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EL PRECEPTO DE SERVIR EN EL EJÉRCITO Y LA SALVACIÓN DEL PUEBLO DE ISRAEL

VAISHLAJ 5784

EL PRECEPTO DE SERVIR EN EL EJÉRCITO Y LA SALVACIÓN DEL PUEBLO DE ISRAEL

. Los soldados del Ejército de Defensa de Israel cumplen dos grandes preceptos: salvar al pueblo de Israel y poblar nuestra tierra (ishuv haaretz).

. En tiempo de guerra, los soldados deben estar dispuestos a ponerse en una situación en la cual tienen más riesgo de resultar afectados que posibilidades de salir ilesos (sakanató merubá mehatzalató).

. Es preceptivo conquistar la tierra de Israel, y por ende, también lo es el defenderla, y ello se sobrepone al deber de cada uno de los individuos de preservar su propia vida (pikuaj nefesh).

. La prohibición de asesinar es de carácter absoluto.

. En caso de que malvados le planteasen a alguien dos opciones: o matas a fulano o te matamos a ti – es mejor que este individuo muera y no transgreda la prohibición de asesinar a otra persona.

Si bien no es preceptivo salvar a un judío particular asumiendo para ello el riesgo de una muerte muy probable, en tiempos de guerra, cuando resulta imperioso poner en peligro la vida de los soldados en aras de triunfar en la lucha, estos deben estar dispuestos a ponerse en una situación en la cual el peligro de resultar afectados es mayor que las posibilidades de salir ilesos.

 

En un momento como este, en el cual nuestros valientes soldados ponen en riesgo sus vidas en el campo de batalla con el objetivo de salvar al pueblo de Israel y a su Estado, corresponde volver a poner énfasis en la dimensión de la santidad del precepto que cumplen con la totalidad de sus cuerpos. Los soldados observan dos grandes mandamientos, y cada uno de estos es un precepto general cuya importancia equivale a la sumatoria de todas las mitzvot de la Torá: el primero es salvar al pueblo de Israel y el segundo poblar el país (ishuv haaretz).

Salvar al pueblo de Israel: Se nos preceptuó que, si vemos que alguno de los miembros de nuestro pueblo corre peligro, nos esmeremos por rescatarlo, tal como fue dicho (Vaikrá-Levítico 19:16): “No serás indiferente ante la sangre de tu prójimo”. Para ello, el individuo debe estar dispuesto a afrontar un determinado riesgo. Cuánto más obligatorio resulta el voluntarizarse para ayudar cuando la totalidad del pueblo judío está en peligro. Y ya dijeron nuestros sabios en la Mishná: “Todo aquel que salva una vida de Israel, las Escrituras dicen de él que es como si hubiese salvado a un mundo entero” (Tratado de Sanedrín 4:5), por lo tanto, todo aquel que participa de la preservación de la totalidad de la nación obviamente que salva en la práctica a un mundo entero. Y este es un caso claro de guerra preceptiva (miljemet mitzvá) (Rambám Hiljot Melajim 5:1).

La defensa del país: Fuimos preceptuados de heredar la tierra de Israel y poblarla, o sea, que esté bajo soberanía judía y sea habitada por judíos a lo largo y a lo ancho de sus límites. Este precepto equivale en importancia a la sumatoria de todos los mandamientos de la Torá (Sifrei Reé 53).

Estos preceptos se anteponen al deber de salvaguardar la vida de las personas individuales

Si bien no es preceptivo salvar a un judío particular asumiendo para ello el riesgo de una muerte muy probable, en tiempos de guerra, cuando resulta imperioso poner en peligro la vida de los soldados en aras de triunfar en la lucha, estos deben estar dispuestos a ponerse en una situación en la cual el peligro es mayor que las posibilidades de salir ilesos. Tal como escribiera nuestro maestro el Rav Kuk, la regla general de la Halajá de “jai bahem” -esto es, que el cumplimiento de los preceptos no debe llevar al peligro de muerte y por lo tanto la salvaguarda de la vida se antepone a todos los mandamientos de la Torá- no se aplica en tiempo de guerra porque las halajot del público general difieren de las de las individuales, y a los efectos de preservar a la comunidad las personas deben estar dispuestas a ponerse en peligro (Mishpat Cohen 143). De acuerdo con esto, el Tzitz Eliezer (13:100) escribió que la regla según la cual “tu vida antecede a la de tu compañero” tampoco aplica en tiempo de guerra, sino que “todos los combatientes, como un solo hombre, deben entregarse abnegadamente en aras de la salvación de la vida del otro. Y esto también se incluye entre las normas generales que rigen al público, a la conducción y a la defensa del Estado de Israel”.

Asimismo, es preceptivo conquistar la tierra de Israel, y por ende, el defenderla se sobrepone al deber de preservar la vida (pikuaj nefesh) de los individuos, ya que la Torá no tuvo la intención de que confiemos en los milagros, y dado que en todas las guerras hay caídos, el precepto de la conquista del país nos compromete a poner en riesgo nuestras vidas en pos de su cumplimiento (Minjat Jinuj 425 y 604, Mishpat Cohen p. 327). Por lo tanto, es obvio que resulta preceptivo defender los territorios que ya se encuentran en nuestra posesión.

