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Los sagrados caídos en la guerra y sus familiares

VAIGASH 2023

Los sagrados caídos en la guerra y sus familiares

 

Todo aquel que cae en una guerra de defensa de la nación y el país es llamado “sagrado”, kadosh.

Gracias a ellos, la vida en este mundo continúa y se fortalece.

Un soldado israelí caído por fuego “amigo” (de nuestro propio ejército) es considerado sagrado o kadosh en igual medida.

El enrolamiento en el ejército es uno de los preceptos más fundamentales e importantes de la Torá.

Los sagrados caídos expresan un amor a HaShem en el nivel más alto y se encuentran en un mundo que es totalmente bueno.

Los soldados que se sacrificaron en pos de la construcción de Sión y Jerusalém son por sí mismos el consuelo.

Entre los estudiosos de la Torá hay quienes no prestan atención al enorme precepto que observan los soldados y erran al pensar que la Torá es algo completamente separado de la nacionalidad israelita. Así desde su perspectiva, es como si los jaredim cumplieran con los valores de la Torá y los preceptos al tiempo que los soldados detentaran los valores nacionales que no son Torá. Sin embargo, en realidad el enrolamiento al ejército de Israel es uno de los preceptos más importantes y fundamentales de la Torá.

En días en los cuales nuestros sagrados soldados arriesgan su vida en la defensa del pueblo y la tierra de Israel y algunos de entre ellos caen en servicio, corresponde que volvamos a enfatizar la dimensión de la santidad de quienes mueren santificando el Nombre de HaShem para así comprender la enorme virtud de todos aquellos soldados que ponen su vida en peligro defendiendo al país y a su pueblo.

Un elogio de los sagrados soldados que entregaron sus vidas

Quienes caen en la defensa del pueblo y la tierra de Israel acceden en el Mundo de la Verdad a un nivel supremo e insuperable. Esto se debe a que al caer santificando el Nombre de HaShem se elevaron del plano individual en el cual se encuentra toda persona al plano general de la santidad del pueblo de Israel, conectándose así con HaShem y viéndose santificados en Su santidad. Por lo tanto, si bien fallecieron jóvenes en este mundo, están sumamente vivos en otro mundo que es completamente amplio, en el Mundo Venidero, al grado de que ningún ser creado puede alcanzar el sitial que ocupan (Talmud Babilonio Tratado de Baba Batra 10(B)). Gracias a ellos la vida en este mundo continúa y se fortalece, ya que por medio de su vida en este plano lograron santificarse en la santidad superior revelando así el punto sagrado y supremo de la existencia en esta dimensión.

Un soldado caído por efecto de fuego “amigo” o durante un ejercicio militar es considerado igualmente sagrado, pues así es como funcionan los ejércitos y eso es lo que suele ocurrir en las guerras, y no hay fuerza armada que esté exenta de este tipo de accidentes, y de no mediar la existencia de una milicia resulta imposible sostener la existencia del Estado de Israel. Por lo tanto, todo aquel que cae en una guerra de defensa de la nación y el país es llamado “sagrado”.

Dos tipos de entrega abnegada que hacen perdurar al pueblo de Israel eternamente

Gracias a la entrega abnegada el pueblo de Israel sigue existiendo en el mundo. El fundamento del cumplimiento de los preceptos con entrega abnegada se remonta al evento del amarramiento de Ytzjak, en el cual se manifestó la singularidad del pueblo de Israel, y por medio de la disposición a la entrega de su vida el pueblo de Israel se mantiene conectado a la eternidad.

Existen dos tipos de entrega abnegada en la Torá. El primero es la disposición a enrolarse en el ejército en aras del pueblo de Israel y su país cuando la nación se encuentra en lucha por su independencia. El segundo tipo de entrega abnegada tiene lugar en una situación a posteriori, esto es, durante los duros decretos persecutorios que tienen lugar en el exilio, cuando los malvados fuerzan a los judíos a transgredir alguno de los tres principales preceptos o a abjurar de su fe. O sea, cuando no se tiene la posibilidad de efectivizar la entrega abnegada enrolándose al ejército de Israel, los judíos se ven forzados a dar su vida en aras de su fidelidad a la fe israelita.

La enorme valía del precepto de enrolarse al ejército

Entre los estudiosos de la Torá hay quienes no prestan atención al enorme precepto que observan los soldados y erran al pensar que la Torá es algo completamente separado de la nacionalidad israelita, y así, desde su perspectiva, es como si los jaredim cumplieran con los valores de la Torá y los preceptos al tiempo que los soldados detentaran valores nacionales que no son Torá. Sin embargo, en realidad el enrolamiento al ejército de Israel es uno de los preceptos más importantes y fundamentales de la Torá, pues incluye dos preceptos en los cuales todo se apoya: la salvación del pueblo de Israel y el poblamiento del país. Por lo tanto, la división es la siguiente: hay quienes cumplen más los preceptos particulares y hay quienes cumplen más los preceptos generales, y hay quienes tienen el mérito de cumplir todos los preceptos de la Torá.

Es también oportuno aprender sobre la dimensión del precepto de servir en el ejército del nombre suplementario que recibe el cuarto de los libros de la Torá, Bemidbar (Números), el cual es también denominado “el libro de los censos”. Este libro de la Torá presenta el relato de la marcha del pueblo de Israel por el desierto como preparación para la conquista de la tierra prometida y su poblamiento. Todo aquel que no entiende la importancia del precepto de servir en el ejército erra al pensar que el conteo que tiene lugar en el libro de los censos es de la totalidad del pueblo de Israel. Si repasa el texto, verá que el precepto consistía en contar a todos aquellos que tenían una edad de veinte años en adelante y podían enrolarse al ejército. Esto es, se trataba de preparar a todo el pueblo de Israel, a nivel de familias, clanes y tribus, de cara a la conquista de la tierra de Israel. Según ello, cabe entender la gravedad del pecado de los espías que es citado en el libro de Bemidbar, a raíz del cual todos los israelitas que habían salido de Egipto fueron condenados a morir en el desierto y la nación en su conjunto se demoró en el desierto durante cuarenta años más. Pues en el pecado de los espías los hijos de Israel afectaron al más importante de los preceptos que los miembros de esa generación debían cumplir. Así, desde entonces y hasta el Holocausto, cuando no se tiene el mérito de poder cumplir el precepto de poblar la tierra de Israel, el cual incluye el establecimiento de una fuerza armada que defienda a la nación y a su tierra, son muchos más los judíos que perecen.

Por medio de la entrega abnegada los valores eternos perduran en nosotros

Los judíos sagrados, tanto de la tierra de Israel como del exilio, que arriesgaron y arriesgan sus vidas en aras de la santidad del Nombre Divino y la existencia de Su pueblo, son quienes mantienen con vida al pueblo judío y a su fe en el mundo, y expresan así la dimensión de la entrega y la santidad de Israel, dimensión que fuera manifestada en el episodio del amarramiento de Ytzjak. Por lo tanto, al momento de tocar el shofar en Rosh HaShaná, junto con el recuerdo del amarramiento de Ytzjak, asciende ante nosotros la memoria de los judíos sagrados que en cada generación entregaron sus vidas santificando el Nombre Divino.

La vida real tiene lugar gracias a quienes entregan su vida abnegadamente

Es natural que las sociedades humanas tiendan a caer en la rutina del presente olvidando así la gran visión de redimir al mundo. Esta situación conduce a situaciones de crisis y a desastres puesto que el alma siempre anhela más, y cuando no halla un ámbito positivo en el cual efectivizar sus ansias, la pasión irrumpe por sendas inapropiadas que conducen a la sociedad a la maldad y a la perdición, generándose así una situación en la cual los justos que continúan apegados a los valores de la verdad y el bien se ven forzados a enfrentar duras y terribles pruebas. Cuando salen airosos de estas y entregan sus vidas abnegadamente en aras de la santificación del Nombre de HaShem, conectan la vida presente con los valores eternos y le recuerdan al pueblo de Israel su gran misión, y en mérito de ello el mundo continúa existiendo y avanzando hacia su redención.

Los judíos sagrados expresan el amor a HaShem en su máxima expresión

Los judíos sagrados expresan el amor a HaShem en su más alto nivel, y tal como dijeran nuestros sabios: “’El amor es duro como la muerte’” – este es el amor que le profesó al Santo Bendito Él la generación que fue forzada a abjurar de su fe, tal como fue dicho: ‘pues por ti hemos muerto todo el día, éramos como el rebaño que va al matadero’ (Tehilim-Salmos 44:23)” (Shir HaShirim Rabá 8:4).

Hubo quienes no aprendieron a invocar el Nombre de HaShem, pero se encuentran conectados a los valores divinos que se manifiestan en la verdad, el bien y la nacionalidad israelita. Es posible que hayan escuchado cosas malas de la fe de los judíos religiosos, pero en realidad, los valores israelitas que ellos aman y en aras de los cuales están dispuestos a entregar su vida son divinos, y por ende ellos también entregan su vida santificando el Nombre de D’s.

