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Aprendizajes de Janucá para nuestros días

MIKETZ 5784

Aprendizajes de Janucá para nuestros días

 

Para que la victoria sobre nuestros enemigos sea completa, es preciso disponer de un camino práctico y detallado para su obtención.

Nosotros también precisamos hacer teshuvá y liberarnos de la concepción según la cual alcanza con apegarse a ideas generales.

Es preciso preparar un plan detallado para la resolución de conflictos por medio del incentivo a la emigración.

Los soldados del Ejército de Defensa de Israel cumplen con abnegada entrega dos preceptos que equivalen en importancia a la totalidad de la Torá: salvar al pueblo judío y poblar la tierra de Israel.

A través de su entrega abnegada en aras de su identidad nacional, Papos y Lulius se elevaron al nivel de justos y santos.

Hay también personalidades de la derecha que fallan al incurrir en una concepción según la cual basta con expresar una postura principista en el sentido de que el pueblo de Israel debe heredar la totalidad de la tierra prometida y a todo aquel que molesta en la concreción de ese objetivo tratarlo como un enemigo al cual es preciso derrotar.

 

Tal como es sabido, todos los días festivos instituidos por nuestros sabios para conmemorar victorias y logros alcanzados por el pueblo de Israel en días del Segundo Templo quedaron sin efecto tras su destrucción, y solamente perduró la festividad de Janucá. Esto obedece a que en Janucá hubo dos fundamentos que resultaron complementarios entre sí. Uno, el agradecimiento por el milagro de la victoria sobre los griegos y la liberación del Santuario, para lo cual establecieron que se recite el Halel con su bendición correspondiente durante ocho días amén de agregar a las plegarias diarias y al Birkat Hamazón el pasaje de “Al Hanisim”. El otro, el milagro de la jarra de aceite, para cuya publicitación los sabios instituyeron que se enciendan velas durante ocho días. De no ser por el precepto fijo de encender velas, también la festividad de Janucá habría quedado sin efecto (Tratado de Rosh HaShaná 18(B), Pninei Halajá Zmanim 11:1).

Así, para que cualquier cosa perdure, es preciso que incluya una gran idea como el agradecimiento incluido en el recitado del Halel por la ayuda dispensada por D’s al pueblo de Israel, así como también resulta indispensable que esa gran idea se manifieste en la acción concreta y particular del encendido de las velas.

Lo mismo aplica a nuestros días. A los efectos de que la victoria sobre nuestros enemigos sea completa, es preciso que tengamos una gran idea y un camino práctico y detallado para concretarla, y mientras falte uno de estos aspectos, no podremos efectivizar nuestra meta como corresponde.

Sobre las concepciones de la izquierda y la derecha

Muchos de nosotros nos exasperamos justificadamente ante personalidades de la izquierda que permanecen prisioneros de una concepción, de una perspectiva de mundo, según la cual es posible alcanzar un acuerdo con los árabes de la tierra de Israel por medio de concesiones territoriales. Pero, por otra parte, personalidades de la derecha fracasan al detentar otra concepción según la cual basta con expresar una postura principista en el sentido de que el pueblo de Israel debe heredar la totalidad de la tierra prometida y todo aquel que molesta en la concreción de ese objetivo debe ser tratado como un enemigo al cual es preciso derrotar. Sin embargo, esa postura, si bien es cierta, no puede concretizarse en un plan real que se ocupe de modo detallado y puntilloso en todas las cuestiones de peso que esta involucra, como es el caso del precepto del encendido de las velas que establece de modo exacto cuándo y dónde deben ser encendidas, y tal como ocurre con la totalidad de la Torá que nos guía en cómo plasmar las grandes ideas en la realidad.

Para ello, debemos hacer teshuvá, retornar en arrepentimiento, corregir y liberarnos de la concepción según la cual basta con aferrarse a ideas generales y pasar a inducir a expertos de las áreas judicial, económica y de las relaciones internacionales a elaborar un plan real y detallado de acción que lleve a su realización práctica.

Un ejemplo del área del incentivo a la emigración

Por ejemplo, la mayoría, si no la totalidad de los judíos sionistas, coinciden en que sería preferible que aquellos árabes que son hostiles al Estado de Israel emigren a otros países. Esta es la mejor manera de reducir los enfrentamientos bélicos, evitar el derramamiento de sangre y poblar el país. Sin embargo, para que este objetivo pueda cumplirse no alcanza con una expresión de deseo o una acción repentina y abrupta impulsada por la emoción. Es preciso elaborar un plan detallado basado en un relevamiento de los hechos y los antecedentes de la época moderna en lo relativo la solución a conflictos por medio del incentivo de la emigración. Resulta necesario revisar cómo ello fue posible desde el punto de vista legal, si se llevo a cabo por medio de la organización general de una emigración colectiva o a través de incentivos a los interesados en ella. En paralelo, es preciso afrontar el aspecto económico de la cuestión, calcular el monto de las inversiones fenomenales que efectuaron los países del mundo en los “refugiados palestinos” en los últimos setenta años y establecer cuánto costaría asentar en otra parte a los interesados en emigrar. Es necesario revisar cuáles países podrían apoyar un emprendimiento de este tipo y cuáles se opondrían, llevar a cabo sesiones de análisis a los efectos de analizar y depurar estas ideas para posteriormente promoverlas en el seno del público general.

