Biniamín Zeev Herzl

Balak 5785

Biniamín Zeev Herzl

Resulta difícil exagerar el valor de la labor de Herzl en favor del pueblo judío y la realización de la visión de la redención. @ Desde su juventud, el sufrimiento del pueblo y sus penas tocaron su corazón, y desde que fue capturado por la visión sionista, se sacrificó en aras de la independencia del pueblo judío. @ Entre los opositores al sionismo, hubo quienes afirmaron que el objetivo de Herzl era secularizar al pueblo judío. @ Pero todo aquel que desea conocer de verdad su personalidad, se da cuenta de que su intención era pura: salvar al pueblo judío y devolverle su honor y su legado.@ En respuesta a quienes condenaban a Herzl como un apóstata, el Rav Tzví Yehudá (Kuk) sintió que era un deber sagrado defender su estatus y la dignidad del pueblo de Israel.

Como alguien que recibió una educación secular y alcanzó una posición respetada en la sociedad no judía, era casi imposible que llegara a conocer la Torá y sus preceptos. En esos días casi no había quienes regresaran al judaísmo observante. Y aun así, Herzl se convirtió en un gran “ba’al teshuvá” (retornante en arrepentimiento) en lo que respecta al pueblo judío y su legado, y en ese ámbito alcanzó un nivel elevado, al punto que se cumplieron en él las palabras de los sabios: “En el lugar donde están los que retornan en arrepentimiento, los justos completos no pueden estar».

La próxima semana, el día 20 de Tamuz, se conmemorará el fallecimiento del fundador del movimiento sionista, Biniamín Zeev Herzl (1860–1904). Resulta difícil exagerar el valor de su obra en favor del pueblo judío y la realización de la visión de la redención. A través del movimiento sionista, el pueblo de Israel comenzó a reclamar su tierra, actuó como una nación en el proceso de reunir a los exiliados y aspiró a establecer el Estado de Israel. Por medio del movimiento sionista, comenzó a concretarse la palabra de D’s expresada en la Torá y en los profetas sobre el retorno de los exiliados y la revivificación de las tierras desoladas de Israel. El pueblo judío volvió a observar el precepto que equivale a la sumatoria de todas las demás mitzvot: el mandamiento de habitar la totalidad de la tierra de Israel, es decir, mediante el ejercicio de la soberanía. Gracias al movimiento sionista, se logró una salvación para el pueblo judío, que tras el Holocausto, comenzó a recuperarse de los estragos del exilio.

La personalidad de Herzl

En su vida privada, Herzl era una persona secular, tal como lo fue su educación. Sin embargo, en su personalidad era noble y moral, y en sus diarios se nota que desde su juventud tenía una sensibilidad moral especial. El dolor del pueblo judío y sus sufrimientos tocaban su corazón, y desde que se vio cautivado por la visión sionista, se entregó a ella por completo con pasión, sacrificándose sin reservas en aras de la independencia del pueblo judío y por la salvación de sus hermanos perseguidos, torturados y oprimidos. En la mayoría de los líderes solemos encontrar mezquindad personal, competitividad y deseos de sacar provecho propio, a veces incluso a expensas del erario público. Herzl fue completamente diferente. No aceptó dinero del movimiento, sino que le dedicó a este toda su fortuna, y tras su muerte, su familia quedó en la pobreza.

El retrato de Herzl en la habitación del Rav Tzví Yehudá

En el cuarto de mi maestro, el Rav Tzví Yehudá HaCohen Kuk, de bendita memoria, colgaban varias fotografías, entre ellas la de su padre, el gran rabino Kuk, de bendita memoria, la del “Aderet” (Rabí Eliahu David Rabinowitz-Teomim), la del Jafetz Jaim, un mapa de toda la tierra de Israel según la promesa bíblica del periódico “HaSulam”, y en un lugar de honor, una fotografía de Biniamín Zeev Herzl. Un erudito de círculos ultraortodoxos me contó que en su juventud consideró estudiar en la yeshivá Merkaz HaRav, pero cuando vio en la habitación del Rav Tzví Yehudá la foto de Herzl, una persona secular, cambió de idea y fue a estudiar a Ponivezh. Sin embargo, el Rav Tzví Yehudá no tomaba en cuenta la opinión de quienes no comprendían la gran importancia del movimiento sionista y de su fundador.

Mi tío, el Rav Abraham Remer, de bendita memoria, contó que una vez desapareció la foto de Herzl, y el Rav Tzví Yehudá sospechó que alguno de los alumnos quizás quiso “educarlo” y había ocultado la imagen. El rabino se molestó y se negó a dar clase, pues dijo que, si alguien entre los alumnos actúa así, no se puede continuar; primero hay que ocuparse del problema, que nadie tome cosas sin permiso. Cuando el rabino Abraham pidió permiso para mover el pequeño librero que estaba debajo del lugar donde colgaba la foto, por si acaso había caído allí, el rabino no aceptó su sugerencia y siguió insistiendo en la gravedad de la desaparición de la imagen. Cuando el rabino Abraham insistió en buscar detrás del librero, el rabino dirigió su reproche hacia él, y volvió a decir que primero había que devolver la foto, y solo después se podría continuar. Finalmente, cuando aceptó que el rabino Abraham moviera el librero, se encontró la foto y fue colgada nuevamente en su lugar. El rabino se alegró mucho, y sintió la necesidad de consolar a mi tío, Rabí Abraham, por no haber aceptado inicialmente sus palabras, y habló sobre Herzl y su importancia (ver en el compendio Gadol Shimushá, pág. 54).

