VAIETZÉ 5785
El contenido de la revelación divina
Todas las revelaciones divinas que recibieron nuestros patriarcas se centraron en la fundación del pueblo de Israel, el cual habría de crecer y multiplicarse, heredar la tierra de Israel y traer bendición al mundo entero. @ Felices de los soldados que luchan denodada y abnegadamente en defensa del pueblo judía y su tierra. @ Los miembros de la tribu de Leví, así como también los cohanim, participaban activamente en las guerras de Israel. @ Al dedicarse a tareas públicas, fungían a la vez como una suerte de rabinato del ejército, cuerpo educador castrense y policía militar. @ Tal como se permite cumplimentar por medio de los saludos aceptados en cada una de las lenguas, se permite también hacerlo empleando el vocablo hindú “namasté”.
No solo que los leviím luchaban a la par del resto de las tribus, sino que, además, al dedicarse a tareas públicas, fungían a la vez como una suerte de rabinato del ejército, cuerpo educador castrense y policía militar. Además, a partir de ellos, se conformó también una suerte de unidad especial de combate de la cual participaban los soldados más aguerridos y que tenía por función defender el Arca del Pacto y al comando general de las fuerzas. Cuando los comandantes del ejército fracasaban en combate, este comando tenía por misión conducir la batalla, como en el tiempo de los jashmonaím.
Nuestro patriarca Ya’akov tuvo el mérito de contemplar una de las visiones más grandes e impactantes que viera ser humano alguno alguna vez sobre la faz de la tierra. Vio una escalera apoyada en el suelo cuya parte superior alcanzaba a llegar al cielo sobre la cual los ángeles de D’s ascendían y descendían. De repente, más allá de la escalera y de los ángeles, “… ¡he aquí que HaShem se encuentra sobre ella! Y le dijo: Yo soy el D’s de tu padre Abraham y el D’s de Ytzjak”. Entonces, nosotros esperamos ver cuál es el mensaje significativo, fundacional y esencial que tiene el Creador para transmitirle a Ya’akov.
Si por un instante nos detuviésemos y le preguntásemos a los representantes de los diversos grupos sociales de nuestra nación qué es aquello que correspondería que D’s revelase en una de Sus manifestaciones más encumbradas, sin duda que habríamos de recibir diferentes respuestas. Los judíos “lituanos” dirían: “Estudia Guemará en profundidad hasta transformarte en un erudito”. Los jasídicos dirían: “Apégate a D’s y sírvelo con alegría”. Los seguidores de nuestro maestro el Beit Yosef dirían: “Estudia Halajá según el método de Rabí Yosef Caro”. Los más extremistas dirían: “Odien a los malvados y a todo aquel que los frecuente”. Las personas generosas dirían: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Los religiosos modernos dirían: “El deber de conducirse correctamente en el mundo antecedió a la aparición de la Torá”.
Sin embargo, el Santo Bendito Sea dijo: “La tierra sobre la cual estás acostado, la daré a ti y a tu simiente para siempre. Tu descendencia será abundante como el polvo de la tierra. Y te expandirás hacia el occidente y hacia el oriente, hacia norte y hacia el sur” y en virtud de ello “todas las familias de la tierra resultarán bendecidas en ti y en tu descendencia”. Esta es la revelación divina, y por su intermedio, nuestro patriarca Ya’akov reconoció el carácter sagrado de la tierra prometida, y por eso dijo: “En efecto hay D’s en este sitio y yo no lo sabía”. Entonces temió y agregó: “Cuán reverente es este lugar, no se trata sino de la Casa de D’s, y este es el portón del cielo” (Bereshit-Génesis 28:13-17).
