Suscríbete y recibe nuestro Newsletter

No te lo pierdas, artículo Halájico del Rab Eliezer Melamed viendo la actualidad en ojos de la Tora.

¡No enviamos spam! Lee nuestra política de privacidad para más información.

Últimos artículos

Suscríbete y recibe nuestro Newsletter

No te lo pierdas, artículo Halájico del Rab Eliezer Melamed viendo la actualidad en ojos de la Tora.

¡No enviamos spam! Lee nuestra política de privacidad para más información.

BEHAR 5784

Por la senda de dos de los cohanim más grandes de la historia: Pinjás y Matitiahu

Por el mérito de la entrega abnegada de Ilan Cohen, D’s vengue su sangre, venceremos a nuestros enemigos.

El precepto de vivir en la tierra de Israel es de carácter colectivo y obliga al pueblo judío en su conjunto a heredar la tierra prometida.

Además del precepto general, vivir en la tierra de Israel es el deber individual de cada judío.

Solamente por medio del estudio de la Torá y la observancia de los preceptos en la tierra de Israel el Nombre de D’s se revela en el mundo.

El deber de venir a vivir a la tierra de Israel les exige a personas que son consideradas muy exitosas abandonar su suceso en el extranjero y volver a construirse aquí.

Por el mérito de la entrega abnegada de Ilán, derrotaremos a nuestros enemigos. Por el mérito de su entrega abnegada, el vínculo cálido y profundo de la comunidad judía argentina con la tierra de Israel se verá fortalecido. Por su mérito, numerosos otros olim (judíos que inmigran al país) vendrán a vivir y a poblar la tierra de Israel y a materializar sus anhelos, y gracias a él, todos sus familiares, amigos y conocidos formarán familias grandes y benditas en el amado terruño de nuestros ancestros. Así, los dolidos padres del soldado caído y sus acongojados parientes y amigos podrán aliviarse en el consuelo de Tzión y Jerusalém.

El soldado Ilán Cohen, D’s vengue su sangre

El viernes 9 de Yiar del 5784 tuvo lugar el entierro el soldado Ilán Cohen, D’s vengue su sangre, en el cementerio militar en el Monte Herzl. Ilán creció en Buenos Aires, Argentina, donde recibió educación religiosa jaredí, y a los dieciocho años, en virtud de su plena consciencia respecto de la importancia del precepto de poblar la tierra de Israel, decidió venir a vivir aquí, y posteriormente, a raíz de su pleno convencimiento respecto de la importancia del precepto se servir en el ejército, decidió incorporarse a la Yeshivat Hesder[1] de Har Berajá. El pasado miércoles, Ilán cayó en la defensa del pueblo de Israel y su tierra, y su sepelio fue postergado hasta que sus padres alcanzaron a llegar desde la Argentina. Junto con ellos estuvieron presentes los ministros Ofir Sofer, Orit Struk e Idit Silmán, así como también los miembros del parlamento Amit Halevi y Eli Revivo. Estas son las palabras que pronuncié en mi discurso fúnebre en honor del soldado caído, junto a su tumba en el Monte Herzl:

In memoriam

Querido y sagrado Ilán Cohen. Esperábamos que por el mérito del gran precepto que habías cumplido al venir a vivir a la tierra de Israel pudieras vivir una larga vida, formar una gran familia, criar aquí hijos e hijas que amaran el terruño de nuestros antepasados, colmar de satisfacción a tu familia en Argentina, y ahora, ellos tuvieron que subirse a un avión de urgencia para participar de tu entierro.

En Buenos Aires lo tenías todo, tu familia, una vida confortable, hablabas el idioma del país, pero elegiste dejarlo todo y venir a la tierra de Israel para redimir los terrones de nuestro sagrado suelo patrio y cumplir con tu propio cuerpo con el precepto respecto del cual nuestros sabios dijeron que equivale en importancia a la sumatoria de todos los demás mandamientos, el de habitar la tierra de Israel (yshuv haaretz). Sabías que el enemigo amenaza a Israel, y decidiste enrolarte al ejército, a la unidad de los paracaidistas, para defender a tus hermanos. Tuviste diez días libres antes del enrolamiento y los aprovechaste también para trabajar como voluntario en una granja que se dedica a poblar nuestro país. Te levantabas a las cinco de la mañana y salías a pastar a las ovejas, hasta poco antes de tu enrolamiento.

