EMOR 5785
La redención por medios naturales
La redención de Israel, es decir, la reunión de los exiliados y el asentamiento en la Tierra Prometida, debe realizarse por medios naturales. @ La intención de la Torá es que HaShem ayude a Israel a cumplir el mandamiento. @ Sin la ayuda de HaShem, ningún esfuerzo humano dará fruto. @ Debido a que se ha hablado en exceso sobre una redención milagrosa, se ha olvidado el mandamiento de hacer todo lo posible por ascender a la tierra de Israel y asentarse en ella. @ El proceso de la redención ocurrirá de tal manera que al principio los israelitas regresarán a su identidad judía, ascenderán a la tierra de Israel y la poblarán.
Hay algunos que sostienen que, si la redención tiene lugar de manera natural, no habrá santificación del nombre de D’s, ya que solo a través de señales y milagros se verá santificado. Sin embargo, la verdad es que la gran santificación del Nombre Divino se da cuando los hijos de Israel siguen los caminos de HaShem y Él bendice sus obras de manera natural, tal como se explica en la Torá (en las parashot Bejukotai y Ki Tavó). Porque entonces, el cielo y la tierra se conectan, la bendición de Dios se derrama en abundancia sobre todo y todos, y la creación entera entona un cántico.
La redención de Israel, es decir, la reunión de los exiliados y el asentamiento en la tierra de Israel debe realizarse por medios naturales. Esto se debe a que el precepto de la aliá (el «ascenso») al país y su poblamiento es una obligación práctica que recae sobre todo el pueblo de Israel y sobre cada individuo en su seno, y se cumple cuando la Tierra de Israel está habitada por israelitas y bajo soberanía israelí (ver Pninei Halajá, HaAm Vehaaretz, 3:1-3). Por lo tanto, el pecado que causa el retraso de la redención es la negligencia o procrastinación nacional en organizar la reunión de los exiliados y el asentamiento en la Tierra Prometida, así como el descuido de parte de cada individuo en el seno del pueblo de Israel en ascender al terruño patrio y establecerse en él.
Asimismo, encontramos en la segunda redención, en la época del regreso de Babilonia y la construcción del segundo Templo, que la mayoría de los judíos no ascendió a la Tierra de Israel, y por lo tanto, el pueblo no logró obtener la soberanía sobre el país, la Divina Presencia no moró en Templo de Jerusalém y no se volvieron preceptivos los mandamientos de la separación de diezmos, las ofrendas y el cese de labores agrícolas del séptimo año según la Torá (ver Pninei Halajá, Kashrut 12:11). Por este motivo, Reish Lakish dijo que odiaba a los (judíos) babilonios que no habían ascendido a la tierra en los tiempos de Ezra el escriba, ya que debido a ellos la Presencia Divina (Shejiná) en el Templo fue solo parcial, la población judía en el país fue débil, y a la postre, el segundo Templo resultó destruido e Israel volvió a salir a un prolongado exilio (Tratado de Yomá 9(B)).
Los que sostienen que la redención debe realizarse mediante milagros
Hay quienes sostienen que, aunque es cierto que el eje de la redención es la reunión de los exiliados y el asentamiento en la Tierra de Israel, esto debe suceder por medio de la acción de D’s, a través de señales y maravillas. Esto lo aprendieron del sentido literal de los versículos, que indican que será HaShem quien reúna a los exiliados y pueble la Tierra de Israel, tal como fue dicho: «Y HaShem tu D’s hará retornar a tus cautivos y se apiadará de ti; y volverá y te reunirá de entre todos los pueblos donde te había dispersado HaShem tu D’s allí. Si estuviere tu exilio en el confín de los cielos, desde allí te reunirá HaShem tu D’s y desde allí te tomará. Y HaShem tu D’s te traerá a la tierra que habían poseído tus padres y la poseerás; y te hará bien y te acrecentará, más que a tus padres» (Deuteronomio 30:3-5). Asimismo, fue dicho: «Y los tomaré de entre las naciones y los reuniré de todas las tierras y los llevaré a su tierra» (Ezequiel 36:24). Y también en otros versículos de la Torá y de los profetas.
