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El precepto de Hakhel y la unidad del pueblo

HAAZINU 2022

El precepto de Hakhel y la unidad del pueblo

 

De cara las próximas elecciones debemos recordar en la festividad de Sucot que «Todos los hijos de Israel deberían sentarse bajo una misma sucá».

Más aun, este año tenemos el privilegio de cumplir el precepto de Hakhel que se refiere a la unidad de todo el pueblo de Israel alrededor de los valores de la Torá.

También en nuestros días, que el precepto de Hakhel no se cumple en su formato original, es de suma importancia observarlo a modo de recordatorio de aquel gran evento que se llevaba a cabo y también como forma de rendir tributo a Sion.

Desde los tiempos del Aderet y del Rav Kuk, las grandes eminencias del pueblo de Israel se esmeraron en llevar a cabo la ceremonia del Hakhel de un modo respetuoso y formal en la medida de lo posible.

El objetivo de la ceremonia de Hakhel es realzar la importancia y el honor de la Torá y sus preceptos. No había acto público más honroso ni más impactante que este, y todos los hijos de Israel participaban de él, personas adultas y niños, mujeres y hombres, y el más destacado de todos – el rey, que era quien leía la Torá frente a pueblo. En virtud de semejante acto a las personas les surgía el interrogante «¿De qué se trata esta enorme reunión? Y la respuesta surgía por sí misma: «Es para escuchar las palabras de la Torá que es nuestro fundamento, nuestra gloria y nuestro esplendor».

Hace cuestión de unos veinticinco años me propuse no hacer pública mi opinión en lo concerniente a las elecciones, los partidos y los candidatos, tanto a nivel regional como nacional. Por supuesto que escribo y hablo sobre valores, pero decidí no hablar ni escribir respecto de los caminos de los diferentes partidos en aras de plasmarlos. Y si bien ocuparse de hacerlo resulta de suma importancia, pensé que, dado que no toda la verdad se encuentra en una sola agrupación política, es mejor que en mi carácter de rabino me abstenga de emitir comentario alguno.

Naturalmente, en los tiempos electorales en los que es necesario definir y escoger por un partido se ponen de manifiesto las diferencias y las disputas y se ve afectada la hermandad básica que debe imperar entre los hijos de Israel. Por ello, junto al deber de expresar una postura y promover valores a través de los diferentes partidos políticos es mi obligación también recordar nuestros valores comunes y de ese modo evitar que la discusión devenga en hostilidad. Por ello, es bueno que haya rabinos que permanezcan fuera de la discusión política.

Esta postura es acorde a la festividad de Sucot, en la cual todos los hijos de Israel deben elevarse por sobre las necesidades individuales inmediatas y ascender juntos al Templo de Jerusalém para celebrar todo lo bueno que cosecharon a lo largo del año. Lo bueno en todos sus aspectos y niveles, aunque parezcan contradictorios. Sobre esto dijeron nuestros sabios (Tratado de Sucot 27(B)): «Todos los hijos de Israel deberían sentarse bajo una misma sucá». Asimismo, las cuatro especies aluden a todos los diferentes tipos de judíos que se reúnen a celebrar juntos la festividad de Sucot. Por medio de la unión entre todos, incluidos aquellos que carecen de estudio de Torá y observancia de los preceptos, HaShem es ensalzado y el pueblo judío perdura y se ve bendecido (ver Pninei Halajá Sucot 1:8, 4:2).

El precepto de Hakhel

Otro precepto que expresa la idea de la unión alrededor de la sagrada Torá es el de Hakhel. En la festividad de Sucot que se celebra al concluir el año sabático estamos preceptuados de reunir a todo el pueblo de Israel, hombres, mujeres y niños y leer ante ellos porciones de la Torá del libro de Devarim las cuales hacen alusión a la cuestión de la fe, el temor reverencial a D’s, el estudio de la Torá y la observancia de sus mandamientos.