Como un nuevo inmigrante que había llegado al país solo, el servicio militar te resultaba más difícil que a los demás, pero no diste el brazo a torcer, e incluso cuando las largas marchas te resultaban difíciles, seguiste empujando para adelante callado y con gran humildad. A tus selectos amigos de Argentina que habían inmigrado junto a ti y se habían enrolado en el ejército en unidades combatientes les dijiste: “Es mejor hablar menos y no quejarse, y hacer y ayudar más”. Así, a pesar de las dificultades, te transformaste en un soldado sobresaliente. La base de tu actitud la absorbiste de tu familia y de la cálida comunidad judía argentina, que tienen un profundo amor por la Torá y por la tradición y un cálido vínculo con el pueblo judío y su país. Tú continuaste yendo por este camino con entrega abnegada hasta el final.

Nuestros rabinos nos enseñaron que cada miembro de nuestro pueblo que cae por el mero hecho de ser judío -es llamado “kadosh”, sagrado, y tiene asegurado el Mundo Venidero. Al morir por ser judío, el individuo se desprende de sus vestiduras particulares y se envuelve en la santidad general del pueblo de Israel. Cuánto más aun en el caso de quien eligió entregar su vida por la defensa del pueblo de Israel y de su tierra y salvar así a numerosas vidas. Además, nuestros sabios también dijeron que “Todo aquel que salva un alma del pueblo de Israel es como si mantuviera con vida a un mundo entero” (Tratado de Sanedrín 4:5), cuánto más aun en el caso de quien luchó por salvar a la totalidad de la nación.

Hay quienes sostienen que la tribu de Leví está exenta de el precepto del servicio militar. Sin embargo, Ilán, el cohen, fue por la senda de dos de los más grandes cohanim de la historia: Pinjás ben Elazar HaCohen, que luchó contra Midián, y Matitiahu HaCohen y sus hijos, los macabeos que lucharon contra los griegos, porque en realidad los cohanim siempre se voluntarizaban a salir primeros al frente de sus hermanos para combatir en las guerras de Israel.

Durante dos mil años los judíos fueron asesinados en el exilio, santificando el Nombre Divino. Vivían en la total humillación y morían en medio de espantosos sufrimientos, pero aceptaron soportar todo ello en virtud de su fe de que llegará un día en el que se cumplirán en el pueblo de Israel las palabras de la Torá y los hijos de Israel regresarán a su tierra para traer la palabra de HaShem y Su bendición al mundo entero.

Los tiempos que ellos soñaban, se están materializando por el mérito de los olim y los combatientes que se entregaron abnegadamente en aras de poblar el país y defenderlo, desde los seguidores del Baal Shem Tov y los alumnos del Gaón de Vilna que llegaron a la tierra de Israel hace unos doscientos años y hasta los queridos muchachos jóvenes que llegan al país en nuestros días. Por el mérito de los judíos sagrados que entregaron su vida por el asentamiento y la defensa, se cumplen en nosotros las palabras de la Torá que dicen: “Y HaShem hará retornar a tus cautivos y tendrá piedad de ti, y volverá a reunirte de todas las naciones entre las que te dispersó… Y HaShem tu D’s te traerá a la tierra que heredarán tus ancestros y la heredarás tú, prosperarás y serás más numeroso que tus antepasados” (Devarim-Deuteronomio 30:3).

En el exilio no tuvimos el privilegio de enterrar a nuestros muertos de una manera honorable. Hoy, en nuestro país podemos llevar a cabo el funeral de Ilán en la sagrada ciudad de Jerusalém, en el Monte Herzl, con honores oficiales y en presencia de ministros y miembros del parlamento. En este mundo, Ilán Cohen y todos los judíos sagrados que están sepultados en esta montaña parecen estar muertos, pero en el Mundo de la Verdad están sumamente vivos y sus vidas son muy extensas, porque todo lo que se construye en el país y en el seno de nuestro pueblo se lleva a cabo por su mérito. Todos los casamientos y los nacimientos son por su mérito, toda la Torá y toda la labor efectuada, es por su mérito. Por el mérito de la entrega abnegada de Ilán derrotaremos a nuestros enemigos. Por el mérito de su entrega abnegada, el vínculo cálido y profundo de la comunidad judía argentina con la tierra de Israel se fortalecerá. Por su mérito, numerosos otros olim (judíos que vienen a vivir al país) vendrán a vivir y a poblar la tierra de Israel y a materializar los anhelos de nuestro soldado caído, y por su mérito, todos sus familiares, amigos y conocidos formarán familias grandes y benditas en el amado terruño de nuestros ancestros. Así, los dolidos padres de nuestro soldado caído, así como sus acongojados parientes y amigos podrán aliviarse en el consuelo de Tzión y Jerusalém, tal como lo dijera el profeta Jeremías: “Y transformaré su duelo en regocijo, los alegraré y los consolaré de su angustia. Y colmaré de satisfacción el alma de los cohanim. Así ha dicho HaShem: Se escucha una fuerte voz, un llanto amargo, es Rajel que llora por sus hijos, se niega a consolarse porque sus hijos no están. Así ha dicho HaShem: Detén tu voz de llanto y evita las lágrimas de tus ojos pues hay una recompensa para tu obrar, así ha dicho HaShem, y volverán de tierra enemiga. Hay esperanza para tu posteridad, y tus hijos volverán a sus fronteras” (31:12-16).

