El islam y el cristianismo se encuentran por encima de las religiones paganas y son las que más se acercan a la luz de D’s. ● Aun así, adolecen de una gran carencia y es el hecho de que no reconocen el rol del pueblo de Israel en revelar la Palabra de D’s y Su bendición para el mundo entero, y en lugar de ello, pretenden sustituirlo actuando así en perjuicio del judaísmo y de los judíos. ● Los hijos de Noaj (los gentiles en general) no tienen prohibido adorar ídolos siempre y cuando ello sea bajo el formato de «shituf«, esto es, asociándolo al servicio a D’s. ● Un prosélito que desea incorporarse al pueblo de Israel a los efectos de reforzarlo por el bien de toda la humanidad, no incurre en una traición. ● Se debe tener el recaudo de que un judío siempre participe de la cocción de los alimentos, para estar seguros de que no se transgrede la prohibición de cocción de alimentos por parte de gentiles.
Dado que en toda conversión al judaísmo el converso comete un cierto acto de traición hacia la buena tradición recibida de parte de su familia y su nación, el Rav Kuk escribió (Linvujei Hador 8) que siempre y en todo caso, se trata de una acción que encierra una cierta medida de complejidad. Por ello, nuestros sabios dijeron que «los conversos son problemáticos para el pueblo de Israel como la psoriasis (sapajat)». Con el correr del tiempo, el converso o sus descendientes podrán comprender con mayor profundidad al alma de la nación de la cual provienen, y desde la fuente de Israel podrán proveerles de consciencia, moral y bendición en la medida que les corresponde.
En el anterior artículo expuse algunas de las opiniones del Rav Kuk sobre las religiones paganas (Linvujei Hador y otros libros) en cuanto a que todas poseen una chispa de divinidad por efecto de la cual educan hacia determinados fundamentos morales, cada religión de acuerdo con su nivel. Asimismo, escribió que los sabios más excelsos de cada tradición alcanzaron el grado de «espíritu de santidad» (ruaj hakodesh) por medio del cual pudieron profundizar en su propia religión y educar a su pueblo. Sin embargo, se nos ordenó alejarnos de la idolatría a cualquier precio, rechazarla rotundamente para evitar que los hijos de Israel se vean arrastrados hacia ella y puedan así servir de brújula de consciencia y fe para toda la humanidad. Pero en lo que respecta a las demás naciones, es correcto que cada individuo continúe la tradición de sus padres, pues la pérdida de la fe conllevará la corrupción de la moral humana, pero por el contrario, de aferrarse a la religión de sus padres, gradualmente podrá interpretarla de un modo más profundo y abstracto, purificándola de todo resto de materialización grosera, elevando así a las almas hacia una fe y una moral superiores.
En el presente artículo continuaremos explicando algunos otros fundamentos vinculados a esta temática tan importante.
Las diferencias existentes entre las religiones paganas por un lado y el cristianismo y el islam
por el otro
Nuestro maestro el Rav Kuk escribió que el cristianismo y el islam se encuentran por sobre las religiones paganas ya que fueron influenciadas por el Tanaj y por el pueblo de Israel, y por lo tanto, son más cercanas a la luz de D’s. Asimismo, resulta lógico pensar que los sabios y los líderes del cristianismo y el islam recibieron ayuda celestial por cuanto que procuraron ayudar a las personas, las tribus y las etnias a elevarse de un modo adecuado con su idiosincrasia. Más aun, el Rav escribió que es razonable pensar que desde el Cielo les ayudaron a obrar prodigios a los efectos de impresionar a sus interlocutores, para que de esa forma progresen en su fe y en su moral (Linvujei Hador 8:46). Además, cabe ver a las dos grandes religiones monoteístas como una etapa más en la evolución que va desde la idolatría grosera hasta la fe pura en HaShem (Sefer Hacuzarí 4:23, Rambám Hiljot Melajim 11:4, Rambán en su artículo titulado: «Torá Temimá»).
La gran carencia de la que adolecen
No obstante, el Rav Kuk escribió en su libro Linvujei Hador (capítulo 8) que tanto el cristianismo como el islam adolecen de una gran carencia que es su no reconocimiento del papel central que juega el pueblo de Israel en la revelación de la Palabra de D’s y Su bendición al mundo entero, y en vez de ello, pretenden sustituirlo perjudicando así tanto al judaísmo como a los judíos. De aquí surge una falencia suplementaria, y es la ausencia en estos credos de un método de superación permanente que permita elevar a la humanidad sin fin, y por ende no son capaces de crear un centro alrededor del cual puedan nuclearse todos los seres humanos. Por ello, es imprescindible que con el correr del tiempo, tanto el cristianismo como el islam se limpien de su judeofobia para poder así recibir de la fuente de la fe hebrea la guía y la iluminación necesarias y adecuadas para poder elevarse de manera constante y reparar así el mundo.