La actitud del Rav Reines

El Rav Ytzjak Ya’akov Reines, de bendita memoria (1839–1915), rabino de Lida, fue uno de los grandes rabinos de su generación. A la edad de unos sesenta años se unió al movimiento sionista y fundó dentro de él el movimiento Mizrají.

El Rav Reines era unos veinte años mayor que Herzl. Se reunió con él varias veces y mantenía con él una correspondencia regular, por lo que su postura hacia Herzl tiene un gran peso. En general, el Rav Reines se impresionó de que, en relación con una persona que no recibió educación judía, Herzl mostraba un gran respeto hacia el judaísmo y los preceptos. Se maravilló de la rapidez con la que Herzl concluyó los debates del Tercer Congreso Sionista (en 1899) antes de la entrada del Shabat, diciendo: “Porque nuestra intención no es tocar (perjudicar) en absoluto a la religión” (Ish HaMeorot, pág. 108). Su asombro provenía del hecho de que, en esos días, muchas veces, las personas seculares despreciaban la religión y se enfrentaban a ella con provocación. En varias ocasiones, el Rav Reines escribió a Herzl quejándose del desprecio por el Shabat y la kashrut que tenía lugar en algunas filiales del movimiento sionista en Rusia, y Herzl siempre respondió que haría todo lo que estuviera a su alcance para corregir esos desvíos.

Después del fallecimiento de Herzl, el Rav Reines escribió: “Los cielos son testigos de que la muerte de nuestro líder me causó una depresión y me postró en la cama”. “Y lloraron todos los hombres de corazón en Israel, y lloraron también todos los hombres de entendimiento en todo el mundo”. Sin embargo, no hay que suspender la labor debido a esta gran pérdida, porque el sionismo es una “necesidad histórica”. No fue Herzl quien lo engendró, sino que “el sionismo lo engendró a él y lo hizo ser quien fue». El sionismo vivía en el corazón del pueblo judío miles de años antes del nacimiento de Herzl, pero se encontraba en un estado de letargo en lo profundo del alma de la nación, “y nosotros no sabíamos cuál era la acción que debía hacerse ni el camino que debíamos seguir”. Herzl despertó esa idea de su letargo y le insufló vida, una vida que continuará incluso después de su muerte (Ish HaMeorot pág. 239).

Fijar la actitud hacia Herzl

Durante años, entre los opositores al sionismo, hubo quienes afirmaron que la intención de Herzl era secularizar al pueblo judío y revisaron intensamente sus escritos y encontraron fragmentos que no se adecuaban a la tradición, y con ello alejaron a muchos observantes de la Torá de su figura. Sin embargo, con los años, todo aquel que realmente quiso conocer su personalidad se dio cuenta de que su propósito era puro: salvar al pueblo judío y devolverle su honor y su herencia. Como alguien que recibió una educación secular y alcanzó una posición respetada en la sociedad no judía, era casi imposible que llegara a conocer la Torá y sus preceptos. En aquellos tiempos, casi no existían los «ba’alei teshuvá» (personas que regresaban al cumplimiento del judaísmo). Y, no obstante, Herzl se convirtió en un gran “ba’al teshuvá” en lo que respecta al pueblo judío y su legado, alcanzando en ese ámbito un nivel elevado, al punto que se cumplieron en él las palabras de los sabios: “En el lugar donde están los penitentes, los justos perfectos no pueden estar” (Tratado de Berajot 34(B)). Y esto es lo que dijo Herzl en su discurso de apertura del Primer Congreso Sionista (1897): El sionismo es un retorno al judaísmo, incluso antes de ser un retorno a la tierra de los judíos”. Incluso antes de eso (en el 5655 – 1895), en el proceso de su regreso a la identidad judía, escribió en su diario de forma personal e íntima: “Nuestra nación no es tal sino por su fe»; “Reconocemos nuestro vínculo casi únicamente a través de la fe de nuestros antepasados… la fe es lo que nos une».

En respuesta a quienes denunciaban a Herzl como un hereje, el rabino Tzví Yehudá (Kuk) sintió que tenía el deber sagrado de defender su imagen y el honor del pueblo de Israel, y publicó en el periódico HaTzofé (el 28 de Tamuz de 5734 / 1974) una breve nota titulada: “Justificar a los justos”, en la que escribió lo siguiente: “En los escritos de Biniamín Zeev Herzl, de bendita memoria, no hay herejía. En su diario está escrito: ‘Nuestra nación no es tal sino por su fe’. Quien piensa, habla y escribe así es un hombre de fe, no un hereje».  Y además agregó una nota sobre su linaje: “La santidad de la raíz de su linaje”, ya que era descendiente del “sagrado Gaón Rabí Yosef Taitatzek, de bendita memoria” (LiNetivot Israel, II, pág. 593, edición de Beit-El).

