Atuendo de realeza: el tzitzit como expresión de la misión del pueblo de Israel

VAIEJÍ 5786

Atuendo de realeza: el tzitzit como expresión de la misión del pueblo de Israel

El precepto del tzitzit expresa de manera singular la fe y la misión especial del pueblo de Israel. @ La vestimenta cubre las imperfecciones del ser humano y, de ese modo, le confiere dignidad; sin embargo, puede ocurrir que se trate de una dignidad falsa. @ La prenda más honorable es el talit con tzitzit, pues su forma cuadrada expresa todas las fuerzas ocultas y latentes en el ser humano y en el mundo. @ Y si bien no es obligatorio cubrirse la cabeza con el talit, ello encierra una virtud, ya que, al hacerlo, el individuo expresa sumisión ante HaShem.

Los sabios esoteristas explicaron que el talit alude a la luz envolvente (or makíf), es decir, a una iluminación divina superior que, en virtud de su grandeza y su elevación, el ser humano no puede captarla plenamente, pero que aun así influye sobre él (ver Pninei Halajá Sucot 1:7). A partir de esa influencia, la persona aprehende correctamente la luz interior, es decir, entiende adecuadamente las ideas definidas de la Torá y de sus preceptos, que están expresadas en los hilos del tzitzit, pues estos pertenecen al ámbito de la luz interior que es acotada.

 

La fe está oculta y debe ser revelada

La fe está arraigada en el corazón de todo ser humano, y puesto que este posee un alma, alberga en su interior fe. Y cuanto más consciente sea de esta y cuanto más viva conforme a ella, tanto más su vida se habrá de potenciar, de empoderar y de resultar bendecida en todos los ámbitos. Sin embargo, en una primera etapa la fe permanece oculta, y hasta que se revela de un modo pleno y rico, la persona tiende a desviarla hacia direcciones extrañas que se condicen con la idolatría. Como consecuencia de ello, el ser humano queda sometido a las ataduras de la materia y a todas sus concepciones. Por ello, Israel —que es el corazón entre las naciones— fue el pueblo más esclavizado de todos, y tuvo que trabajar duramente para Faraón, el rey de Egipto, sin posibilidad alguna de expresar las fuerzas latentes y ocultas que en él anidaban. Y mientras los israelitas estaban sumidos en el sojuzgamiento de la materia, HaShem se reveló ante ellos, los sacó de la esclavitud, los condujo hacia la redención y les entregó Su Torá y Sus mandamientos para que extendieran Su bendición a todas las familias de la tierra.

 

El tzitzit expresa la revelación divina que «se asoma entre las rendijas»

El precepto del tzitzit, mediante los flecos que se ven hacia el exterior, expresa de manera especial la fe y el destino particular de Israel, tal como se expone en la sección de la Torá que versa sobre el tzitzit: «Lo veréis, y recordaréis todos los preceptos de HaShem y habréis de cumplirlos. y no os desviaréis en pos de vuestro corazón y en pos de vuestros ojos… Para que recordéis y cumpláis todos Mis preceptos, y seáis consagrados para vuestro D’s” (Bemidbar-Números 15:37–40).

Esto es lo que dijeron los sabios a este respecto: “¿Por qué se llama tzitzit? Porque el Omnipresente miró (hetzitz) hacia las casas de nuestros antepasados en Egipto, tal como fue dicho (Shir HaShirim-Cantar de los Cantares 2:8–9): ‘La voz de mi amado, he aquí que viene (HaShem, que nos ama, he aquí que viene), saltando sobre los montes, brincando sobre las colinas (por sobre todos los obstáculos) … He aquí que está parado detrás de nuestro muro, observa desde las ventanas, se asoma entre las rendijas’” (Sifrei Shelaj, parashá 115).

 

La necesidad de la vestimenta surge a raíz del pecado del primer Adam

En un inicio, en el Jardín del Edén, el ser humano no necesitaba usar vestimentas, pues no había deshonra alguna en su desnudez. Sin embargo, cuando fue arrastrado tras los deseos del cuerpo y pecó, el mal penetró en su interior, y a consecuencia de ello comenzó a avergonzarse de su desnudez. Tal como fue dicho: «Mas escucharon la voz de HaShem Elokim que se expandía por el huerto, cuando declinaba el día y se escondió el hombre, y su mujer, de ante la presencia de HaShem Elokim, entre los árboles del huerto. Y llamó HaShem Elokim al hombre y le dijo: ¿Dónde estás? Dijo él: Tu voz he oído en el huerto, temí, ya que estoy desnudo y me escondí. Dijo: ¿Quién te previno que estás desnudo? ¿Acaso has comido del árbol del que te ordené no comer de él?” (Bereshit-Génesis 3:8–11). A raíz de su pecado, el ser humano fue expulsado del Jardín del Edén y necesitó protección contra el frío, la lluvia y los rayos del sol. Y HaShem tuvo compasión de él y le hizo vestimentas, tal como fue dicho: “E hizo HaShem Elokim al hombre y a su mujer vestimentas para su piel y les vistió” (ídem 3:21).

