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Debes conocer al enemigo

JAIEI SARÁ 5784

Debes conocer al enemigo

 

La falta de resolución que le atribuimos a nuestros enemigos a raíz de nuestro desdén hacia ellos, nos generó muchas desgracias.

Los musulmanes están preceptuados de librar una guerra santa contra los idólatras y ponerlos ante la alternativa de convertirse al islam o morir por la espada.

La famosa máxima islámica según la cual: “la ley (religión) de Mahoma (se impone) por la espada” no describe una situación a posteriori, sino que se trata de una premisa a aplicar a priori.

Numerosos eruditos de la religión islámica establecieron que es deber de todo musulmán luchar contra el Estado de Israel y destruirlo.

El único modo de evitar la guerra contra los musulmanes es derrotarlos de un modo absoluto.

La única manera de evitar la guerra con los musulmanes es derrotarlos por completo hasta que les resulte claro que no tienen posibilidad alguna de derrotarnos, pues entonces, según el islam, estarán exentos del deber de combatir.

 

La guerra contra los musulmanes

En estos días, en los que Israel se encuentra en una dura guerra contra el Hamas en la franja de Gaza, en el norte el Hezbolá está armado hasta los dientes e Irán brinda un apoyo total a ambas organizaciones, resulta oportuno dirigir nuestra mirada a la cultura islámica ya que en ella se originan las raíces de la presente contienda. Hace más de cien años que los árabes luchan contra nosotros en la tierra de Israel, y la mayoría de estos sino todos, amén de la totalidad de los musulmanes, apoyan a nuestros enemigos a pesar de que carecen de motivo alguno para mantener con nosotros un conflicto. Cabe destacar que también en el caso de personas de cultura musulmana que no necesariamente observan los preceptos religiosos, su pertenencia cultural influye sobre su actitud, y por ello, es importante comprenderla, para poder enfrentar al enemigo y derrotarlo. El desprecio por la resolución y el poderío de nuestros enemigos nos trajo muchas desgracias, y a partir de ahora, a los efectos de poder derrotarlos, corresponde que nos ocupemos de ellos con la mayor de las seriedades.

El islam – el poderío de Alá

Hace unos mil cuatrocientos años, unos seiscientos después de que se conformara la religión cristiana, surgió la religión musulmana de la mano de Mahoma, el profeta del islam. Si bien por inspiración en la fe judía el islam está totalmente limpio de idolatría, desde el punto de vista de la consciencia implica una cierta materialización de la divinidad, ya que de acuerdo con la creencia judía pura no se le puede atribuir a HaShem definición alguna, y todas sus cualidades, por ejemplo, Su generosidad, Su poder o Su compasión son una iluminación que se revela ante nosotros, pero Él en Sí Mismo está más allá de cualquier concepto. Si bien en términos generales el islam está de acuerdo con esta afirmación, en la práctica tiende a definir a Alá mediante las cualidades del rigor y el poderío, como un dios todopoderoso al cual todos deben someterse y aceptar su autoridad de manera absoluta.

Los preceptos son una expresión de sometimiento a su poderío

Dado que la manifestación principal de Alá es a través de su poderío, el fiel musulmán debe armarse de valentía y ser un soldado en su ejército para doblegar a su mala inclinación, luchar contra los infieles y someterlos ante su dios. Los cinco preceptos fundamentales del islam ponen de manifiesto especialmente el respeto y el sometimiento a Alá: 1) Declarar la fe en Alá y en su profeta Mahoma. 2) Rezarle cinco veces al día. 3) Ayunar durante todos los días del mes de Ramadán para reforzar la fe y doblegar la inclinación al mal. 4) Peregrinar a la Meca, localidad que se encuentra en lo que hoy es el Reino de Arabia Saudita. 5) Dar “zakaá”, esto es, el aporte de un impuesto anual del 2.5 % de las propiedades al Califa para que este cumpla la orden divina de dar dinero a la caridad y conducir la guerra santa para imponer el islam en el mundo entero.

El precepto de la oración puede servir de ejemplo al carácter singular de esta religión. En el pueblo de Israel, la plegaria principal es el rezo de la Amidá que se lleva a cabo de pie, pues quien reza debe presentarse ante HaShem de cuerpo y estatura completos, y pedirle que le ayude a ser socio en la labor de traer Su bendición al mundo.