El precepto de habitar la tierra de Israel

Para la elevación del alma de Ilán, he de volver a resumir una respuesta que escribiera en su momento ante una consulta respecto de si ascender a la tierra de Israel es o no el deber de todo judío.

Respuesta: El precepto de vivir en la tierra de Israel es un mandamiento general que obliga a todo el pueblo de Israel a heredar su tierra, esto es, a ejercer su soberanía sobre esta y habitarla del mejor modo posible en todos los aspectos (Bemidbar 33:53-54), y tal como el Rambán definiera el precepto: “Se nos ordenó heredar la tierra que HaShem, loado sea, le entregara a nuestros ancestros Abraham, Ytzjak y Ya’akov, que no la abandonemos volviéndola desierta ni la dejemos en manos de otra nación” (Hashmatot LeSefer HaMitzvot precepto número cuatro).

Del precepto general dirigido a la totalidad del pueblo de Israel se desprende el mandato particular que obliga a cada individuo judío a vivir en nuestro país, ya que no es posible que la totalidad de la nación cumpla con el precepto de habitar la tierra prometida sin que cada individuo participe como socio pleno en su observancia, hasta que la mayor parte o todo el pueblo de Israel la habiten efectivamente. Asimismo, aprendimos que según la Torá, el deber de cumplir los preceptos públicos vinculados a la tierra de Israel como es el caso de la separación de la jalá, las ofrendas y los diezmos, depende de que la mayor parte o la totalidad de los judíos residan en su tierra (Rambám Hiljot Terumot 1:1-3, 26, Pninei Halajá Kashrut 12:10-11).

Además del precepto general de que el país esté bajo soberanía judía y de que la mayoría o la totalidad de los hijos de Israel la habiten, es preceptivo para cada judío vivir en la tierra de Israel, incluso cuando esta se encuentra bajo el dominio de gentiles idólatras (Tratado de Ketuvot 110(B), Rambám Hiljot Melajim 5:12, Hiljot Ishut 13:20).

Un precepto que se encuentra por encima de otros mandamientos comunes

Hay quienes sostienen que, si bien según la opinión el precepto de vivir en la tierra de Israel es obligatoria en todo tiempo, de acuerdo con el Rambám solo lo fue en el pasado, y por ello, no la incluyó en el conteo de los 613 mandamientos. Pero la verdad es que el Rambám no incluyó al mandato de vivir en la tierra de Israel como parte del conteo de los preceptos porque este es más importante que un mandamiento común, y tal como lo explicara en el fundamento de los preceptos en Sefer Hamitzvot, no corresponde incluir en el conteo de los 613 preceptos a los mandatos generales que abarcan a toda la Torá (tal como se explica en el libro Em HaBanim Smejá, cap. 3 incisos 7-10).

En efecto, a través de muy numerosos preceptos, se refleja el deber general de vivir en la tierra de Israel que es aquel que los fundamenta. Además de todos los preceptos que realmente dependen de la tierra de Israel, como es el caso de las ofrendas y los diezmos (terumot y ma’aserot), el precepto de coronar a un rey también depende de la tierra de Israel y tiene que ver con establecer un gobierno que ponga de manifiesto la soberanía del pueblo de Israel sobre su tierra y organice su vida del modo más adecuado (Devarim-Deuteronomio 17:14-20, Haamek Davar al Natziv allí, Mishpat Cohen 144). Otro tanto ocurre con el precepto de construir el Templo de Jerusalém con todos los mandamientos asociados al Santuario. Todo el sistema de mandamientos vinculadas al sistema judicial, a la celebración de festividades y a la función de los cohanim y los leviím dependen del precepto de vivir en la tierra de Israel (yshuv haaretz) depende.

