La fe natural y la causa de la herejía

NOAJ 5785

La fe natural y la causa de la herejía

El ser humano es creyente por naturaleza. @ Si explica la fe de un modo erróneo, le surgirán preguntas. @ En la medida que la fe se vea liberada de las explicaciones limitadas que resultaron suficientes en las generaciones pasadas, volverá a latir en el seno de la consciencia humana. @ La cualidad de la humildad resulta indispensable para absorber o captar la fe. @ Dado que la fe israelita se revela en todos los ámbitos de la vida, es preceptivo afianzarla en los tres círculos que envuelven la existencia del hombre: a consciencia, el sentimiento y la generalidad de la vida.

De todas las religiones y credos existentes, solamente los hijos de Israel se abstienen de hablar sobre HaShem propiamente dicho, y ello no debilita la fe, sino que, por el contrario, la potencia. Al igual que una persona que intenta contemplar el sol, al final de cuentas estropeará su sentido de la vista y no podrá ver nada acertadamente, de igual manera quien se equivoca en pensar y hablar sobre la mismidad de HaShem, no solo que no lo comprenderá, sino que tampoco podrá entender el objetivo general de la creación. No obstante, si la persona se enfoca únicamente en aquello que se revela ante nosotros, podrá apegarse a HaShem con todo su corazón, toda su alma y todo su poder.

La fe en HaShem es la premisa básica de la tradición judía, y por ello, los profetas y los sabios no se esmeraron por demostrarla sino simplemente por explicar su significado y sus conceptos. Esto se debe a que en la medida que la creencia se aclare y se revele en todos los ámbitos de la vida, la consciencia de la fe se potenciará tanto en el intelecto como en los sentimientos y en la generalidad de la vida. Cabe decir que el ser humano es naturalmente creyente, pero en caso de que explique o aclare la fe de un modo erróneo, por ejemplo, describiendo a HaShem de manera material y limitada, le surgirán preguntas tales como: ¿Acaso puede ser que D’s, que es completo, tenga carencias? y ¿cómo se entiende que siendo bueno haga el mal? En la medida que estas interrogantes se vuelvan más y más fuertes en el seno de su consciencia, le surgirán dudas respecto de su creencia, las cuales muy probablemente le induzcan a renegar de aquello que definió como fe. Cuando estas disonancias se intensifiquen aun más, a veces llegarán incluso a provocarle un descreimiento en cuanto a que su fe es correcta. Esto se asemeja a alguien que fue engañado en reiteradas oportunidades por diferentes individuos por lo que puede llegar a perder su confianza en la gente y creer que todas las personas son unas embusteras, pero con el correr del tiempo, naturalmente volverá a creer, salvo en el caso de aquellos que se decepcionaron tan duramente de la fe que decidieron empecinarse en abjurar de ella incluso cuando esta naturalmente los atrae.

La crisis de la fe en las últimas generaciones

En las últimas generaciones, en virtud del desarrollo de las ciencias naturales, humanas y sociales, la consciencia se ha desarrollado y amplificado enormemente. Numerosas áreas del conocimiento que en el pasado resultaban enigmáticas e incomprensibles se tornaron accesibles y claras. El desarrollo de la ciencia ha mejorado increíblemente las condiciones de vida humanas: se han hallado remedios para enfermedades que en el pasado eran incurables, y la expectativa de vida ha crecido considerablemente. Gracias al desarrollo de la tecnología, la producción de alimentos, mobiliario, vestimenta y viviendas ha mejorado radicalmente, y en la actualidad, una persona promedio puede vivir en unas condiciones que en el pasado estaban reservadas únicamente para los grandes monarcas. Gracias al avance de las ciencias sociales, se desarrollaron técnicas y métodos más eficientes para el manejo de la sociedad y de la economía, se crearon nuevas maneras de aliviar las enfermedades mentales.

En este contexto, parte de las explicaciones que se daban en la antigüedad sobre la fe y eran aceptadas ya no resultan satisfactorias. Por ejemplo, parte de estas explicaciones recurrían al empequeñecimiento del ser humano, basándose en el hecho de que este es incapaz de entender el mundo en el que vive, y solamente HaShem, por medio de milagros, puede salvarlo. Por ello, en el momento que la ciencia comenzó a desarrollarse logrando hallar soluciones a muchas de las penurias humanas, este tipo de explicaciones resultaron refutadas. Así, creencias que en el pasado eran comunes a todos los individuos fueron rebatidas y se volvieron objeto de burla y de crítica.

El resurgimiento de la fe

En la medida que la fe se libere de las interpretaciones reduccionistas que resultaban suficientes en las generaciones pasadas, podrá volver a latir en el seno de la consciencia humana, y las personas encontrarán explicaciones acertadas que iluminarán su camino rumbo a una vida buena y plena de significado.

