BEHAR BEJUKOTAI 5785
La crisis de la fe su reparación
Los hijos del pueblo judío se sintieron especialmente atraídos por el movimiento de la Ilustración (Haskalá) y le entregaron tanto su energía como su talento. @ A raíz de ello, la destreza judía comenzó a brillar, y los judíos empezaron a destacar en todos los campos de la ciencia, la sociedad y la economía. @ De no haber sido precedido por la tradición judía y la visión profética mesiánica de la redención, el movimiento de la Ilustración no habría surgido. @ Lamentablemente, la mayoría de los judíos renunciaron a la visión singular de Israel y dejaron de observar la Torá y los preceptos. @ Para devolverlos al camino de la tradición, es necesario apreciar sus aspiraciones y valorar sus deseos. @ El estudio de la Torá debe llevarse a cabo con plena conciencia de la visión general de la reparación del mundo que aparece en la Torá.
Entre los participantes del congreso había cantores litúrgicos (jazanim) que entonaban con gran emoción cánticos espirituales (shirei neshamá) y la plegaria por la paz del Estado y por los soldados de las FDI, y pensé en todos los judíos talentosos y ricos de Europa Occidental que fueron socios centrales en el desarrollo del viejo continente en los aspectos político, económico, científico y cultural. Ellos esperaban crear un mundo nuevo y justo, y casi todo su esfuerzo mostró resultar en vano al sobrevenir la terrible Shoá (Holocausto) que azotó a nuestro pueblo en Europa.
La sinagoga ‘De la Victoire’ en París
Hace unos dos meses, participé en un congreso de rabinos de toda Europa en París, organizado por el instituto Amiel, Ohr Torah Stone y el movimiento Mizrají. Sobre mis reflexiones respecto del congreso y los desafíos de la misión rabínica hablaré en otra oportunidad. Esta vez, contaré sobre mi visita a la gran sinagoga de París, en la calle ‘De la Victoire’, que puede albergar a unos 2,500 fieles y fue inaugurada hace 150 años, en el año 5635 (1875). El rabino Moshé Sabag, rabino de la sinagoga, nos contó sobre su historia y también nos mostró los bancos en los que se sentaban algunos de los hombres más ricos del mundo, entre ellos: el barón Rothschild (uno de los líderes de la banca en Europa), el barón Hirsch (el «rey» de los ferrocarriles en Europa) y Adolphe Crémieux, quien fuera ministro de Asuntos Exteriores de Francia (y presidente de la organización filantrópica judía Alliance Israélite Universelle o como la conocemos en Israel, Kol Israel Javerim). Allí se encontraban grandes magnates que asistían a la sinagoga en las festividades y donaban sumas enormes para mantener a sus hermanos de las comunidades pobres del este de Europa y del norte de África.
Entre los participantes del congreso había también cantores litúrgicos (jazanim) que entonaron con emoción cánticos de un tenor espiritual y la plegaria por la paz del Estado de Israel y por los soldados del Ejército de Defensa de Israel. Pensé entonces en todos los judíos talentosos y acaudalados de Europa occidental que fueron socios centrales en el desarrollo político, económico, científico y cultural del continente europeo. Ellos esperaban crear un mundo nuevo y reparado, pero casi todo su esfuerzo fue destruido con la terrible Shoá (Holocausto) que azotó a nuestro pueblo en Europa. Sin embargo, una chispa voló desde París hacia la Tierra de Israel, y de ella brotó una gran salvación. Las contribuciones del barón Rothschild, el célebre benefactor, quien donara aproximadamente el 20 % de su fortuna para la construcción del país, fueron una piedra angular en el establecimiento de los asentamientos que finalmente condujeron a la fundación del Estado de Israel.
Palabras previas al rezo de Arvit (oración nocturna)
Antes del rezo de Arvit, dije unas palabras de preparación y despertar espiritual:
Nos encontramos aquí en París, la ciudad que fue la cuna de la cultura moderna. Cien años de desarrollo espiritual y cultural condujeron a la Revolución Francesa (1789 – 5549), evento que cambió al mundo. El lema de la revolución, que aspiraba a traer redención al ser humano y al mundo, fue: “Libertad, Igualdad y Fraternidad”. Este lema sintetizó el pensamiento moderno, y de él surgieron todos los movimientos sociales que transformaron los reinos y las sociedades.
Del valor de la «libertad» surgieron las corrientes liberal, democrática, capitalista y postmoderna, incluidas sus expresiones extremas, que llevaron a la disolución de las identidades y de la familia. Del valor de la «igualdad» surgió la corriente socialista, y su radicalización, la corriente comunista, que fundó regímenes opresivos y causó la muerte de decenas de millones de personas. Del valor de la «fraternidad» surgió el anhelo por establecer estados-nación, y de su exageración surgieron el fascismo y el nazismo.