 

Una vestimenta que honra o expresa traición

La vestimenta oculta las imperfecciones del ser humano y de ese modo le confiere honor; sin embargo, puede tratarse de un honor falso, destinado a engañar al prójimo mediante el ocultamiento de sus intenciones malignas. En tal caso, la «vestimenta» (begued) expresa «traición» (beguidá), y el «manto» (me’íl) se convierte en una «estafa» o acto de «infidelidad» (me’ilá). Por el contrario, la vestimenta puede expresar la aspiración de la persona hacia el bien y la belleza, mediante el rechazo de sus inclinaciones negativas y el intento de ocultarlas; de este modo, la vestimenta le otorga al ser humano un honor auténtico (ver Resisei Laila 34).

 

La prenda del tzitzit

La prenda más honorable es el talit con tzitzit, pues la forma cuadrada del manto expresa todas las fuerzas latentes en el ser humano y en el mundo, y los tzitziot en sus cuatro puntas representan los 613 mandamientos (tariag mitzvot) que guían al ser humano en cómo llevar esas fuerzas a la práctica. No hay un manto más bello que este; tal como dijeran los sabios: “Quien es cuidadoso con el tzitzit logra el mérito de tener un talit hermoso” (Tratado de Shabat 23(B)).

Los sabios de la mística explicaron que el talit alude a la luz envolvente (or makíf), es decir, a la luz divina superior que, en virtud de su grandeza y elevación, el ser humano no puede captarla plenamente, pero que aun así ejerce influencia sobre él (ver Pninei Halajá Sucot 1:7). A partir de esa influencia, la persona comprende correctamente la luz interior, es decir, las ideas definidas de la Torá y de sus preceptos, que están expresados en los hilos del tzitzit, pues estos pertenecen al ámbito de una luz interior y delimitada. Dijeron los sabios (Bemidbar Rabá 25:21) que el tzitzit alude a los 613 mandamientos, ya que la gematría de la palabra “tzitzit” es 600 (צ=90+י=10+צ=90+י=10+ת=400=600), y junto con los cinco nudos y los ocho hilos del fleco suman 613 [A propósito, las mujeres están más vinculadas a la luz envolvente, y quizá por ello no están obligadas a observar la mitzvá del tzitzit, que expresa la luz interior (or pnimí) que se exterioriza. En su lugar de ello, su precepto se expresa en vestir una prenda bonita y recatada, que pone de manifiesto a la luz envolvente].

 

¿Acaso es obligatorio cubrirse la cabeza con el talit gadol?

Pregunta: Quienes se envuelven en el talit gadol ¿deben cubrirse con este la cabeza?

Respuesta: Hay quienes sostienen que el significado de “envolverse” (lehit’atef) con el talit implica envolver tanto la cabeza como el cuerpo, y que toda prenda que se viste sin la forma de un verdadero envolvimiento está exenta de tzitzit. Según esta opinión, nuestro talit katan estaría exento de tzitzit. Estos juristas refuerzan su postura a partir del texto de la bendición, el cual dice “lehit’atef batzitzit” (“envolverse en el tzitzit”) (Rabí Eliezer de Worms – Raavía, y Or Zarúa).

Sin embargo, en la práctica, la mayoría de los sabios medievales (rishonim) escribieron que el talit katan debe portar tzitziot (Itur, Maharam, Orjot Jaim, Nimukei Yosef y muchos otros). Esto se debe a que el precepto del tzitzit se aplica a toda prenda “con la que te cubras”, y “ello implica que toda vestimenta y cobertura estén incluidas”, “a veces cubriendo la cabeza y a veces con la cabeza descubierta”. Por ello, incluso se recita bendición sobre el talit katan, a pesar de que con este no nos cubrimos la cabeza (Maharil, Tur y Shulján Aruj, Oraj Jaím 8:2 y 6; y así dictaminaron también los sabios de las últimas generaciones o ajaronim).

No obstante, por consideración hacia quienes opinan que el precepto consiste específicamente en envolverse, y también debido a la fórmula que se recita en la bendición, “lehit’atef”, después de recitar la bendición sobre el talit gadol, se acostumbra a embellecer el precepto envolviéndose en el talit durante el tiempo que se tarda en caminar cuatro codos. Es decir, se cubren con el talit la cabeza y la parte superior del cuerpo, de modo tal que todos los tzitziot queden sobre el hombro izquierdo, y así permanecen el tiempo equivalente a caminar cuatro codos. Luego, se vuelve a llevar el talit de la manera habitual, con dos tzitziot al frente y dos atrás (Shulján Aruj Oraj Jaím 8:4; Gaón de Vilna 9; Mishná Berurá 4). En lo que respecta al talit katan, se acostumbra a recitar la bendición “al mitzvat tzitzit”, ya que no se suele envolver con él, sino simplemente vestirlo (Ramá Oraj Jaím 8:6; Ben Ish Jai, Bereshit 6; Kaf HaJaím Oraj Jaím 8:25, 27).

 

¿Acaso cubrir la cabeza con el talit tiene algún valor?