En este sentido, fue dicho: “Tras HaShem vuestro D’s iréis y a Él temeréis y Sus preceptos observaréis, Su voz (sus órdenes) cumpliréis, a Él serviréis y en Él os apegaréis” (Devarim-Deuteronomio 13:5). Se preguntaron nuestros sabios: “¿Acaso el ser humano puede ir tras la Divina Presencia, siendo que está escrito: ‘pues HaShem tu D’s es un fuego que todo lo consume’? En realidad, lo que se puede hacer es  conducirse con las cualidades divinas, así como Él viste a los desnudos… tú también viste a los desnudos, el Santo Bendito Él visita a personas enfermas… tú también visita personas enfermas, el Santo Bendito Él consuela a los dolientes… tú también consuela a los dolientes, el Santo Bendito Él entierra a los difuntos… tú también entierra a los difuntos” (Tratado de Sotá 14(A)), de igual manera, aquel que está apegado al pueblo de HaShem va por la senda de HaShem, quien ama a Su nación y vela siempre por ella.

El Santo Bendito Él consuela a quienes cayeron santificando el Nombre Divino

Dijeron nuestros sabios que si bien el dolor de quienes mueren santificando el Nombre de HaShem es intenso, el Santo Bendito Él les dice que no se perdieron de nada, que su sangre es más importante ante Él que las de las ofrendas del Templo (Midrash Shojer Tov a Tehilim-Salmos 16:4). Esto es así ya que ellos son el fundamento de la existencia del mundo puesto que expresan la conexión absoluta entre las creaturas y la fuente de sus vidas.

Los sabios dijeron que es tan gran de la santificación del Nombre Divino que tiene lugar por medio de estos mártires, que es como si al momento de caer ya se genera la venganza que en un futuro HaShem ejecutará sobre los malvados que los mataron y ya desde ahora es como si estuvieran listos para levantarse en la resurrección de los muertos (Sifra Ajarei Mot 8:13). Dijeron también que en los mundos superiores hay un (ángel) encargado de todos aquellos judíos que fueron asesinados por los gentiles, y anota sus nombres sobre un ropaje del Santo Bendito Él, y quedarán inscritos allí hasta que D’s vengue su sangre y hasta que el Mashíaj se revele y venga a consolarlos. Entonces, junto a él descenderán luces y deleites que les alegrarán, y los ángeles los habrán de investir con ropajes esplendorosos (Zohar I 39a, 41a).

Consuelo para las familias de los judíos sagrados

Los solados caídos se encuentran en un mundo que es todo bueno y ya lograron elevarse a la virtud suprema de la generalidad de la santidad de Israel, disfrutan del resplandor de la Divina Presencia junto a todos los valientes y heroicos justos. Asimismo, en este mundo todos reconocen su heroica valentía y la virtud de sus personalidades maravillosas. Sin embargo, las familias de los sagrados caídos sufren un gran dolor ya que penan por su ausencia y por el enorme vacío que se abre en sus corazones. ¿Quién puede devolverles la terrible pérdida experimentada? Por ello es tan importante el precepto de consolarlos.

El consuelo de Sión y Jerusalém

A todos los dolientes los consolamos orando para que el Santo Bendito Él los conforte junto a los demás dolientes por (la destrucción de) Sión y Jerusalém, y por ello, todo duelo, incluso el que se lleva por un judío que se quedó en el exilio y preservó su identidad, es una etapa más en el proceso de la redención de cara a la reconstrucción de Sión y Jerusalém. Por lo tanto, los soldados que sacrificaron sus vidas por la reconstrucción de Sión y Jerusalém en el más literal y sencillo sentido de la expresión, son en sí mismos el consuelo, ya que hasta que la muerte sea eliminada para siempre, todas las personas finalmente habrán de fallecer, y ellos deben consolarse en el hecho de que sus vidas fueron una fase en el camino de la reconstrucción de Sión y Jerusalém, y quienes caen por la existencia de Sión y Jerusalém, al morir santificando el Nombre de D’s, reportan un gran consuelo.

El consuelo no aplaca el enorme dolor, pero confiere significado y guía para continuar la vida, y sus seres queridos sabrán que de ahora en más todo cuanto fue erigido en el Estado de Israel, lo fue por el mérito de su sagrado ser amado que cayó. Los niños que nazcan, los poblados que sigan desarrollándose, la aliá que continúe llegando, el estudio de la Torá que se vea engrandecido, las acciones caritativas y generosas que se habrán de reforzar, cada flor que florezca y toda alegría que surja de cada uno de los hogares – todo será mérito suyo. La sociedad judía ética que deseamos construir aquí siguiendo la visión de los profetas – les pertenece. Por medio de este recordatorio podremos continuar su camino con renovadas fuerzas y andar por su senda de entrega abnegada en pos de la generalidad del pueblo de Israel.

Si a partir del recuerdo de alguno de los sagrados caídos habremos de incrementar nuestras buenas acciones, estudiar más Torá y reforzar nuestro voluntariado en pos del poblamiento de nuestro país y la aliá hacia él, y quizás también nos casemos y tengamos más hijos, corresponde cominicárselo a las familias dolientes para que sepan en qué medida sus seres queridos influyeron para bien en sus conocidos, contribuyendo así a reforzar su consuelo.

 

 

 

 

 

 

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