VAIETZÉ 5786
Impresiones de mi viaje a los Estados Unidos: ¡soñando con la aliá!
Hablando solamente el hebreo, emprendí un viaje a los Estados Unidos. @ El
objetivo del viaje fue enseñar Torá, reunirme con nuestros hermanos judíos y
conocerlos, con todas sus virtudes y con los desafíos que se presentan ante ellos.
@ Las clases y los encuentros fueron principalmente en comunidades y escuelas
del público conocido como “modern orthodox”. @ Encontré un público sionista para
el cual la tierra de Israel es muy importante. @ Mucha gente está pensando
seriamente en hacer aliá. @ En todas las comunidades, al finalizar el rezo, recitaron
Tehilim en aras del éxito de los soldados del Ejército de Defensa de Israel. @ Los
rabinos de las sinagogas se preocupan por fortalecer la cohesión comunitaria y
mantener el vínculo de cada miembro con la comunidad y con el judaísmo. @ Me
encontré en la necesidad de describir las bondades de la tierra de Israel, pues los
medios de comunicación, por su naturaleza, se ocupan únicamente de los
problemas y las tensiones de nuestro país.
Durante algunos días nos hospedamos en el centro de Manhattan, en la casa de
una familia cuyo hijo viajó a Israel por un año para estudiar en una yeshivat hesder,
y decidió continuar sirviendo como combatiente en el ejército. Hace unos meses,
ellos participaron en su ceremonia de declaración de fidelidad al Estado de Israel y
sus leyes en el Kotel, y su fotografía, junto a sus compañeros formados en el acto,
está colgada en el salón de su casa. Cada día rezan por su bienestar y por el de
todos los soldados.
Hace una semana regresé de un recorrido de doce días por las comunidades judías
de la zona de Nueva York y Nueva Jersey, en los Estados Unidos. El objetivo del
viaje fue enseñar Torá, reunirme con nuestros hermanos judíos y conocerlos con
todas sus virtudes y desafíos. En la práctica, impartí decenas de clases a rabinos,
comunidades, alumnos de yeshivot y escuelas. Por lo general, al final de cada clase
respondía a las preguntas de halajá (leyes) y emuná (creencias) de los asistentes.
Al principio no pensé que viajaría a Estados Unidos. Sin embargo, después de
haber salido de Israel por primera vez hace unos ocho meses, para fungir como
rabino en un congreso de rabinos y emisarios en París, hubo quienes argumentaron
que era importante visitar también las comunidades judías de los Estados Unidos.
Yo alegué que no sabía inglés; me respondieron que, en efecto, era un problema
serio, pero aun así podía resultar muy beneficioso, ya que muchos estudian de los
libros de Pninei Halajá, y un encuentro con ellos fortalecería su vínculo con la Torá y
con la tierra de Israel.
A propósito, cuando era alumno de secundaria en la Yeshivá Letzeirim adjunta a
Yeshivat Merkaz Harav, la justa y piadosa rabanit Mendelcorn era la profesora de
inglés. Pero en ese momento yo quería estudiar Mishná. La profesora trató de
convencerme de asistir a las clases, pero ya entonces sabía que quería dedicar mi
vida a la Torá, y no quería perder tiempo estudiando inglés. Cuando argumentó que
millones de judíos hablan únicamente el idioma inglés, respondí que en lugar de que
yo aprendiera inglés, ellos deberían aprender hebreo. Desde entonces dejé de
estudiar inglés. Unos doce años después di una clase para mujeres en la sinagoga
Yeshurún de Jerusalém. Después de la clase, la rabanit Mendelcorn se acercó y me
preguntó: “¿Recuerdas que no querías estudiar inglés, y lo que te dije?” Le
respondí: “Por supuesto que lo recuerdo”. Siguió preguntando: “¿Y qué piensas
ahora?” Le respondí: “Ahora lamento no saber inglés”. Ella se alegró mucho al
escuchar mi respuesta sincera, y llamó a sus amigas para que también ellas la
escucharan de mi boca. Así, a posteriori, tuve el mérito de ser uno de sus alumnos
más queridos. Y así, hablando solamente hebreo, viajé a los Estados Unidos.
Modern Orthodox
Las clases y los encuentros fueron principalmente con comunidades y escuelas del
público conocido como “modern orthodox”, todos ellos sionistas, y también con
comunidades sionistas de origen sefaradí. En efecto, encontré un público sionista
para el cual la tierra de Israel es muy importante, y los últimos dos años, en los que
hemos luchado contra nuestros enemigos alrededor, han fortalecido mucho su
identificación con el Estado de Israel y su deseo de hacer aliá, participar en la
construcción del país y contribuir a su seguridad.
En todas las comunidades se recitaron Tehilim al final del rezo en aras del éxito de
los soldados del Ejército de Defensa de Israel. En nuestro asentamiento, Har Berajá,
dejamos de decir Tehilim hace más de un mes, con el comienzo del alto el fuego,
pues desde entonces la tensión y la preocupación por los muchos jóvenes del
asentamiento que están en el frente disminuyó en gran manera, y es apropiado
reservar estas plegarias especiales para cuando la guerra está en pleno apogeo y la
inquietud es grande. Cuando le conté a uno de los rabinos que nosotros ya no
decimos Tehilim, él explicó que, dado que ellos están lejos, deben tener más
cuidado de no parecer indiferentes a lo que ocurre en Israel. Le respondí con una
sonrisa que esto se asemeja al “segundo día festivo de la diáspora”.