Además de ello, toda la Torá y todos los preceptos están destinados a ser cumplidos en la tierra de Israel, pues solamente cumpliéndolos en nuestro país HaShem se revela en el mundo, al punto que nuestros sabios dijeron que la observancia de las mitzvot en el extranjero tiene por finalidad que podamos recordar cómo cumplirlas el día que regresemos (Talmud Jerosolimitano Tratado de Sheviít 6:1, Talmud Babilonio Tratado de Kidushín 37(A), Sifrei Ekev 43-44).

El argumento de Rabí Moshé Fainstein, autor de la responsa Igrot Moshé

Hay quienes sostienen que, si bien vivir en la tierra de Israel es un gran precepto, no es obligatorio ascender a ella (Igrot Moshé Even HaEzer 1:102), pero de acuerdo con lo que estudiamos de nuestros rabinos, se trata de un mandato preceptivo, y por ello, por ejemplo, nuestros sabios ordenaron que cuando uno de los cónyuges deseare ir a vivir a la tierra de Israel, el otro deberá acceder a hacerlo, y en caso de que no, el ascenso a la tierra de Israel representará un causal legítimo de divorcio (Rambám Hiljot Ishut 13:20, Shulján Aruj Even Haezer 75:4). Si bien es cierto que durante los cientos de años del exilio los rabinos no impulsaron el ascenso a la tierra de Israel, ello fue así porque hacerlo implicaba enfrentar peligros enormes, al grado de que a ojos de los judíos residentes en la diáspora se trataba de una circunstancia de fuerza mayor que exime de la observancia del precepto. Pero a nuestros maestros no se les ocurrió que llegaría un día en el cual los judíos podrían vivir en la tierra de Israel, pero habría quienes argumentasen que no se trata de un mandato obligatorio. E incluso en aquellos días difíciles, Rabí Yehudá Haleví escribió que era preciso invertir ingentes esfuerzos para inmigrar a la tierra de Israel, pues de no hacerlo, nuestras plegarias se tornarían vanas, asemejándose “al habla del loro y al trinar del estornino”.

¿Podría yo pasar esa prueba con éxito?

Es mi deber agregar, que esta es la halajá, pero muy a mi pesar, en caso de que yo hubiera nacido en el exilio, no sé si sería capaz de superar la prueba de irme a vivir a la tierra de Israel, porque incluso cuando es posible mantenerse en ella, resulta muy difícil abandonar un sitio de residencia conocido en el cual una persona sabe cómo expresarse de la mejor manera, cómo educar a sus hijos y cómo ganarse el sustento, para mudarse a otro lugar en el cual resulta necesario aprender un nuevo idioma y un modo de vida diferente de vida.  El deber de venir a vivir a la tierra de Israel les exige a personas que son consideradas muy exitosas abandonar su suceso en el extranjero y volver a construirse aquí. Por eso, valoro tanto a los olim provenientes de los Estados Unidos y otros países con alto nivel de vida, especialmente a los más jóvenes que se enrolan al ejército y entregan su vida abnegadamente junto a los demás valerosos soldados en aras de la salvación del pueblo de Israel y su tierra.                


[1] Yeshivat Hesder es un tipo de centro educativo que combina intercaladamente períodos de estudio intensivo de Torá con otros de servicio militar en unidades de combate.  

כתבות נוספות באתר:

Volver a los fundamentos

La actual guerra nos obliga a volver a nuestra postura fundamental de que la tierra de Israel fue entregada por D’s al

BEMIDBAR 5784

La actitud de los sabios de Israel hacia la astrología A diferencia de los idólatras que creían que las estrellas son aquellas

BEJUKOTAI 5784

La astrología en la práctica halájica Durante miles de años la astronomía y la astrología eran una sola, y los sabios de

EMOR 5784

Los alcances del precepto “No cortaréis (en redondo la cabellera de vuestra cabeza)” El precepto de «no cortaréis» singulariza al pueblo de

KEDOSHIM 5784

El Rav Jaim David Halevi – A 26 años de su fallecimiento Ya de pequeño se vio atraído al estudio de la

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *