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AJAREI MOT 2024

Intercambio de prisioneros

Cuando se paga un precio excesivo por el rescate de prisioneros se pone en peligro a la totalidad del público.

Eso fue lo que nos ocurrió a raíz del intercambio irresponsable que tuvo lugar en el episodio del soldado secuestrado de Guilad Shalit.

Si los familiares de los secuestrados y sus simpatizantes se hubiesen abstenido de realizar manifestaciones y de todo tipo de declaraciones en los medios, el Ejército de Defensa de Israel ya habría logrado quebrar el espíritu del enemigo en mucho mayor medida.

A pesar de la gran sensibilidad que debemos tener para con las familias de los secuestrados, en tiempo de guerra es preciso armarse de fortaleza hasta alcanzar la victoria.

Así, sin quererlo, los manifestantes y los periodistas que se hacen eco de la demanda de liberar a los secuestrados a cualquier precio le brindan su apoyo al enemigo, ponen en riesgo la vida de nuestros soldados y hacen que en el futuro numeroso civiles y soldados resulten abatidos y sean secuestrados.

Cuánta razón tuvieron nuestros sabios cuando prohibieron liberar prisioneros por un precio mayor al aceptado en el momento (en la antigüedad se refería al valor de un esclavo en el mercado, N. de T.) a pesar de que la acción del rescate es un gran precepto y antecede en importancia a todos los demás tipos de tzedaká por cuanto que el prisionero pasa hambre, sed, carece de vestimentas y además de todo, su vida está en peligro (Tratado de Baba Batra 8(B)). Sin embargo, cuando se paga por el rescate un precio exorbitante se ponen en peligro a la totalidad del público, tal como se explica en la Mishná: “No se rescata a prisioneros por más dinero que el aceptado en pos del bien del mundo” (Tratado de Guitín 45(A)), ya que si los bandidos van a ver que estamos dispuestos a pagar por ellos casi que cualquier precio se esforzarán por tomar más y más prisioneros de entre los nuestros (Shulján Aruj Yoré Deá 252:4). Entonces, si esto es lo que aplica para bandoleros comunes cuánto más aun que resulta relevante cuando se trata de un enemigo encarnizado que lleva adelante una guerra total en aras del exterminio de Israel.

Esto es lo que nos pasó a raíz del acuerdo irresponsable de liberación de prisioneros en el episodio de Guilad Shalit, en el cual se liberaron 1027 terroristas. Los libertos de entonces fueron los que impulsaron el ataque sanguinario de Simjat Torá a raíz del cual más de mil judíos resultaron asesinados y más de trescientos secuestrados.

Muy a nuestro pesar, el primer ministro Biniamín Netanyahu no ha expresado arrepentimiento por aquel acuerdo de intercambio de prisioneros y cabe temer que esté a punto de efectuar uno nuevo, igual de grave si no más. Hace dieciséis años (en el 2008) se conformó el Comité Shamgar que estableció reglas operativas y líneas rojas en la negociación para evitar acuerdos irresponsables, pero en un acto de negligencia criminal, el gobierno israelí no las publicó ni adoptó sus conclusiones.

Cuidarse de no apoyar al enemigo

La victoria en combate depende de la valentía de nuestros soldados, así como también de la entereza de la totalidad del público. A D’s gracias, nuestros soldados derrotan valientemente a nuestros enemigos. Incluso en Simjat Torá, cuando el enemigo atacó a ciudadanos por sorpresa y el comando superior del ejército estaba sumido en una inoperancia espantosa, gracias al heroísmo de miles de soldados reservistas que sin previa organización o planificación se lanzaron al combate – prevalecimos por sobre el enemigo. Al culminar el día de combate teníamos 1145 muertos y unos 253 secuestrados, en su mayoría civiles, y nuestros soldados habían matado a unos 1500 terroristas en territorio israelí y habían tomado unos 200 prisioneros.

Sin embargo, para vencer es también preciso hacerse de un espíritu fuerte y mientras el enemigo crea que logrará quebrar el nuestro -tal como lo escucha de las manifestaciones callejeras y de lo expresado en los medios de comunicación- continuará luchando y persistirá en sus ataques contra nosotros. Resulta que, si los familiares de los secuestrados y sus simpatizantes se hubiesen abstenido de realizar manifestaciones y de efectuar todo tipo de declaraciones a los medios, el Ejército de Defensa de Israel ya habría logrado quebrar el espíritu del enemigo. Muchos más terroristas se habrían rendido y muchos más secuestrados ya habrían sido liberados. Así, resultó que sin quererlo, los manifestantes y los periodistas que se hacen eco de la demanda de liberar a los secuestrados a cualquier precio le brindan apoyo al enemigo, ponen en riesgo la vida de nuestros soldados y hacen que en el futuro numeroso civiles y soldados mueran y sean secuestrados.

