Los libros del rabino Price, de bendita memoria
Como la mayoría de los rabinos, el rabino Price opinaba que debía aceptarse la conversión de los cónyuges no judíos, incluso si no van a observar los preceptos, con el fin de preservar la identidad israelita del judío y de su descendencia. @ Explica extensamente que el elemento esencial de la conversión depende de que el converso crea en la unicidad de D’s y rechace la idolatría. @ Además, añadió un razonamiento de alcance nacional: que después del Holocausto, en virtud de una necesidad colectiva de la nación, era conveniente acercar a los conversos provenientes de matrimonios mixtos, con el propósito de agrandar al pueblo judío. @ Tras haber sido salvado de los horrores del Holocausto, en el que perecieron unos doscientos miembros de su familia, el rabino Price se alegró profundamente por el establecimiento del Estado de Israel. @ En sus libros se encuentran debates, análisis e innovaciones (jidushim) sobre temas grandes y pequeños, difíciles de hallar en otras obras.
Cuando posteriormente tratamos las complejas leyes relativas a los Bnei Noaj (los descendientes de Noé) y a los idólatras, se me planteó una gran pregunta: por un lado, existe el mandamiento de no permitir que idólatras permanezcan en la Tierra de Israel; por otro, la Torá se refiere a un caso en el que un idólatra adquiere un siervo judío, y no ordena expulsarlo, sino comprarle al judío para liberarlo. Uno de los pocos que explicó esta cuestión fue el rabino Price, quien escribiera que la prohibición de “lo tejanem” (no concederles favor ni residencia) no se aplica a un idólatra que asocia a Dios con otras fuerzas (avodá zará beshituf), y que, por ello, podría residir en el país y adquirir un siervo judío.
En el artículo anterior relaté acerca de la extraordinaria personalidad del gran erudito, el rabino Abraham Aharon Price. En la presente, me referiré a sus libros y a la historia de cómo llegaron al poblado de Har Brajá .Las obras del rabino Price se titulan ‘Mishnat Avraham’: tres volúmenes sobre Sefer HaJasidim, cuatro sobre el Semag (Sefer Mitzvot Gadol), dos sobre diversos temas halájicos y otros dos dedicados a disertaciones u homilías (derashot) y a la fe.
Hace unos tres años, junto con mis colegas del Instituto Har Brajá, abordamos la cuestión de si, en una situación de emergencia, para evitar que judíos se asimilen entre los gentiles, debía aceptarse la conversión de los cónyuges y de los descendientes de judíos que desean mantener una identidad judía sin comprometerse a llevar un estilo de vida religioso. La intención era resumir el tema en todas sus dimensiones, citando a todos los rabinos que se habían pronunciado al respecto en las últimas generaciones. En ese contexto, el rabino Maor Kayám, que dirige el Instituto Har Brajá, me mostró los escritos del rabino Price, quien, como la mayoría de los rabinos, sostenía que debía aceptarse la conversión de los cónyuges gentiles, incluso si no iban a observar los mandamientos, con el fin de preservar la identidad israelita del judío y de sus hijos.
Hasta entonces yo no conocía la obra del rabino Price, y le pregunté al rabino Maor, gran amante de los libros, si los conocía. Por supuesto que sí, me respondió, y me contó que cuando estudiaba el Sefer HaJasidim, buscó un comentario que explicara y profundizara en su contenido, y encontró los libros ‘Mishnat Avraham’, de los cuales tres volúmenes se dedican a explicar ese texto, y los estudió con gran placer. Al analizar las palabras del rabino Price, comprendí que era un erudito poseedor de una mente brillante y una visión amplia, que afrontaba con honestidad las grandes cuestiones, y cuyas innovaciones eran originales y bien fundamentadas. Sus alumnos contaban que su experiencia en los asuntos del mundo material contribuyó mucho a su comprensión profunda y abarcadora.
Su posición respecto a la conversión
En Mishnat Avraham sobre el Semag (vol. II, prohibición 116, pág. 274), el rabino Price aborda la cuestión de la conversión, describiendo la realidad según la cual los rabinos convierten a hombres y a mujeres que llegan al judaísmo por motivos matrimoniales: “Pero entre ellos no hay uno solo (salvo uno en muchos años) que se convierta por haber llegado al reconocimiento de que la religión israelita es la verdadera. Tampoco tienen intención alguna de observar los mandamientos de la Torá después de pasar por la ‘ceremonia formal’ del guiur. Por lo tanto, surge la pregunta: ¿cuál es el estatus de estos conversos en nuestra época?” Explica ampliamente que el aspecto esencial de la conversión depende de que el converso crea en la unicidad de Dios, rechace la idolatría y declare ante el tribunal que acepta el judaísmo y sus mandamientos. Dado que esa declaración se hace ante el tribunal rabínico (beit din), la conversión es válida. Con ello justificó la práctica de muchos grandes rabinos, entre ellos el rabino Groibart, principal rabino de Toronto, tal como lo escribió en su libro Javalim Bane’imim (vol. III, 72; vol. IV, 54; ver Masoret HaGuiur, págs. 736–738).
