El recitado de la bendición de “Matziv Gvul Almaná” (“Que establece el límite de la viuda”)

VAYAKHEL 5785

El recitado de la bendición de “Matziv Gvul Almaná” (“Que establece el límite de la viuda”)

Quien ve casas de judíos habitadas en la tierra de Israel debe recitar la bendición «Matziv Gvul Almaná». @ Durante los largos años del duro exilio, si bien siempre hubo judíos que vivieron en la tierra de Israel, no se recitaba esta bendición al ver sus casas. @ Con la salida de los miembros de la comunidad judía antigua (haishuv haiashán) de las murallas de Jerusalén y a raíz de la inmigración de los «Jovevei Tzion» (Amantes de Sion), se comenzó a recitar esta bendición sobre los nuevos asentamientos. @ Idealmente, es bueno recitar la bendición «Meziv Gvul Almaná» al divisar la sinagoga del poblado o la localidad. @ No se recita esta bendición en todas las áreas densamente pobladas por multitudes de judíos. @ Es preciso recitar esta bendición en todas aquellas regiones del país cuyo asentamiento requiere de un esfuerzo especial a los efectos de cumplir con el precepto de poblar la tierra de Israel, por ejemplo: casas en la frontera norte y en la zona lindante con la franja de Gaza, que, tras haber sido abandonadas por el lapso de un año y medio, sus residentes volvieron a habitarlas.  

Pregunta: ¿Se debe recitar la bendición «Metziv Gvul Almaná» por el regreso de los residentes a sus hogares en la frontera norte y en la zona lindante con la franja de Gaza?

Respuesta: Hemos de explicar la totalidad de la norma, y en virtud de ello deduciremos la instrucción práctica de cómo proceder. Nuestros sabios dijeron (Tratado de Berajot 58(B)) que quien ve casas de judíos en la tierra de Israel que están habitadas debe recitar la siguiente bendición: «Bendito eres Tú, HaShem, nuestro D’s, Rey del universo, que establece el límite de la viuda». Así es como se codificó en la Halajá (Shulján Aruj, Oraj Jaim 224:10). Esta bendición fue instituida como un agradecimiento a HaShem por el regreso del pueblo de Israel a su tierra, que representa la «reafirmación o el restablecimiento del límite (o parcela) de la viuda». Es decir, después de haber pecado contra Él, fuimos exiliados de nuestra tierra y nos convertimos en objeto de burla entre las naciones, hasta parecernos a una viuda errante, quebrada y solitaria, sin esperanza de poder regresar a su hogar y reconstruirlo. Sin embargo, HaShem tuvo piedad de nosotros y nos devolvió a nuestra tierra para construir en ella casas y habitarlas en paz y seguridad, tal como había profetizado en su momento Isaías (54:3-5): «Porque te expandirás a la derecha y a la izquierda, y tu descendencia heredará naciones y poblará ciudades desoladas. No temas, pues no serás avergonzada; no te avergüences, porque no serás humillada. Pues olvidarás la vergüenza de tu juventud y no recordarás más la afrenta de tu viudez. Porque tu esposo es tu Hacedor, el Señor de las Huestes Celestiales es Su nombre, y tu Redentor, el Santo de Israel, será llamado el D’s de toda la tierra».

La bendición por el precepto de habitar la tierra de Israel

Durante los años del exilio, si bien siempre hubo judíos viviendo en la tierra de Israel, no se recitaba esta bendición. La población judía vivía en condiciones de dificultad, sufrimiento y humillación, por lo que no se podía considerar que se tratase de un asentamiento estable ni significase un motivo para el consuelo.

Sin embargo, cuando la población judía comenzó a expandirse, con la salida de los miembros de la antigua comunidad judía (haishuv haiashán) de las murallas de Jerusalém y a raíz de la inmigración de los «Jovevei Tzion» (Amantes de Sion), con la intención de observar el precepto de habitar la tierra de Israel, se comenzó a recitar esta bendición por los nuevos asentamientos que se habían erigido. Se cuenta que el Rabino Shmuel Salant recitó esta bendición en Petaj Tikvá, y el Rabino Mordejai Gimpel Yaffe en la localidad de Yehud.

A priori, lo ideal es recitar la bendición al ver la sinagoga del asentamiento (según la opinión del Rif), aunque ello no es un requisito indispensable, ya que los sabios establecieron esta bendición por el precepto de habitar la tierra de Israel, y si bien la sinagoga es el centro del asentamiento, las demás casas también contribuyen al cumplimiento de esta mitzvá. 

Lugares en los que no se recita la bendición

En teoría, se debería recitar esta bendición sobre cualquier ciudad o aldea que se encuentre en la llanura costera, desde Naharía en el norte hasta Ashkelón en el sur. Sin embargo, en la práctica, allí no se debe recitar, ya que, gracias a la compasión de HaShem, estas áreas están pobladas con ciudades y aldeas y por ello ya se ha olvidado en estas el sufrimiento del exilio, y quien ve las casas en cuestión no percibe la dimensión de la labor de asentamiento que se ha realizado en esos sitios, y ya no se percibe que el límite de la viuda ha sido efectivamente restituido, y un principio fundamental del recitado de bendiciones por la visión es que solo se recitan sobre algo cuya contemplación implica una novedad. Por lo tanto, en las áreas que ya están plenamente habitadas por una gran población judía, no se recita «Metziv Gvul Almaná».