Llorar en privado

Las familias de los secuestrados y los manifestantes en su favor tienen que tomar en cuenta a las familias de los héroes que cayeron en combate en la defensa de la nación y del país. Estas familias sacrificaron lo más preciado que tenían y la presión pública de los manifestantes afecta negativamente al curso de la guerra en aras de la cual estos soldados dieron sus vidas.

Es difícil expresar la dimensión del dolor que numerosos locutores en diferentes medios de comunicación les producen a las familias de muchos de los soldados que cayeron santificando el Nombre de HaShem en la guerra contra Hamas, y a las familias de los combatientes que hoy están a punto de volver a retomar los combates. Cuando presionan a los líderes del país para que estos acepten las condiciones de Hamas para liberar a los secuestrados, inclusive si el móvil de su proceder pudiera ser positivo, de hecho pasan por alto el sacrificio realizado por cientos de soldados que cayeron en la guerra y a las decenas de miles soldados que combaten en la defensa de la nación y el país y sus familiares.

Por supuesto que el dolor de las familias de los secuestrados es tremendo y torturante, pero de todas maneras su llanto debe tener lugar en privado, tal como en el réquiem del rey David ante la caída del rey Saúl y su hijo Yonatán en la batalla contra los filisteos: “No lo digan en Gat ni lo anuncien en las afueras de Ashkelón para que no se alegren las filisteas, para que no se regocijen las hijas de los incircuncisos” (II Samuel 1:20). A pesar de la gran sensibilidad que se debe manifestar hacia las familias de los secuestrados es preciso también decirles que en tiempos de guerra, hacia afuera, es preciso armarse de entereza hasta la victoria.

Los soldados sionistas religiosos

En estos días, en los que muchos de los miembros de la comunidad sionista religiosa arriesgan su vida en la defensa de la nación y el país, surge de tanto en tanto el deseo de que el público general aprecie su enorme aporte y respete sus posturas religiosas y nacionales. En efecto, el público nacionalista y tradicionalista las reconoce. Sin embargo, si la expectativa es que el público secular y de izquierda -que aun domina los medios de comunicación y otros numerosos núcleos de poder social- deje de manifestar hostilidad hacia el público sionista religioso y hacia sus posturas, creemos que se trata de esperanzas vanas.

Sin relación alguna con la guerra ni con las víctimas del heroísmo, es preciso procurar alcanzar un mayor grado de entendimiento mutuo que cure, aunque tan solo sea un poco, las heridas de las polémicas intestinas y le resulte de utilidad a la sociedad israelí a los efectos de que pueda avanzar en unidad. Empero el reconocimiento por el valor de la valentía de nuestros soldados debemos extraerlo de nuestro propio seno, de la profunda fe en que cada soldado que entrega su vida en la defensa de la nación y el país se eleva al nivel más alto de la santidad de la generalidad del pueblo de Israel y de la observancia de la Torá y sus preceptos. No hay mayor reconocimiento que ese, y todo intento de pedir uno mayor, solamente afecta negativamente a la santidad de los soldados y a su heroísmo.

Naturalmente, en la medida que el heroísmo y el sacrificio se hagan a partir de una fe interior, los valientes soldados, sus familiares y sus amigos que ponderan su memoria deberán esmerarse en poner de relieve el talento personal de cada uno de los caídos y así podrán actuar más aun en pos de la generalidad del pueblo de Israel, yendo por la senda que conduce a la redención de la nación, de su tierra y del mundo todo. Esto es así ya que no hay como la entrega abnegada a los efectos de elevar al hombre, a todos sus familiares y a sus amigos.

Hijo de Jur

En este mismo sentido, aprendimos sobre la entrega abnegada de Jur que influenciara posteriormente en su nieto Betzalel. Muchas personas se dedicaron a la labor de la construcción del Tabernáculo y gracias a ello se colmaron de espíritu divino, tal como dijeran nuestros sabios: “Todo aquel que se dedicó a la labor del Tabernáculo el Santo Bendito Él le concedió sabiduría, entendimiento y conocimiento… Y de todos ellos ninguno se tornó famoso salvo Betzalel, de quien se dijera: “HaShem llamó por nombre a Betzalel” (Shemot Rabá 48:3). Y allí, los sabios explicaron anteriormente cuál había sido el mérito por medio del cual se elevó al grado supremo de comprensión de la palabra de HaShem con sabiduría y destreza, al punto de alcanzar un nivel que le permitió erigir un Tabernáculo para la Divina Presencia. En efecto, los conceptos resultan impactantes y contundentes.