Una consideración hacia la generalidad del pueblo judío (klal Israel)
Además, el rabino Price añadió una reflexión de carácter nacional, y es la de que después del Holocausto, en virtud de una necesidad del pueblo judío, debía acercarse a los conversos provenientes de matrimonios mixtos para aumentar así el número de judíos. Esto se basa en la premisa de que la validez del guiur depende también del criterio del tribunal, el cual debe tener en cuenta las circunstancias históricas: “Porque hay tiempos en los que necesitamos muchos conversos, como en nuestros días, cuando por obra del tirano, que su nombre sea borrado, en Alemania, fueron aniquiladas millones de almas, de los mejores del pueblo de Israel, y el número de judíos en el mundo se ha reducido de manera alarmante. Asimismo, la asimilación y los matrimonios mixtos que aumentan día a día en América y en todos los países del exilio, disminuyen aún más el número de los hijos de Israel. Por otra parte, en el Estado de Israel, el país necesita de judíos que vayan a establecerse allí, porque la nación está rodeada de enemigos por todos lados; y si no se asientan allí muchos judíos, sin duda esos enemigos, los que buscan nuestra destrucción, harán la guerra contra nosotros, sabiendo que no hay muchos soldados que puedan enfrentarse a ellos. Por lo tanto, en un tiempo así, sin duda deseamos fervientemente aumentar la cantidad de conversos y hacer crecer al pueblo.”
Innovaciones del rabino Price en otras cuestiones
En nuestros estudios posteriores sobre las complejas leyes relativas a los «Bnei Noaj» (descendientes de Noé) y a los idólatras, surgió una gran pregunta: por un lado, la Torá ordena no permitir que idólatras residan en la Tierra de Israel; por el otro, se menciona el caso de un idólatra que compra un siervo judío, y la Torá no ordena expulsarlo, sino comprarle al siervo judío para liberarlo. Uno de los pocos que explicó esta cuestión fue el rabino Price (Mishnat Avraham sobre el Semag, vol. I, prohibición 48), quien escribió que la prohibición de “lo tejanem” (“no les concedas favor o residencia”) no se aplica a un idólatra que asocia a D’s con otras fuerzas (avodá zará beshituf). Por lo tanto, una persona así podría residir en la tierra y adquirir un siervo judío (ver Pninei Halajá, Emuná Umitzvoteha 3:10:8). También explicó ampliamente la opinión de la mayoría de los juristas, según la cual un no judío no tiene prohibido practicar la idolatría “en asociación” (beshituf) (Mishnat Avraham, vol. I, 1–2; y también Mishnat Avraham sobre el Semag, vol. I, prohibición 1:8–9, 20–10; citado en Pninei Halajá, Emuná Umitzvoteha 5:12).
De manera similar, en relación con la prohibición de “no se vuelvan tras los ídolos” (lo tifnù), el rabino Price definió que esta incluye también el acto de tomar un libro idolátrico para estudiarlo, considerándose ello una acción prohibida (ver Pninei Halajá, ídem 13:1). Asimismo, trató extensamente el precepto de “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mishnat Avraham sobre Sefer Jasidim, vol. III, pág. 140), demostrando con numerosas fuentes que uno debe amar incluso a los transgresores, y que sólo se deben odiar sus malas acciones, pero no a ellos mismos. Debe hacerse todo lo posible por devolverlos al buen camino. Añadió además que la falta en los preceptos entre el hombre y su prójimo es más grave que aquella en los preceptos entre una persona y D’s.
Su actitud hacia el Estado de Israel
Como la mayoría de los rabinos de su generación, y tras haber sido salvado de los horrores del Holocausto en el que perecieron unos doscientos miembros de su familia, el rabino Price se alegró profundamente con la fundación del Estado de Israel. Así escribió en el prólogo de su obra Mishnat Avraham (Responsas, vol. II): “He aquí que este libro mío merece ver la luz al final de dos mil años de exilios, bendito sea Aquel que cumple Su promesa a Su pueblo Israel. Después del exterminio de la mayoría de nuestros hermanos de la Casa de Israel en Europa —entre ellos casi todos los sabios de Israel, que eran la gloria y esplendor de nuestra nación y hacia quienes dirigieron sus almas todas las generaciones pasadas— hemos tenido el mérito de presenciar este tiempo que constituye el inicio de la redención (atjalta degueulá). Se oye la voz jubilosa que anuncia que nuestra tierra ha sido liberada y que ya no hay dominio extranjero sobre nuestro suelo sagrado. Nuestro pueblo revive en su tierra, y las puertas del Estado de Israel están abiertas de par en par para todos sus hijos que regresan cada día desde las tierras de sangre y exilio. Como en los días en que salimos de Egipto, el Amo del mundo nos ha mostrado maravillas, y con el brazo de Su pueblo ha devuelto la Tierra Santa a la descendencia de Ya’akov, tal como anunciara su profeta: «Así dice HaShem: Regocíjense con alegría por Ya’akov, exulten a la cabeza de las naciones, proclamen y digan: ‘¡Salva HaShem, a Tu pueblo, al remanente de Israel!'» (Yrmiahu-Jeremías 31:6).”
