La idea de separar las comunidades fue planteada por primera vez en Alemania, en comunidades donde la mayoría reformista perjudicaba los derechos de la minoría religiosa. @ El Netziv (Rabí Naftali Tzví Yehudá Berliner) rechazó la idea de la separación de comunidades, pues “este consejo es como espadas para el cuerpo de la nación y su existencia». @ Hace aproximadamente seis años expresé esta postura, según la cual está prohibido boicotear a los dirigentes de las comunidades reformistas y conservadoras. @ Ahora ha salido un libro que explica con profundidad que, efectivamente, la posición del Netziv era contraria a afectar negativamente los vínculos de fraternidad con grupos que no actúan de acuerdo con la Halajá, incluyendo a los reformistas. @ Hoy se puede comprobar que, en efecto, el método de los boicots y la separación de comunidades condujo a incurrir en graves prohibiciones.
Una característica de los rabinos que apoyaron la inmigración a la Tierra de Israel es que también defendían el amor hacia el pueblo judío y se oponían a las disputas con judíos alejados de la Torá y con los reformistas. Un ejemplo de ello es el rabino Kalischer, quien señaló en sus cartas que logró crear una relación razonable con el rabino reformista y mantener la unidad de la comunidad de su ciudad, Thorn. En cambio, quienes defendían la separación de comunidades también se opusieron a las iniciativas para establecerse en la Tierra de Israel y a las acciones que ayudaban a fortalecer los vínculos de fraternidad dentro del pueblo judío.
El libro «Jaravot Leguf Haumá» (Espadas para el cuerpo de la nación)
Hace aproximadamente una semana, publicado por el Instituto Har Berajá, salió el libro del rabino Tzuriel Jalmish: “Espadas para el cuerpo de la nación”. En él se analiza el método del Netziv respecto a la unidad del pueblo de Israel y el rechazo de la idea de la separación de las comunidades. En una amplia y profunda introducción, el Rabino Dr. Boaz Hutterer explicó el dilema en torno a la idea de la separación de las comunidades en Alemania, Hungría y Galitzia.
La idea de separar las comunidades surgió por primera vez en Alemania, en comunidades donde la mayoría reformista perjudicaba los derechos de la minoría religiosa. Más tarde continuó en Hungría, en casos donde el sector religioso temía una imposición por parte de los neólogos (así se llamaba en Hungría a los grupos similares a los reformistas). En el año 5644 (1884), en la comunidad de Cracovia fue elegida una directiva conformada por progresistas y religiosos modernos. Como respuesta, en la revista de «Majzikei HaDat» de Cracovia se planteó la idea de que los temerosos de D’s establecieran para sí una comunidad separada. Frente a esto, el Netziv escribió un artículo en el que rechazó la idea de la separación de comunidades, pues: “Este consejo es como espadas para el cuerpo de la nación y su existencia».
Hace aproximadamente seis años expresé esta postura, según la cual está prohibido boicotear a los dirigentes de las comunidades reformistas y conservadoras; sino que, a pesar de las profundas diferencias, se debe expresar fraternidad hacia ellos por todos los medios posibles. Expliqué esto ampliamente en varios artículos, apoyándome entre otras cosas en las palabras del Netziv, tal como nuestro maestro y rabino, el Rav Tzví Yehudá, solía decir en su nombre.
Frente a esto hubo quienes afirmaron que el Netziv se refería a la separación de los judíos seculares, pero que apoyaba la separación de los reformistas. Otros sostuvieron que, aunque escribió sus palabras sobre los reformistas, sus palabras fueron dichas de manera general, y que en la práctica pensaba que había que alejarse mucho de ellos, y ciertamente no encontrarse con ellos de manera fraternal y pública.
Con la ayuda de D’s, ahora ha salido el libro que explica con profundidad que, efectivamente, la posición del Netziv era contraria a afectar negativamente los vínculos de fraternidad con aquellos grupos que no se comportan según la Halajá, incluyendo a los reformistas.
Los tres argumentos del Netziv
El Netziv planteó tres argumentos en contra de la “separación de las comunidades»: El primero: si el pueblo de Israel no estará unido, tendrá muchas dificultades para mantenerse firme frente al odio de los pueblos que amenazan con destruirlo.
El segundo: el decreto de separación no servirá para impedir la influencia de quienes abandonan la religión, pues si incluso tuvieron dificultades para impedir la influencia de los pueblos extranjeros sobre aquellos que se vieron seducidos por ellos, con mayor razón no podrán impedir la influencia de los que abandonan la religión sobre ellos mismos.
El tercer argumento: naturalmente, si comienzan una disputa intensa contra los malvados, posteriormente se verán arrastrados hacia otra disputa intensa contra personas menos malvadas, y finalmente llegarán a las disputas graves incluso dentro de la propia comunidad religiosa. Pues incluso cuando estábamos en la Tierra Santa y el pueblo de Israel tenía cierto gobierno autónomo “el Templo fue destruido e Israel resultó exiliado a raíz de la disputa entre los fariseos y los saduceos”. Y tal como dijeron nuestros sabios: el Segundo Templo fue destruido por el pecado del odio gratuito (sinat jinam) .
