Poblando la tierra de Israel en la práctica

MATOT MAS’EI 5784

Poblando la tierra de Israel en la práctica

 

Según la Torá, cuando el pueblo de Israel esté en el exilio, la tierra prometida no recibirá a ninguna nación, y nos esperará desierta hasta que retornemos a ella. @ Cuando llega el momento de la redención, la tierra de Israel comienza a dar sus frutos en abundancia de cara al retorno del pueblo de Israel que está por reunirse en ella. @ Felices de aquellos judíos que optaron por ascender a la tierra de Israel, poblarla, luchar por el establecimiento de un Estado judío y defenderlo. @ El precepto de procrear depende del poblamiento de la tierra de Israel, esto es, de la existencia de una sociedad desarrollada en las esferas económica, social, científica y moral. @ Es precepto de los padres ya adultos, de los rabinos y los educadores generar un clima que promueva la natalidad.

Muchas veces, los muchachos y las muchachas dudan si es o no el momento adecuado de comenzar a conocer una potencial pareja con la finalidad de contraer matrimonio. En numerosas familias existe la duda respecto de si conviene o no agrandarse en número, si es o no el momento adecuado para otro embarazo. Un entorno social que provee los incentivos adecuados, potencia el deseo de casarse y tener hijos.

La tierra de Israel se mantuvo yerma durante el exilio

Entre los diferentes castigos que habrían de recaer sobre el pueblo de Israel en caso de que no se dedicasen al estudio de la Torá y a la observancia de los preceptos, el más grave de todos es el exilio y todo lo que este conlleva. Sin embargo, en el marco de ello, fue dicho: “Yo desolaré la tierra y se asombrarán por ella vuestros enemigos, los que la habitan… vuestra tierra será desolación y vuestras ciudades serán destrucción” (Vaikrá-Levítico 26:32-33). Dijeron nuestros sabios: “Esta es una cualidad positiva, para que los hijos de Israel no digan que dado que fuimos exiliados de nuestra tierra ahora nuestros enemigos se asientan en ella, ya que incluso los enemigos que los sucedan, no hallarán en ella remanso” (Sifra ídem). Estas palabras de los sabios fueron traídas por Rashi y citadas numerosos comentaristas, pues en efecto, entre las distintas maldiciones encontramos un pequeño consuelo, que la tierra no recibirá a ninguna nación, sino que nos esperará desierta hasta que regresemos a ella.

En tiempos de la redención

Sin embargo, cuando llega el momento de la redención, la tierra de Israel comienza a dar sus frutos abundantemente de cara al pueblo de Israel que está por reunirse en ella. Tal como dijera Rabí Aba: ‘No tienes un final más manifiesto, tal como fue dicho: “Y ustedes montes de Israel, dad vuestras ramas y cargaos de vuestros frutos para mi pueblo Israel pues están por llegar pronto (Ezequiel 38:8)”’ (Tratado de Sanedrín 98(A)).

En efecto, así fue como aconteció. La tierra de Israel, que había manado leche y miel, se volvió más desierta que los demás países de su alrededor, y cuando en los días de la primera aliá (primera ola inmigratoria, 1880’s) los hijos de Israel comenzaron a regresar a ella, gradualmente comenzó a salir de su estado de abandono. Gradualmente la agricultura y la economía comenzaron a desarrollarse. Sin embargo, las grandes masas de judíos demoraron en regresar a su terruño, y mientras tanto, los árabes de todos los alrededores fluyeron hacia este para disfrutar del progreso que habían traído consigo los judíos que habían logrado llegar.

De ese modo, se nos hizo más difícil hacerle frente al enemigo árabe. Si bien el pueblo de Israel tiene un derecho anterior a disfrutar de los frutos del país, al no llegar en número suficiente como para disfrutar de esta prerrogativa, carecen de un argumento suficientemente fuerte como para evitar que extranjeros hostiles lo hagan. Tal como dice la Torá: “No lo expulsaré de ante ti en un solo año, no sea que la tierra quede desolada y te excedan a ti las fieras del campo. Poco a poco los expulsaré de ante ti hasta que fructifiques y poseas la tierra” (Shemot-Éxodo 23:29-30). También, fue dicho: “Y desalojará HaShem tu D’s. a los pueblos estos de ante ti, poco a poco. No podrás exterminarlos pronto, no sea que te excedan las fieras del campo” (Devarim-Deuteronomio 7:22).

