Es preceptivo establecer un día festivo de alegría y agradecimiento a HaShem en la fecha en que se produjo una salvación para el pueblo de Israel. @ Así lo estableció el Consejo del Supremo Rabinato de Israel, cuando en él fungían la crema y la nata de los grandes rabinos del país. @ El gaón Rabí Meshulam Rata (Roth) escribió que es una mitzvá entonar el Halel en el Día de la Independencia (Yom Haatzmaut) acompañado del recitado de la bendición correspondiente, y así también lo instruyó mi maestro, el rabino Tzvi Yehuda HaCohen Kuk, de bendita memoria. @ En el Día de la Independencia, es un deber exaltar a nuestros valientes soldados que arriesgan sus vidas en defensa del pueblo de Israel y su tierra. @ Es apropiado recordarle a todos los que celebran el establecimiento de los nuevos asentamientos, así como también a quienes celebran la reconstrucción de los poblados que habían sido destruidos, como es el caso de Jomesh y Sa-Nur, que hay una bendición específica a recitar: «Matziv Gvul Almaná».
Si bien hay grandes rabinos que, por diversos temores, indicaron entonar el Halel sin acompañarlo de su bendición correspondiente, y quien desee conducirse como ellos tiene en quien respaldarse, quien sostiene que no se debe agradecer a D’s por el establecimiento del Estado y por todas las cosas buenas que sobrevinieron al pueblo de Israel por su intermedio, no tiene una opinión calificada en la cual apoyarse; y al renegar de la bondad divina, aleja el advenimiento de la redención.
Los preceptos del Día de la Independencia
Es una mitzvá establecer un día festivo de alegría y agradecimiento a HaShem en el día en que se produjo una salvación para Israel; en base a esto se establecieron las festividades de Purim y Janucá para todas las generaciones. Así es como lo aprendieron nuestros sabios mediante una deducción a fortiori (kal va-jomer): si por la salida de Egipto, en la que pasamos de la esclavitud a la libertad, se nos ordenó celebrar Pesaj y entonar alabanzas cada año, con mayor razón debemos hacerlo en Purim, en el que fuimos salvados pasando de la muerte a la vida (según el Tratado de Meguilá 14(A), y así lo explica el Ritbá allí). El Jatam Sofer (Yoré Deá al final del inciso 233, y Oraj Jaim 208) explicó que, dado que esta mitzvá se aprende a fortiori (por kal va-jomer), se considera como un precepto mismo de la Torá. Sin embargo, la Torá no nos provee de una guía detallada de cómo instituir un día festivo, y cualquier acto que recuerde la salvación cumple con la obligación. Fueron los sabios quienes establecieron que en Purim se lea la Meguilá (libro de Ester), se realice un banquete, se envíen porciones de comida y se de tzedaká a los necesitados, y que en Janucá se enciendan velas.
La institución del día festivo en el Día de la Independencia
Así lo determinó el Consejo del Supremo Rabinato de Israel, cuando en él servían destacados grandes rabinos de la Tierra de Israel, encabezados por dos gigantes del pueblo judío, los rabinos Herzog y Uziel. Esta fue también la opinión de la mayoría de los rabinos del país, tal como escribiera el eminente Rabí Meshulam Rata (Roth) en su responsa Kol Mevaser (parte I, 21), donde fundamenta esta obligación según el Rambán, el Ritbá y otros sabios tanto medievales (rishonim) como de las últimas generaciones (ajaronim). Así también actuó el pueblo de Israel en muchas comunidades, estableciendo días de alegría en recuerdo de milagros que les ocurrieron, los cuales fueron mucho menores que el establecimiento del Estado de Israel. En muchas comunidades llamaron a estos días como una especie de “Purim”, por ejemplo, “Purim de Frankfurt” y “Purim de Tiberíades”. Y en algunos lugares en esos días se acostumbraba a realizar un banquete, enviar porciones de comida y dar regalos a los necesitados (ver Maharam Alshakar 49, Maguén Abraham 686:5, Jaiei Adam 155:41, Yaskl Avdí VII Oraj Jaím 44:12, II hashmatot 4).