Mientras esto no se haga, mientras no se lleve a cabo un relevamiento técnico minucioso, por una parte estarán aquellos que creen que la emigración debería promoverse y se sorprenden de que los políticos no actúen en aras de promover la emigración, y por la otra, a los políticos no se les ocurre hacerlo porque no consideran que estas ideas sean del todo realizables.

He aquí que nuevamente, si una idea general no viene acompañada de un camino detallado de acción práctica destinada a su concreción, resulta imposible efectivizarla.

El dominio de los gentiles impurificó la comprensión de las cuestiones sagradas y la Torá

El Rav Kuk explicó: “Los gentiles impurificaron al judaísmo manifiesto por medio de su contacto, tocaron los aceites sagrados volviéndolos inmundos, tocaron las piedras del altar contaminándolas” (Orot Hatjiá 63). Esto es, no solamente se impurificaron los aspectos exteriores sino también los aceites sagrados, las piedras del altar y las expresiones de la Torá.

Por ejemplo, en el cristianismo el concepto de la santidad se percibe vinculado a suplicios, muerte y alejamiento de la vida. Esto llegó al punto de que en la actualidad, incluso judíos que intentan explicar e imaginar qué es un hombre justo, por efecto de esta impureza, imaginan figuras que distan muchísimo de las de nuestros sagrados antepasados que fueron descritos en la Torá y en las palabras de los sabios como hombres valientes y de acción, que construían el mundo y santificaban la vida. De igual manera, los soldados del Ejército de Defensa de Israel que por medio de su valentía y arrojo continúan el heroísmo de los soldados del rey David y de Yehudá HaMacabí, son percibidos por estas personas únicamente como figuras de relevancia nacional pero no como justos – tzadikim, embebidos en la santidad de la Torá. Sin embargo, la realidad es que por medio de su entrega abnegada cumplen dos preceptos cuya importancia es equiparablle a la totalidad de la Torá: la salvación del pueblo y el poblamiento del país. Mientras ello no sea reconocido, la comprensión de la Torá resultará insuficiente y la observancia de los demás preceptos será defectuosa.

Cómo se purifica el Templo

Sin embargo, una jarra de aceite sellada con la rúbrica del sumo sacerdote se mantuvo pura. Según el Rav Kuk, ello significa que “la interioridad de los secretos ocultos y sellados a cualquier contacto extraño” se mantuvo en estado de pureza. Esta interioridad es la raíz del alma de Israel, la cual resulta imposible de modificar e impurificar y es el fundamento por efecto del cual se encontró aceite puro del cual pudo florecer la salvación. “Mientras que este vínculo (del judío) con la generalidad de la nación y su forma de vida se mantenga vivo en su interior, mientras desee en general la felicidad y el suceso de la nación israelita, aunque no sepa invocar el Nombre de D’s ni interpretar Sus secretos, y aunque erre en sus acciones e ideas – su interioridad seguirá siendo santísima – kodesh kodashim”.

La santidad de la nacionalidad israelita

La aspiración nacional que desea engrandecer la dignidad de Israel y su bendición en la tierra de los vivos proviene de la singularidad que se manifiesta en el aceite puro. Y si hemos de preguntarnos si acaso la nacionalidad israelita es aquella que manifiesta los valores de lo sagrado, la respuesta a ello es que en efecto, ello es así, que en esta se encuentra inmersa una profunda aspiración a exigir justicia y verdad, a incrementar el bien y la bendición para todo el mundo.

Este es la vocación fundamental del pueblo de Israel. Y tal como le fuera dicho a nuestro patriarca Abraham, consiste en erigir un gran pueblo que revele la Palabra de HaShem y Su bendición y de él fluya favor a todas las naciones, tal como fue dicho: “Dijo HaShem a Abram: ‘Vete de tu país, de tu lugar natal y de la casa de tu padre a la tierra que habré de mostrarte. Te haré un pueblo grande, te bendeciré, engrandeceré tu nombre y serás bendición. Bendeciré a los que te bendigan y al que te maldiga, maldeciré y por tu causa serán bendecidas todas las familias de la tierra’” (Bereshit-Génesis 12:1-3).

