VAISHLAJ 5785
Lo bueno, lo malo y lo que conduce al crecimiento
HaShem creó el mundo y todo cuanto hay en él -incluidos el mal y las penurias- para beneficio del ser humano. @ En virtud de ello, podemos reforzarnos en la fe de que todo lo que HaShem hace es para bien. @ Por medio de la existencia del mal, el ser humano posee el libre albedrío. @ Cuando contemplamos al mundo con una mirada benevolente, vemos que el bien supera cuantitativamente al mal. @ Dado que en los ejercicios de yoga, en la meditación y en las artes marciales no hay elemento alguno de idolatría, estas prácticas no están prohibidas.
Según el budismo, es apropiado deshacerse de la sensación de sufrimiento por medio de la adopción de una actitud indiferente y la práctica de la introspección. De acuerdo con el judaísmo, es bueno experimentar el mal y las penurias para que estas vivencias sirvan como un motor de crecimiento personal y de avance hacia la reparación del mundo. Sin embargo, cuando un ser humano sufre demasiado, puede aprender técnicas del método budista que le permitan ser indiferente al dolor, y reforzarse así en su fe en HaShem y en que todo lo que ocurre es para bien, hasta que encuentre su propia senda de progreso individual.
La cuestión del mal en el mundo
Pregunta: ¿Cómo es posible explicar el enorme sufrimiento que existe en el mundo? Si HaShem desea el bien para Sus creaturas, ¿cómo entonces permite que haya tanto dolor? ¿Cómo es que les permite a los malvados ensañarse con su prójimo? Esta pregunta surgió nuevamente tras la espantosa masacre de Simjat Torá del 5784, así como a raíz de la guerra y del sufrimiento que tuvieron lugar a consecuencia de esta.
Respuesta: La respuesta que es a la vez sencilla y profunda, dice que HaShem creó el mundo y todo cuanto hay en él para el beneficio del ser humano, y que también el mal y las penurias tienen esa finalidad, pero que la perspectiva del hombre es demasiado estrecha y reducida como para percibir la imagen en su totalidad, tanto la de este mundo como la del venidero. Por ello, desde su visión, el mal se percibe terrible, pero cuando se comprende que todo lo que HaShem hace es para bien, se entiende la importancia del mal. Esta es también la respuesta que HaShem le dio a Job, al decirle que su intelecto reducido no alcanza a conocer la complejidad de la creación ni a ver cómo es que en última instancia todo lo que ocurre es para bien. Hay quienes lograrán ver a lo largo de su vida en este mundo cómo es que el sufrimiento experimentado logra generar un bien varias veces mayor, y hay quienes lograrán percibirlo únicamente en el más allá.
La humildad que lleva al crecimiento
Como en todas las preguntas que se refieren a HaShem en Sí, también en el caso de esta nos vemos en la necesidad de envolvernos en un manto de humildad y saber que hay cosas que no somos capaces de comprender, y entre estas, se encuentra nuestra incapacidad para identificar el sitio que ocupa el mal en la escena general. Justamente así es como podremos reforzarnos en la fe de que todo cuanto HaShem hace es para bien, y comenzaremos a entender cómo es que el mal puede hacernos avanzar, y entonces, actuemos en la medida de nuestras posibilidades para incrementar el bien y la bendición en el mundo.
Esta humildad está dirigida hacia el cielo, y por ello no implica debilidad o pequeñez sino todo lo contrario. Partiendo del reconocimiento de que no somos capaces de comprender, sabemos que aquello que sí podemos captar, podemos entenderlo bien.
El pueblo de Israel se destaca por esta virtud de la humildad, tal como dijeran nuestros sabios: “El Santo Bendito Él les dijo a los hijos de Israel: Amo de ustedes que incluso cuando vierto sobre ustedes grandeza, ustedes se achican ante Mí. Le di grandeza a Abraham, y él dijo ante Mí: ‘Soy polvo y ceniza’. Otro tanto hice con Moshé y Aharón, y ellos dijeron: ‘¿Y qué somos nosotros (para que vengan a protestar delante nuestro)?’ Le di grandeza a David, y este dijo: ‘No soy un hombre sino un gusano’. En cambio, en el caso de los idólatras, ellos no proceden así. Le concedí grandeza a Nimrod, y dijo: ‘Construyamos para nosotros una ciudad y una torre cuya parte alta llegue hasta el cielo’. Le di grandeza a Faraón, y este dijo: ‘¿Quién es HaShem para que obedezca Su voz?’ (‘Aquel que dijo: Mío es el Nilo, y yo me hice a mí mismo’). Le di grandeza a Sanjeriv (Senaquerib), y este dijo: ‘¿Quién de entre todos los dioses de los países salvaron a sus tierras de mi mano? ¿Acaso HaShem salvará a Jerusalém de mí?’ Le di grandeza a Nabucodonosor, y dijo: ‘Ascenderé a las nubes y me pareceré al Supremo’. Lee di grandeza a Hiram rey de Tiro, y este dijo: ‘¡Soy una deidad! He pasado mis días en el trono de D’s’”.
