MIKETZ – JANUCÁ 5785
El efecto dañino del mal de ojo
El mal de ojo afecta negativamente tanto en los aspectos visibles como en los ocultos. @ El daño visible se deriva de la pérdida de confianza del individuo en sí mismo. @ En un plano más oculto, así como un pensamiento negativo de la persona sobre sí misma puede resultar nocivo para su cuerpo, de igual manera este puede influir sobre su prójimo y afectarlo. @ Quien hace mal de ojo se daña a sí mismo más de lo que daña a quien lo recibe. @ Cumplir los preceptos de manera discreta es una gran virtud. @ El mal de ojo no ejerce influencia sobre la descendencia de Yosef. @ Quien no se ve influenciado negativamente por aquellos que lo rodean, será inmune de padecer de mal de ojo originado en estos.
A veces, el daño producido por el mal de ojo no proviene de los malos pensamientos, sino por el contrario, de una exageración en la publicitación de las virtudes que alguien detenta, lo cual genera una expectativa desmedida en el público de que esta persona talentosa habrá de triunfar en aquello que emprenda más allá de lo común. Estas expectativas resultan adictivas, a la vez que generan una gran tensión, porque si D’s no lo quiera la persona en cuestión no lograse triunfar en la medida de lo esperado habrá de perder la admiración popular, y para justificar el honor exagerado del cual ha sido objeto, intentará tener suceso de cualquier modo, y a veces, por causa de la tensión que recae sobre sus hombros, pierde el equilibrio y fracasa.
Pregunta: A veces, escuchamos sobre el temor ante el mal de ojo. También se dice que este no surte efecto entre los descendientes de Yosef, sobre quien aprendemos en la porción de lectura de esta semana. ¿Qué es el mal de ojo? Y, ¿acaso es correcto temerle?
Respuesta: El mal de ojo es una mirada hostil de una persona hacia su prójimo, mirada que es consecuencia de la envidia y los celos por su condición exitosa. Por ejemplo, se lo puede envidiar por su estatus social, por su posición económica, por su sabiduría, por su salud, por su fortaleza física, por su belleza, por tener hijos buenos o numerosos. En el contexto de esta mirada hostil, quien hace mal de ojo encuentra defectos en su prójimo y empequeñece sus logros. Tal como aprenderemos luego, el mal de ojo afecta negativamente en los niveles visibles y en los ocultos. Por lo tanto, es bueno que un individuo no se vanaglorie ni haga énfasis en sus éxitos, en su riqueza o en lo virtuosos que son sus hijos para no generar dolor en aquellas personas que no fueron bendecidas de igual manera y para no despertar su envidia.
El daño visible
El daño visible se deriva de la pérdida de la confianza de la persona en sí misma. Cuando una persona sabe que se le está haciendo mal de ojo o se piensa mal sobre ella puede perder la confianza en sí misma, sentirse amenazada y resultarle difícil actuar de un modo equilibrado y diligente. En virtud de ello cometerá errores y fracasará. Asimismo, cuando una persona no es consciente de los malos pensamientos de los que es objeto, de todas maneras, a veces percibe la energía negativa que la rodea, y por causa de ello, es incapaz de desempeñarse como corresponde en sus distintos quehaceres. Además, cuando una persona piensa mal de su compañero, otras personas lo perciben, y a raíz de ello, puede desarrollarse también en estas una sensación negativa que las lleve a sospechar o alejarse de ella.
El daño oculto
En un plano más oculto, dado que todas las almas están ligadas unas a otras, así como un mal pensamiento de una persona sobre sí misma puede resultar nocivo para su cuerpo, de igual manera puede influir negativamente en el prójimo e infligirle daño. Además, dado que el ser humano fue creado a la imagen de D’s, su pensamiento influye en todos los mundos, y así, cuando es presa de la envidia hacia su compañero, y más aun cuando piensa mal sobre éste, puede despertar contra el compañero en cuestión una acusación celestial que haga que se analice detalladamente su conducta en el Tribunal Superior para determinar si es meritorio de todo el bien que ha recibido, o si, por el contrario, merece ser castigado. En términos generales, el daño oculto producto del mal de ojo es más prominente en el extranjero, al tiempo que el daño oculto resulta más perceptible en la tierra de Israel (ver Talmud Babilonio Tratado de Baba Metzía 107(A), Talmud Jerosolimitano Tratado de Shabat 14:3).
El daño producto de la buena fama
Quien hace mal de ojo se daña a sí mismo más de lo que daña a quien ojea, tal como dijera Rabí Yehoshúa: “El mal de ojo, la inclinación al mal y el odio a las demás personas quitan al ser humano del mundo” (Avot 2:11). Por ejemplo, si envidia la riqueza de su prójimo, no podrá alegrarse por la porción que le tocó en este mundo y su alma arderá en el fuego de sus celos (Rabenu Yoná sobre Avot allí). Sí, sus energías y sus virtudes resultarán extinguidas por efecto de su frustración y no le quedarán restos de vigor para cumplir con su misión. Sobre esto dijeron nuestros sabios: “La envidia, el deseo y el orgullo quitan al hombre de este mundo” (Avot 4:21).