Si hemos de observar a los diferentes grupos que conforman al pueblo de Israel, religiosos y seculares, derechistas e izquierdistas, resultará que con esta vocación o misión se identifican muchísimas personas de todos los sectores. Quien entiende que la gran visión de la reparación del mundo depende del pueblo de Israel – está conectado a la jarra de aceite puro de la cual florece la redención tanto para Israel como para el mundo entero.

La entrega abnegada e Papos y Lulios – los mártires de Lod

Un ejemplo de la santidad nacional israelita la aprendemos de los judíos que fueran asesinados en Lod. Dijeron nuestros sabios: “Una vez, el malvado reino decretó que los judíos no estudiasen Torá. Vino Papos ben Yehudá y vio que Rabí Akiva reunía públicamente comunidades de alumnos y les enseñaba Torá. Le dijo: ‘Akiva, ¿acaso no le temes al reino?’” (Tratado de Berajot 61(B)). Rabí Akiva le respondió por medio del ejemplo del zorro y los peces, explicándole que carecemos de existencia sin Torá y continuó estudiando. “Pocos días después Rabí Akiva fue apresado y arrojado al calabozo, aprendieron también a Papos ben Yehudá y lo encerraron junto a él. Le dijo (a Rabí Akiva): ‘Feliz de ti Rabí Akiva que fuiste apresado por palabras de Torá, ¡ay de Papos que fue encerrado por cuestiones banales…!’”

Aparentemente, Papos fue liberado de ese encierro, pero más tarde también él se consagró por medio de su martirio. Ocurrió que la hija del gobernante romano apareció muerta en la ciudad de Lod y se decretó sobre los judíos de esa localidad que si no entregaban al asesino a las autoridades toda la población moriría. Dos hermanos, Lulios y Papos, se entregaron diciendo que ellos la habían matado, fueron ejecutados y salvaron así a sus hermanos (Rashi al Tratado de Baba Batra 10(B)).

Sobre ellos, nuestros sabios contaron también que les dieron a beber agua en un vaso rojo para que pensasen que se trataba de vino de gentiles no apto para su consumo. Para no profanar el Nombre de D’s, se negaron a beber y por ello fueron ejecutados (Talmud Jerosolimitano Tratado de Sanhedrín 3:5, Tosafot al Tratado de Shabat 72(B) en el pasaje que comienza con la palabra רבא, Rabenu Nisim al Tratado de Pesajim 50(A)).

Aparentemente, ambos eventos tuvieron lugar. Después de haber confesado el asesinato de la hija del gobernador se les ofreció salvarse a cambio de traicionar su judaísmo bebiendo vino elaborado por gentiles, o cuanto menos, agua en un vaso rojo, y ante su negativa fueron ejecutados (En Maamarei No’am del Gaón de Vilna al Tratado de Berajot 61(B) se explica que se trata del mismo Papos, y hay otras opiniones).

Nadie puede alcanzar su sitial

Si bien Papos y Lulius no eran conocidos como estudiosos de la Torá o como justos, nuestros sabios dijeron de los mártires de Lod que “nadie puede alcanzar el sitial de los asesinados por el reino (en el Mundo Venidero)” (Tratado de Pesajim 50(A)), dado que entregaron sus vidas por la dignidad nacional y religiosa de Israel y por la salvación de sus hermanos. Vemos aquí un ejemplo de judíos que gracias a su sacrificio en aras de su identidad nacional se conectaron a la jarra de aceite puro elevándose así al nivel de los hombres justos y sagrados.

E incluso previo a su muerte, supieron pronunciar ante el gobernador palabras de fe, tal como lo dijeran nuestros sabios: “Cuando Torianus decidió matar a Lulius y a su hermano Papos en Lod les dijo (en son de burla): ‘Si provenís de la nación de Jananiá, Mishael y Azariá que venga vuestro D’s y os salve de mi mano, tal como salvó a Jananiá, Mishael y Azariá de manos de Nabucodonosor’. Le respondieron: ‘Jananiá, Mishael y Azariá eran justos íntegros y merecían que por su intermedio tuviera lugar un milagro, y por su parte, Nabucodonosor era un monarca honesto y merecía que por su intermedio tuviera lugar un milagro. En cambio, ese malvado (Torianus) es un hombre simple (hediot) y no merece que tenga lugar un milagro por su intermedio, y nosotros merecemos morir ante D’s, y si no nos matas, el Eterno tiene muchos verdugos (para que ejecuten la sentencia), D’s dispone en Su mundo de muchos osos y muchos leones para que nos hieran y maten. Sin embargo, el Santo Bendito Él no nos entregó en tus manos, y en un futuro vengará de ti nuestra sangre’. Aun así, los ejecutó de inmediato. Dijeron: “No se habían movido de allí aún cuando vinieron dos jerarcas de Roma e hirieron a Torianus en la cabeza con garrotes” (Tratado de Ta’anit 18(B)).

 

 

 

 

 

 

 

 

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