El bien crece a partir del mal
Explicaremos ahora un poco la idea de que el bien surge a partir del mal. En primer lugar, gracias a la existencia del mal el ser humano goza de libre albedrío, y de ese modo, al elegir y formar así su propio mundo, se manifiesta en su seno la imagen de D’s, y así, el bien le pertenece. Y no hay bien mayor que ese, que se asemeja al divino (Ramajal, Derej HaShem 1:2-3). O sea, el libre albedrío es tan valioso que vale la pena pagar su precio, esto es, la posibilidad de que algunos elijan el mal, con todo el sufrimiento y el dolor que ello conlleva.
Además de que el mal permite el libre albedrío, por su intermedio el bien se mejora y se eleva, ya que en este mundo todo es limitado, y por ende, el bien manifiesto también lo es. Para que el bien pueda seguir desarrollándose ilimitadamente y de esa manera exprese la luz divina que alberga, es preciso someterlo a la revisión y a la crítica permanentes. Esta es la función del mal, señalar las carencias del bien y promover que este siga elevándose y mejorándose. En efecto, en numerosas ocasiones sucede que en el momento en que un determinado evento sobreviene sobre las personas, estas creen que se trata de lo peor que podría ocurrirles, y al final, resulta ser todo lo contrario, y que a la postre se trató del acontecimiento más importante de sus vidas, ya que, gracias a él, por sobre todas las cosas, lograron crecer.
Sobre el bien y el mal
Los sabios de la fe agregan que, en realidad, cuando contemplamos este mundo con benevolencia vemos que el bien supera cuantitativamente al mal, ya que el ser humano suele gozar de buena salud durante largos años, y solo en algunos de sus días padece de alguna dolencia. Incluso cuando un órgano de su cuerpo sufre una enfermedad, muchos otros están sanos. Incluso cuando una persona le hace daño, podrá alegrarse junto a numerosas otras que no le agreden. Por medio del agradecimiento a HaShem por todo el bien que hay en el mundo tanto en los salmos de alabanza del rezo como en las bendiciones por el disfrute (birkot hanehenín), aprendemos a apreciarlo y a alegrarnos por él.
Este es el espíritu de los conceptos que vertiera el Rambám en Moré Nevujim – La guía de los perplejos (III:12). Allí afirma que el mundo es en su mayoría bueno, y agregó que el mal que es dable encontrar en él se divide en tres categorías: 1) Una parte de él se origina en los desastres naturales. 2) Una parte mucho mayor es el mal generado por lo que el hombre le hace a su prójimo. 3) Y mucho mayor aun es el mal que el ser humano se inflige a sí mismo.
La actitud budista hacia el mal y el sufrimiento
Cabe recordar aquí el enfoque del budismo hacia el mal y el sufrimiento. Según este, si el ser humano dejase de desear y dirigiese su mirada a la vida en sí que no depende de nada salvo de esta, no experimentaría dolor ni sufrimiento y podría disfrutar de una calma profunda y superior. De este método, cabe aprender que la sensación de sufrimiento depende en gran medida de nuestra consciencia.
Según el budismo, es apropiado deshacerse de la sensación de sufrimiento por medio de la adopción de una actitud indiferente y la práctica de la introspección. De acuerdo con el judaísmo, es apropiado experimentar el mal y las penurias para que esta vivencia sirva como un motor de crecimiento personal y de avance hacia la reparación del mundo. Sin embargo, cuando un ser humano sufre demasiado, puede aprender técnicas del método budista para adquirir la capacidad de ser indiferente al dolor, y reforzarse así en su fe en HaShem y en que todo lo que ocurre es para bien, hasta que encuentre su propia senda de progreso individual.
Yoga, meditación y artes marciales
Pregunta: ¿Está permitido hacer yoga, meditar y practicar artes marciales? Los ejercicios de yoga son posturas gimnásticas destinadas a mejorar la salud por medio del autocontrol y el equilibrio interior entre el cuerpo y la mente. Los ejercicios de meditación son técnicas destinadas a concentrar el pensamiento y la percepción para alcanzar el dominio de la mente y de las emociones, el equilibrio y la iluminación interior. Las artes marciales están destinadas a mejorar las capacidades de defensa y ataque, mejorando a la vez la salud y alcanzando altos niveles de autocontrol y concentración.