Aquel que inicia el cumplimiento de un precepto y no lo termina

Dijeron los sabios: “Todo aquel que comienza a cumplir un precepto y no lo termina entierra a su esposa y a sus dos hijos (en Pesikta Zutarta: «desciende de su grandeza»). ¿De quién lo aprendes? De Yehudá”. Pues al momento de sentarse y partir el pan, les dijo a sus hermanos: “¿Nosotros matamos y bendecimos?” Tal como fue dicho: “¿Qué beneficio (betza es beneficio, y libtzoa es trozar el pan) nos reportará matar a nuestro hermano y cubrir su sangre? Vendámoslo a los ismaelitas y que nuestra mano no se alce sobre él, pues es nuestro hermano y carne de nuestra propia carne, y sus hermanos le escucharon” (Bereshit-Génesis 37:26-27). Si les hubiera dicho devolverlo donde su padre le habrían escuchado, pero comenzó con el cumplimiento de un precepto, mas no lo concluyó”. Su castigo fue que enterró a su esposa y a dos de sus hijos y sus hermanos le hicieron descender de su grandeza. “Por lo tanto, quien comienza a cumplir un precepto, que lo observe en su totalidad y termine su acción” (Midrash Tanjuma Ekev 6).

La triste consecuencia

Hace unos ciento veinte años, cuando se estableció el movimiento sionista, el pueblo judío contaba con unos once millones de almas. Los árabes que habitaban en los límites bíblicos de la tierra de Israel, incluido el Líbano, Siria e Irak sumaban poco más de cinco millones de personas. A ambas márgenes del Río Jordán vivían unos 500.000 árabes. En ese momento, los judíos tuvieron la oportunidad de regresar a la tierra de Israel y poblarla a lo largo y a lo ancho, crecer y multiplicarse sobre ella. Sin embargo, la mayor parte de nuestro pueblo permaneció en el exilio y atravesó desgracias espantosas hasta que finalmente llegó el Holocausto. En paralelo, la desesperanza en la diáspora respecto de la posibilidad que el pueblo judío pudiera redimirse en su propia tierra condujo a la interrupción del crecimiento vegetativo y a una gran asimilación.

A consecuencia de ello, en la actualidad, en todo el mundo no hay más que quince millones de judíos declarados, y de estos, unos siete millones residen en la tierra de Israel. Por su parte, en la margen occidental del Rio Jordán residen unos cinco millones de árabes, y en la margen oriental, en el Reino Hashemita de Jordania once millones y otros dos millones de refugiados palestinos que argumentan que sus antepasados vivieron en la tierra de Israel (una o dos generaciones).

Es posible reparar

Yehudá retornó en arrepentimiento al estar dispuesto a entregar su vida por salvar a su hermano Benjamín y devolverlo con su padre, y cuando en la prueba por la que pasó con Tamar, a pesar de la enorme vergüenza, confesó y dijo: “Ella tuvo razón y yo no” (Bereshit-Génesis 38:26). En virtud de ello, tuvo el mérito de poder formar junto a Tamar una familia más esplendorosa aun, logrando ascender a una grandeza incomparable, ya que de sus descendientes saldría la dinastía davídica. El sitial que alcanzan quienes retornan en arrepentimiento, no puede ser alcanzado por los íntegramente justos (Tratado de Berajot 34(B)).