El contenido de todas las revelaciones
Por mi experiencia, sé que a veces incluso a los más grandes estudiosos de los diferentes grupos que conforman el pueblo judío, los cuales han leído la Torá reiteradamente y en numerosísimas ocasiones, se les escapa el contenido de las diferentes revelaciones divinas y su importancia, y por ello tienden a discutir y argüir que “en efecto, en esta ocasión D’s habla del pueblo de Israel, de su tierra, y de traer la bendición a todas las familias de la tierra, pero hay otras revelaciones que giran en torno a otros temas…”. Sin embargo, no están en lo cierto. Todas las revelaciones divinas que recibieron nuestros patriarcas se centraron en la fundación del pueblo de Israel, el cual habrá de crecer y multiplicarse, heredar la tierra de Israel y traer bendición al mundo entero.
Los patriarcas fueron objeto o receptores de dieciséis revelaciones a lo largo del libro de Bereshit (Génesis), y en cinco de ellos se expresaron estas tres ideas conjuntamente: establecer una gran nación, heredar la tierra prometida y traer la bendición a todas las naciones. En nueve de las revelaciones se expresa la promesa de que se heredaría la tierra de Israel, y en otras tres de estas, que estaban destinadas a Ya’akov, se le proporcionaron directivas vinculadas a su retorno a la tierra prometida desde Jarán, su descenso a Egipto y la promesa de HaShem de que finalmente su descendencia regresaría al terruño patrio. En once revelaciones se hace mención de que el pueblo de Israel sería fecundo y se multiplicaría numéricamente, y que al igual que las estrellas del firmamento y los granos de arena a la orilla del mar, resultarían incontables. Estos fundamentos fueron explicados con mayor alcance y profundidad por Rabí Yehudá Haleví -el autor del libro Cuzarí- que, por los demás sabios, tanto medievales como de las últimas generaciones. Por eso, el Gaón de Vilna dijo que todos los fundamentos del judaísmo se encuentran en el Cuzarí y dependen de este libro, y en este contexto, también nuestro maestro el Rav Tzví Yehudá Kuk, de bendita memoria, solía expresarse con grandes elogios hacia esta obra, señalando que se trataba del primero y el más importante de los libros jamás escritos sobre la fe judía.
Bienaventurados los justos
Bienaventurados los soldados que luchan denodada y abnegadamente en defensa del pueblo judío y de su tierra. Bienaventuradas las valientes esposas que refuerzan la moral de maridos que pasan largos meses en el frente, bienaventuradas las madres que criaron chicos tan valientes. Bienaventurados los rabinos, las rabaniot, los maestros y las maestras que educaron a los valientes que se encuentran en el frente y a las valientes que se encuentran en la retaguardia.
Quiera HaShem que nuestros valientes soldados y todas sus familias sean bendecidos en todo cuanto emprendan y tengan el mérito de ver hijos e hijas, nietos y nietas, bisnietos y bisnietas dedicados al estudio de la Torá y a la observancia de los preceptos. Así, todos nosotros lograremos continuar la construcción del país con abnegación, entrega y a la luz de las enseñanzas de la Torá, y en virtud de ello, la bendición fluirá hacia el pueblo de Israel y hacia la totalidad de las naciones del mundo.
Los leviím y los cohanim conducían al ejército de Israel
Pregunta: En el artículo anterior usted sostuvo que quienes estudian Torá tienen el deber de servir en el ejército, pero yo escuché que quienes estudian Torá se asemejan o son considerados como los miembros de la tribu de Leví, que se dedicaban de lleno a la Torá y a la santidad, y por ende, no se enrolaban. Tal como lo escribiera el Rambám: “¿Y por qué la tribu de Leví no recibió parcela en la tierra de Israel ni participación en el botín de guerra como el resto de sus hermanos? Porque HaShem los separó para que Lo sirvieran y le indicaren Sus caminos rectos y Sus sentencias justas a las multitudes, tal como fuera dicho: ‘Enseñarán Tus leyes a Ya’akov y Tu Torá a Israel’”. Por lo tanto, fueron separados de la mundanalidad, no salían a la guerra como el resto de sus hermanos, no recibían parcela en la tierra prometida ni tampoco disfrutaban del fruto del esfuerzo de sus cuerpos, porque eran los soldados de HaShem, tal como fuera dicho: ‘D’s bendiga a Su hueste’. A su vez, el Santo Bendito Sea recibía a los leviím como Su propiedad, tal como fuera dicho: ‘Yo soy tu parte y tu heredad’. Y no solamente la tribu de Leví se encontraba en este estatus, sino todo aquel ser humano que venía al mundo y se voluntarizaba para ello (nadvá rujó) podía alcanzarlo” (Hiljot Shemitá Veyovel 13:12-3).