Un análisis equilibrado del método de los boicots
Hoy, después de 140 años, se puede comprobar que, efectivamente, el método de los boicots y de la separación de comunidades condujo a graves transgresiones relacionadas con la disputa, la difamación (lashón hará) y el odio gratuito, hasta el punto de que, lamentablemente, se volvieron fenómenos frecuentes y comunes entre quienes cumplen los preceptos y estudian la Torá. Al principio, las disputas eran solamente con los reformistas y quienes habían abandonado la Torá. Después, también fueron contra judíos religiosos que no se separaban de sus pares seculares, y contra grandes líderes de Israel que participaban en el movimiento sionista que trajo el comienzo de la redención. Más adelante, la disputa se extendió al interior de las propias cortes jasídicas y las yeshivot, hasta que llegó a ser aceptado que los admorim (líderes jasídicos) y los directores de las yeshivot, hermanos y cuñados, se insulten y persigan mutuamente; y en el mejor de los casos se conformen con no hablarse durante muchos años. Permitir la transgresión de la prohibición de la disputa (majloket) es mucho más grave que el temor de una cercanía excesiva con quienes abandonaron la Torá. Y tal como dijeran los sabios (Tratado de Yomá 9(B)): el Primer Templo fue destruido por los pecados de idolatría, relaciones prohibidas y derramamiento de sangre. “Pero el Segundo Templo, que existió en un tiempo en el cual se ocupaban del estudio de la Torá, el cumplimiento de las mitzvot y la realización de acciones de generosidad hacia los demás, ¿por qué fue destruido? Por causa del odio gratuito. Esto te enseña que el odio gratuito equivale a las tres transgresiones (más graves de la Torá): la idolatría, las relaciones prohibidas y el derramamiento de sangre”.
Una velada de estudio en el kibutz Ein HaNetziv
Con motivo de la publicación del libro, el rabino Akiva Zuckerman, que HaShem le conceda larga vida, rabino del kibutz Ein HaNetziv, propuso que celebráramos el lanzamiento del libro con una velada de estudio en el kibutz que lleva el nombre del Netziv, y así fue. En el evento participaron muchos habitantes de la zona: el Rabino Shlomó Rosenfeld, el Rabino Moshé Bigman, el Rabino Beni Holtzman, el Rabino Ajiá Amitai, así como también miembros del kibutz y alumnas de la midrashá, encabezadas por la Rabanit Rajel Keren.
Realmente es un gran privilegio para el kibutz haber recibido el nombre de uno de los más grandes decanos de yeshivot de las últimas generaciones: el decano de la yeshivá de Volozhin, quien también fue un participante activo en la dirección del movimiento «Jovevei Tzión» (amantes de Sión) junto con otros rabinos y judíos seculares, todos ellos mancomunados en torno al precepto de asentarse en la Tierra de Israel. Es también un gran mérito para el Netziv que un kibutz religioso en la Tierra de Israel lleve su nombre.
Tirat Tzví y Sde Eliahu
También los kibutzim vecinos recibieron nombres de grandes líderes espirituales del pueblo de Israel que fueron precursores del sionismo y vivieron en la generación anterior al Netziv. Tirat Tzví lleva el nombre del Rabino Tzvi Hirsch Kalischer, y Sde Eliahu lleva el nombre del Rabino Eliahu Gutmacher.
Cabe señalar que una característica de los rabinos que apoyaron la inmigración a la Tierra de Israel es que también defendían tener una actitud de amor hacia el pueblo judío y se oponían a las disputas con judíos alejados de la Torá y con los reformistas. Un ejemplo de ello es el Rabino Kalischer, quien escribió en sus cartas que logró establecer una relación razonable con el rabino reformista y mantener la unidad de la comunidad de su ciudad, Thorn. En cambio, quienes defendían la separación de comunidades también se opusieron a las iniciativas destinadas a establecerse en la Tierra de Israel y a las acciones que ayudaban a fortalecer los vínculos de fraternidad en el seno del pueblo judío.
Testimonio sobre mi bisabuelo
Mi bisabuelo, el Rabino Dr. Jaím Yehudá Arie Weil, de bendita memoria, quien ejerciera el rabinato en la ciudad de Düsseldorf, Alemania, y perteneciera al movimiento Agudat Israel, actuó en cooperación con los reformistas de su ciudad. Asimismo, su hija, mi tía Jana Faltiel, dio testimonio ante nosotros de que, junto con los reformistas, gestionaban asuntos de ayuda social, asistencia a los enfermos y el cementerio. Él no era un innovador; actuaba de acuerdo con la costumbre de los rabinos de Alemania.