El retorno en arrepentimiento para nuestros días

Felices de aquellos judíos que optaron por ascender a la tierra de Israel, poblarla, luchar por el establecimiento de un país y defenderlo. Ellos son los que retornaron en arrepentimiento y por cuyo mérito, a pesar de las dificultades, el pueblo de Israel paulatinamente se está redimiendo. Sin embargo, todavía nos espera un largo camino, y debemos seguir retornando en arrepentimiento: precisamos crecer y multiplicarnos, continuar la construcción del país, actuar en aras de una necesaria reforma en nuestro ejército, educar a todos los niños de Israel a amar la Torá y la tierra de Israel, así como promover la aliá y la absorción de inmigrantes del modo más adecuado y digno posible.

La bendición de “creced y multiplicaos” y el poblamiento de la tierra de Israel

En estos días difíciles de guerra de desgaste, en medio de una crisis de liderazgo en los ámbitos judicial, militar y político, es preciso seguir avanzando por medio del incentivo a los jóvenes a que cumplan con los preceptos de casarse y procrear, de los cuales depende el cumplimiento de los mandatos de poblar el país y velar por su seguridad.

Sin embargo, el precepto de procrear depende también del poblamiento de la tierra de Israel, esto es, de la existencia de una sociedad desarrollada económica, social, científica y moralmente. Ello incluye el deber de los padres de mantener a sus hijos y brindarles una educación orientada a la Torá y al trabajo. Tal como dice la Mishná: “Rabán Gamliel, el hijo de Rabí Yehudá HaNasí dice: Buena es la Torá con la realización de un oficio, pues el esfuerzo combinado en ambos hace olvidar el pecado, y toda Torá que no viene acompañada de la práctica de una labor termina por quedar sin efecto y conlleva la realización de iniquidades” (Avot 2:2). Asimismo: “Rabí Yehudá dice: Todo aquel que no le enseña a su hijo un oficio es como si le enseñara a robar” (Tratado de Kidushín 29(A)). En ese sentido, así es como sentenció el Rambám: “Todo aquel que piensa que habrá de estudiar Torá, no realizará labor alguna y se mantendrá de la tzedaká (la caridad pública) profana el Nombre de D’s, humilla a la Torá y hace que se apague la lumbre de la religión… y además nuestros sabios ordenaron: ama la labor y odia el rabinato, y toda Torá que no viene acompañada de la práctica de una labor termina por quedar sin efecto y conlleva la realización de iniquidades, y al final, esa persona robará a sus semejantes (Hijljot Deot 3:10).

Los límites de la tierra de Israel en la porción de Mas’ei

En la parashá de Mas’ei los límites de la tierra de Israel incluyen solamente la margen occidental del Jordán. Esto genera preguntas, ya que la margen oriental también es parte del país, y fue conquistada por Moshé Rabenu. Lo que ocurre es que el pueblo de Israel carecía de gente suficiente como para habitar la totalidad de la tierra y por ello HaShem le ordenó que heredasen primero la parte principal del país, y luego de que se multiplicasen en número, poblasen también la margen oriental (Rambán). Sin embargo, luego los miembros de las tribus de Reubén y Gad pidieron asentarse en la ribera oriental del Jordán, y su petición fue concedida. Nuevamente vemos que el poblamiento de la tierra de Israel depende de que la nación israelita sea numerosa.

La promesa de la tierra de Israel y la promesa de la natalidad

A nuestros patriarcas les fue dicho que el precepto del poblamiento de la tierra de Israel y la progenie numerosa dependen la una de la otra. A Abraham Avinu le fue dicho: “Y HaShem le dijo a Abram —después que Lot se hubo separado de él—: Alza ahora tus ojos y mira, desde el lugar donde te hayas, hacia el norte y el sur, hacia el oriente y el occidente. Pues toda la tierra que tú ves a ti te la daré y a tu descendencia, hasta la eternidad. Tornaré a tu descendencia como el polvo de la tierra, pues si pudiere el hombre contar el polvo de la tierra, también tu descendencia sería contada” (Bereshit-Génesis 13:14-16). Así también le fue dicho tras la prueba del amarramiento de Ytzjak: “Pues habré de bendecirte y acrecentar a tu descendencia como las estrellas de los cielos y como la arena de las orillas del mar y tu descendencia poseerá las ciudades de sus adversarios” (ídem 22:17).