En el patio de la sinagoga Bnei Yeshurún en Teaneck colocaron pequeñas luces
—un farolito para cada uno de los secuestrados— incluidos aquellos que aún no
han podido recibir sepultira. Al concluir el Shabat, después del rezo de Arvit, salieron
y recitaron Tehilim afuera, y un niño retiró dos luces en memoria de dos cuerpos que
fueron recuperados ese mismo sábado. Se me llenaron los ojos de lágrimas por la
intensidad de la identificación que sentí allí.
En casi todos los encuentros con rabinos o comunidades se dedicó un tiempo a
preguntas y respuestas, y parte de las preguntas trataban sobre la situación de
seguridad y las tensiones sociales en la tierra de Israel, así como sobre la cuestión
de cómo se puede reclutar a los jaredim al ejército. En general, me encontré en la
necesidad de describir las bondades del país, pues los medios de comunicación, por
su naturaleza, se ocupan únicamente de problemas y tensiones y no se esfuerzan
en describir la gran hermandad que reina en la sociedad israelí, tal como se expresa
en el servicio militar conjunto. Tampoco suelen informar sobre el acelerado
desarrollo económico y científico del Estado de Israel.
A propósito, la apariencia externa que en Israel se asocia con ciertos sectores de la
población no coincide con las normas que prevalecen en el extranjero. En uno de
los encuentros participaron dos jóvenes de unos veinticinco años que parecían
pertenecer al público lituano jaredí en Israel, pero por la naturaleza de su pregunta
—por qué el público jaredí evade el servicio militar y se opone a los estudios
generales— daba la impresión de que apoyaban el camino del sionismo religioso.
En efecto, resultó que estudian ciencias en prestigiosas universidades y planean
hacer aliá después de terminar sus estudios.
El creciente deseo de hacer aliá
En el viaje nos acompañó el doctor Rafael Kayám, médico que hizo aliá desde
Nueva York hace unos treinta años, cuando tenía unos cuarenta y cuatro años. En
muchas ocasiones, él fue quien tradujo mis palabras al inglés. Solía decir con ironía
que, si uno quiere terminar una conversación con un judío de los Estados Unidos,
basta con hablarle de aliá; sin embargo, hoy en día, para muchos, sacar el tema ya
no hace que la conversación termine. Mucha gente está pensando seriamente en
hacer aliá. En el pasado, la aliá no ocupaba un lugar central en la agenda; hoy se
encuentra en el tope de las prioridades. La inversión en educación está dando
frutos. Durante años, junto con los emisarios que llegan desde Israel, los rabinos
han educado en el amor a la tierra de Israel y sobre el valor de la aliá, y en un
proceso gradual, cada vez más judíos desean unir sus destinos al estado judío.
Muchísimos ya tienen un familiar de primer grado que ha hecho aliá. Por ejemplo,
antes de subir al avión de regreso a Israel, se me acercó un judío que participó en
una de las clases y me contó que también él viajaba a Israel para visitar a su padre,
que había hecho aliá hace algunos años, y para ver a su hijo y a su nuera, que
hicieron aliá hace unos meses. El director de una de las escuelas me contó que sus
hijos ya se han instalado en Israel, y añadió que él también piensa hacer aliá pronto.
Ese es el caso de muchos de los rabinos y los educadores, hasta el punto de que a
veces hace falta fortalecerlos para que continúen con su sagrada misión en la
diáspora. Una misión que produce frutos excelentes e incomparablemente valiosos,
pues la contribución de los olim de los Estados Unidos a la construcción del país es
enorme.
Durante algunos días nos hospedamos en el centro de Manhattan, en la casa de
una familia cuyo hijo llegó a Israel para un año de estudios en una yeshivat hesder y
decidió continuar su servicio como combatiente en el ejército. Hace unos meses
participaron en su ceremonia de declaración de fidelidad al Estado de Israel y sus
leyes en el Kotel, y su fotografía, junto con la de sus compañeros formados en la
ceremonia, está exhibida en el salón de su casa. Cada día rezan por su bienestar y
por el de todos los soldados. ¡Increíble! En lugar de estudiar medicina en una de las
universidades más prestigiosas de Estados Unidos, como había planeado, decidió
alistarse en el ejército y luego estudiar medicina en Israel. Por cierto, su hermana,
que estudió un año en Israel, es ahora estudiante en la Universidad de Columbia y
presidenta de la organización judía Hilel en ese campus hostil, trabajando en favor
de los estudiantes judíos y militando en contra del antisemitismo.