Para ello, el judío le pide a Dios sabiduría, salud, bienestar económico, la reconstrucción de Jerusalém y la redención del pueblo de Israel. Por su parte, en el formato de la plegaria musulmana no hay pedidos sino la repetición de un texto breve de declaración de fidelidad a Alá y la aceptación de su reinado. En esta plegaria lo fundamental es el sometimiento a Alá, el cual se expresa por medio de repetidas prosternaciones, en las cuales se apoya el rostro sobre el suelo lo cual expresa la disposición del fiel de anular ante Alá su personalidad singular. Así, la fe musulmana elimina la particularidad y la autonomía de cada creatura y deja en manos de la capacidad de elección humana una sola función: la de aceptar la soberanía de Alá y sometérsele.

El islam como religión combativa – la yihad (guerra santa)

El hombre occidental podría pensar que el sometimiento a Alá debería generar debilidad, pero la subyugación al todopoderoso le otorga al musulmán un poder enorme en su lucha con su inclinación al mal y en su guerra contra los herejes, y fue así como los musulmanes lograron conquistar grandes extensiones de territorio.

Más aún, dado que el aspecto significativo de Alá es la fuerza y el poderío, el precepto que sigue en importancia -después de los cinco mandamientos que expresan el sometimiento del hombre ante Dios- es el de la guerra santa para erradicar la idolatría del mundo y convertir a toda la humanidad al islam, esto es, lograr que todos los seres humanos se sometan a Alá. Para ello, es preceptivo librar la guerra santa contra los idólatras y ponerlos ante la disyuntiva de convertirse al islam o morir por la espada.

Los combatientes, que son los representantes y los enviados de Alá, deben ir por su senda, luchar con valentía para vencer por la fuerza a todos aquellos que no se someten a su soberanía, y quien cae en esta guerra es llamado “shahid”, «mártir» (tanto en griego como en árabe significa ‘testigo’), esto es, que por medio de su entrega brinda un testimonio de la soberanía de Alá y tiene asegurada una gran recompensa en el jardín del Edén. En torno a esta idea, Mahoma logró doblegar y unir a las tribus árabes, y su éxito fenomenal fue visto por sus seguidores como prueba de la veracidad de su profecía. Tras su fallecimiento, sus seguidores salieron a una campaña intensa de conquista del mundo para transformarlo en musulmán. En treinta años, los primeros califas lograron conquistar todas las tierras del Medio Oriente y parte del Norte de África. En los siguientes sesenta años conquistaron todo el Norte de África, así como también España en el Occidente, al tiempo que en el Oriente llegaron hasta la India.

La espada expresa la fe

La espada y la fuerza ocupan un lugar central en la religión musulmana pues enfatizan el poderío real de su fe al tiempo que fortalecen la grandeza y el dominio de Alá. Por eso, la famosa máxima según la cual “la ley (religión) de Mahoma (se impone) por la espada” no describe una situación a posteriori, sino que se trata de una premisa a aplicar a priori. En consecuencia, cuando el islam conquista a naciones idólatras, le es posible exigirles a estas la conversión al islam so pena de muerte. Aun cuando cabe esperar que con el correr de los años estos pueblos se convenzan paulatinamente de convertirse al islam, no se debe esperar hasta que ello ocurra, sino que es preciso imponerles la fe musulmana por la fuerza de la espada y de esa manera poner de manifiesto la soberanía absoluta de Alá.

El llamado al rezo desde el minarete de la mezquita que se eleva por sobre todos sus alrededores, tanto de día como de noche, además de su función de anunciar los horarios de las plegarias implica también un elemento de imposición de la religión sobre el entorno, tanto hacia los musulmanes como a los demás. Por la fuerza de la fe los árabes lograron construir una nación de valientes guerreros, conquistar numerosos países e imponer el islam sobre innumerables pueblos durante más de mil años.

El deber de combatir

De acuerdo con la perspectiva musulmana el mundo está dividido en dos partes, “dar el islam” que son los territorios ya conquistados, y “dar el jarb”, que es literalmente ‘el sitio del combate’, aquellas tierras que es preceptivo conquistar y convertir a todos sus habitantes al islam, y tras su conquista, estos territorios se vuelven ‘tierra santa’ perteneciente a todo el islam (wakf) a la cual está prohibido renunciar bajo ninguna condición. Y aunque alguien la conquistase de manos musulmanas durante cientos de años, seguirá siendo considerada una ‘tierra del islam’ que es deber supremo recuperar y devolver al dominio musulmán. Incluso cuando los musulmanes se debilitan, tienen prohibido ceder tierra que alguna vez perteneció al islam, porque el fiel no debe rendirse ante nadie salvo ante Alá. Sin embargo, en caso de gran necesidad, los musulmanes tienen permitido firmar un cese al fuego temporario durante el cual deberán fortalecerse hasta poder reconquistar los territorios que alguna vez les pertenecieron y seguir combatiendo en aras de imponer su religión sobre todos los habitantes de la tierra.