Asesinar inocentes – antes morir que transgredir

Del precepto general pasemos al particular que se refiere a estar dispuesto a sacrificar la vida propia con tal de no transgredir ninguno de los tres preceptos más graves: la idolatría, las relaciones sexuales prohibidas (incesto o adulterio) y el derramamiento de sangre inocente. En esta oportunidad nos ocuparemos de la prohibición de asesinar (shfijut damim). En caso de que malvados le planteasen a alguien dos opciones: ‘o matas a fulano o te matamos a ti’ – es mejor que el individuo muera y no transgreda la prohibición de asesinar a otra persona.

Se cuenta sobre alguien que se presentó ante Raba, el jefe de la yeshivá de Pumbedita, y le planteó una pregunta acuciante: «El gobernante de la ciudad me ordenó que mate a fulano y me dijo que en caso de no hacerlo me matará, ¿puedo asesinarlo para salvar mi vida? Raba le contestó: «Que te maten mas no mates, pues, ¿quién dijo que tu sangre es más roja que la suya, quizás la sangre de fulano lo es?» (Tratado de Sanhedrín 74(A)).

Cuando a alguien le parece que su vida antecede a la de su compañero

También cuando a una persona le parece “que su sangre es más roja que la de su compañero”, esto es, que su vida antecede a la de su prójimo por ser más joven o sano y le dicen que ultime a una persona mayor que ya no reconoce a quienes lo rodean, incluso en un caso así es mejor dejarse matar y no transgredir la prohibición de asesinar. Esto es así ya que el razonamiento que dice: “¿acaso tu sangre es más roja?” no es el motivo por el cual uno debe estar dispuesto a morir para no matar sino simplemente una explicación del sentido de la norma. La norma en sí deriva del hecho de que la prohibición de asesinar es de carácter absoluto, y por ello, bajo ningún concepto una persona puede salvarse a sí misma por medio del asesinato de su compañero (Mishpat Cohen 143 pág. 315).

Entrega a tu compañero o te matamos

En caso de que no se le exija a una persona que mate a alguien con sus propias manos, sino que cause su muerte – igualmente deberá morir y no transgredir la prohibición de asesinar. Por ejemplo, si se le exige que entregue a una persona a criminales o a sus enemigos o que les muestre dónde se esconde para que estos lo maten – deberá morir y no entregarla. Esto obedece a que se debe también estar dispuesto a dar la vida con tal de negarse a colaborar con factores causantes del derramamiento de sangre (Rabí Zerajiá Haleví, Nimukei Yosef, Rambán y Sefer Hajinuj 296).

Asimismo, si los criminales le exigen a una persona que les entregue armamento para matar a alguien y sin este les resulta imposible llevar a cabo el delito – es mejor que la persona en cuestión muera y no se los entregue (Ritbá, Ridbaz 4:92). De igual manera, si se le exige a una persona arrojar a alguien a las bestias feroces para causar así su muerte, deberá morir y no arrojarla (Minjat Jinuj 296:25). Del mismo modo, si se le exige a una persona dar falso testimonio para poder condenar a alguien a muerte – morirá y no dará falso testimonio (Jatam Sofer Ketuvot 19:1).

Cuando se le exige a un grupo que entregue a uno de sus miembros para matarlo

En caso de que se exigiese a un grupo de personas que entregue a uno de sus miembros para matarlo, sin importar a quién, bajo la amenaza de que de no hacerlo se los matará a todos – que mueran en su totalidad y no entreguen a uno de sus miembros para que sea ultimado (Tosefta Terumot 7:23). Esto es así ya que la prohibición de asesinar es de carácter absoluto, y no se la puede transgredir, aunque sea para salvar a muchos. Hay autoridades halájicas que permiten que se realice un sorteo entre los miembros de un grupo para decidir a quién se habrá de entregar (Tiferet LeMoshé Yoré Deá 157). Y hay juristas que prohíben realizar un sorteo (goral) para decidir a quién entregar porque este procedimiento solo puede ser llevado a cabo por alguien que se encuentre en el nivel de espíritu de santidad (Ruaj Hakodesh – que es un grado espiritual anterior al de la profecía, N. de T.) (Jadrei Deá 157, Najal Ytzjak Joshen Mishpat 87:3).

HaMeiri escribió que, si se exige a un grupo entregar a uno de sus miembros para matarlo bajo amenaza que de no hacerlo todos morirán, y hay entre ellos una persona que padece de una dolencia o sufrió una herida en uno de sus órganos por efecto de la cual habrá de fallecer en menos de un año, está permitido entregarlo para salvar al resto (citado en Sheiarei Kneset Haguedolá Hagahot Beit Yosef 157:36, pero está prohibido matarlo activamente – Deguel Reubén, Tzitz Eliezer 9:17).