La intención de la Torá es que Dios ayude por medios naturales
Sin embargo, la intención de la Torá es que D’s ayude al pueblo de Israel a cumplir el mandamiento, ya que, sin Su ayuda, ningún esfuerzo humano dará frutos. Y si no lo hemos de interpretar de esta manera, estaríamos dejando sin efecto, D’s no lo permita, el precepto que HaShem le ordenara al pueblo de Israel de poblar la Tierra Prometida, tal como fue dicho: «Y heredarán la tierra y habitaréis en ella, porque a vosotros os di la tierra para heredarla. Y poseerán la tierra» (Números 33:53-54). Y fue dicho: «Y la heredarán y habitarán en ella» (Deuteronomio 11:31).
La santificación del Nombre de D’s por medios naturales y a través de milagros
Hay quienes argumentan que, si la redención ocurre de manera natural, no se producirá la santificación del nombre de Dios, ya que esta solo puede tener lugar a través de señales y milagros. Sin embargo, la verdad es que la gran santificación del nombre se produce cuando los hijos de Israel siguen los caminos de Dios, y Él bendice sus obras de manera natural, tal como se explica en la Torá (en las parashot Bejukotai y Ki Tavó). Porque entonces el cielo y la tierra se conectan, la bendición de HaShem se derrama sobre todo y todos, la totalidad de la creación entona un cántico y se revela «Que HaShem es el Eterno en los cielos arriba y en la tierra abajo, no hay más» (Deuteronomio-Devarim 4:39). Tal como escribiera el rabino David Tevl, cuando Dios conduce al mundo de manera oculta bajo las alas de la naturaleza, esta es la modalidad providencial «que se eleva por sobre todas… al enviar la bendición a las obras de las manos del hombre… tal como ocurriera en las guerras de David». Y en esto hubo una mayor santificación del Nombre Divino que en el milagro que hiciera D’s al rey Jizkiahu (Ezequías) en su batalla contra Sanjeriv (Senaquerib de Asiria). Por lo tanto, el rey David no pidió a D’s que obrara un milagro para él. «Porque el rey David, la paz sea sobre él, entendió en su alma que estaba preparado y dispuesto a ser un vehículo para recibir la abundancia superior, incluso en sus órganos corporales, sus venas y sus tendones… y el deseo de ser él mismo quien derrote a sus enemigos es la mayor de las cualidades» (Najalat David, Disertación 1).
El significado de la descripción del advenimiento de la redención por medios milagrosos
Se han dado dos interpretaciones sobre por qué los profetas describieron la redención de manera milagrosa (Yshaiahu-Isaías 11:1-10; 30:25-26; Yejezkel-Ezequiel 38:18-23, entre otros), y ambas son correctas. La primera es que Dios ayudará a Israel a tener éxito en su ascenso a la Tierra de Israel y en su asentamiento en ella. El aspecto milagroso de las descripciones se expresa en un lenguaje metafórico, con la intención de describir la grandeza del portento de la reunión de los exiliados y su asentamiento en la Tierra Prometida, la cual estaba desolada y destruida, y se habrá de convertir en próspera y floreciente, algo que no le ha sucedido jamás a ningún pueblo en relación con su suelo patrio. Asimismo, lo que se dice del lobo que retozará junto al cordero significa que los pérfidos del mundo, representados bajo la imagen de lobos, ya no serán malvados y por ende no matarán (Rambám, Mishné Torá Hiljot Melajim 12:1).
