NITZAVIM 5785
“Y respecto de las naciones, se habrá de decir…” (de los rezos de Rosh Hashaná)
El derecho internacional autoriza a un estado a librar una guerra a los efectos de defenderse y derrotar al enemigo que se alzó contra él. @ Una gran proporción de la población civil en el seno del enemigo árabe son partícipes plenos de la guerra que se ha desatado en contra nuestro. @ Occidente ha estado embebido de antisemitismo desde tiempos inmemoriales. @ El argumento de que llevamos a cabo “crímenes de guerra” y un “genocidio” se trata de una clara acusación antisemita. @ El fenómeno del auto antisemitismo o autoodio judío es la consecuencia del largo exilio. @ Lamentablemente, nuestros aparatos estatales e institucionales también están afectados por este tipo de ideas perjudiciales. @ Al final de cuentas, quienes incurren en el odio al judío resultan castigados. @ Cuanto más fuertes seamos y derrotemos a nuestros enemigos sin confiarnos en la posibilidad de que ocurra algún milagro, más nos respetarán y menos sufriremos de antisemitismo.
Si bien son muchos los que nos odian, por primera vez en muchas generaciones, por el mérito del retorno a Sion, el establecimiento del Estado de Israel y sus sorprendentes logros, el pueblo de Israel tienen cientos de millones de simpatizantes en el mundo entero, que son las mejores personas y las más competentes y su número está en continuo ascenso. En el pasado, los justos de entre las naciones (jasidei umot ha’olam) tenían compasión por nosotros, pero en la actualidad nos respetan, y depositan en nosotros grandes esperanzas en cuanto a que cumplamos nuestro propósito, combatamos el mal, y abramos caminos para que se incrementen en el mundo el bien y la bendición.
La verdad moral
Pregunta: Un amplio sector del público en Europa y en América del Norte, representado por sus gobiernos, critica con dureza al Estado de Israel por su guerra contra Hamás. Alegan que el ejército israelí mata a demasiados civiles no involucrados en la lucha, lo cual supuestamente viola el derecho internacional. ¿Es esto cierto?
Respuesta: Vale la pena aclarar de entrada que, en principio, el derecho internacional obliga a Israel, ya que uno de los Siete Mandamientos de los Hijos de Noaj es el establecimiento de tribunales de justicia, y hay una regla según la cual no hay ningún mandamiento que los hijos de Noaj estén obligados a cumplir del cual Israel esté exento. De todas maneras, esto se refiere a lo que es aceptado universalmente en el entorno cultural en el que vivimos, como, por ejemplo, que en una guerra está prohibido atacar intencionalmente a civiles pacíficos, y no a las cuestiones que son hoy objeto de debate entre los juristas de izquierda y los de derecha.
Ahora bien, el derecho internacional permite a un país librar una guerra para defenderse y para derrotar a su enemigo. Si el enemigo hace uso de civiles como escudos humanos y coloca bases militares en jardines de infante y en hospitales, no por eso adquiere inmunidad; por el contrario, la responsabilidad por los daños a los civiles en esos lugares recae sobre el enemigo. Ciertamente, cuando es posible, se debe dar tiempo a los civiles para que evacúen, y si esto resultare peligroso, hay directrices de juristas en distintos países sobre cómo eliminar al enemigo intentando minimizar el daño colateral. Pero está claro que el esfuerzo por evitar dañar a civiles no impide perseguir el objetivo de matar a todos los combatientes enemigos —hasta el último de ellos— o, en su defecto, lograr su completa e incondicional rendición.
En el caso del enemigo árabe, muchos miembros de la población civil participan plenamente de la guerra contra nosotros. Esto quedó demostrado el día de la masacre que inició la guerra, cuando miles de civiles participaron con alegría tanto de los asesinatos, como de las violaciones y las mutilaciones de personas aun vivas o ya muertas, y ese día no hubo ni un solo ciudadano, líder religioso o médico gazatí que alzara su voz en contra de estos desmanes. En tales circunstancias, no sorprende que en muchas ocasiones la población esté dispuesta a actuar como escudo humano para los combatientes enemigos, se niegue a evacuar cuando se le da la oportunidad de hacerlo y, por lo tanto, no hay razón moral para tener compasión por ella, y así también lo establece el derecho internacional.
Antisemitismo
Pregunta: Entonces, ¿por qué tantas personas en Occidente nos acusan de «crímenes de guerra» y «genocidio»? ¿Acaso sus reclamos carecen por completo de una motivación moral?