Más aun, en la medida que se aclare y explique más y más, la fe israelita iluminará más potentemente al mundo con una gran visión e impulsará al pueblo judío a invocar el Nombre de D’s y obrar en aras de reparar y mejorar el mundo bajo la guía de la Torá, sus preceptos y sus valores. Para ello, es preciso dedicarse al estudio de la Torá con plena consciencia de su gran visión de la reparación del mundo, profundizando en las ideas interiores de la fe en todos sus detalles. Así, los logros de las ciencias naturales y humanas no solo que no interferirán a la revelación de la fe ni le representarán obstáculo alguno, sino que la potenciarán y la realzarán. Esto ocurrirá ya sea por el hecho de que el ser humano creado a imagen y semejanza de D’s es quien obtuvo estos logros y entendió que se trata de una sabiduría de origen divino denominada “maasé bereshit”, ‘la obra de la creación’, como porque la fe les confiere un sentido y un significado en el plano de los valores y la moral divina.

Demostraciones lógicas

Entre los sabios de Israel del tiempo de los gaonitas y del medioevo, entre unos mil trescientos y unos quinientos años atrás, hubo quienes reforzaron la fe recurriendo a demostraciones de tipo lógico. Cabe repartir sus conceptos en tres categorías argumentales principales. Pasemos a recordarlas brevemente:

La primera: la causalidad, el argumento cosmológico. Si aceptamos el principio del que el mundo fue creado, sin importar de acuerdo con cuál de las teorías, incluidas las del big bang y la de la evolución, se debe suponer que hubo una causa que hizo que el proceso de la creación se iniciara, y a su vez, esta causa debe haber tenido también otra causa, hasta que debemos arribar a la conclusión de que existe una causa primera e infinita. Incluso si aceptamos la idea de que el mundo siempre existió y no fue creado, debe haber un motivo para su existencia, ya que no puede respaldarse en sí mismo, pues es limitado, por lo que forzosamente debemos concluir que se apoya en una causa infinita que es D’s.

La segunda: el principio teleológico (telos en griego significa finalidad, objetivo o propósito).  Dado que vemos que el mundo es tan complejo y ordenado, resulta inevitable concluir que hay alguien que lo ordenó para un propósito determinado. O sea, el argumento anterior se refería a que la mera existencia requiere de una causa, al tiempo que el presente argumento se refiere al carácter de esta existencia, a su organización inteligente para un propósito cualquiera.

El tercero: la consciencia humana, el argumento ontológico (relativo al ser). Por medio de este argumento se demuestra la existencia de D’s a partir del hecho de que este se encuentra en la consciencia humana, ya que ningún ser humano puede pensar sobre algo que no existe y no puede existir, sino únicamente sobre cosas que existen en la realidad. Si el concepto de D’s existe en la consciencia humana, ello es señal de que existe en la realidad.

La aparición de las demostraciones filosóficas

Hasta el tiempo de los sabios gaonitas, los maestros de Israel no se dedicaron a las demostraciones filosóficas de la existencia de D’s (salvo el caso de Filón de Alejandría). También durante el tiempo de los gaonitas y el medioevo, la mayoría de los sabios judíos no se dedicaron a demostrar la fe por medio de la filosofía, por lo que resulta oportuno entender por qué a finales de la era de los gaonitas y en los días de los sabios medievales (rishonim) tales como Rabí Saadiá Gaón, Rabenu Bejaié y el Rambám sí se dedicaron a este tipo de demostraciones.

Aparentemente esto obedece a dos motivos: el primero, la demostración de la existencia de D’s es un tema que se puso de moda entre los sabios de las naciones, y dado que la fe debe hacerse presente en todos los aspectos de la consciencia, surgió la necesidad de expresarla también por medio de los instrumentos filosóficos.

El segundo motivo obedece a que en virtud de la situación lamentable por la que pasaba el pueblo de Israel durante el exilio, surgieron dudas sobre la fe judía, la cual aparentemente había decepcionado a sus fieles. En ese contexto, tuvieron lugar numerosos y duros ataques a la fe judía por parte de miembros de las demás religiones por lo que fue necesario defenderla, recurriéndose para ello a los instrumentos de la filosofía.

Aun así, es necesario señalar que, según la opinión mayoritaria de los sabios, a pesar del gran valor que tiene la filosofía a la hora de aclarar conceptos, las demostraciones filosóficas no resultan vinculantes ya que la fe antecede al intelecto, tal como la vida misma. Por ello, la razón puede clarificar o explicar la aparición de la vida y de la fe, pero no demostrarlas o refutarlas.

Resumen de la actitud del judaísmo a las demostraciones racionales de la fe

Después de todo, es oportuno que todo estudioso de la Torá conozca brevemente este tipo de demostraciones, no obstante, la enorme mayoría de los sabios del pueblo de Israel no apoyaron su fe en demostraciones filosóficas, sino que recurrieron al análisis racional a los efectos de limpiar a la creencia judía de todo tipo de materialización, pero su fe propiamente dicha se apoyaba en la cualidad natural y humana de creer en HaShem, así como el hombre sabe que está con vida, de igual forma cree en D’s. El contenido de la fe se basa en la tradición exacta y fidedigna transmitida de generación en generación, que tiene su fundamento y origen en la revelación divina de HaShem para con nuestros patriarcas, posteriormente con toda la nación ante el Monte Sinai, a Moshé y a todos los profetas que le sucedieron.

La virtud de la humildad y la fe israelita

La cualidad de la humildad es indispensable para la absorción de la fe, porque sobre HaShem mismo está prohibido pensar o hablar, ya que Él trasciende toda percepción. Por otra parte, podemos pensar y hablar sobre aquello que nos fue revelado. Este principio está insinuado en la Torá en el hecho de que esta no comienza con la letra hebrea “alef”, esto es, no comienza por la descripción del propio Creador, sino con la letra hebrea “bet”, esto es con la creación, tal como fue dicho: “En el principio (bereshit) creó Eloh-im el cielo y la tierra” (Bereshit-Génesis 1:1).

De todas las religiones y credos solamente los hijos de Israel se abstienen de hablar sobre la mismidad de HaShem, y ello no debilita la fe, sino que, por el contrario, la potencia. Al igual que una persona que intenta contemplar el sol, al final de cuentas estropeará su sentido de la vista y no podrá ver nada  adecuadamente, de igual manera quien se equivoca en pensar y hablar sobre la mismidad de HaShem, no solo que no lo comprenderá, sino que tampoco podrá entender el objetivo general de la creación. No obstante, si la persona se enfoca únicamente en aquello que se revela ante nosotros, podrá apegarse a HaShem con todo su corazón, con toda su alma y todo su poder.

La fe de Israel se manifiesta en todos los ámbitos de la vida

Justamente porque la fe israelita se autolimita con humildad y no intenta definir al Creador mismo, se dedica a la totalidad de la revelación divina en el mundo y ante el hombre, y de ese modo abarca todos los aspectos de la vida del hombre. Esta es su principal singularidad, ya que, desde el punto de vista de la intensidad del sentimiento de la fe, los miembros de otras naciones pueden alcanzar también prominentes cúspides semejantes a los de los hijos de Israel. De igual manera, en lo que respecta al discernimiento filosófico que se dedica al estudio del origen divino limpiándolo de todo resquicio de materialidad, los sabios de las demás naciones pueden llegar a logros elevados similares a los del pueblo judío. Sin embargo, solamente en el pueblo de Israel la fe se revela en todos los ámbitos de la vida, en los 613 preceptos de acuerdo con la guía de la Torá, y de aquí surgen su fuerza y su bendición que fluyen a todo el mundo (El Rav Kuk en su artículo titulado “Da’at Elokim – El conocimiento de D’s” pág. 135-6).

En la consciencia, en la emoción y en la vida en general

Dado que la fe israelita se manifiesta en todos los ámbitos de la vida, es preceptivo afianzarla en los tres círculos que envuelven la existencia del hombre: la consciencia, el sentimiento y la generalidad de la vida.

En la consciencia, por medio del estudio de la fe y su significado, tal como fue dicho: “Has de conocer, hoy, y has de responder a tu corazón: que HaShem es el D’s en los cielos arriba y abajo en la tierra no hay más” (Devarim-Deuteronomio 4:39). Y fue dicho: “Yo soy HaShem tu D’s” (Shemot-Éxodo 20:2), y fue dicho: “Escucha Israel, HaShem es tu D’s, HaShem es Uno” (Devarim-Deuteronomio 6:4). Y fue dicho: “Conoce al D’s de tu padre y sírvelo con corazón íntegro y espíritu de disposición…” (Divrei Haiamim I- Crónicas I 28:9). Tal como se ha dicho, en el pueblo de Israel el estudio de la fe se ocupa de la revelación divina en el mundo sin intentar entender Su esencia, lo cual trasciende nuestra comprensión. El estudio de la revelación divina gira en torno a las palabras de la Torá y de los profetas que explican cómo conduce HaShem el mundo, así como la contemplación de la creación, la cual a su vez es también una revelación divina.

En el sentimiento, por medio de los preceptos de amar a D’s y temerle, tal como fue dicho: “Y amarás a HaShem tu D’s con todo tu corazón, toda tu alma y todo tu poder” (Devarim-Deuteronomio 6:5), y fue dicho: “A HaShem tu D’s habrás de temer, a Él servirás y por Su Nombre habrás de jurar” (ídem 10:20).

En la generalidad de la vida, por medio del estudio de la Torá y la observancia de sus preceptos, tal como fue dicho: “En todos tus caminos le habrás de conocer” (Proverbios 3:6). Y nuestros sabios dijeron que “esta es una porción breve de la cual depende todas las leyes de la Torá” (Tratado de Berajot 63(A)), porque incluye la postura básica de la fe israelita, de que precisa manifestarse en todos los ámbitos de la vida. En la medida que la persona cumple más preceptos, descubre la fe en más terrenos del quehacer, de modo tal que se ve reforzada en su creencia y esta a su vez lo fortalece, ya que la observancia de un precepto conduce al cumplimiento de otro más.

 

 

 

 

 

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