La segunda interpretación es que las descripciones milagrosas se refieren al Mundo Venidero, que llegará después de los días del Mashíaj y la redención, el cual está realmente por encima y más allá de la naturaleza de este mundo y para nosotros resulta completamente milagroso. A eso se referían los sabios cuando dijeron: «No hay diferencia entre este mundo y los días del Mashíaj salvo el dominio de naciones (sobre el pueblo de Israel)» (Sanedrín 97(A)). Esto significa que incluso en los días de la redención, el mundo continuará como siempre, pero los israelitas serán libres en su tierra y podrán elegir lo bueno; y solo después, en el Mundo Venidero, la naturaleza en su totalidad se perfeccionará y elevará.
El aliento y el peligro
Sin embargo, a veces encontramos en las palabras de los sabios medievales y en las de los de las últimas generaciones que la redención está cercana y se llevará a cabo de manera milagrosa, en contraposición al mandamiento de poblar la Tierra de Israel, que tal como aprendimos, es un precepto práctico que debe cumplirse por medios naturales, y en contraposición a la misión de Israel de revelar la palabra de Dios en los caminos de la naturaleza. Quizás estas eminencias temían que Israel se desalentara por la demora en la llegada de su redención, ya que aparentemente no había expectativa de poder actuar en aras de la reunión de los exiliados y el asentamiento en nuestro país. Por ello, animaron el espíritu de los judíos con la esperanza de una redención milagrosa, que va más allá de los límites de la naturaleza. Y hay verdad en esto, porque incluso cuando la redención llega a través de sufrimientos y por medios naturales, esta posee un aspecto milagroso que resulta difícil de creer. Sin embargo, debido a la abundancia de palabras sobre una redención milagrosa, se ha olvidado el mandamiento de hacer todo lo posible por ascender a la Tierra de Israel y establecerse en ella. Así, cuando fue posible hacerlo, muchos permanecieron en el exilio y allí nos sobrevinieron grandes y terribles sufrimientos: el Holocausto, el malvado régimen comunista y la asimilación. Es posible que no hubiera alternativa, y que sin la esperanza del milagro no hubiéramos sobrevivido, pero el precio de respaldarse en la posibilidad de que se produzcan portentos resultó insoportable.
Ciertamente, si se hubiese estudiado la Torá correctamente, se habría entendido que el mandamiento de poblar la tierra de Israel recaía sobre todos los judíos y que en cada generación estos debían hacer todo lo posible para ascender a ella, y, por ende, en el tiempo moderno, cuando se dieron las condiciones adecuadas, según la Torá, se debía ascender a ella de inmediato y construirla, promoviendo así el proceso de redención de Israel.
Las palabras del Rambám
Y así encontramos que muchos sabios de Israel, encabezados por Rabí Akiva, esperaban que Bar Kojvá fuera el Mashíaj. Si la redención dependiera de milagros, no se podría concebir que Bar Kojvá fuera el Mashíaj, ya que toda su acción por la independencia de Israel se llevó a cabo por conductos naturales. Y esto es lo que escribiera el Rambám (Maimónides): «No se te ocurra pensar que el rey Mashíaj debe hacer señales y portentos, innovar cosas en el mundo, o resucitar muertos y cosas por el estilo, tal como lo que dicen los necios. No es así, ya que Rabí Akiva, un gran sabio de los sabios de la Mishná, era un portavoz del rey Koziva, y él decía ser el rey Mashíaj, y tanto él como todos los sabios de su generación pensaban que él era el rey Mashíaj, hasta que fue ejecutado por sus pecados. Una vez que fuera asesinado, se supo que no era el Mashíaj. Y los sabios no le pidieron ni un signo ni un milagro» (Mishné Torá Hiljot Melajim 11:3).