Respuesta: Si bien en el pasado estos ejercicios podían estar vinculados a religiones paganas -motivo por el cual hubo rabinos que los prohibieron- en la práctica, dado que no hay en éstos resquicio alguno de culto idolátrico, no están prohibidos. Sin embargo, se prohíbe agregar a los ejercicios rituales carentes de un beneficio claro, que por ende, son expresiones de una cultura foránea, y por ello están prohibido por la Torá, tal como fuera dicho: “No os conduciréis según sus prácticas” (Vaikrá-Levítico 18:3). Una práctica o una norma de los gentiles es una costumbre que expresa elementos culturales y religiosos que se establecieron en una nación determinada hasta transformarse para esta en una práctica obligatoria, y la Torá la prohibió para que los hijos de Israel preservasen su singularidad y su independencia espiritual y no se viesen arrastrados tras la cultura de los gentiles y sus creencias, abandonando así los preceptos de HaShem.
Por lo tanto, está permitido inclinarse ante el maestro de artes marciales antes de comenzar el entrenamiento, tal como se acostumbra a hacer como forma de expresarle respeto. Pero está prohibido inclinarse delante de una imagen de un maestro previo al inicio del entrenamiento, ya que hacerlo es una práctica normativa entre los gentiles. Asimismo, está prohibido realizar ejercicios deliberadamente orientados hacia el sol, pero pueden efectuarse en esa posición cuando tanto el maestro como los alumnos no le dan importancia a la dirección en la que se realizan. De igual manera, está prohibido participar de una ceremonia especial de iniciación en la cual quien medita repite mantras formados por palabras y por frases pertenecientes a un idioma extranjero que resulta incomprensible.
Si el entrenador o el maestro mencionan nombres vinculados a deidades paganas, se incurre en otra transgresión, tal como fue dicho: “No invocaréis nombres de deidades extrañas, estos no se escucharán de tu boca” (Shemot-Éxodo 23:13), según lo cual está prohibido pronunciar nombres de deidades paganas de un modo reverente o hacer que otra persona los mencione o invoque con respeto.
Herramientas en el servicio a HaShem
Es importante destacar, que incluso en el caso de quien no tiene el recaudo de no incluir en sus ejercicios tanto rituales como declamaciones carentes de un beneficio claro y palpable, debe si cuidarse de que estas prácticas no se transformen en el centro de su vida espiritual, sino que funjan como herramientas que le ayuden a reforzar su fe en HaShem, a mejorar las virtudes de su carácter y su observancia de los preceptos de la Torá. Esto es así ya que hay una diferencia muy marcada entre las dos cosmovisiones, la judía y la oriental. Según el enfoque basado en la práctica de la yoga y la meditación, el objetivo final es alcanzar la calma eterna y la iluminación interior a través de la desconexión del desafío de reparar el mundo, al tiempo que de acuerdo con el enfoque judío, el ideal pasa por mejorar el mundo, y tanto la salud como el equilibrio mental y la calma son herramientas apropiadas para la concreción de ese objetivo último.
A los efectos de enfatizarlo, hubo rabinos tales como el norteamericano Rav Arié Kaplan, de bendita memoria, que propusieron sustituir los mantras foráneos por versículos de nuestras escrituras o expresiones sagradas, y alcanzar así la concentración por medio de la meditación sobre los Nombres sagrados, para que a partir de estos ejercicios que son útiles para la concentración del pensamiento y el equilibrio mental, el practicante refuerce su fe en HaShem y se sienta impulsado a refinar sus virtudes.
La invocación de nombres paganos y la pronunciación del vocablo “om”
Pregunta: Hay quienes sostienen que los nombres de los ejercicios de yoga y de meditación tienen origen en deidades paganas. ¿Se pueden utilizar los nombres originales de los ejercicios o es preciso modificarlos?
Respuesta: Dado que a la hora de entrenar estos nombres son utilizados únicamente para denominar los ejercicios, aunque en su origen fueran nombres de ídolos, no estarán prohibidos, tal como se permite utilizar los nombres de los días de la semana y de los meses en las diferentes lenguas extranjeras, aunque en su mayoría, aludan a deidades paganas.
Pregunta: ¿Está permitido decir “om” durante el entrenamiento? En la religión hindú el vocablo “om” no denomina a una deidad pagana, sino que expresa una conexión con una verdad superior e interior.
Respuesta: La pronunciación del vocablo “om” no implica incurrir en un ritual idolátrico, pero se prohíbe para no conducirnos según las prácticas normativas de los gentiles (jukot hagoím). No obstante, si quien practica los ejercicios intentó ya recurrir a diferentes sonidos tales como “on”, “o” y similares, y halló que ninguno de estos impregna en su cuerpo la atmósfera de tranquilidad y concentración que genera el vocablo “om”, su uso pasa a estar sustentado en la lógica, y por ende, no implica incurrir en una práctica normativa gentil.





