Toldot 5785
Nuestra actitud hacia la ley que exime a los alumnos de yeshivá de enrolarse en el ejército
Es un gran precepto de la Torá salvar a una persona que se encuentra en peligro. @ Cuando se trata de la salvación de la generalidad del pueblo de Israel, estamos ante un caso típico de guerra preceptiva. @ El precepto de conquistar la tierra de Israel nos obliga a poner en riesgo nuestras vidas en aras de obtenerla. @ El precepto de estudiar y enseñar Torá no se antepone al deber de enrolarse al ejército. @ Según la Torá, la ley correcta es que todos los hombres judíos deben servir en el ejército, incluidos aquellos que estudian Torá. @ El debate sobre la preservación de la actual coalición de gobierno es un tema aparte.
Si bien muchos tienen quejas justificadas hacia los comandantes del ejército por la atmósfera secular que proyectan en sus filas y la política militar, ello no cambia en nada el carácter obligatorio y el deber de enrolarse en el ejército, ya que después de toda crítica que pueda formularse, sin el Ejército de Defensa de Israel, nuestros enemigos se alzarían contra nosotros para exterminarnos. Más aún, dado que el precepto del servicio militar se cumple por medio de las personas, forzosamente habrán de equivocarse de tanto en tanto en aspectos estratégicos y tácticos.
Pregunta: En estos días los soldados del Ejército de Defensa de Israel están combatiendo valientemente por la defensa de nuestro pueblo y nuestro país, y en este contexto, la coalición de gobierno tiene pensado presentar ante el parlamento una ley que regularice el estatus de los estudiantes de yeshivá en todo lo que concierne al servicio militar, con implicancias para la totalidad del público jaredí. En virtud de la experiencia pasada, se teme que esta ley genere una exención de servicio militar a miles de jóvenes jaredím que no estudian en conformidad con lo que cabe esperar de un estudiante de yeshivá. ¿Qué opina la Torá sobre esto, y según la Halajá, qué deberían votar los diputados?
Respuesta: Esta pregunta está compuesta de tres partes: a. Si quienes estudian Torá están exentos de servicio militar; b. si la ley propuesta es buena o no; c. si es correcto hacer caer el gobierno por una ley de este tipo. He de responder por separado a cada uno de los componentes de la presente pregunta.
El precepto de servir en el ejército
Es un gran precepto y deber de la Torá que todo hombre sano se enrole al Ejército de Defensa de Israel, incluidos quienes estudian Torá. Esta obligación se fundamenta en dos preceptos: a) Salvar al pueblo de Israel de sus enemigos. b) Poblar la tierra de Israel, esto es, que el terruño que le prometiera D’s a nuestros ancestros y a nosotros esté en manos nuestras y no en posesión extranjera.
Salvar al pueblo de Israel
Es un gran precepto de la Torá salvar a una persona que se encuentra en situación de peligro, tal como fuera dicho: “No será indiferente a la sangre de tu prójimo” (Vaikrá-Levítico 19:16). Dijeron nuestros sabios en la Mishná: “Todo aquel que preserva una vida de un judío, es como si hubiese salvado al mundo entero” (Tratado de Sanedrín 4:5). Cuando a los efectos de salvar una vida es preciso profanar el Shabat y transgredir otras prohibiciones (salvo las tres más graves), es preceptivo hacerlo, ya que salvar una vida equivale en importancia a la totalidad de los preceptos.
El precepto de salvar vidas requiere que estemos dispuestos a arriesgarnos, tal como dijeran nuestros sabios: ¿De dónde aprendemos que quien ve a su amigo ahogándose en el rio, o que una bestia salvaje está a punto de matarlo, o que bandidos vienen para asesinarlo, debe salvarlo? De lo que está escrito: “No serás indiferente a la sangre de tu prójimo” (Tratado de Sanedrín 73(A)). Hay quienes dicen que este texto se refiere a un peligro menor, equivalente al que una persona está dispuesta a asumir en aras de salvar su patrimonio (Sefer Meitat Einaim, Shulján Aruj HaRav, Mishná Berurá 329:19), y hay quienes dicen que el texto se refiere a un peligro de importancia (Beit Yosef Joshen Mishpat 426, según el Talmud Jerosolimitano y Hagahot Maimoniot, Rav Tzví Yehudá, Pninei Halajá Haam Vehaaretz 4:1).