Dijeron nuestros sabios: “Ved, HaShem llamó por nombre a Betzalel hijo de Urí, hijo de Jur. ¿Por qué vio la Torá necesidad de mencionar aquí a Jur? Porque cuando los hijos de Israel desearon adorar astros (en el pecado del becerro de oro) entregó su vida en aras del Santo Bendito Él y no se los permitió. Se alzaron contra él y lo mataron. El Santo Bendito Él le dijo: ‘Por tu vida que te he de recompensar (te he de retribuir grandemente por esto)’. Esto se asemeja a un rey contra el cual se insubordinaron sus legiones, su comandante en jefe luchó contra ellos. Les dijo: ¡Os estáis rebelando contra el rey! Se alzaron contra él y lo mataron. Dijo el rey: ‘Si me hubiese dado dinero, ¿no debería retribuirlo? Cuánto más aun cuando entregó su vida por mí. ¿Qué puedo hacer por él? Todos los hijos que de él salgan los haré nobles y virtuosos’. Así, cuando el pueblo de Israel hizo el becerro de oro Jur se paró ante ellos y dio su vida por el Santo Bendito Él. Le dijo D’s a Jur: ‘¡Por tu vida! (hay aquí una insinuación de que no estaba muerto sino vivo) Todos los hijos que salgan de ti les habré de engrandecer a ojos del mundo’, tal como fue dicho: Ved, HaShem llamó por nombre a Betzalel y lo colmó de espíritu divino” (Shemot Rabá 48:3).

¿Es correcto que quien conduce el rezo lo haga desde una tarima elevada?

Pregunta: En virtud de lo que dijeran sabios en cuanto a que está prohibido rezar en un sitio elevado ¿puede el conductor (jazán) del servicio pararse en una tarima en medio de la sinagoga?

Respuesta: Nuestros sabios indicaron: “Una persona no habrá de pararse sobre una silla ni sobre un banquito ni en un sitio elevado para rezar, ya que no corresponde la prominencia ante el Eterno, tal como fue dicho: “Desde las profundidades te he clamado, HaShem” (Tratado de Berajot 10(B)). Pero cuando el sitio es prominente por sí mismo, esto es, si mide más de cuatro codos por cuatro codos (2 x 2 metros aprox.) se puede orar sobre él ya que no se lo mide en relación con el resto de los lugares, sino que se lo considera un lugar en sí mismo (en opinión del Ben Ish Jai es preciso erigirle un tabique en tres de los lados y para el Aruj HaShulján basta con dos).

Sin embargo, se cuenta de Rabí Yoná que era famoso por ser un tzadik (un justo) cuyas plegarias eran atendidas y cuando vinieron a pedirle que rece por lluvias se dirigió a un sitio bajo y profundo y rezó allí hasta que su plegaria fue bien recibida y llovió (Tratado de Ta’anit 23(B)). Por este motivo, en algunos lugares se acostumbra a ubicar al conductor del servicio en un sitio más bajo, y por ello del sheliaj tzibur se dice que “desciende ante el arca” (para rezar). Sin embargo, cuando la sinagoga es de grandes dimensiones se permite a priori construir una tarima central para el rezo sobre la cual habrá de pararse el oficiante para que su voz pueda ser oída por todos los asistentes. Y si bien en un caso así no se procede con la excelencia de que el oficiante ‘descienda ante el arca’ para rezar, se actúa con excelencia ya que el hecho de que la voz pueda ser oída por todos incrementa la jerarquía del rezo (ver Pninei Halajá Tefilá 3:4).

Quienes rezan cerca de la puerta de acceso a la sinagoga o en su hall de entrada

Pregunta: Hay personas que acostumbran a rezar junto a la puerta de acceso a la sinagoga o en su hall de entrada. ¿Es esto correcto según la Halajá?

Respuesta: No se debe rezar junto a la puerta de entrada porque el ingreso a la sinagoga expresa el deseo de la persona de pararse ante HaShem y acercarse a Él, y quien se queda junto a la puerta de acceso parece como si el rezo fuera una carga para él. A este respecto, nuestros sabios dijeron: “Una persona debe ingresar siempre a la sinagoga en una medida de dos aperturas y recién después rezar” (Tratado de Berajot 8(A), Rashi). Pero si su sitio fijo se encuentra contiguo a la entrada podrá rezar allí pues todos saben que se para en esa ubicación por tratarse de su lugar (Talmidei Rabenu Yoná, Shulján Aruj Oraj Jaím 90:20).

Según esto, resulta claro que a priori no se debe rezar en el hall de entrada que está delante del acceso a la sinagoga, pues si nuestros sabios dijeron que no se rezara junto a la puerta de acceso, obviamente no se debe rezar en el hall de entrada que es anterior a esta.   

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