo amar.
Hacer teshuvá en lo que respecta al aprecio demostrado hacia el valor de la educación y la labor de los educadores
Los sabios dijeron que el precepto de estudiar Torá equivale a todos los demás preceptos, y su recompensa es equivalente a la de todos ellos juntos (Talmud Jerosolimitano Tratado de Peá 1:1, Talmud Babilonio Mo’ed Katán 9(B)) porque sin el estudio de la Torá no podemos cumplir correctamente los mandamientos. Y en ese sentido, los sabios resolvieron la interrogante respecto de qué es más trascendente, el estudio o la acción sentenciando que “el estudio es más grande, porque conduce a la práctica” (Tratado de Kidushín 40(B)).
Pero no siempre se recuerda que la esencia del precepto de estudiar Torá pasa por enseñar la Torá. Así está escrito sobre las palabras de la Torá: “Y las enseñaréis a vuestros hijos para que hablen de ellas” (Devarim-Deuteronomio 11:19), y “las harás repetir a tus hijos” (Deuteronomio-Devarim 6:7). En el midrash Sifrei los sabios interpretaron que también los alumnos son denominados “hijos”; de aquí que es preceptivo para los eruditos del pueblo Israel enseñar Torá a los alumnos.
Esto se debe a que el propósito de la Torá es influir vida al pueblo de Israel, para que los judíos vayan por la senda de HaShem y merezcan el bien divino. Por lo tanto, mientras el estudioso de la Torá no la transmite a sus hijos —aunque tenga el mérito de tener alumnos, su Torá todavía no es una Torá de vida.
En virtud de ello todos debemos tomar consciencia y honrar profundamente a los educadores y a las educadoras, a los maestros que enseñan Torá pues todo depende de ellos. Hay que recordar siempre el agradecerles en forma personal, y en términos generales alabar y ensalzar a quienes se dedican a la sagrada tarea de la educación. Ellos cumplen hoy el rol que ocupara otrora la tribu de Leví, de la cual se dijo: “Ellos enseñarán Tus juicios a Ya’akov y Tu Torá a Israel” (Deuteronomio-Devarim 33:10).
Quienes difunden rumores criticando el salario de los docentes, diciendo que “con el sueldo de un maestro no se puede vivir”, pecan, pues en realidad el salario de los docentes en la primera etapa de su carrera profesional se ubica en el promedio de las remuneraciones asalariadas, y con el tiempo lo supera. Y esto se refiere a este mundo, que es solo un vestíbulo para el Mundo Venidero, donde su recompensa es mayor que la de todos los demás. Incluso en este mundo, quien contempla con detenimiento puede reconocer la verdad y saber cuán grande es la virtud de los buenos educadores y educadoras.
Quien duda del valor de la educación puede mirar a los soldados que se criaron en el público sionista religioso y ver su enorme entrega a la hora de defender al pueblo de Israel y a su tierra, con el increíble apoyo de sus madres y sus esposas, y cómo cumplen los preceptos de la Torá de la forma más excelsa. Todo esto ocurre gracias a los educadores y a las educadoras que trabajan en los jardines de infantes, en las escuelas primarias y secundarias, en las yeshivot, en ulpenot (institutos femeninos de formación religiosa) y en las instituciones educativas de nivel superior. Cuanto más valoremos a los educadores y a las educadoras, tanto más tendremos el mérito de que la influencia bendita de la Torá de la tierra de Israel (Torat Eretz Israel), que es una Torá de vida (Torat Jaím), ilumine a todo nuestro pueblo y de esa manera alcancemos la redención.
Amor a las creaturas
Mi maestro y rabino, el Rav Tzví Yehudá HaCohen Kuk, de bendita memoria, Rosh Yeshivá de Merkaz HaRav, en una charla previa a Yom Kipur solía instarnos a cultivar el amor a las creaturas (ahavat habriot), recordándonos el versículo que dice: “Y el mal de un hombre hacia su hermano no lo penséis en vuestro corazón”. El versículo completo dice: “Así dijo el Eterno de los Ejércitos: Juzgad con juicio verdadero, y cada uno que haga misericordia y obre con compasión para con su hermano. A la viuda, al huérfano, al extranjero y al pobre no oprimáis, y el mal de un hombre hacia su hermano no penséis en vuestro corazón” (Zejariá-Zacarías 7:9-10).
El Rav Tzví Yehudá solía explicar sobre la Mishná que dice: “Ama a las creaturas y las acercar a la Torá” (Pirkei Avot 1:12) que contiene dos aspectos independientes el uno del otro. “No se dijo: ‘Ama a las creaturas para acercarlas a la Torá’ ya que se trataría de un amor falso. El amor a las creaturas tiene un valor intrínseco, y de él se deriva naturalmente el acercamiento a la Torá. ¿De qué creaturas habla el texto? Por supuesto que de aquellas que están alejadas de la Torá, pues justamente a ellas hay que acercarlas, y también a ellas resulta preceptivo amar” (Sijot HaRav Tzví Yehudá, Vaikrá pág. 30). “¡Se trata de un precepto de la Torá! Hace falta acostumbrarse (a cumplirlo) durante un tiempo muy prolongado. Este precepto es el fundamento de todo. Nuestros sabios dijeron que el mandamiento de “amarás a tu prójimo como a ti mismo” incluye a la Torá en su totalidad. Es el fundamento, la raíz de todo. Después se puede explicar cómo y de qué manera hay que combinar el amor con la reprensión, la cual proviene también del amor. Hay que limpiarse de la impureza del odio, y de la impureza del odio entre eruditos de la Torá, entre ciertos “Rashei Yeshivá” que profanan el Nombre de Dios e introducen en el mundo odio a las creaturas en nombre de la Torá. ¡D’s nos libre de ello, que HaShem nos salve!” (Sijot HaRav Tzví Yehudá, Midot pág. 35; Am Israel pág. 212).
“Hay quienes ‘toman’ un versículo de los Tehilim (libro de los Salmos) que dice: “¿Acaso, oh Eterno, no he de odiar a quienes Te odian?” y hacen de él un pilar fundamental, e incluso hay corrientes educativas que destacan este aspecto de manera especial, como si se tratara de algo básico en el judaísmo, so pretexto de que así se protegen. Curiosamente, nunca hemos oído que se denomine a un justo y gran maestro del pueblo judío ‘aquel que odia a Israel’. En cambio, sí hemos oído de personas distinguidas que merecieron el título: ‘el justo, gran erudito y hombre santo amante de Israel’” (extraído de HaTorá HaGoelet, vol. 4 pág. 160).
Un verdadero estudioso de la Torá ama a las creaturas
Mi maestro, el Rav Tzví Yehudá, nos enseñó también que “nuestro patriarca Abraham es llamado por HaShem ‘Abraham, Mi amado’ (Abraham ohaví). Él es todo amor hacia las creaturas. Sólo sobre el fundamento establecido por nuestro patriarca Abraham (Avinu) se llega a nuestro maestro Moshé (Rabenu). La Torá nos llega porque ‘Moshé recibió la Torá en el Sinaí’, pero nuestras cualidades morales provienen de Abraham Avinu. Moshé Rabenu es el nieto de Abraham Avinu: no se recibe la Torá sino sobre el fundamento de las cualidades puras, la delicadeza y el refinamiento de Abraham. Cuanto más erudito es un estudioso de la Torá (talmid jajam), cuanto más obedece a la definición del erudito que es también llamado “Moshé Rabenu”, más lleno de amor hacia las creaturas debe estar” (Sijot HaRav Tzví Yehudá, Midot pág. 13).
Así, de las palabras del Rav Tzví Yehudá, de bendita memoria, aprendemos que es imprescindible anteponer el valor del amor a las creaturas al del estudio de la Torá y el cumplimiento puntilloso de los preceptos. Porque la Torá fue dada para traer bendición al ser humano, por eso, la persona debe siempre revelar primero su propia valía, y a partir de ahí elevarse guiado por la Torá. De lo contrario, la Torá puede transformarse para él en un “elixir de muerte”, volviéndolo alguien poseedor de un “ojo malicioso” y promotor de disputas (ba’al majloket). El Eterno ama a Sus creaturas; y aquel que, con maldad y en nombre de la Torá odia a las creaturas de D’s, odia a la creación de HaShem.
La reparación del vínculo entre el hombre y su prójimo tiene prioridad
Dijeron nuestros sabios: “Las transgresiones entre el hombre y D’s, el Día de la Expiación (Yom Kipur) las expía; pero las transgresiones entre el hombre y su prójimo, Yom Kipur no las perdona hasta que la persona haya apaciguado a su compañero” (Mishná Yoma 85(B)). E incluso si alguien ofreciera todos los sacrificios del mundo y multiplicase sus plegarias y sus ayunos, no se le habrá de perdonar si antes no ha logrado la reconciliación con su semejante (Tratado de Baba Kama 92(A)).