Otro tanto le fue dicho a nuestro patriarca Ytzjak: “Acrecentaré tu descendencia cual estrellas de los cielos y daré a tu descendencia todas estas comarcas y todas las naciones de la tierra serán bendecidas por tu descendencia” (ídem 26:4).

Algo similar le fue dicho a nuestro patriarca Ya’akov en Beit El previo a su partida rumbo a Jarán: “Y he aquí que HaShem estaba presente a su lado y dijo: Yo soy HaShem, el D’s de Abraham tu padre y el D’s de Ytzjak: La tierra sobre la que tú estás acostado, te la daré a ti y a tu descendencia. Tu descendencia será como el polvo de la tierra e irrumpirás hacia el occidente y hacia el oriente, hacia el norte y hacia el sur. Y todas las familias de la tierra serán bendecidas por tu causa y por la de tu descendencia” (ídem 28:13-14). Otro tanto le fue dicho tras regresar al país desde Jarán: “Le dijo Elokim: Yo soy E-l-Shad-dai. Fructifícate y multiplícate; una nación y una comunidad de tribus de ti habrán de descender y reyes de tus lomos saldrán. Y la tierra que Yo he dado a Abraham y a Ytzjak, a ti te la doy y a tu descendencia en pos de ti, habré de dar la tierra” (ídem 35:11-12).

La redención por el mérito de la fe y la natalidad

Las desgracias pueden ahogar el deseo de vivir, y es así como les sobreviene la desaparición tanto a las personas como a las familias y a las naciones. Eso era lo que se preveía que le ocurriera al pueblo de Israel al estar sojuzgados y esclavizados en Egipto. A esos efectos, los egipcios aumentaron el peso del yugo sobre los hebreos con trabajos pesados y forzados, desde el amanecer hasta la salida de las estrellas. Les decretaron que no regresaran a sus hogares y que durmieran en los campos. Sin embargo, nuestros sabios dijeron: “Por el mérito de las mujeres justas de aquella generación los hijos de Israel fueron redimidos de Egipto” (Tratado de Sotá 11(B)). Gracias a su fe en la vida, al amor que le profesaban a sus maridos, a la confianza en la misión que le esperaba al pueblo de Israel, se apegaron a sus esposos, venían a los campos donde estos pernoctaban, los alegraban y así pudieron procrear en gran manera. “Empero, en la medida que lo oprimían (al pueblo de Israel), así se acrecentaba y así se expandía” (Shemot-Éxodo 1:12).

Dijeron nuestros sabios: “Así como los hijos de Israel fueron redimidos de Egipto gracias a que crecieron y se multiplicaron, de igual manera serán redimidos en el futuro, gracias a que crecerán y se multiplicarán”. ¿De dónde los sabes? Has de saber que ello es así, ya que los hijos de Israel no se redimen a menos que crezcan, se multipliquen y llenen el mundo, tal como fue dicho: “Pues te expandirás a la derecha y a la izquierda y tu descendencia heredará naciones y las ciudades desoladas serán nuevamente habitadas” (Yshaiahu-Isaías 54:3) (Eliahu Zuta 14).

Generar un ambiente proclive

Es precepto de los padres ya adultos, de los rabinos y de los educadores el generar un clima que promueva la natalidad, que ensalce a las familias que logran criar numerosos hijos y brindarles una educación excelente.

Muchas veces, los muchachos y las muchachas dudan si es o no el momento adecuado de comenzar a conocer una potencial pareja con la finalidad de contraer matrimonio. En numerosas familias existe la duda respecto de si conviene agrandarla, si es o no el momento adecuado para otro embarazo. Una atmósfera social rica en incentivos potencia el deseo de casarse y tener hijos en el seno de los jóvenes.

También pueden contribuir a ello historias bonitas de enlaces y bodas que surgieron en el marco del heroísmo de la guerra, y los relatos emocionantes sobre parejas que tuvieron hijos que son la continuación de hermanos y amigos que murieron santificando el Nombre Divino. Que HaShem nos bendiga y agregue sobre nosotros mil veces más bendición.

 

 

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