Respuesta: Esta postura carece de asidero, porque tanto los miembros de la tribu de Leví como los cohanim participaban de las guerras del pueblo de Israel. Y lo que escribiera el Rambám (ídem) en cuanto a que “no salían a la guerra como el resto de sus hermanos ni recibían parcela en la tierra prometida” se refiere a que dado que Leví no se asentaba como el resto de las tribus, tampoco participaba de la lucha de cada una de estas a la hora de defender su propia parcela, pero cuando había una guerra contra el enemigo en la que intervenía la totalidad del pueblo de Israel, los leviím participaban en la contienda al igual que el resto de sus hermanos israelitas. Así lo explica nuestro maestro el Rav Kuk en su libro “Shabat Haaretz” sobre el Rambám (ídem). Asimismo, esta idea la aprendemos de una serie de versículos explícitos que se encuentran tanto en el libro primero de Crónicas (23:1-4, 26:29) como en el segundo (19:11, 34:13). Asimismo, nuestros sabios dijeron: “En un inicio (en los días del Primer Templo) no se nombraban gendarmes sino de entre las filas de los leviím, tal como fuera dicho: “Y los guardianes de entre los leviím se encuentran ante ustedes” (Tratado de Yevamot 86(B)). En los días del Segundo Templo, en virtud de que pocos leviím se habían sumado al grupo de los repatriados provenientes de Babilonia, los gendarmes provenían de todas las tribus.
Dado que los leviím estaban destinados a ejercer funciones de gendarmería, en tiempo de guerra constituían la policía militar. Tal como fuera dicho: “Y los policías hablaron al pueblo y le dijeron… y cuando los gendarmes terminaban de hablar al pueblo, asumían la comandancia y se ponían al frente de la nación” (Devarim-Deuteronomio 20:5-9). Esto es, en tiempos de guerra opcional (no de supervivencia) la función de los leviím policías era eximir del servicio a aquel que había construido una casa y aun no la había habitado, aquel que había plantado una vid y aun no la había vendimiado y aquel que se había casado y aún no había pasado un año entero con su esposa. En tiempos de guerra preceptiva, como es el caso de la batalla contra un enemigo que se alza contra el pueblo de Israel, todos los reclutas antes mencionados debían ir a la batalla y los gendarmes únicamente eximían a aquellas personas que estaban enfermas o eran minusválidas y por lo tanto no podían combatir.
Luego, cuando el pueblo comenzaba a salir rumbo a la batalla, los gendarmes se ubicaban entre las filas traseras de los soldados alentando a los más débiles y castigando a quienes intentaban escapar de la lid. Para ello, ubicaban policías fornidos armados con lanzas para que cortaran los muslos de quienes procurasen escapar, ya que la fuga, podía ser interpretada como una derrota (Mishná Tratado de Sotá 8:6, Rashi a Bemidbar-Números 26:13).
Además de ello, los cohanim y los leviím ocupaban cargos de importancia en el diseño o la formación del ejército de Israel, fungiendo a la vez como una suerte de rabinato militar, un cuerpo de educación castrense y policía militar. Un grupo selecto de entre los leviím cargaban el Arca del Pacto que salía a la contienda junto a los soldados, y antes de iniciarse la batalla, el cohen ungido para la guerra arengaba a los combatientes y se tocaban las trompetas, tal como lo indica la Torá (Bemidbar-Números 10:8-9, Tratado de Sotá 42(B)), Sefer Yereim 432).