Respuesta: Lamentablemente, Occidente ha estado embebido de antisemitismo durante generaciones. Incluso cuando se acusaba a los judíos de asesinar a niños gentiles para usar su sangre en la preparación de matzá, ello se formulaba como una “acusación moral”: ¿quién podría aceptar el asesinato de niños en aras de un ritual religioso? Sin embargo, se trataba de un libelo de sangre malicioso, aceptado por las personas en virtud de su previa postura antisemita. En tiempos modernos, muchos en Occidente afirmaron que los judíos eran una raza parasitaria y explotadora que estaba destruyendo a la civilización y a la humanidad. También esto se presentaba como una “acusación moral». Los nazis (¡que su memoria sea borrada!) llevaron esa acusación hasta las últimas consecuencias mediante la Solución Final, pero muchos europeos aceptaron esa idea y colaboraron con los nazis de forma abierta o encubierta. Sin embargo, dicha «acusación moral» era una calumnia terrible. No solo que los judíos no eran un peligro para la humanidad, sino que, gracias a sus contribuciones, Occidente se convirtió en el líder mundial en ciencia, economía y cultura.
También hoy, cuando se dice que estamos cometiendo “genocidio” y “crímenes de guerra”, se trata nuevamente de una acusación claramente antisemita. En muchas guerras de las últimas décadas —como las de Irak, Siria, Darfur, Sudán, Yemen, Myanmar, Afganistán y Etiopía— murieron cientos de miles de civiles, y el porcentaje de estos entre los muertos fue mucho mayor que el de combatientes. Además, en muchos de esos casos no se usaban a civiles como escudos humanos, como sí lo hace Hamás en Gaza. Y, sin embargo, rara vez se clasificaron esas acciones como crímenes de guerra o genocidio. En cambio, a Israel se la difama, pese a los esfuerzos extremos que realiza para no dañar a civiles.
¿Acaso también el primer ministro británico es antisemita?
Pregunta: ¿Se puede afirmar que el primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer —cuya pareja es judía— o el presidente de Francia, Emmanuel Macron, son antisemitas? Ellos condenan el odio a toda persona o etnia, y se escandalizarían si se los acusara de antisemitismo.
Respuesta: No hay otra explicación para las acusaciones tan graves que dirigen contra el Estado de Israel más que la de antisemitismo. Probablemente no sean conscientes de ello, pero no hay otra forma de explicar la doble vara con la que nos juzgan. Si escucharan con honestidad a nuestros enemigos árabes, entenderían que su objetivo es destruir el Estado de Israel, y que lo que Israel está haciendo para defenderse es muy poco y demasiado tarde en comparación con lo que resultaría necesario efectuar. Y que todo esto fue causado por nuestros enemigos.
Si reflexionaran sinceramente sobre cómo respondería cualquier otro país frente a un enemigo que abiertamente procura su destrucción, que cometió una masacre brutal con un amplio apoyo popular, entenderían que Israel hace menos que el mínimo necesario para defenderse.
Que analicen cómo aceptaron sin cuestionar las calumnias difundidas por los «periodistas» de Gaza sobre hambruna —cuando todo periodista que no lo reportaba así iba a ser ejecutado—, mientras que en otros lugares como Yemen, Darfur, Somalia o Etiopía cientos de miles de personas tuvieron que morir de verdad para que finalmente se reconociera que pasaban por una situación de hambruna.
Las condenas en la ONU
Según lo publicado en el sitio de Arutz Sheva (23 de Kislev de 5784), desde 2015 la Asamblea General de la ONU ha condenado a Israel 141 veces, en segundo lugar, viene Rusia con 23 condenas, luego Siria con 10, Corea del Norte con 8 e Irán y Myanmar con 7 condenas cada uno.
El Consejo de Derechos Humanos de la ONU ha condenado a Israel 104 veces, mientras que a Siria (donde al menos 500,000 personas murieron y cerca de 10 millones fueron desplazadas) la ha condenado solo en 43 oportunidades, a Corea del Norte en 16, a Irán en 14 y a Venezuela en 3.
La Organización Mundial de la Salud no ha condenado a ningún país, excepto a Israel, y lo ha hecho en 9 ocasiones. Tal como parece, el antisemitismo está tan profundamente arraigado en su entorno que ni siquiera perciben la injusticia escandalosa de estas decisiones ni la de sus posturas.
Los judíos que condenan a Israel
Pregunta: ¿También los judíos que condenan al Estado de Israel y afirman que comete «crímenes de guerra» y «genocidio» son antisemitas?
Respuesta: Efectivamente, es difícil entender este fenómeno tan único, que casi no existe en otros pueblos. Este fenómeno se conoce como «auto antisemitismo», es decir, odio de parte del judío hacia sí mismo. Probablemente sea el resultado de un exilio muy largo, en el que nuestro pueblo fue despreciado y difamado, y aun así siguió anhelando la redención y la reparación del mundo. En la práctica, este fenómeno combina dos factores. En primer lugar, la interiorización de las acusaciones antisemitas, bajo la suposición de que la opinión de las poderosas mayorías es la correcta. En segundo lugar, un purismo extremo, es decir, la idea de que se debe exigir a los judíos ser mil veces más puros que cualquier otro pueblo. Se podría decir que se trata de una distorsión del concepto de «pueblo elegido», convertido en una exigencia sobrehumana, según la cual, si no se cumple plenamente, el pueblo judío no tiene derecho a una existencia nacional.
