SHLAJ LEJÁ 5785
Tzitzit de color “tjelet”
El color blanco representa la bondad (jesed) y la conducción divina suprema, mientras que el color tjelet (azul celeste) representa el juicio que se revela en el mundo. @ Después de la destrucción del Templo, se olvidó el método de producción del tjelet, y se comenzó a atar los tzitzit solo con hilos blancos. @ En los últimos años, han comenzado a acumularse pruebas de que el color tjelet se obtenía del argamón kehé kotzím (Murex trunculus, un tipo de caracol marino). @ Sin embargo, han surgido algunas objeciones, y hay quienes opinan que esta identificación no es correcta. @ Sobre la fascinante cuestión del tjelet y su profundo fundamento espiritual.
Después de que el Templo fuera destruido y el pueblo de Israel exiliado de su tierra, la conducción divina dejó de manifestarse en este mundo, y el uso del tjelet quedó sin efecto. Sin embargo, en el mundo eterno, el valor de la fe y los preceptos permanece intacto, y D’s, en su gran compasión y bondad, es providente para con Su pueblo de un modo oculto, guiándolos hacia su redención. En respuesta, Israel cumple la mitzvá del tzitzit solo con hilos blancos. Y en la medida que el pueblo de Israel regrese a su tierra y la Divina Presencia vuelva a morar entre ellos, los hijos de Israel comenzarán nuevamente a incluir hilos de tjelet en los tzitzit.
Mientras elevamos una plegaria a D’s para que continúe asistiendo al Estado de Israel, a sus dirigentes y a sus soldados, para eliminar toda amenaza sobre Israel y derrotar a nuestros enemigos, nos ocuparemos del precepto del tjelet en el tzitzit que aparece en la porción de lectura de esta semana. El tjelet alude a la cualidad del rigor (midat hadín), una de cuyas manifestaciones es hacer justicia con los malvados, tal como se explicará más adelante.
El precepto del tjelet
El precepto del tzitzit consiste en que sus hilos sean blancos y tjelet, como está dicho: “Habla a los hijos de Israel y habrás le decirles: Que pongan ellos flecos sobre los rincones de sus vestimentas (de hilos blancos), por sus generaciones. Y que coloquen sobre los flecos del rincón un hilo de tjelet” (Números 15:38). Sin embargo, en caso de necesidad, “la falta del tjelet no invalida el blanco, ni el blanco invalida al tjelet” (Tratado de Menajot 38(A)). Por tanto, si alguien ató cuatro hilos blancos solamente, o cuatro hilos de tjelet solamente, en ambos casos cumplió con el precepto según la Torá de igual manera.
El color blanco representa la bondad (jesed) y la conducción divina suprema, mientras que el color tjelet representa el rigor que se manifiesta en el mundo. Tjelet proviene de la palabra hebrea “kilui” (aniquilación), tal como dijeran los sabios: “¿Por qué se llama tjelet? Porque los egipcios fueron aniquilados (nitkalú) con sus primogénitos, tal como fue dicho: ‘Y fue a la medianoche, y el Eterno hirió a todo primogénito en la tierra de Egipto’ (Éxodo 12:29). Otra explicación: porque los egipcios fueron aniquilados en el mar” (Sifrei, Parashat Shelaj 115). Por ello, en la porción del tzitzit se menciona la salida de Egipto, donde se reveló la conducción divina en el mundo, que supervisa Su creación y castiga a los pecadores. En ese mismo sentido, dijeron también nuestros sabios que el tjelet se asemeja al mar (Tratado de Menajot 43(B)), y en el mar los egipcios se hundieron y fueron castigados.
Además, la palabra tjelet insinúa al vocablo tajlit que se puede traducir como “objetivo último”, “propósito” o “fin”, tal como dice el Zohar: “Tjelet es el objetivo último de todo” (Zohar III 175b). Por eso el tjelet corresponde a la sefirá de Maljut, que incluye todos los colores y las tonalidades de las diez sefirot. Y por ende, a través de ella se revela la conducción divina en el mundo, la cual castiga a los malvados y recompensa a los justos.
La cantidad de hilos de tjelet
El tzitzit está hecho de cuatro hilos que se doblan para formar ocho. Hay quienes opinan que, de los cuatro hilos, dos deben ser blancos y dos de tjelet (según Rashi, Tosafot, Rabí Yshaiahu di Trani, Rabenu Asher, Nimukei Yosef). Otros opinan que deben ser tres blancos y uno de tjelet (según Raavad y Rabí Yshaiahu ben Eliá di Trani). Y hay quienes dicen que la función del tjelet es trenzar el cordón, y para ello basta con medio hilo, es decir, uno de los ocho (según Rambám y el libro «HaManhig»).
Los sabios dijeron que se debe comenzar a hacer los enrollados (nudos y vueltas) con un hilo blanco, del color de la vestimenta, luego intercalar vueltas en azul (tjelet), y terminar los enrollados en blanco, ya que el blanco es más sagrado y “en cuestiones de santidad se asciende, no se desciende” (Tratado de Menajot 39(A)).
