La liberación de secuestrados en Shabat – lo contrario a la dignidad de Israel

BESHALAJ 2025

La liberación de secuestrados en Shabat – lo contrario a la dignidad de Israel

Es una lástima que los representantes del Estado de Israel no hayan prestado atención al hecho de que la liberación de los secuestrados se llevó a cabo un sábado, violando así el Shabat de manera oficial. @ Como parte de la guerra religiosa que Hamás libra contra nosotros, se esmeraron por lograr esto, continuando así con la grave profanación del Shabat y de la festividad de Simjat Torá que iniciara la guerra. @ Incluso reyes malvados obtuvieron victorias militares cuando respetaron los valores sagrados de Israel. @ El respeto por los valores sagrados de Israel es un componente esencial para la obtención de la victoria sobre el enemigo y para la instauración de la soberanía israelí. @ En nuestros días, no se debe entrar a una mezquita, ya que, en las últimas generaciones, muchos musulmanes se han convertido en los principales promotores del odio hacia Israel en el mundo.

Consulté sobre este tema al miembro de la Kneset diputado Amit Halevi, miembro de la Comisión de Asuntos Exteriores y Defensa, y él respondió: «Se trata de una guerra religiosa, por lo tanto, creo que esta es una humillación intencionada de Hamás destinada a llevar a cabo la liberación precisamente en Shabat y causar así una profanación oficial del día sagrado por parte del Estado. Después de que Agam Berger se empeñara en no ser liberada en Shabat, demostrando que esto era posible -a pesar de que en su carácter de persona individual no estaba obligada a hacerlo- los representantes del Estado debieron haber insistido en ello, no por la profanación del Shabat en sí, sino por la profanación del Nombre de D’s de ello que se deriva, y en torno de la cual gira toda la guerra».

La Santificación del Nombre de D’s mediante el cumplimiento de los mandamientos durante el cautiverio

La historia de Agam Berger, la soldada que servía como centinela de observación que fuera secuestrada y liberada, resulta sumamente inspiradora. Los terroristas la trataron como a una esclava, exigiéndole que cocinara para ellos también en Shabat, pero ella se mantuvo firme y no profanó el día sagrado. Sus compañeras atestiguaron que ella se aseguró de comer únicamente alimentos kasher, a pesar de que esto redujo considerablemente su nutrición. Contaron también que no comieron jametz (pan leudado) en Pesaj y que además ayunaron en Yom Kipur. Al mismo tiempo, la madre de Agam, Merav Berger, pidió al público que no profanara el Shabat durante su liberación. Recibieron ayuda del Cielo, y Agam fue liberada un jueves. Cuando ello ocurrió, mientras se encontraba ya en el helicóptero, escribió: «Elegí el camino de la fe, y regresé por el camino de la fe, gracias a todo el pueblo de Israel y a los valientes soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel». Estas hermosas palabras deben servirnos de ejemplo. Que Agam, junto con todas las cautivas y los valientes soldados del ejército israelí gocen de buena salud y alegría, y puedan formar familias espléndidas con alegría y amor.

La negligencia de las autoridades

Es una lástima que los representantes del Estado de Israel no se hayan dado cuenta de que la liberación de los prisioneros se llevó a cabo un sábado, profanando así el Shabat de manera oficial. Resulta que los representantes de Hamás, como parte de la guerra religiosa que libran contra nosotros, se esforzaron por lograr esto, como continuación de la grave profanación del Shabat y de la festividad de Simjat Torá que tuviera lugar al inicio de la presente guerra. Sin embargo, los oficiales del Shin Bet (servicio de seguridad del Estado) y los representantes del gobierno de Israel siguen sin entender al enemigo, y el precio que pagamos por ello es alto.

Consulté al respecto al miembro de la Kneset diputado Amit Halevi, miembro de la Comisión de Asuntos Exteriores y Defensa, y él respondió: «Se trata de una guerra religiosa, por lo tanto, creo que esta es una humillación intencionada de Hamás para llevar a cabo la liberación precisamente un sábado y causar así una profanación oficial del Shabat por parte del Estado de Israel. Después de que Agam Berger se empeñara en no ser liberada en Shabat, demostrando que esto era posible -a pesar de que en su carácter de persona individual no estaba obligada a hacerlo- los representantes del Estado debieron haber insistido en ello, no por la profanación del Shabat en sí, sino por la profanación del Nombre de D’s que se deriva de ello, y en torno de la cual gira toda la guerra».