El gran defecto de todos estos movimientos —que en su base enarbolaban valores correctos— fue que no se conectaron a su raíz, a la fe en el D’s Único. Por ello, no lograron crear equilibrio ni armonía entre ellos, y junto con la verdad y el bien que contenían, llevaron también a la destrucción y la ruina. El precio más elevado por todos los fracasos de estas ideas lo pagaron los judíos, quienes esperaban recibir de ellas la salvación, pero en su lugar, sufrieron el maligno régimen comunista, el Holocausto nazi, la asimilación y la pérdida de la fe.
Por lo tanto, al recitar el Shemá Israel y sus bendiciones, volvamos a los fundamentos de la fe en el D’s Único, fortalezcámonos en el estudio de la Torá, por medio del cual podremos refinar todas las ideas, recemos a D’s por sabiduría y por el retorno en arrepentimiento, por la reunión de los exiliados y la construcción de nuestro país, por el fortalecimiento del Estado de Israel en los aspectos económico, social y espiritual, por la eliminación del mal y el florecimiento de la redención. Y así, mereceremos cumplir nuestra misión de traer la bendición a todas las familias de la tierra.
La atracción que muchos judíos sintieron hacia el movimiento de la Ilustración
En los días previos a mi partida hacia el congreso, estuve ocupado escribiendo el último capítulo de mi libro “Emuná uMitzvoteha” (La fe y sus preceptos), en el marco de la serie Pninei Halajá, sobre el desafío de la fe en las generaciones recientes. Esto fue una buena preparación para mí antes de participar en el congreso, que trataba sobre el acercamiento de los judíos de la diáspora a su identidad judía, a la fe, a la Torá, a los preceptos y a la aliá (emigración a Israel).
Hubo dos motivos por los cuales los hijos del pueblo judío se sintieron especialmente atraídos por el movimiento de la Ilustración (Haskalá), y le entregaron su energía y su talento. El primero: durante muchas generaciones, los judíos vivieron bajo una humillación y discriminación terribles. Y de pronto surgió un movimiento que afirmaba que todos los seres humanos fueron creados iguales, y que procuraba otorgar derechos iguales a todos, incluidos los judíos. Con el éxito que tuvo el movimiento de la Ilustración, se abrió ante los judíos la posibilidad de efectivizar su potencial y participar en los campos de las ciencias naturales y humanas, la economía, la sociedad y el arte, y así alcanzar tanto la riqueza como el honor. El talento judío comenzó a brillar, y los judíos comenzaron a liderar en todos los ámbitos de la ciencia, la sociedad y la economía.
El segundo motivo: los judíos siempre han creído en la redención del mundo, por lo que la visión de la Ilustración de redimir al ser humano de todos sus sufrimientos halló un profundo eco en sus corazones. Cuanto más lograba la Ilustración provocar cambios revolucionarios reales en aras del progreso del ser humano y la sociedad, más personas comenzaron a creer que se trataba realmente de un movimiento redentor. Así, la visión mesiánica original cuya esencia es el regreso del pueblo de Israel a su tierra para cumplir la palabra de D’s y traer bendición a todas las familias de la tierra, se fue debilitando. En lugar de esta, se generó una nueva visión mesiánica centrada en reformas sociales y morales, así como en el desarrollo de la ciencia y la tecnología para el beneficio de la humanidad.
La existencia judía en el exilio depende de la esperanza en la redención de Israel
A diferencia de lo que ocurrió con todos los demás pueblos que experimentaron el ostracismo, el pueblo de Israel logró sobrevivir cerca de dos mil años de dispersión, a pesar de todos los sufrimientos y persecuciones, cumpliéndose así lo que D’s le prometiera a Su pueblo, en cuanto a que lo preservaría incluso en el exilio. Esta custodia se dio a través de un milagro que se manifestó por medios naturales, es decir, de una manera que tiene una explicación lógica. Esa explicación es que el anhelo por la redención del pueblo de Israel es tan grande y poderoso, que ningún exilio ni sufrimiento pudieron doblegarlo. Tal como escribiera nuestro maestro el Rav Kuk: “La esperanza de la redención es la fuerza que sostiene al judaísmo en el exilio” (Orot, Eretz Israel I). Sin embargo, cuando surgió una visión mesiánica alternativa, la prueba se volvió mucho más difícil de superar.
Las raíces judías del movimiento de la Ilustración
Cabe agregar que de no haber sido precedido por la tradición judía y la visión mesiánica profética de la redención, el movimiento de la Ilustración no habría surgido, ya que a la humanidad no se le habría ocurrido pretender liderar una revolución y cambiar el mundo para bien .El legado judío presente en el Tanaj —que incluye el Éxodo de Egipto y la entrega de la Torá, los cuales produjeron un cambio revolucionario en la conciencia humana— junto con las profecías que siguieron resonando con la visión de redención, fueron la base del atrevimiento que llevó a crear un movimiento que aspiraba a corregir el mundo. Por eso, muchos judíos sintieron que el movimiento de la Ilustración, en sus diversas corrientes, estaba en consonancia con lo que estaba guardado en lo profundo de sus corazones. Y cuando los rabinos se mostraron reticentes hacia ella, les reprocharon: “He aquí que la redención que todos esperábamos comienza a ocurrir, y ustedes se mantienen al margen y la niegan». Así fue como muchos miembros del pueblo de Israel se unieron al movimiento de la Ilustración, y en un proceso gradual, se alejaron del judaísmo y se asimilaron entre las naciones.