La desaparición del tjelet y su búsqueda
El tjelet se producía en las costas del norte del país (Israel) a partir de ciertos moluscos marinos. Cuando la presencia judía en la tierra de Israel disminuyó, se volvió difícil obtener el tjelet. En la época del Talmud todavía se cumplía con el precepto del tjelet, pero en la época de los Gueonim (gaonitas) el color ya no se podía conseguir, y los tzitzit se ataban solamente con hilos blancos.
Al parecer, varios factores llevaron a la desaparición del tjelet en Israel. En primer lugar, hubo épocas en las que los gobiernos decretaron prohibiciones contra la producción del tjelet. Segundo, con el dominio bizantino y la conquista árabe, la comunidad judía en la tierra de Israel se fue reduciendo hasta que ya no había judíos dedicados a su producción. Y no podía producirlo un no judío, ya que el teñido del tjelet debe hacerse “con la intención de cumplir con el precepto” (leshem mitzvá). Tercero, debido a las guerras y las conquistas, el Medio Oriente quedó sumido en la pobreza, y ya no había demanda significativa entre las naciones por el oneroso color tjelet. Así, durante más de mil años se olvidaron los moluscos y el método de extraer de ellos el tjelet.
La explicación espiritual de la desaparición del tjelet
Tal vez se pueda decirse que, mientras el pueblo de Israel habitaba en su tierra, el Templo de Jerusalém se encontraba en pie en su lugar y la Divina Presencia (Shejiná) residía en el seno del pueblo de Israel, la Providencia Divina se revelaba en el mundo, recompensando a los justos y castigando a los malvados. Esto se expresaba en el cordón de tjelet del tzitzit. Pero después de la destrucción del Templo y el exilio del pueblo de Israel de su tierra, la conducción divina dejó de manifestarse abiertamente en este mundo, y el tjelet fue anulado. Sin embargo, en el mundo eterno, el valor de la fe y los preceptos permanece intacto, y HaShem, en Su gran compasión y bondad, supervisa a Su pueblo de manera discreta y a veces imperceptible, guiándolo hacia su redención, y en correspondencia con esto, el pueblo de Israel cumple con el precepto del tzitzit solo con hilos blancos. Y en la medida que el pueblo de Israel regrese a su tierra y la Shejiná (la Divina Presencia) vuelva a residir entre ellos, los judíos volverán a incluir cordones de tjelet en el tzitzit.
El inicio de la búsqueda del tjelet
Hace aproximadamente 180 años, rabinos y científicos comenzaron a buscar el tejelet. En el año 5647 (1887), el Rebe de Radzin, Rabí Gershón Janoj Leiner, comenzó a difundir su postura de que el tejelet se obtenía de un calamar llamado Sepia officinalis. En 5648 (1888), comenzó a teñir cordones de tjelet con esta tinta, y sus seguidores comenzaron a usarlos. Sin embargo, existen muchas objeciones a su identificación. En primer lugar, el calamar es muy diferente a la descripción del molusco (jilazón) hecha por los sabios. Segundo, su color tiende al negro y no al azul, y solo mediante la adición de componentes químicos a su tinta se consigue un color azul. Tercero, su color se desvanece naturalmente o con el lavado, a diferencia del tjelet original, cuyo color era duradero.
El Rav Herzog sostenía que el tjelet se obtenía del molusco janthina, pero también existen dificultades con esta propuesta, ya que su tinte no se adhiere bien a la lana. Además, no se han encontrado pruebas arqueológicas o históricas de que se haya producido tjelet a partir de ese molusco.
La identificación del argamón kehé kotzim como fuente del tjelet
En las últimas décadas, han comenzado a acumularse pruebas de que el color tjelet se obtenía de un molusco que vive dentro de una concha, llamado argamón kehé kotzim (Murex trunculus), que en la antigüedad se utilizaba para producir el color púrpura (en hebreo el argamán, un tono rojizo-morado), y que, al ser expuesto al sol durante el proceso de elaboración de la tintura, se transforma en azul.
En primer lugar, sus características coinciden en general con la descripción que dieron nuestros sabios acerca del jilazón (molusco) del que se obtenía el tjelet: “Su cuerpo es parecido al mar, su forma es similar a la de un pez, sube una vez cada setenta años, y con su sangre se tiñe el tjelet; por ello su sangre es costosa” (Tratado de Menajot 44(A)). – “Su cuerpo es parecido al mar”: porque en su concha se acumulan pequeños organismos que le dan un aspecto gris azulado. – “Su forma es similar a la de un pez”: porque vive en el mar. – “Sube una vez cada setenta años”: ya que es difícil de obtener y cada tantos años ocurre un fenómeno especial por el cual muchos de ellos flotan en la superficie del mar. – “Con su sangre se tiñe el tjelet”: del líquido que hay en su cuerpo se produce el tjelet. También dijeron los sabios que se debe extraer su sangre mientras el animal aún está vivo (Tratado de Shabat 75(A)), y efectivamente, si pasa un tiempo después de su muerte, ya no se puede obtener tintura de él.