Su actitud hacia el judaísmo

Sobre la base de una aceptación simple de los fundamentos de la fe, de la recompensa y el castigo tal como figuran en el Tanaj, Mahoma criticó duramente a los judíos y les espetó que cómo tuvieron el atrevimiento de rebelarse contra el Dios que los escogiera de entre todas las naciones, sacara de Egipto por medio de señales y maravillas, abriera ante ellos el mar, les diera la Torá y les entregara la tierra buena. Y cada vez que Dios los castigó y los perdonó los judíos volvieron a traicionarlo hasta que trajo sobre ellos todos los castigos que aparecen escritos en la Torá y en la sección de los Profetas, imponiéndoles la peor de las condenas, el exilio y la humillación.

En un inicio, Mahoma tuvo la esperanza de que los judíos aceptasen su mensaje y coronasen al islam como la religión que continúa las revelaciones del Dios de la Torá. Sin embargo, al negarse a hacerlo, vio en ello la continuación de la rebelión de los judíos contra Dios, pasó a odiarlos y entendió que era la voluntad de Alá que fuesen duramente castigados y humillados por rebelársele.

En términos generales, la ley musulmana diferencia entre los idólatras, los cuales de no convertirse al islam es preciso matar, y los judíos y cristianos que son ‘pueblos del libro’ que creen en un solo Dios y aunque no abracen el islam no es preciso matarlos, pero sí castigarlos y humillarlos por no haber aceptado la fe mahometana. Numerosos pogromos tuvieron lugar los países musulmanes a raíz de lo que a ojos de los musulmanes se percibió como la violación de las leyes de la humillación que recaen sobre los judíos. Si bien en principio el estatus de los judíos y de los cristianos es idéntico, la actitud hacia los judíos fue más dura porque en opinión del islam los judíos se rebelaron contra Alá y por ello desea que sean castigados.

La guerra contra el Estado de Israel

Luego de que durante las últimas generaciones HaShem ha contemplado las miserias de Su pueblo, ha otorgado fuerzas a los inmigrantes para que se asentasen en la tierra de nuestros ancestros, los exiliados han comenzado a reunirse, y por la gracia de Dios hemos podido establecer el Estado de Israel, en el mundo musulmán se desató una intensa furia contra nuestro país y contra los judíos en general. Según los fundamentos teológicos musulmanes los judíos deben ser humillados para de esa manera demostrar que el islam sustituyó al judaísmo, y el hecho de que los hijos de Israel vuelvan a conducirse como dueños de casa atenta contra su religión. Esto y más, el Estado de Israel fue establecido sobre tierra que fue conquistada por los musulmanes hace mil trescientos años, y desde entonces, para su concepción, se trata de tierra que pertenece a todos los musulmanes por lo que sobre estos recae el deber de destruir al estado judío y devolver la parcela a su dominio.

En virtud de esta postura, numerosos sabios de la religión musulmana establecieron que es deber de todo musulmán luchar contra el Estado de Israel hasta destruirlo, expresándose con gran odio hacia todos los judíos y expresando deseos de que sean exterminados. Por otra parte, hubo otros eruditos mahometanos que reconocieron la fortaleza del Estado de Israel y aceptaron que mientras no esté al alcance de los musulmanes derrotar a los judíos, su deber ya no es el de destruir a su estado sino actuar en aras de su debilitamiento, y cuando resulte posible, volverá a entrar en vigor el deber de combatir hasta eliminarlo. A esto educan a sus niños desde pequeños, a que, aunque pasen cien años en los que los musulmanes no puedan conquistar al estado judío, no deben renunciar a su aspiración de destruirlo y castigar a los hijos de Israel por haber conquistado este territorio de manos de los musulmanes.

El modo de evitar la guerra

La única manera de evitar la guerra con los musulmanes es derrotarlos absolutamente hasta que les resulte claro que no tienen posibilidad alguna de derrotarnos, pues entonces, según el islam, estarán exentos del deber de combatir, ya que ello habrá de implicar que desde el cielo les insinúan que no llegó aun el momento de cumplir con el deber de librar la guerra santa.

Entonces, quizás quepa esperar que se fortalezcan las voces positivas en el seno del islam, aquellas que interpretan el deber de librar la guerra santa como un combate interior contra la inclinación al mal y no como una guerra violenta contra otros. Entonces, prevalecerán los lineamientos de los comentaristas musulmanes que entienden que las palabras duras que aparecen en el Corán contra los judíos fueron válidas únicamente mientras duró su exilio a causa de sus pecados del pasado, pero al regresar estos a su tierra ancestral, resulta claro que se trata de la voluntad de HaShem quien cumple Su antigua promesa para con Su pueblo Israel.

 

 

 

 

 

 

 

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