También en un plano oculto, luego de que alguien despierta una controversia en el Tribunal Celestial contra su compañero, este pasa a analizarlo de un modo sumamente estricto, pues todo aquel que hace mal de ojo contra el patrimonio de su compañero, pierde el suyo propio, y no solo eso, sino que se pierde a sí mismo, tal como fue dicho: “Un espíritu deprimido seca los huesos” (Proverbios 17:22) (Rashbatz y Maharí Elshaker sobre el Tratado de Avot 2:11). Y nuestros sabios dijeron: “Todo aquel que provoca un juicio a su prójimo, es castigado primero” (Tratado de Rosh HaShaná 16(B)).
El peligro de la buena fama
Dijeron nuestros sabios que en virtud de que el pueblo de Israel recibió la Torá de un modo sumamente público y manifiesto, tal como fue dicho: “Y todo el pueblo ve las voces” (Shemot-Éxodo 20:15), fueron presa del mal de ojo y las primeras Tablas de la Ley fueron quebradas (Bemidbar Rabá 12:4). Esto es, a raíz de la gran publicidad de la que fuera objeto la entrega de la Torá al pueblo de Israel, éste fue objeto de una acusación ante el Tribunal Celestial en todos los mundos que pedía revisar si los hijos de Israel eran realmente meritorios de recibirla, y se le otorgó permiso a Satán para que los sometiera a una dura prueba durante el pecado del becerro de oro. Por lo tanto, las segundas Tablas fueron recibidas de un modo discreto y se mantuvieron en nuestro poder por muchos años (Midrash Tanjuma Ki Tisá 31).
Otro tanto ocurrió con Jananiá, Mishael y Azariá. Una vez que se salvaron del horno ardiente por medio de un gran milagro que se produjo ante los ojos de toda la gente importante de Babilonia, ya no se mencionan más sus nombres en la Biblia. Hay quienes dicen que murieron a causa del mal de ojo, y hay quienes sostienen que lo superaron al renunciar a su estatus en el exilio, ascendieron a la tierra de Israel donde estudiaron Torá, se casaron y tuvieron hijos e hijas (Tratado de Sanedrín 93(A)).
Jóvenes poseedores de una sabiduría descollante
De igual manera, se cuenta sobre Rabán Shim’ón ben Gamliel que solía sentarse en los bancos de la Casa de Estudio junto a los demás sabios y delante de ellos se sentaban en el suelo los jóvenes, y entre estos estaban su hijo Rabí Yehudá y el hijo de Rabí Shim’ón bar Yojai, Rabí Elazar. Estos jóvenes formulaban preguntas difíciles y les encontraban respuestas contundentes, al punto de que los sabios mayores se sintieron admirados por su sabiduría descollante y se preguntaban: “¿Es lógico que por un lado abrevemos de sus aguas pero que a la vez estén sentados en el suelo?” Les hicieron bancos y los ascendieron a estos. “Rabán Shim’ón ben Gamliel les dijo: Tengo una separación respecto de ustedes, ¿y ahora quieren perderla?” Esto obedece a que temió que en virtud de que su hijo pasara a sentarse en un banco siendo aun tan joven el mal de ojo se apoderase de él. Hicieron descender al suelo a su hijo Rabí Yehudá. “Rabí Yehoshúa ben Korjá les dijo: ¿Aquel que tiene un padre habrá de vivir, pero quien carezca de él deberá morir?” Esto se debe a que si Rabí Elazar -cuyo padre ya había fallecido- se quedaría sentado en el banco podría morir a causa del mal de ojo. Bajaron también a Rabí Elazar y lo hicieron sentar en el suelo. Y así, se quedaron sentados con humildad sobre el suelo hasta que se hicieron mayores y su enorme sabiduría ya no resultaba una novedad (Tratado de Baba Metzía 84(B)).
Las personas que se enriquecen y el mal de ojo
Nuestros sabios dijeron que aquellas personas que se ganan la vida por medio de labores notorias que llaman la atención, al punto de que quienes los ven piensan que ganan ingentes sumas de dinero, no ven señal de bendición porque el mal de ojo ejerce sobre ellos su dominio (Tratado de Pesajim 50(B), Tratado de Baba Metzía 107(A)). De igual manera, las personas que ganaron una gran suma de dinero en un sorteo o de un origen inesperado pueden llegar a perderla rápidamente. El consejo adecuado para todos ellos es que den mucha tzedaká y mantengan a estudiosos de la Torá, y de ese modo, su fortuna permanecerá en sus manos (ver Tratado de Eruvín 64(A)).