En resumen, no solo que los leviím luchaban al igual que el resto de las tribus, sino que, además, al dedicarse a tareas públicas, fungían como una suerte de rabinato del ejército, cuerpo educador del ejército y policía militar. Además, a partir de ellos también se conformó una especie de unidad especial de combate de la cual participaban los soldados más aguerridos y tenía por función defender el Arca del Pacto y el comando general de las fuerzas. Cuando los comandantes del ejército fracasaban en combate, este comando tenía por misión conducir la batalla, como en el tiempo de los jashmonaím (ver el comentario del Rambán a Bemidbar-Números 8:2).
Namasté
Pregunta: ¿Puede un judío saludar diciendo “namasté” -el saludo típico de la cultura hindú- al encontrarse o despedirse de una persona inclinándose levemente y uniendo ambas palmas de sus manos en señal de paz y respeto? ¿Acaso ello implica conducirse de acuerdo con las normas o las costumbres de los gentiles o quizás incluye un atisbo de idolatría?
Respuesta: Tal como se permite saludar por medio de los saludos aceptados en cada una de las lenguas, se permite hacerlo pronunciando el vocablo hindú “namasté”. Saludar así no se considera que implique conducirse por las normas o las costumbres de los gentiles, ya que esta prohibición de la Torá se refiere a una práctica que se consagró en una nación, y que fuera de esta, carece de sentido o propósito salvo el de expresar su tradición. Pero cuando el saludo tiene sentido, no está prohibido. La traducción literal de “namasté” es “me inclino ante tus pies”, y en la literatura veda antigua significa: “me inclino ante la santidad que en ti anida”. Este saludo carece de toda alusión idolátrica, sino que expresa una verdad, y es la de que en todo ser humano se encuentra una chispa de divinidad y por lo tanto, merece ser respetado.
No obstante, es preferible que un judío salude diciendo “Shalom”, que es uno de los Nombres del Santo Bendito Sea (Tratado de Shabat 10(B)) y por su intermedio los hijos de Israel acostumbran a saludar y a bendecir a sus hermanos. E incluso corresponde saludar diciendo “Shalom” a los buenos gentiles, mas no se les debe duplicar el saludo diciéndoselos dos veces: “Shalom, Shalom” (Tratado de Guitín 62(B), Shulján Aruj Yoré Deá 148:10). El saludo “Shalom” significa y alude a que al encontrarse dos personas que poseen un alma en su interior, se genera una compleción y un enriquecimiento personal recíproco por efecto de los cuales se revela el Nombre de HaShem en el mundo.
Shambala y Mandala
Pregunta: ¿Está permitido usar una pulsera Shambala o colgar un cuadro de Mandala que es una imagen con formas geométricas o adornar la casa con algo que se da en llamar “el Bambú de la Suerte”?
Respuesta: Se puede, y si bien los idólatras creen que con estas imágenes se obtiene paz interior y sanación por medio de fuerzas místicas, siempre y cuando los veamos como simples ornamentos bonitos no recae sobre éstos prohibición alguna. E incluso quien piensa que estos proporcionan tranquilidad, si cree que ello ocurre por su influencia manifiesta, esto es, por el efecto que generan sus colores y las proporciones de sus figuras, ello no está prohibido.
Muñecos de Vudú
Los muñecos vudú sirven en algunos lugares del África como objeto de culto para la realización de brujerías, en particular a los efectos de dañar a otras personas, y a veces también con propósitos curativos. Todo aquel que emplee estos muñecos para los fines mencionados transgrede una prohibición de la Torá. Quien no cree en las facultades embrujadoras de estos objetos, al poseerlos no transgrede una prohibición de la Torá, pero es mejor no tenerlos por objetos decorativos porque no corresponde ornamentar la casa con elementos que son utilizados para actividades prohibidas por la Torá.