El honor nacional al guardar los valores sagrados de Israel

Incluso los reyes malvados, cuando respetaron los valores sagrados del pueblo de Israel, lograron alzarse con la victoria, tal como se cuenta sobre Ajav (Acab), rey de Israel (I Melajim-Reyes cap. 20). Ben Hadad, rey de Aram, reunió un gran ejército y marchó a la guerra contra el reino de Israel. El ejército israelita no pudo detenerlo y los sirios conquistaron todo el país, sitiaron la ciudad de Shomrón (Samaria), la capital desde la cual Ajav gobernaba. La situación parecía desesperada. Ben Hadad estaba dispuesto a levantar el sitio si Ajav se rendía y le entregaba su plata, su oro, sus esposas y sus hijos. Ajav, que pensaba que ya no tenía esperanza de poder ganar la batalla, se rindió y aceptó darle al rey de Aram todo lo que le pertenecía personalmente. Sin embargo, Ben Hadad añadió la exigencia de que también se le entregara «lo más apreciado a sus ojos». Los sabios explicaron (Tratado de Sanedrín 106(B)) que su intención era el rollo de la Torá. Pero Ajav no aceptó entregarlo. Si bien en lo personal no observaba los mandamientos de la Torá de un modo adecuado, la dignidad nacional que se reflejaba en el respeto por el rollo de la Torá era tan valiosa para él que prefirió salir a una batalla que se veía perdida de antemano antes que denigrar el honor de Israel entregando un rollo de la Torá a manos del enemigo.

Como esta era una decisión crucial, que podía generar la muerte de muchos, Ajav no quiso tomarla solo y consultó a los ancianos, quienes también apoyaron su postura. Entonces, Ajav les dijo a los enviados de Ben Hadad: «Díganle a mi señor el rey: todo lo que ordenaste hacer a tu siervo en una primera instancia -lo haré, pero esto no podré hacerlo» (I Reyes-Melajim 20:9). Ben Hadad se encolerizó y amenazó con destruir la ciudad de Shomrón. Entonces un profeta de D’s le aseguró a Ajav que lograría derrotar a Aram. Los hijos de Israel salieron a librar la batalla, doblegaron a Aram y Ben Hadad tuvo que huir para salvar su vida. El profeta de D’s le advirtió al rey israelita que al año siguiente Ben Hadad volvería a embestir contra él. Por lo tanto, Ajav preparó bien a su ejército, y llegado el momento los israelitas volvieron a derrotar a Aram.

El poblamiento del país

El honor nacional está relacionado con el mandamiento de poblar la tierra de Israel y defenderla, labor que los reyes Omrí y su hijo Ajav llevaron a cabo con éxito. Por eso, aunque adoraban ídolos, obtuvieron victorias en el campo de batalla, tal como se menciona en el Midrash Taná Debei Eliahu: «Una vez estaba sentado en la gran Casa de Estudio en Jerusalém, delante de los sabios, y les pregunté: ‘¿Por qué fue que Omrí, rey de Israel, pudo establecer en el trono a tres de sus descendientes, mientras que todos los reyes que le precedieron no consiguieron hacerlo?’ Ellos me respondieron: ‘No sabemos’. Yo les dije: ‘Señores, Omrí pudo establecer a tres monarcas de entre sus descendientes porque construyó una gran ciudad en la tierra de Israel» (Taná Debei Eliahu Rabá, cap. 9). Esto significa que, aunque Omrí obró más iniquidades ante D’s que todos los soberanos que le precedieron (I Melajim-Reyes 16:25), por el mérito del cumplimiento del mandamiento de poblar la tierra de Israel se le otorgó este privilegio a él y a su descendencia. Todo esto ocurrió a pesar de que Omrí no construyó la ciudad de Shomrón (Samaria) con la pura intención de poblar la tierra prometida, sino que lo hizo por motivos personales, a los efectos de consolidar su poder. Tal como dijera Omrí, así como Jerusalém es (la ciudad capital) para los reyes de Yehudá (Judá), Shomrón lo será para los reyes de Israel.

El poblamiento de la tierra de Israel y la unidad de la nación

El mandamiento de poblar la tierra de Israel está vinculado a la cuestión de la unidad nacional, y en los días de Ajav, se hizo la paz entre los reinos de Yehudá e Israel. Yehoram, hijo de Yehoshafat, rey de Yehudá, se casó con la hija de Ajav, y tanto el rey de Yehudá como el de Israel iban juntos a la guerra contra sus enemigos y se alzaban victoriosos (I Melajim-Reyes cap. 22). Los sabios también dijeron que, si bien a generación de Ajav era idólatra, salían a la guerra y ganaban porque no hablaban mal (lashón hará) unos de los otros. En cambio, los israelitas que vivían en la generación del rey Shaúl (Saúl), aunque eran eruditos en la Torá, salían a la guerra y caían derrotados, porque entre ellos había quienes hablaban mal unos de otros (Devarim Rabá 5:10; Talmud Jerosolimitano Tratado de Peá 1:1). En el libro de Sifrei dice también: «Grande es la paz, que incluso si los israelitas son idólatras mas hay paz entre ellos, es como si D’s dijera, ‘Satanás no los atacará, tal como está escrito: ‘Efraím se ha unido a los ídolos, déjalo’. Pero cuando están divididos, ¿qué se dice de ellos? ‘Su corazón está dividido, ahora serán culpables'» (Sifrei, Bamidbar 42).