El objetivo de la ceremonia de Hakhel es realzar la importancia y el honor de la Torá y sus preceptos. No había acto público más honroso ni más impactante que este, y todos los hijos de Israel participaban de él, personas adultas y niños, mujeres y hombres, y el más destacado de todos – el rey, que era quien leía la Torá frente a pueblo. En virtud de semejante acto a las personas les surgía el interrogante «¿De qué se trata esta enorme reunión? Y la respuesta surgía por sí misma: «Se trata de escuchar palabras de la Torá que es nuestro fundamento, nuestra gloria y nuestro esplendor, y gracias a ello todos elogiarán la magnificencia de su valor y los corazones de todos se impregnarán del deseo por estudiarla. Así, aprenderán a conocer a D’s, alcanzarán la virtud y HaShem se regocijará de Sus creaturas» (Sefer HaJinuj 612).

También los sabios

Asimismo, tanto los grandes sabios que sabían toda la Torá como los extranjeros que aún no entendían la lengua hebrea estaban igualmente preceptuados de participar de este evento, ya que el Hakhel es una suerte de reflejo de la entrega de la Torá en el Monte Sinai, y todos los hijos de Israel debían concentrarse e imaginar como si en ese preciso momento estuviesen recibiéndola de la boca del Creador (ver Rambám Jaguigá 3:6).

Nuestros sabios establecieron que sea el rey quien lea la Torá para dignificar aún más el evento de Hakhel. Sin embargo, en caso de que no hubiese monarca, que su voz fuese débil o que se tratase aún de un niño, el precepto no queda sin efecto, sino que habrá de leer la Torá una personalidad prominente de la nación, tal como el presidente del Sanhedrín (Nasí), el sumo sacerdote (cohen gadol) o el mayor erudito de la generación (Pninei Halajá Sucot 8:1).

Hay autoridades halájicas que entienden que el evento del Hakhel se llevaba a cabo en la noche en la que concluía el primer Yom Tov (Tiferet Israel), y otras que sostienen que se efectuaba al día siguiente, durante el primer día de Jol HaMo’ed (día semifestivo intermedio) (Rabí Eliahu David Rabinowitz Teomim – Aderet).

El beneficio que le reportaba a los participantes

Este evento era sumamente beneficioso para cada uno de los participantes. Quienes eran capaces de estudiar y profundizar en los contenidos de la Torá se veían motivados a incrementar la intensidad de su estudio. Quienes eran capaces de oír y comprender, se veían motivados a prestar atención, a escuchar palabras de Torá y posteriormente a cumplirlas. Los niños pequeños que habían alcanzado la edad en la cual deben ser instruidos en el cumplimiento de los preceptos (guil jinuj), prestaban atención y escuchaban la Torá, y por efecto de la gran santidad del evento se sentían estimulados a reforzar su estudio y a observar sus preceptos. Incluso los infantes que se acercaban a la edad de aprendizaje de los preceptos absorbían en sus almas la gran trascendencia de la Torá. El hecho de que no hubiese nada que se le asemeje en importancia, era el motivo por el cual todos se reunían a escucharla. Y también sus padres se veían incentivados a reconocer la gran misión que sobre ellos recae: educar a sus hijos en el camino de la Torá y los preceptos (Rambán a Devarim-Deuteronomio 31:12-13, Maharal Gur Arié a ídem).

¿Cuándo se llevaba a cabo la ceremonia de Hakhel y quiénes estaban preceptuados de participar de ella?

El evento de Hakhel sellaba con un lacrado de santidad el pasado ciclo del año sabático, ya que por el hecho de que todos los hijos de Israel se reunían para escuchar la Torá tras culminar el año de la Shemitá, quedaba en evidencia que todo aquello que está conectado a la Torá posee un valor eterno, y aquello que no lo está es olvidado y se pierde. En virtud de ello, el pueblo de Israel era iluminado y recibía un refuerzo en aras de continuar avanzando por la senda de la Torá a lo largo del ciclo sabático que se iniciaba para bien.

Quien no podía oír la lectura del rey por causa de su débil audición, o porque debía pararse lejos del monarca en virtud del aglomeramiento imperante, debía igualmente prestar atención a la lectura “ya que la intención del texto es reforzar la Ley verdadera, por lo tanto, la persona debe verse a sí misma como si recibiese en el momento el mandamiento y lo escuchase directamente de boca del Creador, ya que el rey es el enviado para hacer oír las palabras de D’s” (Rambám Jaguigá 3:6, según el Lejem Mishné allí).

