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La astrología en la práctica halájica

Durante miles de años la astronomía y la astrología eran una sola, y los sabios de las naciones creían en la veracidad de sus contenidos.

Cuando los sabios de las naciones concordaban en que la astrología era una ciencia verdadera, los sabios de Israel no lo objetaron.

En la medida en que la rigurosidad de la ciencia se desarrolló, creció la demanda por mayor exactitud, y dado que los astrólogos no podían brindar una información precisa, su disciplina fue puesta en tela de juicio.

La norma final es conforme a la opinión mayoritaria de las autoridades halájicas en cuanto a que está prohibido intentar averiguar el futuro por medio del uso de la astrología.

Quienes consideraban que la astrología era una disciplina verdadera, se apoyaban en los casos en los cuales los astrólogos lograron acertar con sus pronósticos. Por el contrario, los que entendían que no lo era la sometieron a un testeo más estricto y le exigieron índices de precisión más elevados que estaban más allá de sus posibilidades, especialmente en generaciones en las cuales lo mejor del talento humano se orientaba ya al cultivo de las ciencias exactas en detrimento del desarrollo del sentido místico.

La astrología

Pregunta: Según los sabios de Israel ¿hay algo de cierto en un pronóstico astrológico? ¿Se permite recurrir a la astrología para obtener predicciones a futuro y efectuar análisis de personalidad?

Respuesta: La astrología es una disciplina que se basa en la creencia de que los signos astrales y las estrellas, al moverse por sus trayectorias en el firmamento, influyen sobre lo que ocurre en el mundo, porque la vida, con lo bueno y lo malo que esta puede deparar, emana de las alturas y pasa hacia nosotros a través de los signos astrales y de las estrellas. Al hablar de estrellas nos referimos a los siete cuerpos celestes que se encuentran cerca nuestro, a saber: Saturno, Júpiter, Marte, el Sol, Venus, Mercurio y la Luna. Al referirnos a los signos astrales, hablamos de las doce constelaciones o formaciones de estrellas que se encuentran distantes de nosotros y forman en el cielo una serie de figuras que le concede a cada una de ellas un nombre: Aries, Tauro, Géminis, Cáncer (cangrejo), Leo, Virgo, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis. Dado que los astros se mueven constantemente en sus respectivas órbitas, su influencia cambia a cada momento de acuerdo con su posición relativa, y cada mes tiene su signo predominante, cada día y cada hora poseen un esquema propio de estrellas que los rige, y según la combinación entre los diferentes astros se establece una carta astral de nacimiento para cada individuo, y en base a ella se puede prever su destino. Lo mismo ocurre en lo que respecta al destino de los pueblos y los países, esto es, dependiendo de la posición relativa de las diferentes estrellas en el momento de su establecimiento, de su creación o de eventos trascendentes por los que atravesaron -se establece qué sucesos, oportunidades o dificultades habrán de experimentar en el futuro.

Astronomía y Astrología

Durante miles de años, la astronomía y la astrología eran una sola, y los sabios de las naciones -incluidos los de Babilonia, Asiria, Egipto y Grecia- creían en su veracidad. Con el correr del tiempo, surgieron sabios que pusieron en tela de juicio a la astrología como conocimiento verdadero, hasta que con el correr del tiempo se generó una clara división entre ambas disciplinas. La astronomía se desarrolló como una ciencia exacta que fue progresando por medio del uso de telescopios sofisticados a través de los cuales fue posible contemplar los astros y las galaxias distantes, y de acuerdo con las observaciones realizadas, se pudieron calcular sus trayectorias y estimar la magnitud de las diferentes fuerzas gravitatorias que actuaban sobre ellos. Por el contrario, la astrología fue una disciplina cuyos seguidores no lograron demostrar su validez científica, y por ello en la actualidad se la considera mayoritariamente como no veraz.