Conceptos de los sabios de las últimas generaciones
Así escribió el rabino Tzvi Hirsch Kalischer en su libro «Drishat Tzion»: «En cuanto a la redención de Israel que estamos esperando, que nadie piense que de repente Dios, bendito sea Su Nombre, bajará del cielo a la tierra, diciendo a Su pueblo: ¡Salgan! O que enviará a Su Mashíaj de inmediato desde los cielos para tocar el gran shofar para el retorno de los dispersos de Israel y reunirlos en Jerusalém, y les hará un muro de fuego y un Templo que descenderá desde las alturas» (Gueulat Tzión, artículo 1). La redención vendrá a través de que el pueblo de Israel despierte para ascender a la Tierra Prometida y poblarla, y a partir de esto, se cumplirán en nosotros todas las palabras de los profetas.
Así escribió su amigo, el rabino Eliahu Gutemacher: «Muchos se equivocan al pensar que estarán sentados… cada uno en su casa según su costumbre, y de repente se abrirán las puertas de la compasión, se producirán milagros en los cielos y en la tierra, todas las promesas de los profetas se cumplirán y los judíos serán llamados desde el lugar de su residencia. Pero no es así», sino que deberán actuar por medios naturales para ascender y asentarse en la Tierra de Israel (Shivat Tzion, pág. 261-260 en la edición de Har Berajá).
Y así han escrito muchos, entre ellos el Malbim: «Porque la redención brotará lentamente… y el asentamiento en la Tierra de Israel tendrá lugar antes de la llegada del Mashíaj» (ídem pág. 196). Otro tanto escribió Rabí Yehoshúa de Kutna, en cuanto a que es preceptivo ascender a la Tierra de Israel y poblarla, «porque la reunión (de los exiliados) es el inicio de la redención» (Yeshuot Malkó, Yoré Deá 66). Y otro tanto escribió el Netziv (ídem pág. 205-200).
El proceso del retorno en arrepentimiento (teshuvá) y la redención
Al examinar las palabras de la Torá (Devarim-Deuteronomio 30:1-10) y de los profetas (Yejezkel-Ezequiel, capítulo 36), aprendimos que el proceso de la redención ocurrirá de tal manera que al principio los israelitas regresarán a su identidad judía, ascenderán a la Tierra de Israel y la poblarán, y a esto se le llama «y retornarás hasta el Señor, tu Dios», acercándose más sin llegar definitivamente a Él, y a partir de esto continuarán avanzando hasta que retornen en un arrepentimiento completo, llegando así «al Señor, tu Dios». En este mismo sentido escribió y enseñó el rabino Tzví Yehudá HaCohen Kuk, de bendita memoria («El Estado como la realización de la visión de la redención», en Netivot Israel, vol. 1, pág. 482 en la edición de Beit El), y también así escribió antes que él el rabino Alkalai en nombre del rabino Yehudá Bibas (Los escritos del rabino Yehudá Alkalai, vol. I, pág. 20; vol. II, pág. 324). Y así también escribió el rabino Taichtel en su libro «Em HaBanim Semejá – La feliz madre de los hijos» (pág. 190-195), en cuanto a que según muchas fuentes «el principal arrepentimiento (durante la primera etapa de la redención) consiste en el retorno y el regreso a la Tierra de Israel, lo cual significa que en esto cumplen con el retorno esperado por HaShem, bendito sea, todos aquellos que se desviaron de los caminos de la Torá y los mandamientos a raíz de nuestros numerosos pecados… y luego el Santo, Bendito Sea abrirá un gran portón en sus corazones y los inclinará a amarle y servirle con toda su alma».
Por el mérito de quienes se ocupan de la observancia del precepto de poblar la Tierra de Israel, tenemos el mérito de ser redimidos
Escribió nuestro maestro el Rav Kuk: «Muchos se preguntan: ¿Por qué nuestra generación ha merecido la redención? La respuesta es sencilla: la ha merecido porque se ha ocupado del mandamiento más grande de todos, que equivale en importancia a la totalidad de la Torá, porque se ha dedicado a la redención de Israel. Y no solo se ha dedicado, sino que está y estará constantemente abocado a su redención, y este poder divino la eleva y la enaltece con salvación» (Shmona Kvatzim 7:221).