El respeto por las religiones
Sin embargo, también ahora, que muchos de entre los cristianos y los musulmanes odian al pueblo de Israel y todavía no han purificado completamente a sus credos de todo vestigio de idolatría, junto a las críticas correspondientes por sus acciones inapropiadas que de esto se desprenden, el Rav Kuk escribió que corresponde respetar los fundamentos de la fe y la moral de sus religiones, por medio de las cuales lograron elevar a numerosas personas a una conducta más virtuosa amén de inculcarles el amor y el temor a D’s (Linvujei Hador 8:14:1).
Además, el Rav Kuk escribió también que no se debe faltar el respeto a otras religiones, incluso en el caso de las más idólatras de entre estas porque al despreciarlas se expresa también un desprecio por la fe y por la religión en general, y entonces los herejes habrán de usar los conceptos empleados contra los credos paganos en contra del judaísmo, tal como sucedió finalmente en los hechos. Por ello, a los efectos de salvar a los jóvenes «es preciso que profundicemos en el valor de las demás religiones desde la óptica de la Torá de Israel» (ídem, también puede verse en Igrot Reaiá 194, parte I pág. 250).
Las diferencias entre el cristianismo y el islam
Es preciso prestar atención al hecho de que el Rav Kuk se refiere siempre de igual manera al cristianismo y al islam, y si bien esta última religión está más limpia de elementos idolátricos, tal como parece esta ventaja no resulta decisiva respecto de aquellos aspectos en los cuales el cristianismo supera al islam (ver también en Igrot Reaiá 112, Linvujei Hador 8:14:1).
¿Acaso corresponde que los cristianos y los musulmanes se apeguen a su fe?
En virtud de lo antedicho, el Rav Kuk afirma que corresponde que tanto los cristianos como los musulmanes se apeguen a su religión, y tal como él lo puntualiza: «las religiones que fueron fundadas sobre la base de las palabras de la Torá y las de nuestros profetas sin duda que tienen un valor encumbrado pues quienes las profesan están cerca de la luz, el conocimiento y el honor a HaShem (Linvujei Hador 14:1). Tras enumerar sus carencias, continúa escribiendo que estas religiones poseen las «grandes reglas morales que fueron extraídas de la luz de la Torá, la cual vivificó más intensamente en su seno el sentimiento humano en su mayor pureza». Así, a partir de estas religiones surgieron «personalidades individuales poseedoras de un espíritu puro que al reunirse establecieron prácticas religiosas que cumplieron con su cometido de elevar el alma hacia la virtud, así como hacia el amor y el temor a D’s. Por ello, los fieles de estas creencias deben ir por el camino que fijaron sus legisladores, los cuales son considerados en sus credos como personas santas en virtud de sus cualidades y su valía». Por ello, corresponde «que toda persona completa en su intelecto considere que quienes siguen las leyes de su religión según la tradición de sus ancestros sirven a D’s en la medida de su valía» (ídem 8).
¿Acaso es correcto u oportuno que un gentil se convierta al judaísmo?
Nuestro maestro el Rav Kuk escribió (Linvujei Hador 8) que no corresponde que una persona cambie su religión y esto incluye también a los feligreses de los credos idólatras, pues toda religión es una expresión del carácter social y nacional del pueblo en el seno del cual surgió y quien la abandona traiciona a su familia, a su nación y sus buenos valores. Y en caso de que la religión a la cual el individuo se convierte sea inferior a la original en el aspecto moral o teológico «retrocede y arroja sombras sobre la luz de su alma, amén de que tergiversa por completo la senda de la moral traicionando a su nación que es aquella que lo crio y lo formó, y merece ser llamado ‘malvado’ y su mal no será indultado (Linvujei Hador 8).
¿Es correcto que los fieles de las religiones paganas se conviertan al cristianismo o al islam?
El Rav Kuk continúa escribiendo que si una persona que pertenece a un credo pagano cabe analizar detenidamente su pecado, pues si bien de momento perjudica a su nación es razonable pensar que en el largo plazo su acción resultará beneficiosa tanto para la humanidad como para su pueblo porque se pasa a una religión más proclive al desarrollo del individuo «porque la consciencia de la Unicidad de D’s, Bendito Sea (que existe en el cristianismo y en el islam) de todas maneras habrá de traer beneficios a la humanidad». Sin embargo, «esto no resulta del todo claro» porque «tampoco el islam ni el cristianismo pueden hacer que el éxito del ser humano alcance su nivel final» porque no pueden reunir a su alrededor la totalidad de las virtudes que se encuentran en todas las naciones y todas las religiones, por lo que parecería mejor que el individuo en cuestión no traicione a su pueblo o a su tradición y permanezca en ella elevándose en su seno a niveles superiores de fe y de moral. Esto es así pues aprendimos que toda religión puede ser refinada de sus impurezas hasta quedar límpida de cualquier forma de idolatría o vicios.
Se puede traer a colación el ejemplo de la religión hinduista, la cual posee elementos idolátricos, pero como posee una corriente central que hace énfasis en que todo proviene de un origen único, y educa hacia una moralidad profunda, abandonarla para sumarse al cristianismo o el islam puede ser considerado como un descenso, y tal como les pasó a muchos de los que abrazaron el islam, se infligieron a sí mismos y a su pueblo más daños que beneficios.