La postura de los sabios de Israel

En términos generales, en los días del Talmud, cuando había un consenso generalizado entre los sabios de las naciones en cuanto a que la astrología era una sabiduría verdadera, los maestros de Israel no lo objetaron. Incluso, vemos en el Talmud relatos que se apoyan en esa postura (Shabat 119(A), 156(A)y(B)). Sin embargo, en días de los rabinos medievales, cuando los sabios de las naciones debatieron respecto de la veracidad de la astrología, entre los eruditos judíos hubo quienes entendieron que era verdadera, al tiempo que otros consideraron que era falsa. Y no hay que sorprenderse ante el hecho de que los sabios de Israel hayan tomado en cuenta la opinión de sus pares entre las naciones, ya que los maestros de la Torá no pretenden definir en cuestiones científicas según lo que dice en las Escrituras, pues el objetivo de la Torá es enseñarnos las cosas más importantes: qué está bien y qué está mal o qué está permitido y qué está prohibido, y no definir debates sobre interrogantes de carácter científico.

La explicación sobre la discusión en torno al estatus de la astrología en la Halajá

Cabe explicar que, en principio, hay elementos de verdad en la astrología, pues dado que todas las creaturas del universo están interconectadas, es posible aprender sobre un sistema a partir de la investigación de otro, especialmente si se trata de uno que abarca al universo en su conjunto como lo es el de los astros. Pero dado que la posición de los diferentes cuerpos celestes es sumamente compleja, resulta difícil establecer una postura clara de acuerdo con ella, ya que la carta astral del hombre está compuesta de tres elementos: la hora, el día y el mes, y cada uno de estos parámetros ya de por sí resulta complejo. Además, el destino de cada ser humano depende del de su familia, sus amigos, los habitantes de su ciudad y los de su país, y no es factible elaborar una carta astral de cada uno de ellos. E incluso si esto pudiera realizarse, una mente humana no podría procesar toda esta información a la vez.

Tal como parece, los astrólogos exitosos eran sabios multidisciplinarios que profundizaban en el alma del individuo y comprendían la evolución de los procesos sociales, y además de ello, tenían capacidades místicas por medio de las cuales podían identificar de entre todos los diferentes datos de la carta astral cuáles eran los componentes fundamentales para tomar en cuenta e inspirarse en ellos para pronosticar el futuro. Y si bien en no pocas oportunidades erraban, dado que no existían herramientas mejores para ayudar a las personas y a los monarcas a planificar sus acciones futuras, muchos se respaldaban en sus previsiones.

El desarrollo de la ciencia y el retroceso de las áreas del conocimiento que dependen de la intuición

En la medida que la rigurosidad de la ciencia se desarrolló, creció la demanda por exactitud, y dado que los astrólogos no podían brindar información precisa, su disciplina fue puesta en tela de juicio. En virtud de ello, tuvo lugar un cambio significativo que se dio en dos etapas: 1) Las personas capaces tendieron a desarrollar sus habilidades con una orientación científica, en detrimento del cultivo de sus capacidades místicas. Así, se redujo el número de personas capaces de predecir el futuro por medio del uso de la astrología, ya que, tal como lo hemos dicho, solamente una combinación de habilidades multidisciplinarias sumadas al desarrollo de la capacidad mística permite incurrir en esta disciplina en la búsqueda de vaticinios futuros que además resulten veraces. 2) En virtud de ello, la transmisión de ese conocimiento de una generación a otra se vio también afectada al grado de que con el correr del tiempo se redujo considerablemente el número de sabios capaces de comprender el carácter y las inclinaciones del ser humano por medio del uso de la astrología, y obviamente, se redujo también aún más el número de personas capaces de prever eventos futuros basándose en esta disciplina.