Lamentablemente, también nuestras instituciones públicas están contaminadas por estas concepciones destructivas. Como resultado, el sistema judicial, el aparato de defensa y el ámbito académico actúan en cierta medida como un escudo para el enemigo árabe, e impiden que Israel exprese claramente su posición moral y derrote a sus enemigos.
Cuando ascienden y cuando descienden
Debido a la misión especial que le fuera encomendado al pueblo de Israel, de traer bendición al mundo, no se puede ser indiferente hacia él. Si no se logra ver su contribución al mundo, se lo odia por su pretensión. Los sabios dijeron: “Este pueblo es comparado al polvo y a las estrellas. Cuando desciende, lo hace hasta el polvo, y cuando asciende, sube hasta las estrellas” (Tratado de Meguilá 16(A))
Así también son los judíos para consigo mismos: el deseo de supervivencia natural, suficiente para cualquier otro pueblo, no es suficiente para Israel. La conciencia de su misión y propósito empuja al pueblo a procurar la reparación del mundo (tikún). En el mejor de los casos, se reza por una verdadera redención y se actúa en todo lo posible a los efectos de alcanzarla. En el peor de los casos, tras la frustración por no haber podido obtener “la paz ahora”, se desarrolla un desprecio interno y autoodio, y así tenemos judíos auto antisemitas que perjudican al mundo, a Israel y a sí mismos.
El castigo por el odio a Israel
Al final de cuentas, quienes odian a Israel son castigados, tal como está escrito: “Maldito será quien te maldiga, y bendito aquel que te bendiga” (Bereshit-Génesis 27:29). El problema es que los malvados no asocian su pecado con su castigo. Pero quien observa la realidad libre de todo sesgo antisemita, ve claramente cómo los países europeos que pecaron en su antisemitismo están hoy en decadencia. Como nos odian a nosotros y aman a nuestros enemigos, su castigo es que son estos últimos quienes están destruyendo sus países. Así sucedió tras la Segunda Guerra Mundial, cuando Europa quedó en ruinas y perdió su liderazgo mundial. Incluso hoy, al apoyar a los enemigos de Israel, abren sus puertas a quienes los están destruyendo internamente mediante corrupción, maldad y crimen.
La reparación
Si bien son muchos los que nos odian, por primera vez en muchas generaciones, por el mérito del retorno a Sion, el establecimiento del Estado de Israel y sus sorprendentes logros, el pueblo de Israel tienen cientos de millones de simpatizantes en el mundo entero, que son las mejores personas y las más competentes y su número está en continuo ascenso. En el pasado, los justos de entre las naciones tenían compasión por nosotros, pero en la actualidad nos respetan, y depositan en nosotros grandes esperanzas en cuanto a que cumplamos nuestro propósito, combatamos el mal, y abramos caminos para que se incrementen en el mundo el bien y la bendición.
El antisemitismo es consecuencia del exilio, y por lo tanto, en el largo plazo, cuanto más fuertes seamos -sin confiarnos en que nos sucedan milagros- y derrotemos a nuestros enemigos, más nos respetarán las naciones y menos sufriremos de antisemitismo. Cuanto más fortalezcamos nuestra identidad a la luz de la Torá y sus mandamientos, más recibiremos el respeto de todos los pueblos, que comprenderán que la tierra de Israel es la parcela que D’s dio a nuestros antepasados y a nosotros, y que los árabes que la invadieron en las generaciones pasadas no tienen ningún derecho nacional sobre ella.
En el marco de un fortalecimiento en nuestra fe, en el estudio de la Torá y en el cumplimiento de los mandamientos, avanzaremos hacia la plena soberanía sobre toda la tierra de Israel, le plantearemos a los árabes que habiten en ella dos opciones: 1) Ser “residentes extranjeros” (guerim toshavim), es decir, claros simpatizantes o partidarios del Estado judío que obedecen fielmente todas sus leyes (los siete mandamientos de los hijos de Noaj), y de esa forma recibir plenos derechos ciudadanos. 2) Emigrar del país. Mientras tanto, debemos fortalecer nuestros vínculos con todos aquellos que nos quieren entre las naciones del mundo, y juntos promover los valores de la justicia y la moral incluidos en el Tanaj.
En Rosh Hashaná, que este año cae en plena guerra, debemos intensificar nuestras plegarias, tal que expresen nuestra firme fe en la justicia de la Torá y su mensaje universal. Debemos prepararnos para continuar librando la guerra física o real contra nuestros enemigos, así como también la batalla ideológica contra los que odian a Israel, y rezar por quienes nos apoyan, para que logren salvar a sus países, hasta que desaparezcan los pecadores de la tierra, los malvados ya no existan y el reino del mal se esfume, cuando HaShem elimine del mundo el dominio del mal.