La idolatría por medio de su combinación con la fe monoteísta (emunat hashituf)
Cabe destacar que este enfoque se condice con la opinión mayoritaria de las eminencias halájicas, en cuanto a que los gentiles no tienen prohibido profesar credos paganos combinados con la fe monoteísta (creer en D’s y además en otras fuerzas). O sea, siempre y cuando crean que HaShem es el Dios de todos los dioses, aunque combinen a ello la fe en otra deidad, si bien ello no está bien, no ingresa en la categoría del culto idolátrico. Y tal como escribiera el Rav Kuk, «para ellos, este tipo de creencia, de momento, representa un ascenso» (Orot, Israel Utjiató 5). Así también escribió el Rav Jarlap (Mei Marom 35:12, 32:2). Esta es también la opinión del Rebe de Jabad, Rabí Menajem Mendel, el autor del libro Tzemaj Tzedek (Derej Mitzvoteja, Mitzvat Ajdut HaShem, y escribió que esta es también la opinión del Rambám en Hiljot Avodá Zará 1:1-2). Otro tanto escribió el último Rebe de Jabad Rabí Menajem Mendel Schneuerson (Likutei Torá XX pág. 16 cit. 44).
El problema y la solución a la conversión al judaísmo
Dado que en todo acto de conversión hay un cierto componente de traición a la buena tradición que el prosélito recibió de parte de su familia y de su pueblo, el Rav Kuk escribió (Linvujei Hador 8) que también la conversión al judaísmo resulta compleja y por ello nuestros sabios dijeron que «los conversos son difíciles para el pueblo de Israel como la dolencia de la psoriasis» (Tratado de Yevamot 47(B)).
Sin embargo, dado que la creencia israelita trae bendición a todas las naciones, y el prosélito desea incorporarse al pueblo judío para sumarle a este fuerza en beneficio de la toda la humanidad, la conversión no implica una traición. Más aun, a lo largo del tiempo él o su descendencia podrán comprender mejor el alma de la nación de la cual provienen por lo que podrán influir en esta conocimiento, moral y bendición de un modo que les resulte apropiado (Linvujei Hador 52).
La prohibición de que un gentil cocine para un judío en el caso de un trabajador extranjero
Pregunta: Nos vimos en la necesidad de contratar una trabajadora extranjera para que atienda a mi madre. Por su parte, mi padre vive con ella y está bien de salud. Sin embargo, esta empleada es la que se ocupa de las cuestiones de la casa y se prepara alimentos tanto para sí como para mi madre. ¿Podemos mi padre y yo comer de los alimentos que esta señora cocina? En caso de que esté prohibido, ¿los recipientes y utensilios de cocina con los que cocinó siguen siendo aptos para nosotros o es preciso kasherizarlos por medio de su inmersión en agua hirviendo?
El estatus de los recipientes y los utensilios
Cuando resulta claro que los alimentos son kasher, a los efectos de evitar incurrir en la prohibición de que un gentil cocine para judíos (bishulei goím) es preciso tener el recaudo que un judío participe de la labor. Por ejemplo, si su padre colocare la olla sobre el fuego o encendiere la lumbre debajo de la olla, el guisado será kasher según todas las opiniones. Sin embargo, para la tradición sefaradí el encendido del fuego antes de la colocación la olla no alcanza al tiempo que para la ashkenazí sí (Shulján Aruj Yoré Deá 113:7, Pninei Halajá Kashrut 28:8). Si la cocinera preparó sola todos los alimentos, en caso de apremio o gran necesidad, su madre que está enferma y no es autosuficiente podrá comer de estos (Pninei Halajá Kashrut 28:10).
El estatus de los recipientes
Si la empleada cocinó sola los alimentos y por ende estos no son kasher, los recipientes y los utensilios sí lo son. No obstante, las eminencias halájicas debatieron si los utensilios y recipientes con los cuales un gentil cocinó precisan o no ser kasherizados. Hay quienes sostienen que no por cuanto que el sabor impregnado en los objetos no conlleva un acercamiento entre judíos y gentiles (Rosh y Rabí Aharón Haleví), al tiempo que otras autoridades que sí requieren kasherización por cuanto que en la práctica se trata de alimentos cocidos por gentiles (Rashba y Ran), y así es como sentenciaron la mayoría de los sabios de los sabios de las últimas generaciones (Pninei Halajá Kashrut 28:11). Sin embargo, en ese caso es preciso sumar las opiniones individuales de quienes entienden que la norma que prohíbe que un gentil cocine para un judío no aplica de manera igual en el caso de un empleado que cocina en la casa del israelita (Pninei Halajá Kashrut 28 nota al pie de página 10), y si bien no se dicta halajá de acuerdo a su opinión, en nuestro caso específico se trata de una duda doble respecto de una norma de origen rabínico, por lo que corresponde adoptar la opinión flexible.