Arriesgar vidas en el marco de una guerra preceptiva
Todo lo anterior se refiere a la salvación de una persona individual, pero cuando se trata de salvar a la totalidad del pueblo de Israel no encontramos ante un caso típico de guerra preceptiva, tal como escribiera el Rambám: ¿Qué guerra es preceptiva?… ayudar a Israel ante un enemigo que se alza contra ellos” (Hiljot Melajim 5:1). El precepto de la guerra requiere que cada persona individual se arriesgue mucho más allá de lo que se nos ordena hacerlo en el caso del salvataje de un individuo, por ello, cuando resulta necesario, a los efectos de salir airosos en la contienda, los soldados deben estar dispuestos a ingresar en una situación en la cual el peligro prima por sobre la posibilidad de salir ilesos. Tal como lo escribiera nuestro maestro el Rav Kuk (Mishpat Cohen 143), la regla según la cual los preceptos son para vivir con ellos y no para morir por ellos y que por lo tanto preservar la vida antecede a todos los mandamientos de la Torá, no rige en tiempo de guerra porque las normas que aplican a la totalidad de la comunidad difieren de las que rigen sobre los individuos, y a los efectos de preservar el colectivo, a veces es preciso que las personas estén dispuestas a arriesgarse (otro tanto escribió el Tzitz Eliezer 13:100).
El precepto de poblar la tierra de Israel
El segundo precepto es el de poblar la tierra de Israel, tal como fuera dicho: “Y desterraréis a los habitantes de la tierra y os asentaréis en ella; ya que para vosotros os he dado la tierra, para poseerla” (Bemidbar-Números 33:53-4). Nuestros sabios dijeron que este mandato equivale en importancia a la totalidad de los preceptos (Sifrei Reé 53) y antecede en importancia a la salvaguarda de la vida (pikuaj nefesh) individual ya que se nos ordenó conquistar la tierra de Israel, y la Torá no tuvo la intención de que nos confiáramos en que ello sucedería por medio de eventos milagrosos, y dado que en toda contienda armada hay caídos, el precepto de la conquista de la tierra de Israel nos impone el deber de arriesgar vidas en aras de su concreción (Minjat Jinuj 425 y 604, Mishpat Cohen pág. 327). En ese contexto, cuánto más aun debemos luchar para defender los territorios patrios que ya se encuentran en nuestro poder.
El precepto de poblar la tierra de Israel aplica en todas las generaciones, tal como lo escribieran el Rambán y otras numerosas eminencias halájicas. Solamente cuando por causas ajenas a nuestra voluntad, no tuvimos la posibilidad militar o política de poblar nuestra tierra, durante los duros años del exilio no nos ocupamos de la observancia de este deber. Si bien hay quienes consideran que según la opinión del Rambám desde la destrucción del Templo de Jerusalém no es preceptivo conquistar nuestra tierra, todos coinciden en que según Maimónides es preceptivo habitar en ella, y por ende, si una vez que los judíos residen en su terruño vienen enemigos para conquistar los territorios que se encuentran en su posesión, el precepto de habitar la tierra de Israel nos obliga a pelear para preservarla, ya que está prohibido transferir parcelas de la tierra de Israel a manos gentiles (Dvar Yehoshúa 2, Oraj Jaím 48, Melumadei Miljamá 1, Pninei Halajá Haam Vehaaretz 4:2).
Fracasos en la comandancia del ejército no dejan sin efecto la perentoriedad del precepto
Si bien muchos tienen quejas justificadas hacia los comandantes del ejército por la atmósfera secular que imponen en sus filas y por la política militar, ello no cambia en nada el carácter obligatorio del deber de enrolarse en el ejército, ya que después de toda crítica que pueda formularse, sin el Ejército de Defensa de Israel nuestros enemigos se alzarían contra nosotros para exterminarnos. Más aún, dado que el precepto del servicio militar se cumple por medio de personas, forzosamente de tanto en tanto habrán de equivocarse en aspectos estratégicos y tácticos. Así fue durante todas las generaciones en las que el pueblo de Israel tuvo un ejército, en muchas oportunidades los reyes y los lugartenientes detentaban pecados personales de importancia, y a pesar de ello, el precepto de luchar en pos de la nación y del país se mantenía vigente y relevante. Cuando no logramos cumplir este gran precepto, sobrevinieron sobre nosotros desgracias espantosas, por ello, cuando se tienen críticas para con el ejército de Israel, es preciso formularlas para solucionar los problemas y corregirlos, pero el precepto de enrolarse se mantiene inamovible.
Los que estudian Torá están obligados a observar este precepto
Con toda la importancia y la trascendencia que tiene el precepto de estudiar y enseñar la Torá, este no deja sin efecto el deber de enrolarse en el ejército. Vimos que los discípulos de Yehoshúa bin Nun y del rey David iban a la guerra y no temían incurrir en el pecado de suspender el estudio de la Torá. Solamente cuando Yehoshúa cesó en su estudio de la Torá en un momento en el cual no se estaba preparando para la guerra, un ángel arguyó en su contra que no estaba estudiando (Tratado de Meguilá 3(A)). Más aun, el libro de Bemidbar (Números) es denominado “el libro de los censos” porque en él se contó a todos los hombres en edad se servir en el ejército cuando estaban por disponerse a conquistar la tierra de Israel.