Quien da su vida para salvar a sus compañeros es llamado kadosh (santo)

Cuando gentiles exigen recibir un judío para matarlo bajo amenaza de matar a todos, uno de los hijos de Israel puede voluntarizarse a morir para salvar a sus compañeros, tal como ocurriera en el caso de la entrega abnegada de los judíos que murieron en la ciudad de Lod (haruguei Lud). La hija del gobernador romano apareció muerta y se decretó sobre los judíos de Lod que si no entregaban al asesino todos habrían de morir. Lulianus y Papus se voluntarizaron y dijeron que ellos la habían matado y fueron ejecutados salvando así a sus hermanos (Rashi a Baba Batra 10(B)). Sobre los que se entregaron abnegadamente en este episodio, nuestros sabios dijeron que “nadie puede estar (en el Mundo Venidero) en un mismo sitio (de semejante santidad) junto a los muertos de la ciudad de Lod” (Tratado de Pesajim 50(A)).

Se puede entregar a una persona como Sheva ben Bijrí

Si se le exige a los judíos que entreguen a una persona específica como Sheva ben Bijrí para ser ejecutada y en caso de no hacerlo todos habrán de morir – que sea entregado y no mueran (Talmud Jerosolimitano Tratado de Terumot 8:4). Sheva ben Bijrí era un malvado que sublevó al pueblo de Israel contra el rey David, y cuando Yoav, el comandante de las tropas de David combatió contra él, escapó a la ciudad de Avel Beit Maajá y se parapetó allí. Yoav puso sitio a la ciudad para destruirla y matar a sus habitantes que habían colaborado con la rebelión. “Entonces una mujer sabia dio voces en la ciudad, diciendo: Oíd, oíd; os ruego que digáis a Yoav que venga aquí para que yo pueda hablar con él. Cuando se acercó a ella, la mujer le dijo: ¿Eres tú Yoav? Y él le respondió: Soy yo. Ella le dijo: Oye las palabras de tu sierva. Y él respondió: Oigo. Entonces volvió ella a hablar, diciendo… soy de las pacíficas y fieles de Israel; pero tú procuras destruir una ciudad que es madre en Israel. ¿Por qué destruyes la heredad de HaShem? Yoav le respondió: Nunca tal cosa me acontezca, que yo elimine o destruya. Esto no es así, mas un hombre del monte de Efraím llamado Sheva ben Bijrí ha alzado su mano contra el rey David; entregad solamente a ese y me iré de la ciudad. Y la mujer dijo a Yoav: He aquí que su cabeza te será arrojada desde el muro. La mujer, con su sabiduría, fue luego a todo el pueblo y ellos cortaron la cabeza de Sheva ben Bijrí y la arrojaron a Yoav. Entonces, él tocó la trompeta, y se retiraron de la ciudad, cada uno a su tienda. Y Yoav regresó donde el rey a Jerusalém” (II Shmuel- II Samuel 20:16-22).

Cuando los gentiles exigen a alguien específico que no es culpable de un crimen por el cual se paga con la muerte

En un caso así, según Rabí Yojanán aunque el requerido no merezca pena de muerte, dado que por su causa los gentiles atacan a todo el grupo, tienen derecho a entregarlo para salvarse. Por otra parte, según la opinión de Reish Lakish, solamente en caso de que el requerido merezca pena de muerte como Sheva ben Bijrí se lo entrega. Pero si se trata de alguien que no la merece está prohibido entregarlo y causar su deceso para poder salvarse. Las autoridades halájicas han debatido sobre esta cuestión para definir según cuál de los dos criterios se debe fijar la halajá.

El caso de Ula ben Kushav y la revelación del profeta Eliahu

Cuenta el Talmud Jerosolimitano (Terumot 8:4) sobre un tal Ula ben Kushav que se escapó del gobierno y se escondió en la ciudad de Lod, cerca de donde residía Rabí Yehoshúa ben Leví. Los romanos rodearon la ciudad y amenazaron con que si no se les entregaba al prófugo, destruirían la ciudad. Fue Rabí Yehoshúa ben Leví donde Ula ben Kushav y lo convenció de que se entregara.

Hasta ese entonces, el profeta Eliahu acostumbraba a revelarse frecuentemente ante Rabí Yehoshúa ben Leví y desde ese incidente dejó de hacerlo. Rabí Yehoshúa ayunó varias veces para que Eliahu regresara, este se reveló ante él y le dijo: ¿Acaso yo me he de revelar ante quienes entregan a otros (a los gentiles)? Rabí Yehoshúa le respondió: ¿Acaso no procedí según la norma que indica que si se exige a una persona especifica es preciso entregarla? El profeta Eliahu le respondió: Pero esa no es la doctrina de los piadosos (los que cumplen más de lo que la norma les exige).

Hay quienes dicen que la halajá final es conforme la opinión de Rabí Yojanán, y por lo tanto está permitido entregar a aquella persona que los gentiles reclaman a pesar de que no sea culpable de una acción que merezca la pena de muerte, tal como procedió Rabí Yehoshúa ben Leví (Rabenu Nisim, Ritbá y otros). Otros consideran que la halajá es según la opinión de Reish Lakish, y que era posible entregar a Ula ben Kushav porque según la norma del reino (gentil) merecía la pena capital (Rambám 16).

 

 

 

 

 

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