Aunque no hay obligación de cubrirse la cabeza con el talit, hacerlo tiene un valor especial, ya que hacerlo expresa sumisión y reverencia ante HaShem. Por ello, hay quienes son cuidadosos de cubrirse la cabeza con el talit durante toda la plegaria, y especialmente durante la Amidá (Mishná Berurá 8:4).

Pregunta: No me resulta cómodo cubrirme la cabeza con el talit gadol durante el rezo. ¿Acaso existe una costumbre que obligue a hacerlo?

Respuesta: No existe una costumbre obligatoria al respecto; por lo tanto, quien no se sienta cómodo no está obligado a cubrirse la cabeza con el talit.

 

Solteros de origen ashkenazí y el talit gadol

Pregunta: Según la costumbre ashkenazí, ¿puede un soltero envolverse en el talit gadol durante el rezo de Shajarit?

Respuesta: La costumbre entre los solteros de origen ashkenazí es cumplir con el precepto del tzitzit mediante el talit katan y no envolverse con el talit gadol, ya que el talit gadol expresa la luz envolvente (or makíf) que la persona casada alcanza gracias a su esposa. A través del matrimonio, el hombre es considerado una persona completa, que vive en alegría y armonía, mientras que el soltero aún no ha alcanzado ese nivel (Tratado de Yevamot 62(B); Bnei Isasjar, mes de Tishrei 13).

Los sabios medievales (rishonim) encontraron un sustento para esta costumbre en la proximidad de los versículos (Devarim-Deuteronomio 22:12–13): “Harás flecos en las cuatro puntas de tu manto con que te cubras. Cuando un hombre tome esposa…” (Tashbetz Katán 368; Minhaguei Maharil, leyes de matrimonio 10). No obstante, cuando los solteros suben a la Torá o actúan como enviados o representantes de la congregación (shlijei tzibur), se envuelven con el talit gadol en honor a la congregación, pero procuran no cubrirse la cabeza con él, pues a ello solo accederán después del matrimonio (Mishná Berurá 8:4). La fuente de esta práctica se halla en lo relatado en la Guemará (Tratado de Kidushín 29(B)) acerca de Rav Hamnuna, quien no cubría su cabeza porque no estaba casado.

 

Cambios en la costumbre

Entre los cohanim de origen ashkenazí hay quienes acostumbran a envolverse en el talit gadol desde el momento en que comienzan a subir al duján (la tarima que se encuentra al frente de la sinagoga) para la bendición sacerdotal. En las generaciones recientes, a raíz del retraso en la edad del matrimonio, hubo comunidades ashkenazíes en las que también los solteros acostumbraron a envolverse con el talit gadol antes de su boda, sin cubrirse la cabeza. Esto se hizo para no postergar durante demasiados años el momento de envolverse en el talit gadol en la oración de Shajarit. Por otra parte, muchos continúan fieles a la costumbre tradicional, que además constituye un profundo estímulo para casarse en el momento adecuado y no retrasar la edad del matrimonio.

 

Está prohibido vestir un talit cuyos tzitziot no son válidos

Los cuatro tzitzit que se ordena colocar en las cuatro esquinas de la prenda se condicionan mutuamente, pues los cuatro constituyen un solo precepto (Tratado de Menajot 28(A)). Por lo tanto, si uno de los tzitzit se invalida, está prohibido vestir la prenda, y si la persona la vistió, dejó sin efecto un mandamiento positivo. Si alguien estaba vestido con un talit y advirtió que uno de los tzitziot se desprendió de la esquina del talit, o que sus hilos se rompieron de tal modo que el tzitzit quedó invalidado, debe quitárselo de inmediato, ya que en cada instante que lo mantiene puesto está dejando sin efecto un mandamiento positivo (Tratado de Menajot 37(B)).

 

¿Cuándo la rotura de los hilos invalida el tzitzit?

Si después de que los tzitziot fueron atados correctamente a la prenda se rompieron todos los hilos que sobresalen del guedil (trenzado) pero quedó de ellos una medida de kedei anivá —es decir, una longitud suficiente como para poder anudar con ella todos los hilos que se rompieron, aproximadamente cuatro centímetros—, el tzitzit sigue siendo válido. Si un solo hilo se rompió hasta el guedil, el tzitzit sigue siendo válido. Pero si dos hilos se rompieron hasta el guedil, el tzitzit resultará invalidado, pues existe el temor de que esos dos hilos pertenezcan en realidad a un mismo hilo doblado, y entonces de ese hilo no quedaría siquiera la medida mínima de kedei anivá (Shulján Aruj Oraj Jaím 12:1–3).

Sin embargo, si se tuvo el cuidado de atar los hilos de modo tal que los cuatro hilos que salen de un lado queden siempre anudados juntos frente a los cuatro hilos que salen del otro lado, entonces, aun si los cuatro hilos de un lado se rompieron hasta el guedil, y del otro lado solo quedó de los hilos la medida mínima de kedei anivá, el tzitzit sigue siendo válido, ya que de cada uno de los cuatro hilos quedó al menos la medida de kedei anivá. Si uno de los hilos se cortó en el punto en el cual el guedil se une a la prenda, el tzitzit quedará invalidado, puesto que el hilo cortado se considera completamente inservible (Mishná Berurá 12:13).

 

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