El movimiento de la Ilustración y las oportunidades que surgieron a partir de él
Para explicar qué cambió en las últimas generaciones, que de repente surgió y cobró fuerza el movimiento de la Ilustración, es necesario reflexionar sobre la conducción divina del mundo. Nuestro maestro el Rav Kuk (Maamar HaDor) explicó que mientras continuaba el decreto del exilio como castigo por los pecados de Israel, los judíos agachaban la cabeza y aceptaban su destino, porque sentían que eso era lo que merecían, y que así expiaban por sus faltas y las de sus antepasados. Durante todo ese tiempo, el judaísmo se mantuvo a través de una postura conservadora que evitaba cualquier novedad, ya que el objetivo principal era simplemente sobrevivir. Esta situación influía también en todos los pueblos, porque la situación de Israel entre las naciones se asemeja a la del corazón entre los órganos.
Pero el castigo tiene un límite, y cuando se colmó la medida del sufrimiento, la Providencia Divina comenzó a despertar los corazones de las personas para que reconocieran su propia grandeza y revelaran sus talentos. A partir de ello, comenzaron a anhelar la libertad del individuo y de los pueblos, y a generar las condiciones económicas, tecnológicas y de transporte que permitieran efectivizar la profecía del regreso de Israel a su tierra, por medio de un milagro que se manifieste a través de los conductos naturales.
La elección y la decepción
Pero como siempre, el ser humano tiene la elección: expresar su grandeza con arrogancia y tiranía, o a través de un incremento del bien. También el pueblo judío, el corazón de las naciones, tuvo ante sí esta decisión: unirse al movimiento ilustrado mundial y asimilarse en él, o cumplir el mandato divino, hacer aliá (emigrar a la Tierra de Israel), crecer en el estudio de la Torá y la observancia de los preceptos, y construir una sociedad ejemplar que enaltezca a nuestro pueblo y a la humanidad entera, hasta que “de Sion salga la Torá y la palabra de D’s de Jerusalém” (Isaías 2:3).
Lamentablemente, la mayoría de los judíos renunció a la visión singular de Israel y dejó de observar la Torá y los preceptos. Más adelante, muchos de ellos sufrieron una dura decepción, cuando, en nombre del «nuevo mundo», se vieron obligados a sacrificar todo lo que les era querido, incluso sus propias vidas. Numerosos judíos que actuaron con entrega absoluta por el movimiento comunista fueron ejecutados ominosamente por el régimen asesino soviético, mientras comprendían que la revolución que ellos mismos habían ayudado a impulsar había causado un terrible sufrimiento a muchas personas, incluso a su propio pueblo. Muchos judíos que se identificaron con la cultura alemana y le ofrecieron lo mejor de su talento, fueron humillados y asesinados. Con los frutos del desarrollo tecnológico promovido por el movimiento de la Ilustración, miles de judíos pudieron haber emigrado a la Tierra de Israel y repoblarla. Pero, en lugar de que millones de judíos tomaran los trenes rumbo a su país, fueron conducidos por esas mismas vías rumbo a los campos de exterminio. Incluso entre los judíos que emigraron al «nuevo mundo», a América y renunciaron a su valiosa tradición con el fin de alcanzar un «paraíso terrenal», muchos se desilusionaron, y tuvieron que enfrentar antisemitismo, discriminación, y un sistema de valores muy alejado de ser ideal.
El retorno (teshuvá) mediante el estudio de la Torá de la Tierra de Israel
A pesar de todas las críticas justificadas hacia el movimiento de la Ilustración, sus críticos no supieron reconocer la verdad que contenía, y por ello no lograron frenar la gran oleada de masas que se unieron a él y abandonaron la religión. Nuestro maestro el Rav Kuk explicó (Maamar HaDor) que en todas las generaciones hasta la era moderna, quienes abandonaban la Torá lo hacían porque se dejaban llevar por sus malas inclinaciones: robaban, engañaban, traicionaban y cometían adulterio. Sin embargo, los que abandonan la Torá en esta nueva generación creen en los valores de la verdad y la bondad, y a veces están incluso dispuestos a dedicar su vida a realizarlos. Por eso, para acercarlos al retorno (teshuvá), es necesario respetar sus aspiraciones y deseos. “No les quitaremos —dice el Rav Kuk refiriéndose a la juventud— toda su luz y su bondad”, y “no deseamos aplastar bajo nuestros pies… sus fuerzas jóvenes y vibrantes…, sino más bien iluminarles el camino».
Para ello, el estudio de la Torá debe realizarse con conciencia del gran ideal de corrección del mundo que ella plantea, y con una comprensión profunda de que esa gran visión se revela a través de cada uno de sus principios y detalles (Orot HaTeshuvá, 4:10). De este modo, los logros del movimiento de la Ilustración no obstaculizarán la revelación de la fe, sino que la fortalecerán, la elevarán y contribuirán a que la luz de la Torá se manifieste en la vida cotidiana.