De lo antedicho resulta que quienes entendían que la astrología era una disciplina verdadera se apoyaban en los casos en los cuales los astrólogos lograban acertar en sus pronósticos. Por el contrario, los que entendían que no se trataba de una disciplina verdadera, la sometieron a un testeo más estricto y le exigieron índices de precisión elevados que se encontraban más allá de sus posibilidades, especialmente en generaciones en las cuales lo mejor del talento humano se orientaba a las ciencias exactas en detrimento del desarrollo del sentido místico.

Tres opiniones

Según el Rambám, la astrología es un embuste, al igual que las brujerías y los encantamientos, y por ello, está prohibido por la Torá recurrir a los astrólogos en procura de un pronóstico, tal como está prohibido recurrir a brujos o a adivinos. Entonces, según esta opinión, quien actuare conforme a la asesoría recibida por parte de un astrólogo, deberá ser castigado con azotes (Hiljot Avodá Zará 11:9-9, Tur Yoré Deá 179, Tiferet Israel Kidushín 4, Boaz 1; y más).

Por otra parte, hubo quienes permitieron consultar el futuro con un astrólogo, pues la prohibición de vaticinar eventos futuros aplica solamente cuando esta acción se efectúa con un procedimiento similar al de la brujería, al tiempo que la astrología es un conocimiento científico. Esta era la opinión de Ibn Ezra y de Ralbag (comentario a Vaikrá 19:26), al tiempo que el Rashbá (1:413) escribió que está permitido consultar a un astrólogo y no pende sobre ello prohibición alguna.

La opinión intermedia es la del Rambán y la mayoría de los sabios medievales y los juristas, quienes entienden que, dado que el astrólogo pronostica el futuro a través del uso de una sabiduría y no por medio de una brujería o de un encantamiento, no se transgrede la prohibición de “no practicaréis la adivinación ni la magia” sino que se deja sin efecto el precepto positivo de serás íntegro (inocente) con HaShem tu D’s (Deuteronomio 18:13), motivo por el cual no se debe consultar a los astrólogos. Si HaShem ha de revelarnos el futuro por medio de un profeta o por medio de las piedras del pectoral del sumo sacerdote (urim vetumim) lo conoceremos, y si no, confiamos en HaShem, por lo que, si nos ha de ocurrir un hecho doloroso, este será para nuestro bien, para que por su intermedio florezcamos y avancemos. Y en caso de que hallemos una artimaña necesaria para conocer el futuro y evitar un evento doloroso específico, al final de cuentas terminaremos sufriendo mayores desgracias aún (Rambán en Meiujasot 283, HaYereím 239, 431, Ritbá al Tratado de Shabat 156(B), Rabenu Nisim y Nimukei Yosef al Tratado de Sanedrín 65(B), Shulján Aruj y Ramá 179:1-2, y muchos otros).

La halajá en la práctica

La halajá final es conforme a la opinión de la gran mayoría de las autoridades halájicas según las cuales está prohibido recurrir a la astrología para pronosticar el futuro. Según la mayoría de los juristas (Rambán y semejantes) esto se prohíbe porque quien consulta al astrólogo deja sin efecto el precepto positivo de “serás íntegro (inocente) con HaShem tu D’s” y hay quienes dicen (Rambám y semejantes) que transgrede la prohibición de “no practicaréis la adivinación ni la magia”.

¿Se puede recurrir a la astrología para hacer un estudio de la personalidad?

Tras haber aprendido que está prohibido consultar el futuro a un astrólogo, resta aclarar si se permite o no recurrir a un astrólogo para efectuar un estudio de la personalidad.