Por lo tanto, hay que dar prioridad a la reparación de los pecados cometidos contra el prójimo, pues de no hacerlo, aunque uno se esfuerce en gran manera por arrepentirse de las transgresiones contra D’s, mientras siga manchado por las ofensas cometidas hacia otros, no podrá acercarse verdaderamente a HaShem. En el mismo sentido escribió el Riaf en su comentario a Ein Ya’akov (al Tratado de Yoma 85(B)) donde sostiene que mientras el individuo tenga en su haber faltas contra otras personas, el perdón de las ofensas contra D’s dependerá de que logre primeramente reconciliarse con su prójimo: “Y una vez que lo aplaque y lo apacigüe, entonces el Santo, Bendito Sea se complacerá en él y le perdonará sus pecados cometidos para con D’s” (véase Birjei Yosef 606:1; Kaf HaJaím 606:3).
Del mismo modo, nuestros sabios dijeron que “Derej eretz (una buena conducta, ética) precede a la Torá” (Taná Devei Eliahu 1; Vaikrá Rabá 9:3).
Quien no puede reparar sus faltas hacia el prójimo
A veces la persona no puede reparar los pecados cometidos para con su prójimo. Por ejemplo, si robó a mucha gente y no sabe exactamente a quién, o si insultó a muchas personas o a un grupo entero y no puede pedirles perdón a todos; o cuando el daño causado es tan grande que no hay manera de repararlo.
Sin embargo, no debe perder la esperanza en cuanto a su posibilidad de retornar en teshuvá (arrepentimiento), sino que debe enmendar su conducta en la medida de sus posibilidades. Así escribió el Rav Kuk: “Si alguien descubre en sí mismo pecados entre el hombre y su prójimo, y su vigor resulta débil como para repararlos, de todas maneras, no deberá perder en absoluto la esperanza respecto de la posibilidad de efectuar la gran rectificación de la teshuvá, pues los pecados entre el hombre y D’s de los cuales se ha arrepentido son perdonados. Entonces, puede que la mayoría de las faltas le sean expiadas, y las que aún no ha reparado en relación con su prójimo ‘quedarán anuladas por tratarse de una minoría…’. Con todo, que no deje de cuidarse mucho de no incurrir en ningún pecado entre el hombre y su prójimo, y que repare todo lo que pueda del pasado con gran sabiduría y valentía” (Orot HaTeshuvá 7:6). Y también allí (Orot HaTeshuvá 10:6) leemos que, aunque el individuo en cuestión no haya logrado reparar las faltas hacia su prójimo y por ende mientras no las haya enmendado estas le impiden que le lleguen la luz del conocimiento y la percepción de la justicia universal, «de todas maneras, mediante la firme decisión de cuidarse de ahí en adelante de no pecar contra las personas y de esforzarse por reparar las acciones pasadas, en la misma medida en que la teshuvá se consolide en la acción (no continúe pecando) la luz espiritual seguirá brillando sobre su alma, hasta que la fortaleza de su espíritu le abra caminos que le permitan completar la teshuvá en la práctica, y así, la luz espiritual podrá posarse plenamente sobre su alma sedienta de ella, en toda su plenitud y bondad”.
La teshuvá general también corrige en parte los pecados entre el hombre y su prójimo
Además, el Rav Kuk escribió que en lo que respecta a quien no puede reparar todo lo que ha pecado contra su prójimo, aunque debe apenarse profundamente por ello e intentar corregir cuanto le sea posible, no debe dejar de alegrarse por la teshuvá que ha hecho, especialmente cuando su intención es en aras del bienestar de la generalidad del pueblo de Israel. Pues, aunque no haya logrado repararse a sí mismo como corresponde, “con su teshuvá beneficia a todo el mundo al aumentar el brillo de la luz divina en su propia alma. Y puesto que su alma está incluida en la totalidad de los mundos, en la totalidad de las almas, y especialmente en la totalidad de las almas de Israel, entonces con ello también ilumina y beneficia a todos aquellos a quienes dañó, y hay en esto también cierta forma de reparación de los perjuicios cometidos contra el prójimo” (Shemoná Kevatzim 1:458). También escribió que “la persona no debe apartarse de la Torá, del servicio divino ni de la serenidad del alma por ningún motivo, aun cuando su corazón sufra mucho por cuestiones espirituales y piense que es un pecador sin remedio, ¡D’s no lo quiera! Incluso si sus tropiezos son numerosos en asuntos entre el hombre y su prójimo, y la teshuvá por sí sola no expía si no se repara previamente el daño causado, de todas formas, deberá seguir su camino en el servicio a D’s y en el estudio de la Torá, con alegría y con buen corazón” (Shemoná Kevatzim 1:392).





