VAIETZE 5784
El precio del intercambio de prisioneros
Rescatar prisioneros es un gran precepto y antecede en importancia a todos los diferentes tipos de tzedaká.
Está prohibido pagar un precio exorbitante a cambio de la liberación de prisioneros.
Las autoridades halájicas debatieron respecto de una situación en la cual los raptores amenazan con matar al secuestrado.
Cuando se trata de una guerra contra los enemigos del pueblo de Israel, está prohibido ceder ante cualquier tipo de chantaje de su parte.
No se debe pagar por la liberación de un secuestrado más que una ratio de uno por uno.
Es preciso esforzarse en gran manera en aras de liberar a cada uno de los secuestrados, sin embargo, está prohibido hacerlo cuando ello implica poner en peligro la vida de miles de soldados y civiles.
Quienes manifiestan dentro de los límites del Estado de Israel, y los medios de comunicación que publican en nombre de estos que es el deber del gobierno hacer “todo lo que sea necesario” para liberar a los secuestrados – fortalecen al enemigo y ponen en riesgo la vida de nuestros soldados que se encuentran en el frente. ¡Quién sabe! Quizás, de no mediar el accionar de estas personas, el enemigo ya habría hecho concesiones.
El Estado de Israel se ve enfrentado a un difícil dilema, cómo rescatar a los 240 secuestrados por el Hamás. ¿Es preciso aceptar un trato por medio del cual sean liberados a cambio de numerosos terroristas y de la detención de la guerra? Aclararemos este punto a partir del estudio de nuestras fuentes.
El rescate de prisioneros – pidión shevuím
Dijeron los sabios que es un gran precepto liberar prisioneros, y antecede en importancia a todos los diferentes tipos de tzedaká existentes, ya que un prisionero sufre de hambre, sed, falta de vestimenta, y además de ello su vida corre peligro (Tratado de Baba Batra 8(B)). Por lo tanto, no deben escatimarse esfuerzos en aras de liberar prisioneros (Rambám y Shulján Aruj Yoré Deá 252:1).
Sin embargo, nuestros sabios establecieron una halajá por efecto de la cual está prohibido pagar un precio exorbitante por un rescate, tal como se explica en la Mishná: “No se libera a los prisioneros por un valor superior al precio de mercado para preservar la integridad del mundo” (Tratado de Guitín 45(A)). El principal fundamento de esta prescripción, tal como es explicado en el Talmud, es no incentivar a los bandidos a tomar más y más prisioneros de entre los nuestros, ya que esto es lo que habrán de hacer si van a saber que pagamos cualquier precio. No obstante, en el Talmud se menciona otra explicación para esta prescripción y es la de no presionar al público a donar cuantiosas sumas de dinero más allá de sus posibilidades. Sin embargo, según la opinión mayoritaria de los sabios medievales o rishonim -el Rif, el Rambám, el Rosh y el Tur- el principal motivo del decreto es evitar incentivar a los bandidos a raptar judíos, y así se sentenció en el Shulján Aruj (Yoré Deá 252:4).
El episodio ocurrido con el Maharam de Rotenburg
Se cuenta que uno de los grandes sabios del pueblo de Israel, Rabí Meir de Rotenburg (1215-1293), fue atrapado y puesto en prisión por orden del malvado Emperador Rudolph quien deseaba llenar sus vacías arcas con el producto del rescate del líder judío. El Maharam fue encerrado en la cárcel de Anzisheim, en la región de Alsacia, y la suma exigida a cambio de su rescate excedía por mucho lo aceptado en esos tiempos. Sus numerosos discípulos quisieron juntar el monto necesario para liberarlo, ya que, de acuerdo con la Halajá, si el prisionero en cuestión es un estudioso de la Torá eminente en su generación, se puede pagar por su rescate cualquier suma.
Sin embargo, el Maharam que para ese entonces tenía unos setenta y un años, les ordenó que no lo liberasen porque entendió que, en caso de hacerlo, los enemigos del pueblo de Israel secuestrarían a otros rabinos y pedirían por ellos sumas colosales. Así, el Maharam de Rotenburg permaneció en prisión durante siete años hasta el día de su fallecimiento. Por medio de su grandeza y su entrega abnegada en pos de la comunidad, el Maharam tapó un orificio existente en la jurisprudencia y salvó a los grandes rabinos que le sucedieron del suplicio del secuestro y a las masas judías de los altos costos que se generarían en virtud de los rescates, los cuales llevarían a las comunidades a la quiebra generalizada.
Cuando los secuestradores amenazan con asesinar al secuestrado
Hasta ahora nos ocupamos de la pregunta respecto de la norma a aplicar en el caso de un prisionero al cual sus captores no amenazan con asesinarlo. La pregunta que surge es qué debe hacerse cuando los captores amenazan con asesinar al cautivo. Hay quienes entienden que en un caso así se puede pagar por el prisionero una suma muy abultada o exagerada, ya que la prescripción de no pagar un rescate excesivo aplica a los casos comunes de cautiverio, pero cuando se amenaza con matar al prisionero se trata de una vida a salvar, un caso de pikuaj nefesh, y esto antecede a todos los demás preceptos de la Torá, por lo que es preciso hacer todo lo posible con tal de salvarlo.
Por su parte, numerosos juristas, entre ellos el Rambán, entienden que incluso en un caso así está prohibido efectuar un desembolso exagerado porque de claudicar ante el chantaje, se genera el incentivo de atrapar a más prisioneros judíos y amenazar sus vidas. Por ello, desde el punto de vista de la preocupación por la generalidad del público, y el riesgo implícito a la vida de futuros posibles prisioneros, está prohibido ceder ante el chantaje de los captores. En la práctica, este debate no fue definido, y hubo también eminencias halájicas de las últimas generaciones que discutieron sobre esta cuestión (Pitjei Teshuvá a Yoré Deá 252:4).
Cuando los secuestradores son acérrimos enemigos del pueblo de Israel
Pregunta: Hasta ahora nos ocupamos de secuestradores cuyo objetivo es ganar dinero, sin embargo, surge la pregunta de qué debe hacerse cuando los captores son acérrimos enemigos del pueblo judío y están dispuestos a liberar a los cautivos judíos a cambio de la liberación de muchos terroristas.
Respuesta: Cuando se trata de simples criminales que secuestraron con la intención de obtener un rescate en dinero, hay quienes opinan que en caso de peligro de vida se permite desviarse de lo indicado por nuestros sabios en cuanto a no rescatar prisioneros por un precio mayor al aceptado. Sin embargo, cuando se trata de una guerra contra los enemigos de Israel, está prohibido claudicar ante ningún intento de chantaje de su parte. Esto es así ya que, en caso de ceder, nuestros enemigos verán en ello una clara señal de debilidad, su moral mejorará y renovarán bríos para volver a atacarnos. En efecto, es sabido que tras cada triunfo de este tipo, más y más terroristas se enlistan en sus filas. Además, quienes vengan a atacarnos no temerán por su futuro porque confiarán en que, aunque sean capturados, podrán liberarse de la cárcel israelí en algún futuro canje de prisioneros. Además, existe el justificado temor de que al menos parte de los terroristas que se liberen de la cárcel vuelvan a atentar contra judíos. Por ello, a pesar de lo doloroso del caso, no se debe claudicar ante el chantaje y no se debe pagar por un secuestrado más de lo aceptado en caso similares, esto es, una ratio de “uno por uno”.
La regla indica que en tiempo de guerra no hay que rendirse ante ninguna imposición del enemigo, y en caso de que este tome prisionero a un solo judío, se sale a la guerra para salvarlo. Tal como lo aprendemos de la Torá: “Y oyó el Cna’aní, rey de Arad que habitaba el Néguev, que Israel había venido por el camino de los exploradores’, luchó contra Israel y capturó de él un cautivo” (Bemidbar-Números 21:1). Nuestros sabios dijeron (tal como lo cita Rashi) que solo habían tomado prisionera a una sierva del pueblo de Israel, y que para rescatarla no se inició una negociación, sino que se fue a la guerra contra los captores. Otro tanto hizo el rey David cuando los amalecitas atacaron la población de Tziklag y tomaron prisioneras a las mujeres, no negoció con ellos, sino que los combatió y las rescató (I Shmuel-Samuel 30). Incluso si los enemigos viniesen solamente a robar paja y heno, se sale a la guerra contra atacantes porque en caso de que nos rindamos ante ellos por algo menor, continuarán hostigándonos más y más (Tratado de Eruvín 45(A)). Y esto es lo que escribió el Rabino Kilav, de bendita memoria, en un artículo publicado por la revista Tjumín (tomo IV).
Todo esto aplica a los terroristas y a los enemigos que persisten en su hostilidad. Pero cuando se trata de una guerra que llega a su fin, en el marco de los acuerdos del armisticio se permite intercambiar a todos los prisioneros que estén en nuestras manos a cambio de todos los que estén en manos del otro bando, dado que esto es lo comúnmente aceptado en los acuerdos de cese al fuego, y en un caso así, de entregarse más prisioneros de los que se reciben, no se considera que se esté ante una situación de pago exorbitante.
Quienes entienden que no está prohibido
Sin embargo, hay rabinos que expusieron razonamientos por medio de los cuales se permite liberar a muchos terroristas a cambio de un solo soldado. El Rabino Shaul Israeli permitió cambiar a un prisionero nuestro a cambio de muchos del otro bando, sustentándose en un razonamiento según el cual una persona tiene permitido liberarse a sí misma por un precio exorbitante. En su opinión, todo soldado que se enrola al ejército es como si hubiese hecho un seguro contra el cautiverio en manos enemigas, por efecto del cual será rescatado a cualquier precio. No obstante, le permitió al Ejército de Defensa de Israel decidir si rescatarlo o no y a qué precio. No obstante, también permitió poner a numerosos soldados en riesgo para no liberar a muchos terroristas y evitar así la claudicación y la humillación de la dignidad de Israel (ver Javot Biniamín 1:16-17, Asia VII pág. 8). Por su parte, el Rabino Urtner permitió hacer intercambios de un prisionero a cambio de muchos enemigos ya que no hay certeza de que los terroristas liberados continúen andando por la senda de la violencia (Tjumín XIII).
El Rabino Goren estuvo de acuerdo con que está prohibido rendirse ante el chantaje de los terroristas, pero respecto de soldados que cayeron prisioneros en el cumplimiento de su misión, escribió que quizás pueda encontrarse una autorización para liberarlos a cambio de numerosos terroristas, ya que es posible que recaiga sobre el Estado el deber absoluto de rescatarlos a cualquier precio sin tomar en cuenta el daño que ello pueda causarle a la seguridad del país. Sin embargo, dado que se trata de algo que reporta peligro para el Estado de Israel, estableció que resulta obligatorio decretar la pena de muerte a los terroristas, pues de no ser así, será imposible disuadirlos ya que confiarán en que podrán liberarse en la próxima negociación de intercambio de prisioneros (Torat HaMediná).
La realidad dejó sin efecto su razonamiento
Hace ya más de veinte años escribí sobre esta cuestión y volví a hacerlo varias veces previo a la consumación del acuerdo de liberación de Guilad Shalit, y en todas las oportunidades me preguntaron por qué detento una opinión tan contundente en cuanto a que está prohibido rescatar a un soldado a cambio de más que un prisionero que está en nuestro poder, siendo que hay otros rabinos que accedieron a permitirlo, e incluso el Rishón Letzión, el Rabino Ovadiá Yosef, le ordenó a los ministros del partido Shas votar a favor de la liberación de más de mil terroristas a cambio del rescate de Guilad Shalit. Respondí que la realidad demuestra que las palabras de los sabios que instruyeron no liberar a un prisionero por más de su precio de mercado (de un prisionero o esclavo cualquiera) para preservar la integridad del mundo son vigentes y actuales, y por lo tanto, quedaron sin efecto las opiniones de los rabinos que encontraron autorizaciones para esquivar esta norma. Si estos rabinos viesen los resultados de estos acuerdos de intercambio, sin duda que se retractarían, ya que ellos se apoyaron en la opinión de “expertos en seguridad” y la realidad demostró que claudicar ante el chantaje condujo a desastres.
Los desastres
El primer evento de este tipo fue el acuerdo Gibril en el año 1985, en el marco del cual se liberaron 1150 terroristas a cambio de tres soldados israelíes. Los liberados dirigieron la primera intifada que estalló menos de tres años después. En el año 2004 se firmó un acuerdo de este tipo con el Hezbolá, en el marco del cual fue liberado Eljanán Tenenbaum junto a tres cadáveres de soldados israelíes a cambio de 450 terroristas, entre ellos el Sheikh Obeid y Mustafá Dirani.
A lo largo de los años hubo otros acuerdos de este tipo, y el estado de cosas se fue deteriorando hasta llegar a su récord negativo en el acuerdo de liberación de Guilad Shalit en el año 5772 (2011), en el cual a cambio de nuestro soldado liberamos a 1027 terroristas. El comandante del ala armada del Hamás, Ahmad Jabari, dijo que los prisioneros liberados fueron responsables del asesinato de 569 ciudadanos israelíes. El primer ministro Biniamín Netaniahu junto con 26 ministros apoyaron el trato y solamente tres se opusieron: Avigdor Liberman, Moshé Ya’alón y Uzi Landau.
En cuestión de pocos años, muchos de los terroristas liberados en Judea y Samaria volvieron a dedicarse al terrorismo, y tal como parece, causaron las muertes de cientos de israelíes. Los terroristas liberados en Gaza, con Yejia Sinwar a la cabeza, fueron los promotores del sangriento ataque a los poblados cercanos a la franja de Gaza en Simjat Torá, en el que fueron asesinados más de 1.200 israelíes, y la guerra que hoy se lleva a cabo y está destinada a eliminar el monstruoso aparato terrorista que estos liberados erigieron no llegó aun a su fin.
Hermanos míos, por favor, no temáis
Es preciso realizar un gran esfuerzo en aras de liberar a los secuestrados, pero está prohibido hacerlo poniendo en riesgo la vida de miles de soldados y civiles. Es muy difícil reclamarle a las familias de los prisioneros, su dolor es insoportable. Quienes les ayudan a hacer conocer su situación en el extranjero, llevan adelante una labor sagrada, pero quienes manifiestan en el Estado de Israel, y los medios de comunicación que publican en su nombre que es el deber del gobierno hacer “todo lo que sea necesario” para liberar a los secuestrados – fortalecen al enemigo y ponen en riesgo la vida de nuestros soldados que se encuentran en el frente. Quién sabe, quizás, de no mediar estas personas, el enemigo ya habría hecho concesiones. Pero cuando escucha que hay manifestaciones dentro de Israel, entiende que tiene entre manos mucho más poder, sube el precio y exige poner fin a los combates. Mientras tanto, nuestros soldados son puestos en situación de riesgo y las probabilidades de que los secuestrados sean liberados disminuyen.




