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La prohibición de comer carne con pescado

La prohibición de comer carne con pescado

La prohibición de comer juntos carne y pescado no es consensual en la Guemará ni en los juristas halájicos, pero en virtud del temor a que su consumo resulte peligroso, las eminencias de las últimas generaciones ordenaron adoptar una actitud estricta.

Dado que todo el fundamento de la prohibición es médico, si en nuestra generación todos los galenos concuerdan con que ello no reviste peligro alguno – se aplica el principio de que «ellos (los médicos, en su momento) prohibieron y ellos (ahora) lo permiten».

Sin embargo, dado que esta práctica se ha difundido, es preciso evitar ingerir ambos alimentos juntos, y se debe también cambiar o lavar los utensilios entre una porción de pescado y una de carne.

Dado que en la actualidad todos los médicos están de acuerdo en que la ingestión de pescado con carne no resulta peligrosa, considerando que este tema está también discutido en la Guemará sin que se haya llegado en esta a un acuerdo, y que otro tanto ocurrió con los eruditos medievales, y además, muchos de estos, con el Rambám a la cabeza, entendían que se puede comer carne con pescado – no se puede decir en la actualidad que existe una prohibición halájica de hacerlo.

Pregunta:  No comprendo por qué usted escribió en Pninei Halajá que desde el punto de vista de la Halajá no está prohibido comer carne con pescado y que ello se evita hacer solamente sobre la base de la costumbre. ¿Acaso no es sabido que se prohíbe comer carne con pescado ya que ello resulta peligroso? ¿Cómo es posible dejar una prohibición sin efecto? Si bien usted fundamentó sus conceptos en las opiniones de los médicos que entienden que ello no resulta peligroso, ¡¿desde cuándo se sentencia Halajá en virtud de un dictamen médico?!

Respuesta: Tal como es sabido, en todo dictamen halájico nuevo surge la pregunta: ¿por qué hasta ahora se sentenció diferente? Por lo general, la respuesta es que la realidad ha cambiado. Y en la medida en que la norma que se viene a modificar es de carácter más absoluto, el peso de la demostración de que la realidad ha cambiado resulta mayor. En la cuestión de la carne y el pescado, aparentemente no hay ninguna indicación de que la realidad haya cambiado. El único argumento es que la ciencia médica en la actualidad es más fiable que en el pasado y por ello es posible basarse en mayor medida en su dictamen. Sin embargo, consideramos que esta explicación no es suficientemente fuerte, ya que cada generación cree que en su tiempo la ciencia es «el último grito», y una vez tras otra los científicos ven cómo sus presunciones resultaron erróneas. Así, tal como a nosotros nos parece que la medicina actual es avanzada y confiable, en la próxima generación resultará que en muchas cuestiones los médicos de nuestra generación estaban errados. Entonces, ¿cómo es posible confiar en médicos que sostienen que en la actualidad comer carne con pescado no conlleva riesgo alguno?

Una prohibición debatida por los sabios amoraítas y por lo medievales

A los efectos de explicar los conceptos que vertí en Pninei Halajá (Kashrut 36:4) he de presentar la cuestión en todas sus aristas. En la Guemará (Tratado de Pesajim 76(B)) se explica que según la opinión de Mar Bar Rav Ashi está prohibido comer un pescado que fue asado con carne en un mismo horno, pues ello genera mal aliento y hace mal a la lepra (tsara’at). Por otra parte, según la opinión de Raba de Parzikia se puede comer carne y pescado juntos. En la práctica, varios de los juristas medievales escribieron que corresponde tomar en cuenta la actitud estricta y prohibir la ingesta de pescado con carne ya que ello resulta peligroso (Rosh, Mordeji, Sefer Mitzvot Katán, Isur Veheter Haaruj).

Sin embargo, por otra parte, la mayoría de los juristas medievales no mencionaron que exista una prohibición de comer carne con pescado. Esto y más, el Rambám escribió explícitamente (Hiljot Maajalot Asurim 9:23) que «Pescados que son horneados junto a carne no se pueden comer con leche», de lo cual se deduce que se puede comer pescado que fue asado con carne. Las autoridades halájicas explicaron que en virtud de sus estudios y de su experiencia como médico el Rambám llegó a la conclusión que esta ingesta no resulta riesgosa y que por ende no hay prohibición de comer carne con pescado (Responsa Jatam Sofer Yoré De’á 101). Vemos pues que la cuestión de la ingesta de carne con pescado ha sido objeto de debate tanto por los sabios amoraítas como por los medievales (rishonim).

La enorme mayoría de los sabios de las últimas generaciones adoptaron una actitud estricta hacia esta cuestión

Dado que se trata de un tema en disputa, y dado que de acuerdo con la opinión estricta comer carne con pescado puede traer tsara’at (la identificación de esta enfermedad con la lepra es probablemente un error de traducción antiguo por lo que preferimos emplear el vocablo hebreo, N. de T.) la enorme mayoría de los juristas de las últimas generaciones (ajaronim) temieron ante la posibilidad del peligro y lo prohibieron, y así se sentenció en el Shulján Aruj (Yoré De’á 116:2): «Es preciso tener la precaución de no ingerir carne junto con pescado porque ello es riesgoso para el tsara’at». Sin embargo, una de las grandes autoridades halájicas de las últimas generaciones, el Rabino Abraham Abele Haleví Gombiner, autor del comentario «Maguén Abraham» (Oraj Jaím 173:1), escribió que en estos tiempos comer carne con pescado «no resulta tan peligroso», tal como hemos visto en diferentes cuestiones que en el pasado se consideraban riesgosas en virtud del accionar de los malos espíritus y en la actualidad «ya no dañan gracias a que se modificaron las naturalezas y además, todo depende del carácter del país». En efecto, se apoyó en las palabras del Rambám que no prohibió ingerir carne con pescado.

No obstante, tal como se mencionara, la mayoría de los juristas de las últimas generaciones temieron ante el posible riesgo que pudiera conllevar la ingestión de esta mezcla. Y si bien los médicos de su época no advirtieron respecto de este peligro, tampoco podían asegurar que este fuera inexistente, ya que su opinión se basaba en estimaciones, tradición y experiencia personal. Por lo tanto, la actitud hacia la opinión de los médicos fue que había que tenerla en cuenta pero no debía ser aceptada como una certeza, y por ende, no se podía confiar en ella y dejar sin efecto la sospecha del posible peligro de ingerir carne con pescado.

El cambio en el estatus de esta norma en las últimas generaciones

Sin embargo, en al actualidad, tanto la medicina como el resto de las ciencias se basan en estudios sistemáticos que son cotejados en diferentes sitios del mundo por medio del intercambio de información entre los diferentes centros de investigación y salud, por lo que las posturas médicas se consideran más fundamentadas. Y quizás, tal como escribiera el Maguén Abraham, cambiaron las naturalezas, ya que en el pasado habían determinados microbios en la carne y en los pescados cuya mezcla podría generar enfermedades y en la actualidad, al no existir más, la prohibición quedó sin efecto. De todas maneras, dado que en la actualidad es comúnmente aceptado por todos los médicos que la ingesta de pescado con carne no reporta peligro, y considerando que esta cuestión fue también objeto de debate tanto en la Guemará como entre los sabios medievales, en la actualidad no se puede decir que esté halájicamente prohibido comer carne con pescado.

La división entre Halajá y medicina

No cabe argüir que ello implica el incumplimiento de una prohibición rabínica ya que los sabios no instaron a evitar la mezcla por cuestiones halájicas sino únicamente porque los médicos sostenían que ello resultaba peligroso. Dado que el ser humano está preceptuado de cuidar su salud, los que detentaban una actitud estricta instaron a las personas a acatar el consejo médico hasta que, con el tiempo, la usanza de cuidarse de este riesgo se extendió a todas las comunidades judías. Esto fue así ya que mientras los médicos no pudieran tener la certeza de que comer carne con pescado no reportaba peligro alguno, quienes detentaban la opinión más estricta continuaron prohibiéndolo. Pero en la actualidad, que todos los médicos entienden que ello no implica riesgo, «la boca que prohibió es aquella que permitió» – los médicos fueron quienes lo prohibieron y ellos son los que lo autorizaron.

Sin embargo, el Jatam Sofer barajó la posibilidad de que esta prohibición fuera algo que se instituyó por medio de un minián y por ende no cabe dejarlo sin efecto. Y hay quienes sostienen que hay que mantener la prohibición en pie ya que puede basarse en otros motivos que no fueron mencionados (ver en Da’at Cohen 55). Pero dado que para la mayoría de los juristas el móvil de la prohibición se limita al posible peligro sanitario de la mezcla, al cerciorarnos que esta no es riesgosa – la prohibición queda derogada.

Y así como quedó sin efecto la prohibición de beber líquidos descubiertos en sitios en los que no hay serpientes (Shulján Aruj Yoré De’á 116:1), de igual manera y a fortiori, en nuestro caso que tenemos amoraítas y eruditos medievales que entendieron que no hay riesgo alguno de mezclar carne con pescado, se sentencia la halajá conforme la opinión del Rambám y quienes con él coincidieron, que no hay peligro de comer carne con pescado.

En este estado de cosas, considero que no cabe escribir que «está prohibido ingerir carne con pescado ya que ello resulta riesgoso», y si así lo hiciese, estaría incurriendo en el pecado de difundir algo que no es cierto.

De todas maneras, la costumbre extendida es abstenerse de hacerlo

Por otra parte, no se puede escribir que por cuanto que no hay peligro al comer carne con pescado se los puede ingerir juntos, ya que después de que por muchas generaciones los judíos acostumbraron a no comer carne y pescado juntos, la separación entre estos se transformó en uno de los rasgos distintivos de la cocina judía y de su normativa. Por lo tanto, escribí que si bien la ingesta de carne con pescado no está prohibida por la Halajá, desde el punto de vista de la costumbre nos abstenemos de cocinarlos o de servirlos juntos en un mismo plato.

Y cuando se desea comer una porción de pescado y otra de carne, se preparan tenedores, cuchillos y platos separados para cada una de estas, y en caso de necesidad, entre la primera y la segunda porción se asea los utensilios con una servilleta, con pan, o se limpian tanto el tenedor como el cuchillo con la boca para que no se mezclen los restos de ambos alimentos. En caso de que quedara salsa sobre los dedos o sobre uno de los platillos, se deberá lavarlos o limpiarlos con una servilleta. Asimismo, se bebe algo entre la ingestión de cada uno de estos alimentos (Shulján Aruj y Ramá 116:3, Prí Toar 4).

Tres preguntas sobre el artículo anterior

Pregunta: En el artículo de la semana pasada usted se lamentó por los defectos del aparato judicial que juzga de acuerdo con leyes no judías. 1) Usted mismo escribió que los sabios de Israel carecen aun de una propuesta concreta y acabada para el funcionamiento de la generalidad del sistema jurídico israelí así como para la articulación de una economía y de una sociedad contemporáneas. Entonces, ¿cómo sería posible resolver los problemas que usted mencionó por medio de la introducción del derecho judío tradicional (mishpat ivrí)?

Respuesta: Aun en ausencia de una propuesta detallada y concreta para el sistema judicial, si hubiera estado claro que los valores de la Torá que nos preceptuó a poblar el país y a construir la nación deben ser la base moral del aparato jurídico, la Suprema Corte se habría abstenido de tomar decisiones que contradigan groseramente estos principios y habría permitido el funcionamiento del estado de un modo que fortaleciera su identidad nacional judía.

2) ¿Acaso usted está interesado en cambiar el dominio de una «minoría ilustrada» secular izquierdista por otra «minoría ilustrada» de rabinos que juzguen según las leyes de la Torá?

Respuesta: En efecto, en tu argumento hay algo de verdad, esto es, no cabe imponer la leyes de la Torá a un público que no esté interesado en ello. Estudiamos en la Biblia que el pueblo de Israel recibió la Torá en el marco de un pacto, y al hacerlo, se comprometió a cumplir todas sus normas. Por ello en la entrega de la Torá en Sinai se declaró inicialmente «(primero) cumpliremos y (luego) entenderemos». Sin embargo, los judíos no se conformaron con ello, y por eso volvieron a aceptar la Torá en el pacto realizado en las llanuras de Moav al final de los días de Moshé Rabenu. Y la Torá ordenó que se aceptara nuevamente bajo el formato de pacto tras el ingreso a la tierra de Israel en el evento que tuviera lugar entre los montes de Guerizim y Eibal. Eventos similares tuvieron lugar en los días de Ezra y Nejemia, y esto es lo que debería hacerse en nuestros días.

De todas maneras, los valores nacionales judíos aceptados por la mayoría del público deben hallar su expresión en el sistema jurídico. Pero si el aparato judicial actúa en conformidad con supuestos provenientes de las leyes de las naciones, haciendo caso omiso de los ideales particulares del pueblo de Israel y de su Torá, en aras de los cuales los judíos entregaron abnegadamente sus vidas a lo largo de generaciones, y en las generaciones recientes muchos judíos dieron su vida por la reunificación de los exilios y el establecimiento del Estado de Israel y su desarrollo, si el poder judicial pasa todo esto por alto, usurpa al pueblo de Israel de sus posesiones espirituales y materiales. Esto debe ser cambiado.

Pregunta: ¿Cómo cabe protestar por el hecho de que los jueces designan a los nuevos miembros de la magistratura mientras que los rabinos se designan a sí mismos por medio de otros rabinos de acuerdo con un cupo partidario, un tercio para estos, un tercio para aquellos y cada uno de los tercios es repartido entre los diferentes círculos de allegados, y al final de cuentas, son ellos los que dirimen las preguntas de gran importancia para la vida de los ciudadanos, como es el caso de los casamientos y los divorcios, el pago de las pensiones alimenticias y la conversión?

Respuesta: En efecto has puesto en evidencia nuestra afrenta. Correspondería que los rabinos y los jueces rabínicos fuesen elegidos según la calidad de su Torá y no en función de cálculos políticos y partidarios. Pero, por otra parte, a pesar de lo problemático de la cuestión, después de todo, si los jueces de la Suprema Corte de Justicia fuesen elegidos a través de un mecanismo similar al de los rabinos y los jueces rabínicos, esto es, de acuerdo con un cupo partidario, representarían de un modo más equilibrado los valores del público general.

 

 

 

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