En ausencia de la fe, también el amor por el pueblo y la tierra se debilita

Sin embargo, debe saberse que el mérito del mandamiento de repoblar la tierra y la unidad derivada de un sentimiento nacional no pueden sostenerse para siempre. Debido a que Omrí y su hijo Ajav pecaron al adorar ídolos, su vínculo con el pueblo y la tierra comenzó a debilitarse. Por eso, después de que Ajav venciera a Aram en la segunda batalla, gracias a la ayuda benevolente de D’s, en lugar de matar a Ben Hadad y proceder con este tal como había planeado obrar con el pueblo de Israel, tuvo piedad de él, lo subió a su carro e hizo con él un pacto, dejándolo ir. Luego vino un profeta que le dijo: «Así ha dicho HaShem: Ya que has liberado a un hombre condenado a muerte, tu vida será cambiada por la suya y tu pueblo por el suyo» (I Melajim-Reyes 20:42). Y así fue, después de unos pocos años Ajav murió en una batalla contra Aram (I Melajim-Reyes 22:34-37).

El deterioro moral

El abandono de D’s causó también un deterioro moral, el cual se manifestó en la actitud de Ajav para con Navot Haizreelí (el izreelita). Ajav deseaba quedarse con su viña, y como Navot se negó a vendérsela, siguiendo el consejo de su malvada esposa Yzevel (Jezabel), trajo testigos falsos que acusaron a Navot de haberse rebelado contra el rey. Tras dar su testimonio, Navot fue ejecutado y Ajav se apoderó de su viña. Entonces, HaShem le ordenó al profeta Eliahu (Elías): «Levántate, baja a encontrarte con Ajav, rey de Israel, que está en Shomrón, en la viña de Navot, donde ha ido a tomar posesión de ella. Y le hablarás diciéndole: ‘Así dice el Eterno, ¿acaso has asesinado y también heredado?'» (I Melajim-Reyes 21:17-19).

En resumen

De todo esto aprendemos que hay un valor intrínseco en velar por los valores sagrados de Israel, incluso por una mera cuestión de dignidad nacional. Además, el respeto por aquello que es sagrado para Israel es un componente esencial en la victoria sobre el enemigo y en el fortalecimiento de la soberanía nacional israelí. La unidad nacional que resulta tan necesaria para fortalecer al pueblo -especialmente ante a los difíciles desafíos que presentan la guerra y el luto por lo caídos- debe surgir en torno a un valor nacional y sagrado.

¿Está permitido entrar a una mezquita?

Pregunta: ¿Está permitido entrar a una mezquita?

Respuesta: Según la mayoría de las autoridades halájicas (poskim) el islam no es un credo idólatra, por lo que desde esa perspectiva no hay prohibición alguna de ingresar a una mezquita, y en casos de necesidad, se permite incluso rezar en ella. Sin embargo, en la práctica, parece que hoy en día está prohibido entrar a una mezquita. Esto se debe a que, en las últimas generaciones, muchos musulmanes se han convertido en promotores del odio hacia Israel en el mundo, humillando y degradando al pueblo de Israel y a su Torá. En muchas mezquitas se incita al odio contra Israel, e incluso se llama a una guerra santa contra Israel y los judíos. Los sabios dijeron: «Todo aquel que odia a Israel y es su enemigo, es como si lo fuera del mismísimo D’s» (Sifrei Zuta, Bemidbar 10:35). Es por esto por lo que fue dicho: ‘Y cuando el Arca partía Moshé decía: ‘Levántate, HaShem, y tus enemigos se dispersarán, y aquellos que te odian huirán’ (Bemidbar-Números 10:35), Tus enemigos y aquellos que te odian son los enemigos y quienes odian a Israel”.

Los sabios continúan explicando que sobre ellos fue dicho en el versículo: «¿Acaso HaShem no habré de odiar a quienes te odian, ni habré de oponerme a quienes se rebelan contra Ti?» (Tehilim-Salmos 139:21-22). Y también dijeron sobre el versículo que reza: «Con Tu magnánima gloria destrozaste a quienes se rebelaron contra Ti» (Éxodo 15:7): “¿Quiénes son los que se rebelan contra D’s? Respondieron: Todo aquel que se alza contra Israel, es como si se levantara contra el Santo Bendito Él» (Mejilta de Rabí Yshmael). Por lo tanto, está prohibido entrar a cualquier mezquita, con la excepción de aquellas que tienen líderes que respetan abiertamente al pueblo de Israel y al judaísmo, y quiera HaShem que todos los demás sigan su ejemplo.

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