Pninei Halajá
Una de las noches llegamos a una clase y un encuentro con unas diez familias que
planean hacer aliá juntas el próximo verano, y con ellas, algunas familias más que
están considerando sumárseles. Este encuentro fue para mí especialmente alegre y
alentador, pues contaron que hace unos siete años uno de los activistas de la
comunidad comenzó a promover el estudio de los libros Pninei Halajá, y como
resultado de ello, comenzó un proceso de fortalecimiento en la observancia de los
preceptos. Por ejemplo, varias mujeres comenzaron a cubrirse la cabeza, y tras el
estudio del volumen de Pninei Halajá “El pueblo y la tierra”, fue cobrando cuerpo la
decisión de hacer aliá. De similar manera me contó un judío que vive en Manhattan
y tiene una segunda casa en la Florida, que hubo una joven de un hogar jaredí que
había abandonado la religión, y a modo de favor, aceptó que viviera en su casa de
la Florida mientras ellos estaban en Nueva York. Durante su estancia allí vio los
libros de Pninei Halajá y comenzó a leer el tomo sobre la plegaria; desde entonces,
empezó a rezar y está en un proceso de retorno al judaísmo. Este judío acostumbra
a regalar la serie Pninei Halajá como obsequio de bar mitzvá o bat mitzvá.
Los rabinos de las comunidades
En los Estados Unidos, los rabinos de las sinagogas tienen un rol especialmente
importante. Ellos son la columna vertebral de la comunidad y, además de
encargarse de los rezos y de las clases de Torá, se ocupan de la cohesión
comunitaria y del vínculo de cada miembro con la comunidad y con el judaísmo. Y
tienen éxito. Al comparar la situación de las comunidades ortodoxas-modernas hace
unos treinta años con la de hoy, se observa que muchos más judíos asisten a las
sinagogas para las plegarias y las clases; muchos más padres envían a sus hijos a
un año de estudio de Torá en Israel, y muchos los animan también a hacer aliá. En
los últimos dos años, este fortalecimiento se ha intensificado aún más. Esperamos
que, gracias a los olim de Estados Unidos, esta usanza de acción rabínica se haga
también más común en la tierra de Israel. En otra ocasión intentaré ampliar sobre lo
que se puede aprender de los rabinos comunitarios de los Estados Unidos.
El camino recto
A pesar de los enormes desafíos que enfrenta el público ortodoxo moderno, este
parece ser el sector que mejor representa el camino de la Torá en Estados Unidos,
pues está vinculado con todos los preceptos de la Torá sin rechazar ningún valor ni
mitzvá.
Para este público, el estudio de la Torá y la observancia de sus preceptos tienen una
gran importancia; así como también la santidad del pueblo y de la tierra; y asimismo
el trabajo y la ciencia tienen también un valor significativo. Rechazar todo esto,
incluso si se hace con buena intención, a los efectos de preservar la tradición,
implica una gran carencia y no permite avanzar hacia una teshuvá plena y hacia la
redención.
En un encuentro con rabinos surgió este tema, cuando comentaron que a veces
resulta difícil explicar a los jóvenes que desean fortalecerse en el cumplimiento de
las mitzvot que lo correcto es hacerlo manteniendo el conjunto completo de valores
y mandamientos de la Torá, y no yendo tras el camino jaredí, que es ajeno a
algunos de ellos. Uno de los rabinos escribió que falta material de estudio sobre
este asunto. La noche posterior al encuentro pensé mucho en ello y decidí que,
después de terminar el libro que actualmente estoy escribiendo (sobre objetos
sagrados —sefer Torá, tzitzit, tefilín, sinagoga y mezuzá—), dedicaré tiempo a
profundizar en la mitzvá del estudio de la Torá y a aclarar el valor de la integridad de
la Torá en todas sus partes, así como los valores de la vida y sus necesidades.
¿Es obligatorio hacer aliá?
Varias veces, después de terminar la charla y la sesión de preguntas y respuestas,
se acercaba algún joven y preguntaba si es obligatorio hacer aliá cuando los padres
se oponen. No quise responder directamente a esta pregunta; preferí derivarlos a un
rabino que los conozca, siempre que este sea sionista. En efecto, el principio
halájico indica que cuando los padres ordenan algo contrario a la Torá, uno debe
escuchar a la Torá (como se explica en el Shulján Aruj, Yoré Deá 240:15, y como escribí en
Pninei Halajá, El pueblo y la tierra 3:8). Sin embargo, en la práctica no puedo dictar halajá
basándome solo en este principio, porque no conozco ni al joven ni a sus padres.
Por ejemplo, es posible que él necesite de su apoyo emocional y económico, y si
desobedece y hace aliá, tal vez no logre integrarse y finalmente tenga que regresar.
En tal caso, mi respuesta no solo no ayudaría a cumplir la mitzvá, sino que causaría
dolor y sufrimiento tanto a él como a sus padres. En cambio, si consulta con un
rabino que lo conoce, ese rabino sabrá guiarlo de un modo en el que, manteniendo
el respeto por sus padres, pueda conectarse cada vez más con la tierra de Israel,
hasta que probablemente logre hacer aliá con éxito. Claro está: esto requiere que el
consultado sea un rabino fiel a la Torá y a todas las mitzvot, es decir, un rabino
sionista.