El orden del evento

Previo a la asamblea, los cohanim daban vueltas por toda la ciudad de Jerusalém y tocaban trompetas para reunir al pueblo en el Monte del Templo. Se traía una gran tarima de madera y se la erigía en medio del patio del Santuario que estaba destinado al estamento de Israel (ezrat nashim), el rey subía y tomaba asiento sobre ella, para que se escuchara su voz y para que los presentes lo vieran al leer. En caso de que el monarca quisiera honrar a la Torá leyéndola de pie – ello era digno de alabanza.

En honor a la Torá y al rey, se procedía con excelencia pasando el rollo de la Torá de persona en persona hasta que llegaba al monarca. Así es como esto se realizaba: el encargado de la sinagoga (jazán hakneset) del Monte del Templo tomaba el rollo de la Torá y se lo entregaba al presidente de la sinagoga (rosh hakneset), este se lo entregaba al vice sumo sacerdote, este a su vez lo entregaba al sumo sacerdote, este a su vez lo entregaba al rey, quien lo recibía estando de pie.

Tanto previo a la lectura como con posterioridad a ella el rey recitaba las bendiciones habituales que corresponde decir a todo aquel que sube a la Torá. Acto seguido agregaba otras siete bendiciones, por el pueblo de Israel y por el Templo de Jerusalém.

La costumbre de hacer un recordatorio del Hakhel

En las últimas generaciones, los grandes rabinos, instaron y alentaron al público judío que se nucleó en la tierra de Israel instaron a efectuar un recordatorio de este caro precepto para honrar a la Torá y rememorar el Templo de Jerusalém. Ya vimos que nuestros sabios instituyeron una serie de normas en recuerdo de lo que se solía hacer en el Templo, y lo aprendieron de lo que fue dicho (Irmiahu-Jeremías 30:17): “Te traeré sanación y tus heridas curaré, así ha dicho HaShem, porque te han llamado abandonada, diciendo: es Sion y no hay quien se preocupe por ella”. De lo que dice el profeta respecto de “no hay quien se preocupe por ella” se deduce que, en efecto, es necesario preocuparse y recordarla, y en virtud de ello sanará de su herida (Tratado de Rosh HaShaná 30(A)).

Hay consenso en cuanto a que en la actualidad no estamos preceptuados de llevar a cabo el evento de Hakhel por ser un precepto vinculado al de la peregrinación al Templo, mientras el Templo esté destruido no recae sobre nosotros el deber de peregrinar (Tratado de Jaguiigá 3:1). De todas maneras, los grandes maestros de Israel vieron la importancia de efectuar un recordatorio a este precepto que se cumple por medio de la generalidad del pueblo de Israel, especialmente en estas generaciones en las que la nación judía se reúne en su tierra patria.

Sin embargo, en el seno de los rabinos jaredim hubo quienes se opusieron a que se lleve a cabo la ceremonia por temor a violentar los límites de la tradición aceptada. Dado que su postura carece de un fundamento sólido en la Halajá los Grandes Rabinos de Israel no se atuvieron a su postura.

Rabinos que impulsaron el recordatorio del precepto de Hakhel

El primer rabino en llamar la atención a esta cuestión fue el Rabino Eliahu David Rabinowitz Teomim (Aderet), quien redactara un folleto titulado “Zejer LaMikdash” (“En recuerdo del Templo”) y sobre el final de sus días llegara a Jerusalém para ejercer el rabinato de la ciudad. Esta fue también la postura de su yerno, nuestro maestro el Rav Kuk, a pesar de que en la práctica no logró promover la cuestión. Otros rabinos procuraron impulsar esta costumbre, entre ellos el Rabino Ticochinsky (Ir HaKodesh VeHaMikdash IV cap. 15), y los Grandes Rabinos del Estado de Israel Herzog y Uziel. Asimismo, también los rabinos Jarlap y Tzví Yehudá Kuk apoyaron esta iniciativa. Cabe destacar especialmente el accionar del Rabino Shlomó David Kahana, jefe del Tribunal Rabínico de Varsovia durante décadas, que al final de sus días ejerció el Rabinato de la ciudad vieja de Jerusalém, y el de su hijo, el Rabino Shmuel Zanwil, que mientras ejerció la dirección general del ministerio de asuntos religiosos, organizó en la práctica el evento “en recuerdo del Hakhel”.