Tal como aprendimos, según el Rambám la astrología es un embuste, tanto porque se apoya en asunciones erradas como porque el destino del ser humano puede cambiar en virtud de sus buenas o malas acciones (Epístola a los sabios de la ciudad de Marsella). Por ende, está prohibido acudir a un astrólogo en procura de asesoramiento, porque la Torá nos advirtió que nos alejáramos de la mentira, ya que todo aquel que va tras consejos falsos se engaña a sí mismo pensando que posee características de las que en realidad carece, y que carece de otras que en realidad sí posee. En un caso así, en lugar de procurar desarrollar sus virtudes de acuerdo con su criterio y parecer, y según la retroalimentación que recibe de parte de sus maestros y seres queridos, se verá inclinado a ir en pos de cosas vanas y descuidará el trabajo apropiado de superación de sus cualidades personales. Con el correr de los años esta postura se vio reforzada, y quienes la detentaban exhibían casos de personas que a consecuencia de este tipo de asesoría astrológica se inclinaron por invertir sus esfuerzos en direcciones que a la postre resultaron ser sumamente dañinas, por ejemplo, los astrólogos les dijeron que eran virtuosos para los negocios y al final de cuentas perdieron todo su capital, o escucharon de estos que carecían de habilidad para un área determinada y solo tras varios años resultó que en esa actividad específica resultaron ser sumamente exitosos.

Sin embargo, en un sentido opuesto al anterior, según la opinión de quienes entienden que a veces la astrología dice cosas acertadas, una persona tiene permitido recurrir a la ayuda de un astrólogo para profundizar en el conocimiento de las características de su carácter y las virtudes de su personalidad. En caso de que descubriera que a raíz de una tendencia de su personalidad tiene la posibilidad de incurrir en determinado tipo de pecado, podrá tener el recaudo esmerarse en evitarlo, y en caso de que descubriera que posee una habilidad determinada, podrá desarrollarla con mayor intensidad. Tal como dijeran nuestros sabios (Tratado de Shabat 156(A)) que quien nace bajo el signo de Marte tiene una tendencia natural a derramar sangre, pero que puede optar entre ser un asesino, un matarife, un médico que efectúa sangrías terapéuticas o un circuncidador. De igual manera, nuestros sabios cuentan (ídem B) sobre la madre de Rav Najman bar Ytzjak, a quien los astrólogos le dijeron que su hijo sería un ladrón y tuvo permanentemente el recaudo de que el niño tuviera siempre la cabeza cubierta para que fuera temeroso del cielo. Cuando el niño creció, su madre le pidió encarecidamente que siempre tuviera cuidado de tener la cabeza cubierta con una kipá y le pidiera a HaShem que tuviera compasión de él para que la inclinación al mal no prevaleciera sobre su persona. En un inicio, no entendió por qué su madre se preocupaba tanto por esa cuestión. Una vez, estaba sentado estudiando debajo de una palmera y vio que en esta había dátiles, su inclinación al mal le atacó, y en virtud de su gran deseo de robar, se subió al árbol y cortó un racimo con sus dientes. Entonces, comprendió la preocupación de su madre. Resulta que los astrólogos habían acertado respecto de las potencialidades de su carácter, que su inclinación al mal lo impulsaría a robar, pero en la práctica erraron, ya que gracias a la fe y a la Torá se transformó en Rav Najman ben Ytzjak, uno de los grandes maestros del pueblo de Israel.

Aun así, es posible argumentar que en el pasado los astrólogos eran de alto nivel y cabía tomar en cuenta sus pronósticos, pero que con el correr de los años su sabiduría cayó en el olvido, y sus errores aumentaron en gran medida.

En la práctica

Dado que se trata de una cuestión que es objeto de debate, quien desee asesorarse con un astrólogo tiene en quien respaldarse, pero es preferible que se abstenga de hacerlo, porque resulta difícil darse cuenta quién es realmente un experto y quién no. En la medida que el astrólogo sea reconocido por ser una persona temerosa del cielo, por ser un individuo humilde y cuidadoso en no adoptar una posición tajante en lo relativo a sus vaticinios y esté dotado de un amplio entendimiento en cuestiones educativas -las autoridades halájicas que consideran que esta disciplina es verdadera tenderán a opinar que es posible consultarle. Aun así, quienes consideran que la astrología es un embuste -deberán abstenerse de hacerlo.                 

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