El recitado del Halel
Es una obligación agradecer a D’s por la salvación que prodigó a todo el pueblo de Israel, tal como dijeron nuestros sabios, que después del milagro de la apertura del Mar Rojo “los profetas que había entre ellos instituyeron para el pueblo de Israel que recitaran el Halel en cada ocasión y ante cada dificultad que se cerniere sobre ellos, y cuando resultaren redimidos, que lo reciten por su redención” (Tratado de Pesajim 117(A)). Rashi explica en base a esto que en la época del Segundo Templo los sabios establecieron recitar el Halel en Janucá (así también se explica en el Talmud Jerosolimitano, Tratado de Pesajim 10:6; Shemot Rabá 23:12; y Tratado de Meguilá 14(A)).
Por lo tanto, es una mitzvá recitar el Halel en el Día de la Independencia, en el día en que fuimos salvados de la mayor de las calamidades: la desgracia del exilio y el sometimiento al yugo de las naciones extranjeras, que establecieron decretos persecutorios y obraron represiones terribles sobre nuestro pueblo durante dos mil años. Y si por complacencia, en algún momento erramos al pensar que la era del antisemitismo y sus peligros ya había pasado, los últimos años nos han enseñado que aún debemos permanecer alerta; y de no existir el Estado de Israel, quién sabe cuál sería hoy la situación de los judíos en el mundo.
El gaón Rabí Meshulam Rata (Roth) escribió que es una mitzvá entonar el Halel en el Día de la Independencia acompañado del recitado de la bendición correspondiente, y así también lo instruyó mi maestro, el rabino Tzvi Yehuda HaCohen Kuk, de bendita memoria. Sin embargo, hay grandes sabios que, por diversas preocupaciones, indicaron entonar el Halel sin recitar la bendición, y quien desee conducirse como ellos tiene en qué apoyarse. Pero quien sostiene que no se debe agradecer a HaShem por el establecimiento del Estado y por todas las cosas buenas que sobrevinieron sobre el pueblo Israel por su intermedio, no tiene en quién respaldarse; y al negar la bondad divina, aleja el advenimiento de la redención (Tratado de Sanedrín 94(A)).
Salvación espiritual
El movimiento sionista y el establecimiento del Estado de Israel también salvaron al pueblo judío en el plano espiritual. Muchas causas contribuyeron a la secularización que se extendió en las últimas generaciones, siendo la principal de ellas la dificultad de enfrentarse a la Ilustración y al entorno moderno (ver Pninei Halajá, Haemuná Umitzvotea cap. 30). Sin embargo, el ascenso (aliá) a la Tierra de Israel no fue la causa del problema, sino la solución. Por ello, en todas las comunidades del exilio el porcentaje de asimilados y secularizados es incomparablemente mayor que en la Tierra de Israel. Quien no reconoce esto y le formula acusaciones al Estado de Israel, niega el bien que D’s nos ha concedido y muestra ingratitud hacia los activistas del movimiento sionista a lo largo de las generaciones.
Ciertamente, muchas personas no creyentes militaron en el seno del movimiento sionista, y uno de sus propósitos fue secularizar al pueblo. Sin embargo, el lado positivo de su actuar, a saber, su entrega abnegada en aras de la salvación del pueblo de Israel y la construcción del país finalmente prevaleció. Así, en la práctica, gracias al movimiento sionista y a su actividad en favor de la reunión de los exiliados, el pueblo judío se salvó tanto material como espiritualmente.
El estudio de la Torá en el Día de la Independencia
El Día de la Independencia está coronado por tres dimensiones de santidad: la santidad del precepto de habitar la Tierra de Israel, la santidad del cumplimiento de las palabras de los profetas con la correspondiente santificación del Nombre de D’s a ojos de las naciones, y la santidad de la salvación del pueblo de Israel de manos de sus enemigos. Por ello, es preceptivo establecer un estudio de la Torá en el Día de la Independencia, tal como existe en las demás festividades de Israel.
Existen dos razones principales para ello. En primer lugar, en los días en que se revela santidad, es necesario expresarla mediante el estudio de la Torá, que es el más elevado de los preceptos, y produce tanto una sensación de exaltación como de alegría. Tal como dijeran nuestros sabios: “Los Shabatot y las festividades no fueron dados sino para ocuparse en ellos del estudio de la Torá” (Talmud Jerosolimitano, Tratado de Shabat 15:3). Asimismo, cada día tiene su propio carácter, y es preceptivo estudiar Torá relacionada con el contenido del día. Tal como dijeron nuestros sabios, que Moshé instituyó que en el pueblo de Israel “se formulen preguntas y se enseñe sobre el tema del día: las leyes de Pesaj en Pesaj, las leyes de Shavuot en Shavuot, y las leyes de la Sucot en Sucot” (Tratado de Meguilá 32(A)).
A continuación, detallaremos los preceptos que es importante estudiar en el Día de la Independencia.
El servicio en el ejército y en las unidades de combate
En el Día de la Independencia, es un deber encomiar a nuestros valientes soldados que arriesgan sus vidas en defensa del pueblo de Israel y su tierra, cumpliendo así dos grandes preceptos, cada uno de las cuales equivale a la sumatoria de todas las mitzvot de la Torá: la salvación del pueblo de Israel y el poblamiento del país (ishuv haaretz).
Basándose en declaraciones que escucharon en los medios de comunicación israelíes, nuestros enemigos pensaron que la sociedad israelí no tendría el temple necesario para resistir una guerra prolongada, y por ello estaban seguros de que podrían vencernos. También dentro del público israelí hubo muchos que temieron esto. A raíz de ello, diversos líderes aceptaron retiradas peligrosas, pensando que así salvarían al Estado de Israel, pero en la práctica alentaron a nuestros enemigos y aumentaron el peligro. Nuestros valientes soldados, que están dispuestos a arriesgar sus vidas y servir en el frente en una guerra que ya se prolonga por más de dos años y medio, con su propio cuerpo, cumplen estos dos enormes preceptos.
Las madres y las mujeres
No menos que a nuestros valientes soldados, es necesario exaltar a los heroicos madres y padres, y a las esposas que han aceptado que sus maridos sirvan tantos días en el frente. A veces me pregunto a quién le resulta más difícil la guerra: al soldado en el frente o a la madre y a la esposa que se quedan en casa. En cierto sentido, es más difícil para las mujeres, ya que los hombres están ocupados en los quehaceres de la guerra, mientras que ellas son quienes deben mantener la rutina familiar con una preocupación constante por sus seres queridos en el frente.
Un pequeño ejemplo de ello: una mujer de un asentamiento cuyo esposo fue herido gravemente en el Líbano. Durante la primera semana estuvo en peligro de vida; desde entonces, a lo largo de un año y medio, ha pasado por numerosas intervenciones quirúrgicas y, a D’s gracias, su estado de salud va mejorando progresivamente. Mientras tanto, su hijo mayor ya fue reclutado, y ahora combate en el mismo lugar donde su padre resultó herido. La preocupación es inmensa, pero la madre frunce los labios, sabiendo que debe alentar a su hijo y a su esposo, y continuar criando a sus numerosos hijos con fe y alegría, para la Torá, las mitzvot, el matrimonio y las buenas acciones.
Los soldados reservistas que llevan una carga tan pesada cuentan que, por lo general, los casados que han continuado sirviendo hasta ahora son aquellos cuyas esposas comprenden el gran valor del servicio militar y están dispuestas a asumir la responsabilidad del hogar y la preocupación durante los largos períodos en que sus esposos están en el frente. Por el mérito de las mujeres justas, el pueblo de Israel fue redimido de Egipto, y gracias a estas mujeres justas, Israel está siendo redimido ahora.
El poblamiento del país en Yehudá y Shomrón
Por la gracia de D’s, y en medio de los sufrimientos de la guerra, se están estableciendo nuevos asentamientos en Yehudá y en Shomrón (Judea y Samaria); enclaves ubicados sobre colinas que crecen y se desarrollan. También en algunos asentamientos ya más antiguos hay un boom de crecimiento. Por supuesto, en el Día de la Independencia debemos también ocuparnos del estudio de esta gran mitzvá, intentando alentar a quien pueda asentarse a hacer florecer los desiertos y formar familias bendecidas.
La bendición “Matziv Guevul Almaná”
Es apropiado recordar a todos los que celebran el establecimiento de nuevos asentamientos, así como también a quienes celebran la reconstrucción de asentamientos que habían sido destruidos, como es el caso de Jomesh y Sa-Nur, que, al ver un asentamiento renovado, corresponde recitar la bendición “Matziv Guevul Almaná” («que devuelve a la viuda a su heredad»). Esta bendición puede recitarla quien no haya visto el lugar durante treinta días y se emocione y alegre al hacerlo.
“Creced y multiplicaos» (pru urbú)
Otro precepto muy importante a la que se debe dedicar atención durante todo el año, y especialmente en el Día de la Independencia, es el mandato bíblico de procrear, “creced y multiplicaos”, del cual fluye bendición para la familia y para todo el pueblo. Muchas veces, esas mismas mujeres justas que apoyan a sus esposos e hijos que sirven en unidades de combate, son también quienes tienen el mérito de cumplir esta mitzvá de manera excelente. Así, junto con las dificultades y los desafíos que implica criar una familia numerosa, también experimentan una satisfacción y una alegría difíciles de imaginar. Hay quienes no son conscientes de la grandeza de su espíritu, y a veces incluso se permiten burlarse de ellas por no haber prestado servicio militar, sin comprender que su contribución al ejército y al asentamiento es mucho mayor. Gracias a que su escala de valores es sólida, han tenido el mérito de establecer familias muy bendecidas en Yehudá y en Shomrón, y sus numerosos hijos llenan las unidades de combate de soldados valientes, que, a su vez, formarán también familias bendecidas.
El poblamiento de la tierra de Israel por el mérito del precepto de “creced y multiplicaos”
Gracias al cumplimiento de este gran precepto, el pueblo de Israel hereda la Tierra Prometida, tal como le fuera dicho a nuestro patriarca Ya’akov: “La tierra sobre la que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. Tu descendencia será como el polvo de la tierra, y te expandirás hacia el oeste, el este, el norte y el sur; y en ti serán bendecidas todas las familias de la tierra y en tu descendencia” (Bereshit-Génesis 28:13-14).
Cuando el pueblo de Israel incurrió en el pecado de los espías, paralelamente también fallaron en el precepto de procrear, y durante los cuarenta años en el desierto no se multiplicaron. Como resultado de ello, se llegó a una situación en la que no había suficiente gente en el pueblo de Israel como para heredar la totalidad de la Tierra de Israel, y muchos enemigos permanecieron en ella en carácter de adversarios constantes (ver Rambán comentario a Bemidbar 21:21; Malbim comentario a Shemot 23:29 y Bemidbar 33:55).
La absorción de inmigrantes
Otro gran precepto sobre el cual resulta importante estudiar en el Día de la Independencia es el de ascender a la Tierra de Israel y la gran mitzvá de recibir a los nuevos inmigrantes, así como a los jóvenes judíos que vienen a estudiar en el país durante un año.
Este asunto es tan trascendente que nuestros sabios dijeron en el Talmud (Tratado de Pesajim 88(A)): “La reunión de los exiliados es tan grande como el día en que fueron creados el cielo y la tierra, tal como fue dicho: ‘Se reunirán los hijos de Yehudá y los hijos de Israel juntos, pondrán para sí un solo líder y subirán de la tierra, porque grande será el día de Yizreel’” (Hoshea-Oseas 2:2).