Su hija Jana sobrevivió al Holocausto, sobrevivió a los campos de concentración, emigró con su esposo Abraham al kibutz Ein HaNetziv y vivió hasta los 102 años. Incluso en sus últimos años, cuando tenía dificultades para caminar, su vecina Tzipi Neuman contó que insistía en rezar en la sinagoga y caminaba hasta su lugar sin ayuda. Cada vez que abrían el Arca Sagrada se aseguraba de ponerse de pie. Y durante el Aleinu Leshabeaj, en los Días Solemnes, se arrodillaba, y con sus últimas fuerzas, volvía a levantarse sin ayuda. Su padre, quien murió santificando el Nombre de D’s en Auschwitz, le dijo que, para él, el día más hermoso del año era Yom Kipur.
Cuando un hijo vive en la casa de sus padres y esta carece de mezuzá
Pregunta: Durante mi servicio militar comencé a acercarme al judaísmo, y hoy observo muchos preceptos. El problema es que mis padres no quieren colocar mezuzot en la casa. ¿Está permitido que viva en la casa de mis padres cuando no tiene mezuzot?
Respuesta: Es una mitzvá convencer a tus padres, con buenos modales y de manera agradable, para que acepten colocar mezuzot en su casa. Sin embargo, incluso si no aceptan, está permitido que vivas allí sin limitación. Esto se debe a que la obligación de la mezuzá recae sobre quien es el dueño de la casa, tal como está escrito: “Y las escribirás sobre las jambas de tu casa” (Devarim-Deuteronomio 6:9). Puesto que tus padres son los propietarios de la casa y no tú, la obligación de la mezuzá recae sobre ellos y no sobre ti.
El caso del huésped
Así también es la ley respecto a un huésped que se aloja en una casa cuyos accesos no tienen mezuzá: él no está obligado a colocar una mezuzá en la habitación donde se hospeda. Incluso si los anfitriones aceptaron que viva allí durante mucho tiempo, dado que no paga por su vivienda y los dueños de la casa pueden sacarlo en cualquier momento, no está obligado a colocar una mezuzá. Sin embargo, si los dueños de la casa son judíos, es preceptivo despertar en ellos la conciencia sobre esta cuestión; y de ser necesario, es una mitzvá comprar las mezuzot para ellos.
La ley de la mezuzá para quien alquila una casa fuera de la Tierra de Israel
Quien alquila una casa fuera de la Tierra de Israel, después de 30 días, queda obligado a poner mezuzá, ya que, al vivir allí de manera fija, la casa es considerada como su hogar. Si desde el principio alquiló la casa por más de 30 días, ya desde el inicio del alquiler recae sobre él la obligación de colocar mezuzá. Si alquiló por menos de 30 días, como vive allí de manera temporal, está exento de mezuzá (Shulján Aruj Yoré Deá 286:22; Aruj HaShulján 49).
La ley del inquilino en la Tierra de Israel
Pero en la Tierra de Israel, donde existe un precepto de establecerse y habitar sus casas, los sabios enseñaron que incluso quien alquila una casa solamente por un día está obligado a colocar mezuzot (Tratado de Menajot 44(A); Shulján Aruj allí). Esto es así para que los inquilinos de casas en la Tierra de Israel se vinculen con la tierra, y después de colocar una mezuzá en la casa alquilada aumenten las posibilidades de que quieran quedarse allí. Incluso si se marchan, quienes vengan después verán que ya hay una mezuzá colocada y tendrán más deseo de entrar a vivir allí, de modo tal que la Tierra de Israel quedará poblada por judíos (Rashi ad loc.). Además, el lugar natural de un judío es la Tierra de Israel, y por eso, incluso quien alquila por un solo día es considerado como un residente permanente (Da’at Cohen 179).
Un huésped en un hotel o una casa de vacaciones
Un huésped en un hotel o en un tzimer (casa de vacaciones), incluso en la Tierra de Israel, está exento de colocar una mezuzá durante los primeros 30 días, ya que vive allí bajo la responsabilidad del dueño del hotel o del alojamiento. Quien alquila la habitación por más de 30 días, pasados estos, recae sobre él el deber de colocar una mezuzá, pues el pago por la habitación y la permanencia fija elevan su condición a una categoría cercana a la de un inquilino.
Sin embargo, si el hotel está fuera de Israel, hay quienes opinan que incluso después de los 30 días sigue exento de mezuzá, porque en general la estancia de un judío fuera de Israel se considera temporal, y mientras no sea realmente un inquilino, la casa no se considera suya. En la práctica, es bueno colocar mezuzá sin recitar la bendición.
Una fábrica en sociedad con un no judío
Pregunta: Soy socio en una fábrica con un no judío. ¿Estoy obligado a colocar mezuzot en todas las habitaciones de la fábrica?
Respuesta: Los juristas discutieron este tema. En la práctica, es correcto tomar en consideración ambas opiniones y colocar allí mezuzá sin recitar la bendición (Birkei Yosef 286:2). Esto se aplica siempre que no exista el temor de que los trabajadores de la fábrica denigren o dañen la mezuzá. En caso de que exista tal temor, incluso si la fábrica pertenece únicamente a un judío, no se debe colocar allí mezuzá alguna (Siftei Cohen 286:7).