Asimismo, los sabios dijeron que en caso de una guerra preceptiva “todos van al frente, incluido el novio que sale de su recámara y la novia que deja su palio nupcial” (Mishná Sotá 8:7). Todo precepto que no hay otra persona que pueda observarlo, se suspende el estudio de la Torá y se lo cumple (Mo’ed Katán 9(A)). Quienes estudian Torá no pueden decir que su sangre es más roja que la de sus compañeros. Así solían proceder los cohanim y los leviím que salían a las guerras preceptivas como soldados del pelotón. Además, los leviím eran los gendarmes responsables del enrolamiento y la exención del servicio militar, y los cohanim reforzaban el ánimo de los combatientes (ver Pninei Halajá Likutim I 2:1). Y lo que dijeron en cuanto a que los sabios no requieren que se los cuide (Tratado de Baba Batra 8(A)) se refiere a que están exentos de montar guardia para evitar robos, pero no están exentos de participar de la defensa de la nación ni del país.
- La ley correcta según la Torá
En virtud de todo lo expresado, la ley correcta será aquella que indique que todos los hombres judíos deben prestar servicio militar, incluidos quienes estudian Torá (sobre el tema del servicio femenino en el ejército y en otras instituciones de defensa civil me explayaré en próximos artículos). De todas maneras, cuando la guerra no demande el enrolamiento de todos los que se dedican al estudio de la Torá, es correcto posponer el servicio de los estudiantes sobresalientes que en el futuro habrán de ejercer funciones rabínicas y educativas, y educarán a la joven generación en el cumplimiento de la Torá, incluidos los preceptos de defender a la nación y poblar el país.
Asimismo, en virtud del enorme valor del estudio de la Torá corresponde elaborar marcos de servicio militar reducido para los estudiantes de las yeshivot, tal como se procede con las Yeshivot Hesder. Y ojalá que la mayoría de los judíos estudien en Yeshivot Hesder, pues además del valor del estudio de la Torá, desde el punto de vista del ejército, nuestras huestes contarán con más soldados combatientes abnegados, cuyo aporte en el servicio reducido será superior al del soldado promedio actual que se recluta en un marco de enrolamiento común.
- ¿Es buena la ley propuesta?
En nuestro estado actual de cosas, en el que hay un gran público cuyos grandes rabinos y educadores les indican erróneamente que no se enrolen, resulta claro que no se puede enrolar por la fuerza, por lo que será necesario estudiar la ley propuesta para entender si promoverá el enrolamiento del público jaredí o no. Para ello, es preciso analizar en profundidad los diversos motivos que obstaculizan su normal enrolamiento, y por otra parte, qué factores podrían promoverlo. Asimismo, es preciso revisar muy bien todas las iniciativas y todas las leyes ya promulgadas y ver cuáles aportaron y cuáles causaron daño. Además, es necesario analizar cómo se conduce el ejército y ver cuáles de entre sus prácticas ayudan al enrolamiento de jaredím y cuáles molestan (por ejemplo, afectar la independencia del rabinato del ejército es una medida que resultó nociva para esos efectos).
Para poder expresar una postura seria y detallada sobre la ley, precisaría dedicarle al estudio de la cuestión social y militar un tiempo de cuanto menos dos meses enteros. Por ello, carezco de la posibilidad de expresar una postura religiosa responsable sobre la ley propuesta. Eso no implica que otras personas se manifiesten con responsabilidad y amor sobre esta cuestión tan importante para todo el pueblo de Israel. Tengo la firme esperanza que los representantes parlamentarios de nuestro público conduzcan a la promulgación de una ley que nos lleve al cumplimiento entero de este importante precepto.
- ¿Derribar al actual gobierno?
Incluso si resultase que la ley sancionada es mala, aun entonces cabría preguntarse si oponerse a ella habrá de conducir al derribamiento de la actual coalición de gobierno, por lo que en ese caso nos estaríamos adentrando en una cuestión de un orden completamente diferente. Esto es así ya que quienes entienden que un gobierno de derechas es bueno para la seguridad del Estado de Israel, y que por otra parte, un gobierno de izquierdas pondrá en riesgo la seguridad de la nación, incluida la de los soldados de nuestro ejército, tendrán que apoyar una ley mala para preservar la coalición con la esperanza de que en un futuro se pueda mejorar su redacción. Por otra parte, para quien entiende que un gobierno de derechas es nocivo para el Estado de Israel, aunque la ley sea buena, es probable que se oponga a su sanción para intentar derribar al gobierno.
También en esta cuestión es oportuno que el público manifieste sus posturas, pero no corresponde mezclar la discusión de principios respecto del enrolamiento con la cuestión política sobre la supervivencia del actual gobierno. Los estudiosos de la Torá detentan responsabilidad en el debate principista, pues un error involuntario en el estudio termina conllevando transgresiones voluntarias. No obstante, el debate sobre la supervivencia del actual gobierno, con toda su importancia, implica una discusión de un tenor completamente distinto.