La celebración efectiva de la ceremonia (recordatoria) del Hakhel

En el año 5706, después del Holocausto y antes del establecimiento del Estado de Israel, la iniciativa de estos rabinos se concretó y se realizó por primera vez un evento “en recuerdo del Hakhel” con la participación de los Grandes Rabinos de la comunidad judía de la tierra de Israel y otras grandes eminencias rabínicas. La labor organizativa corrió a cargo del “Centro de Cultura de HaPoel HaMizraji. Desde entonces, cada vez que concluye un año sabático tiene lugar un evento “en recuerdo del Hakhel”, salvo en el año 5734 (1973), ya que entonces se libraba la guerra de Yom Kipur en su mayor intensidad y los hombres estaban reclutados para combatir y arriesgar su vida en la defensa de la nación y el país. En el año 5748 tuvo lugar un evento recordatorio del Hakhel especialmente honorable y elevado ya que fue presidido por los rabinos Mordejai Eliahu y Abraham Shapira, que en aquellos días fungían como los Grandes Rabinos del Estado de Israel. Decenas de miles de personas se reunieron entonces en la explanada del Kotel (Muro Occidental) y esta se colmó por completo, al igual que todos los techos y balcones de la ciudad vieja que dan hacia ella. El evento fue transmitido en directo por la televisión, contó con la participación del presidente Jaim Herzog, quien tomara parte de la lectura junto a los Grandes Rabinos. Varias de las principales figuras del estado participaron de este acto, entre ellos el primer ministro, numerosos secretarios de carteras gubernamentales y el presidente de la Suprema Corte de Justicia. Desde entonces y hasta la fecha, cada vez que finaliza el año sabático, en el primer día de Jol HaMo’ed Sucot tiene lugar en el Muro Occidental un acto “en recuerdo del Hakhel” con una multitudinaria asistencia de público, que tiene por cometido honrar a HaShem y a Su Torá.

En concordancia con todo esto, es oportuno reforzar las diferentes iniciativas destinadas a celebrar recordatorios del Hakhel en las diferentes comunidades, para reunirse y leer todos juntos del libro de Devarim, incitar a las personas e inculcar en los corazones el amor a la Torá y al cumplimiento de sus preceptos, reforzarse en los preceptos de la fe en HaShem y el poblamiento de la tierra de Israel, el establecimiento de un reino con un orden jurídico y la ayuda al prójimo que son los mandamientos más importantes que se leían durante este evento en días pretéritos (ver Pninei Halajá Sucot 8:2).

Las costumbre del Hakhel como fuente de inspiración para las diferentes comunidades

Es así como los sabios, inspirados en el precepto de Hakhel, establecieron que en cada comunidad los judíos se reúnan a leer la Torá cada Shabat. Asimismo, instituyeron que se lleve a cabo en Shabat una clase de Torá al que también las mujeres asistían (Talmud Jerosolimitano Tratado de Sotá 1:4, Tania HaRishon 18). «Le dijo el Santo Bendito Él a Moshé: ‘Congrega comunidades multitudinarias y enséñales públicamente las leyes del Shabat para que aprendan para todas sus generaciones a reunir a las multitudes sábado a sábado en las casas de estudio para enseñarles lo prohibido y lo permitido, para que Mi Gran Nombre sea loado entre Mis hijos’. Le dijo Moshé al pueblo de Israel: ‘Si vosotros cumplís con este orden de estudio, el Santo Bendito Él considerará como si lo hubieseis coronado como monarca de Su mundo'» (Yalkut Shim’oní Vayakhel 408).

 

 

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