¿Cómo se debe proceder con el teñido en azul (tjelet)?

Pregunta: El rabino escribió en su última columna en Revivim que hay una virtud en usar tjelet (el hilo azul) en los tzitzit. La pregunta es: ¿según qué opinión debe actuarse respecto del número de hilos de tjelet — la del Rambám, la del Raavad o la de los Ba’alei HaTosafot?

Respuesta: Efectivamente, entre los sabios medievales (rishonim) existen tres posturas sobre el número de hilos de tjelet:

1) Según muchos rishonim, los cuatro hilos del tzitzit se dividen en dos blancos y dos teñidos de tjelet, ya que resulta lógico que sean iguales en número. Esta es la opinión de Rashi (comentario al Tratado de Menajot 38(A) en el párrafo que comienza con la palabra ‘התכתלת’), los Ba’alei HaTosafot (comentario al Tratado de Menajot 38(A), en el párrafo que inicia con la palabra ‘התכלת’), el Rosh (Hiljot Tzitzit, cap. 6), Rabí Yehudá ben Biniamín Anav, Rabí Yshaiahu di Terani, Rabí Shimshón de Shantz, Sefer HaItur, el Semak, el Ireim y el Nimukei Yosef. Así también escribieron explícitamente numerosos juristas, entre ellos: el Tur (Oraj Jaím 11), el Levush (11:4), el Olat Tamid (9:5), el Shulján Aruj HaRav (11:1) y la Mishná Berurá  (9:7, 14).

2) En cambio, según el Rambám (Hiljot Tzitzit 1:6; Teshuvot 286) y el Raavad (allí), debe colocarse “un hilo de tjelet”, tal como aparece literalmente en la Torá. Según el Raavad, debe ponerse un hilo de tjelet y tres blancos. Así también escribieron el Aruj (entrada “Tjelet”), el Meiri (comentario al Tratado de Yevamot 5(B)) y Rabí Yshaiahu ben Eliá di Terani (Tzitzit 223). Y así fue como dictaminaron el Gaón de Vilna (Yahal Or sobre Zohar Parashat Pinjás y en sus anotaciones al Sifrei en Parashat Ki Tetze) y el Jidá (Jomat Anaj 1 Shlaj 10).

3) Según el Rambám, se refiere a medio hilo, que sería uno de los ocho hilos, con el cual se entrelazan los hilos blancos. Así escribió su hijo, Rabí Abraham, en Sefer HaManhig (sección 442); también Rabí Perajía (comentario al Tratado de Shabat 25(B)), Sefer HaKane, Sha’ar HaKavanot (Drush 4 sobre el tzitzit) y Maguid Meisharim (Parashat Shlaj). Esta postura también fue adoptada por Mishkenot Ya’akov (13), y así dictaminó el Or Sameaj (Tzitzit 1:6).

Hay quienes escribieron simplemente “un hilo” (ptil) sin especificar si se referían a la opinión del Rambám o a la del Raavad; entre ellos, Rabí Shmuel bar Jofni Gaón, el Rambán y Rabenu Bejaié (comentario a Bemidbar 15:38), así como también el Zohar (III 175b).

En la práctica, aunque todas las opiniones tienen fundamento y quien actúa según cualquiera de ellas cumple la mitzvá, mi inclinación es seguir la postura del Raavad, cuya opinión resulta ser intermedia entre las otras dos, y así escribieron el Gaón de Vilna y el Jidá. Además, parece más lógico que todo un hilo haya sido teñido de tjelet, como se deduce en Eruvín (96(B)), en la discusión sobre quien encuentra un hilo de tjlet y duda si fue hecho para tzitzit — y no se respondió que podía saberse por estar teñido solo en la mitad.

¿Cómo se debe enrollar (los hilos del tzitzit)?

Desde el punto de vista de la norma, con todas las formas de nudos y enrollados se cumple con la obligación, tal como está explicado en la Guemará (Tratado de Menajot 39(A)). También en este aspecto mi inclinación es seguir la opinión del Raavad (Hiljot Tzitzit 1:7), basándose en Rabí Natronai Gaón y Rabenu Gershom (Moshav Zkenim, Bemidbar 15:38), porque de esta manera se continúa con la práctica habitual con hilos blancos, tal como se indica en el Shulján Aruj (Oraj Jaím 11:14): se hacen cinco nudos y cuatro grupos de enrollados, que en total suman 39 vueltas. Según la postura del Raavad, los enrollados se hacen de forma alternada con hilo blanco e hilo de tjelet (azul), de modo que la primera y última vuelta de cada grupo se hace con hilo blanco —excepto en el segundo grupo, donde no se exige precisión al respecto.

 

 

 

 

 

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