Dar tzedaká y extender donativos son acciones efectivas para evitar el mal de ojo
Es una gran virtud observar los preceptos de un modo discreto, tal como fuera dicho: “Y te conducirás humildemente con tu D’s” (Mijá-Miqueas 6:8), porque cuando el precepto se observa de un modo discreto se lo cumple en aras del Cielo sin que quepa temer que el orgullo pudiera manifestarse, por lo que el observante tampoco está expuesto al mal de ojo. Sin embargo, a veces es necesario publicitar a quienes cumplen un precepto para que muchos otros sigan su ejemplo. Y cuando el precepto se trata de dar tzedaká o un donativo para cuestiones vinculadas a la santidad, se reduce el temor de que pudiera ocurrir algún daño, porque el precepto en cuestión posee una expresión clara de generosidad y benevolencia (en hebreo “mirada buena” –ain tová), que es lo opuesto al mal de ojo (ain hará) (Abrabanel, Jida y Rabí Jaím Palaggi). No obstante, si una persona rica no da de sí lo que corresponde según su situación patrimonial, esto es, desde un diezmo hasta un quinto, la tzedaká no servirá para protegerlo (Tratado de Ketuvot 66(B)).
El mal de ojo no hace efecto sobre los descendientes de Yosef
Nuestros sabios dijeron (Tratado de Berajot 20(A)) que el mal de ojo no hace efecto sobre los descendientes de Yosef, porque él se encuentra “por sobre el ojo” (alei ain). Sobre su descendencia fue dicho: “Y proliferarán cual peces en el medio de la tierra”, y “así como los peces del mar están cubiertos por el agua y el mal de ojo no los alcanza, de igual manera la descendencia de Yosef estará a salvo de la influencia de este mal”. Explicaron, además: “El ojo que no quiso alimentarse de aquello que no le pertenecía”, o sea, que no sucumbió ante la tentación de pecar con la esposa de Potifar, “es inmune al efecto del mal de ojo”.
En un inicio el mal de ojo tuvo efecto sobre Yosef
Cabe destacar que, en un inicio, casi que no había una persona tan expuesta al mal de ojo como Yosef en virtud de su gran talento, que tal como parece, excedía largamente el de sus hermanos, y además, por causa del amor especial que le profesaba su padre. A raíz de todo ello, sus hermanos le envidiaron terriblemente al grado de que casi lo asesinaron. ¿Y cuándo ocurrió eso? Cuando fue a ver cómo estaban sus hermanos por encargo de su padre. El resultado fue terrible: del estatus de hijo predilecto pasó a ser un siervo. También en Egipto se vio expuesto al mal de ojo, el cual hizo que la esposa de su amo Potifar desease su belleza. Justamente en virtud de que contuvo su instinto y no pecó contra su señor, la esposa lo denunció falsamente de haber intentado violarla, por lo que fue condenado a cadena perpetua.
Se elevó desde el abismo del mal de ojo
Sin embargo, por el mérito de su apego a HaShem y a su misión particular siguió desarrollando su fe y sus cualidades, y a pesar de las decepciones sufridas continuó andando por la senda de D’s, que es bueno y prodiga el bien para todos. En la cárcel ayudó a los demás prisioneros, y cuando fue llevado ante el Faraón, benefició a la totalidad del pueblo egipcio. Además, tampoco se vengó de sus hermanos que habían complotado en su contra, sino que se condujo con ellos con generosidad y los mantuvo con benevolencia en la abundancia. Así, logró superar todas las acusaciones del mal de ojo y abrió una senda para quienes desean mantenerse fieles a su camino y a la vez obrar con grandeza en aras del Cielo sin temor a ser afectados por este mal.
El consejo para evitar el mal de ojo: ir por la senda de Yosef
Así, hemos aprendido que para superar el mal de ojo lo mejor es ir por la senda de Yosef, quien a partir de su fe y su apego al camino de HaShem hizo todas sus acciones en aras del Cielo, e incluso cuando logró descifrar los sueños del Faraón, explicó que ello se debía a la ayuda de HaShem le dispensaba, y en virtud de ello, se elevó por encima de la influencia del mal de ojo. Así fue como se apegó a su misión, sin tentarse a disfrutar de lo que no le pertenecía, y sin realizar actos de bien para vanagloriarse por ellos. Así, se volvió inmune al mal de ojo, tal como lo son los peces del mar.
En resumen, aquella persona que no se ve influida negativamente por quienes la rodean, no les pide su reconocimiento, no espera recibir de ellos prebendas ni les guarda rencor por el mal que le hicieron, no podrá ser afectada por su mal de ojo.