En segundo lugar, se han encontrado numerosos restos arqueológicos de producción de tintura a partir del Murex trunculus en grandes cantidades, y es razonable suponer que esta era la tintura real utilizada en la antigüedad para producir el color púrpura y el azul real, y que fue el que la Torá ordenó colocar en los flecos del tzitzit (véase Tjumín tomo IX, artículo del Dr. Ziderman, y numerosos artículos en la revista Vehayá Lajem Latzitzit).
Las objeciones a esta identificación
Por otra parte, hay quienes opinan que el Argamón kehé kotzim (Murex trunculus) no es el jilazón del cual se obtenía el tjelet. En primer lugar, su color natural es púrpura (argamán) y no azul, y solo mediante la exposición al sol, junto con ciertos componentes químicos, adquiere ese color. En segundo lugar, no coincide con la descripción precisa de los sabios. Su cuerpo no es parecido al mar, sino que es de color gris transparente como un molusco. No es un pez sino un molusco con concha. No sube una vez cada setenta años, ya que puede hallarse todo el tiempo. No se tiñe con su sangre sino con un líquido que se extrae de una glándula de su cuerpo.
Hay además otra dificultad, si el tjelet realmente se obtenía del argamón kehé kotzim, ¿por qué se olvidó el tjelet? Este molusco era conocido y accesible durante todo el período en que el tjelet fue olvidado. Se encuentra en abundancia en las costas del mar Mediterráneo y fue utilizado para teñir incluso en los días del Imperio Bizantino, siglos después de que el tjelet desapareciera de Israel. Incluso el viajero Benjamín de Tudela relató que había judíos en importantes comunidades de Grecia y Turquía que se ganaban la vida confeccionando prendas de lujo con argamán, «entre ellos, grandes sabios en Mishná y Talmud» (Viajes de Benjamín de Tudela).
Algunos respondieron (ver Vehayá Lajem Latzitzit I), que tal vez el púrpura (argamán) se producía de otro modo y no por medio de este molusco que fue olvidado. Sin embargo, es difícil aceptar esta explicación, ya que, según los hallazgos disponibles, en todas las generaciones se siguió produciendo a partir del Murex trunculus. Se podría decir que se olvidó cómo producir el tjelet específicamente, pero aun así resulta difícil entender cómo tintoreros judíos expertos pudieron olvidar algo así. Tal vez hubo generaciones en las que, debido a los decretos persecutorios o en virtud de la pobreza, se dejó de producir tjelet, y cuando se reanudó la producción, ya se había olvidado la tradición.
A raíz de todas estas objeciones, hay quienes sostienen que la identificación es muy dudosa, y es muy posible que en el futuro se descubra que el tjelet se producía de otra manera. De hecho, en la época del Rebe de Radzin, los partidarios de su método estaban convencidos de que el tjelet provenía del calamar, y hoy en día está bastante claro que no era así. Por lo tanto, la identificación del tjelet como proveniente del argamón kehé kotzim es muy cuestionada (ver Rav Aviner en Iturei Cohanim 140; Minjat Asher II, 2–4).
La duda respecto del color
Los sabios dijeron que el color del tjelet se asemeja al mar, que a su vez se asemeja al cielo (Tratado de Menajot 43(B)). Y en el Talmud Jerosolimitano (Tratado de Berajot 1:2) dijeron que se parece al mar, que se parece a los pastos, que se parecen al cielo. En la práctica, rabinos e investigadores han debatido sobre cuál es exactamente el color del tjelet mencionado en la Torá. Muchos opinan que es un azul oscuro, ya que los sabios dijeron que se podía falsificar el tjelet con kala ilan (Tratado de Bava Metzía 61(B)), y el Aruj escribió que kala ilan es el llamado índigo, del cual se extrae un color azul oscuro, parecido al cielo al atardecer (tal como lo sostienen el Rebe de Radzin y muchos otros). Otros opinan que es azul claro, como el cielo a mediodía, lo que en hebreo moderno también llamamos tjelet (Rabí Abraham ben HaRambám en su comentario a Éxodo 25:4; Tiferet Israel). Algunos dicen que era púrpura (según Makor Jaím 18:3; el Dr. Zeiderman en Tjumín IX, y el Prof. Koren en Tjumín 44). Otros opinan que era turquesa (Rabí Shlomo Sirilio sobre el Talmud Jerosolimitano Berajot 1:2; Prof. Félix en Vida vegetal y animal en la Torá, págs. 94–95). Un resumen de las distintas opiniones puede encontrarse en el libro Hatjelet (págs. 299–304, del querido Rabino Menajem Burstein).
Después de todo, la opinión predominante es que el tjelet de la Torá es de color azul. Aparentemente, se producía en distintos tonos, ya que se consideraba que todos los matices del azul eran válidos. Además, el color producido a partir del argamón kehé kotzím se vuelve azul oscuro mediante la exposición al sol, aunque de él se puede obtener una amplia gama de colores, como púrpura (argamán), violeta, turquesa y varios tipos de azul.
Con la ayuda de Dios, en la próxima edición trataré las conclusiones halájicas que se derivan de estas distintas opiniones.