Judea, Samaria, el Valle del Jordán y el Golán

En la práctica, se debe recitar la bendición por las casas habitadas en los asentamientos en áreas en las cuales aún resulta necesario realizar un esfuerzo para poder observar el precepto de poblar de judíos la tierra de Israel, para que el país esté en nuestras manos y evitar que caiga en las de de otra nación o sus localidades queden desoladas. Y todo aquel que ve casas de judíos que han sido construidas en estos sitios y se emociona ante la vista de las viviendas por medio de las cuales el pueblo judío tiene el mérito de volver a observar el precepto de poblar la tierra de Israel -ha de recitar la bendición.   

El Néguev y la Galilea

En estas regiones se debe recitar la bendición en aquellos asentamientos en los que la presencia judía necesita de un refuerzo debido a que la mayoría de los habitantes del área son árabes que apoyan las posturas de los enemigos de Israel y se oponen a la existencia de Israel como el estado nacional del pueblo judío.

Asentamientos antiguos en estas regiones

Según lo dispuesto por los sabios, se debe recitar la bendición “Metziv Gvul Almaná” por cada asentamiento judío en la tierra de Israel que se ve por vez primera y, posteriormente, cada vez que se lo vea nuevamente tras no haberlo visto durante 30 días, deberá volver a ser recitada (Shulján Aruj 10:13). 

Sin embargo, la bendición depende de la emoción que genera la vista del asentamiento, tal como ocurre con todas las bendiciones vinculadas a la visión (birkot hareiá), que solo quien se emociona al contemplar una vista recita la bendición “Osé Ma’asé Bereshit” (Hacedor de la obra de la creación) o “Shekaja lo Beolamó” (Que así es para Él en Su mundo) (Shulján Aruj 225:9, Ramá 224:1, Mishná Berurá 3, Pninei Halajá Berajot 15:4 y 13). Por lo tanto, si alguien ve por primera vez un asentamiento antiguo en una zona que aún requiere de un refuerzo en la observancia del precepto de habitar la tierra de Israel, solo si se emociona al contemplar el poblado podrá recitar la bendición, pero si no siente emoción alguna, no habrá de recitarla. 

Si pasa mucho tiempo hasta que regresa y mientras tanto se han construido nuevos barrios o cuanto menos algunas casas nuevas y se emociona al verlos, deberá recitar la bendición. Si no experimenta emoción alguna por la novedad del lugar, no habrá de hacerlo.

Asentamientos nuevos

En asentamientos recientes (de menos de 20 años) sitos en las mismas regiones antes mencionadas, por lo general la emoción que se genera suele ser mayor, por lo que muchos de los que los contemplan por primera vez cuanto menos se conmueven un poco, por lo que en general se debe recitar la bendición. Asimismo, en lo que respecta a verlos por segunda vez, si ya pasaron 30 días de la visita anterior, dado que se ve en estos más claramente la renovación del asentamiento en el país, la emoción es mayor, y si quien vuelve a verlos vuelve a emocionarse -que recite la bendición, muy especialmente cuando entre las dos visitas se han construido más casas. 

La inauguración de una casa o un barrio

Hace cuestión de quince años impartí una clase sobre esta cuestión y tuve el mérito que el Rabino Moshé Levinger, de bendita memoria, participara de la misma. Tras fundamentar el principio según el cual la bendición de “Metziv Gvul Almaná” fue instituida para ser recitada por la observancia del precepto de poblar la tierra de Israel, el Rabino Levinger aportó la innovación de que cuando se celebra la inauguración de una nueva casa en un asentamiento en un sitio que aún requiere de la realización de un esfuerzo en el cumplimiento de la mitzvá de habitar la tierra de Israel, cabe recitar la bendición «Metziv Gvul Almaná» durante la celebración. 

En efecto, así es como corresponde proceder, y quien recite la bendición debe ser un invitado que no haya estado en el asentamiento en los últimos 30 días, y asistió para participar de la celebración de la inauguración de una casa (janukat habait). Con mayor razón, corresponde que un invitado distinguido recite la bendición en voz alta cuando se celebra la inauguración de un barrio entero.

El recitado de la bendición por el regreso de los residentes desplazados a sus hogares

De lo aprendido, se deduce que al ver casas que fueron abandonadas por un tiempo y cuyos habitantes han regresado a vivir en ellas en la frontera norte y en la zona lindante a la franja de Gaza se debe recitar la bendición «Metziv Gvul Almaná». Aunque las casas no hubieren sido abandonadas, la mayoría de estos pobladores residen en lugares en los que es preciso realizar un esfuerzo en aras de cumplir con el precepto de poblar la tierra de Israel, y tal como ya hemos aprendido, quien se emociona al contemplarlos debe recitar la bendición la primera vez que los ve y la segunda vez, si ya pasaron treinta días desde la visita anterior y ve novedades y se emociona por estas, habrá de bendecir también. 