Sin embargo, el rabino Price añadió: “Pero esta promesa exige del pueblo de Israel, de nosotros, cumplir la condición de la cual depende, y esa fue dicha explícitamente: ‘Éste es el pacto que haré con la Casa de Israel después de aquellos días, dice HaShem, pondré Mi Torá en su interior y la escribiré en su corazón’ (ídem 31:32). No hay duda de que la redención política del pueblo de Israel depende de su renacimiento espiritual. Y, para nuestra gran desgracia, hasta ahora no hemos cumplido esa condición de la que toda nuestra alma y nuestra existencia dependen”.
La historia de David Wallerstein – tío del rabino Maor Kayam
El rabino Maor Kayám relató: “Hace aproximadamente un año viajé a los Estados Unidos para participar en un congreso sobre conversión al judaísmo. Durante el viaje aproveché para visitar a algunos familiares, entre ellos a mi tío David Wallerstein, que vive en Toronto, pero ese Shabat estaba en Nueva York. Le conté sobre la conferencia y sobre el libro Masoret HaGuiur (“La tradición de la conversión”), y de allí surgió una conversación sobre figuras rabínicas que habíamos estudiado en el contexto de las conversiones en Canadá. Resultó que mi tío conoció personalmente al rabino Price en su juventud y estudió con él durante un tiempo. Así, tuve el privilegio de escuchar de primera mano valiosos conceptos sobre él.”
“Mi tío me contó que en cierta etapa de su vida, el rabino Price redujo considerablemente la cantidad de respuestas que daba a preguntas halájicas. Decía que su principal misión en la vida era escribir sus libros. Incluso cuando la gente venía a hablar con él sobre asuntos importantes, respondía que su tiempo era muy valioso y que debía regresar a su escritura. Esa frase que mi tío citó en su nombre me resultó muy significativa, porque efectivamente, en los libros del rabino Price hay debates, análisis e innovaciones sobre temas grandes y pequeños, difíciles de encontrar en otras obras. Por las palabras de mi tío comprendí que el rabino Price era consciente de la singularidad de su obra, y por eso dedicaba tanto esfuerzo a escribir. En su escritura procuró abarcar una amplia gama de temas y abordar cuestiones de la Torá en las que otros grandes rabinos no habían profundizado. Agregó también que el rabino Price se distinguía por su independencia económica, lo que contribuyó a que dejara de responder preguntas del público y pudiera permitirse ser menos accesible a consultas y pedidos de consejo.”
La llegada de los libros del rabino Price a Har Brajá
Continuó el rabino Maor: “En esa misma conversación con mi tío, expresé mi pesar por el hecho de que era casi imposible conseguir los libros del rabino Price. Mi tío me dijo que él tenía en casa varios volúmenes, ya que su padre había donado dinero a la yeshivá del rabino Price, y el rabino le enviaba ejemplares de sus obras. Sin embargo, comentó que los libros eran grandes y pesados, y que esperaba poder traer al menos un volumen la próxima vez que viajara a Israel.
Dos meses después, mi tío me llamó y me contó que había descubierto que era amigo de alguien casado con una nieta del rabino Price, y resultó que en un almacén en Toronto había numerosas cajas con sus libros. No sabían exactamente cuántos ni cuáles volúmenes había allí, pero mi tío les insistió diciendo que en la Tierra de Israel hay eruditos que se alegrarían muchísimo de poder estudiar esos libros, y que valía la pena buscar la manera de enviarlos. La familia se entusiasmó con la idea, y el señor Bob Shore se encargó con gran dedicación de enviar las cajas en un contenedor junto con una familia que hacía aliá (se repatriaba a Israel). Con generosidad, incluso pagaron el transporte de las cajas hasta Har Brajá.”
La alegría del rabino Maor por la llegada de los libros
Por su gran amor a los libros, el rabino Maor, lleno de alegría, reclutó a los miembros del instituto, estudiosos que ya no estaban acostumbrados a cargar peso, para trasladar los voluminosos libros del rabino Price al almacén.
Inmediatamente después lo anunció en las redes sociales, y con la ayuda de la secretaría de la yeshivá comenzaron a distribuir ejemplares a bibliotecas y a estudiosos interesados. Aún quedan algunos libros disponibles para repartir. Aunque las obras del rabino Price están disponibles en formato digital, el rabino Maor subrayó que esto representa una verdadera gueulá (redención): “Porque no es lo mismo estudiar desde una computadora que estudiar de un libro. Y ni hablar del sagrado Shabat, cuando uno debe dedicar medio día al estudio de la Torá: no hay mejor momento que ese para fijar tiempos considerables para el estudio de la Torá del rabino Price”.