En la actualidad resulta claro que toda persona para la cual el precepto de poblar la tierra de Israel es caro antes sus ojos, se emociona en gran medida al ver casas en cuyo seno la vida volvió a vibrar, por lo que para ella, al divisar las viviendas, es preceptivo recitar la bendición de “Metziv Gvul Almaná”. 

Un consejo para quienes dudan

Si alguien dudare si un lugar requiere o no de un refuerzo en la presencia judía o si no estuviere seguro si se emociona o no lo suficiente, que diga la bendición en tono de estudio talmúdico: «Enseñaron nuestros maestros: Quien ve casas de judíos habitadas, que diga: Bendito eres Tú, HaShem, nuestro D’s, Rey del universo, que establece el límite de la viuda». De este modo, por una parte, dirá la bendición tal como lo indica la Halajá, y además, por la otra, no incurrirá en el riesgo de pronunciar una bendición en vano, ya que algunas autoridades halájicas sostienen que en el marco del estudio de la Guemará está permitido recitar una bendición completa (Yabetz).

El Juez Verdadero

Pregunta: ¿Se debe recitar la bendición «Baruj Dayan HaEmet» (Bendito sea el Juez Verdadero) al ver casas gravemente dañadas por los bombardeos en las localidades linderas con la franja de Gaza y en la frontera norte?

Respuesta: Los sabios enseñaron (Tratado de Berajot 58(B)) que quien ve casas de judíos destruidas en la tierra de Israel debe recitar: «Bendito eres Tú, HaShem, nuestro D’s, Rey del universo, el Juez Verdadero». Así como se estableció la bendición «Metziv Gvul Almaná» (Que restablece el límite de la viuda) en relación con el poblamiento de la Tierra Prometida, se instituyó el recitado de «Baruj Dayan HaEmet» por casas destruidas, lo cual es una bendición por la violación del precepto. Por lo tanto, quien haya visto los restos de las casas judías destruidas en Gush Katif debió recitar «Baruj Dayan HaEmet», ya que esta destrucción afectó la posibilidad de observar el mandamiento de poblar la tierra de Israel. Sin embargo, al ver casas dañadas o incluso destruidas en las localidades fronterizas, ya sea en el sur o en el norte, no se debe recitar «Baruj Dayan HaEmet» porque la soberanía del Estado de Israel sobre esas áreas no ha sido afectada,  y por ende, no se trata de una destrucción permanente, y con la ayuda de HaShem, venceremos en la guerra y las reconstruiremos.

El uso de un horno microondas con alimentos cárnicos y lácteos

Se puede utilizar el mismo microondas para calentar alimentos tanto lácteos como cárnicos, siempre y cuando se establezca una separación entre ambos. Para ello, se deben tener en cuenta dos aspectos: 

El primero, no colocar alimentos lácteos o cárnicos directamente sobre el mismo plato.

El segundo, evitar que la humedad del interior del microondas entre en contacto con la comida que se está calentando.

Por lo tanto, se debe evitar colocar los alimentos directamente sobre el plato fijo del microondas. En su lugar, se deben usar platos separados: uno para alimentos lácteos y otro para cárnicos, los cuales se colocarán sobre el plato del microondas. Además, se recomienda tener tapas específicas para los alimentos lácteos y otras para los cárnicos. Aunque los vapores salgan a través de los pequeños orificios de las tapas diseñadas para microondas, la humedad no se acumula en las paredes y en el techo del aparato de manera tal que pueda transferir sabor. Con mayor razón, no tiene la capacidad de extraer un sabor que pudiera haber quedado absorbido en las paredes del microondas y transferirlo a la comida que está siendo calentada.

Asimismo, es posible establecer que el estado común o rutinario del microondas sea lácteo, y en caso de que se deseare calentar un alimento cárnico, se deberá colocar un plato adicional o una superficie sobre el plato del microondas y se deberá también cubrir los alimentos cárnicos con una tapa, un recipiente o envolverlos en una bolsa. Este mismo procedimiento se ha de aplicar al calentar alimentos parve con la intención de comerlos con carne.

La kasherización de un horno microondas no kasher y su preparación para Pesaj

Para kasherizar un microondas se deben seguir tres pasos:

1) Limpiar los restos de comida que pudieran haber quedado en su interior debido a derrames o salpicaduras. 2) Sumergir el plato giratorio en agua hirviendo. 3) Colocar un recipiente con agua y jabón dentro del microondas y calentarlo durante aproximadamente diez minutos a la temperatura más alta. De esta forma, el vapor generado kasheriza el microondas al eliminar los sabores absorbidos durante su uso con comida no kasher o jametz.

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