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YOM KIPUR Y LA REPARACIÓN DEL VÍNCULO ENTRE EL HOMBRE Y SU PRÓJIMO

VAIELEJ 2022

YOM KIPUR Y LA REPARACIÓN DEL VÍNCULO ENTRE EL HOMBRE Y SU PRÓJIMO

 

El chivo que en el sorteo resultaba dedicado a D’s, estaba destinado a expiar por las impurezas del Templo, para enseñarnos que todos los pecados provienen de un defecto en nuestro vínculo con los valores sagrados.

En vísperas de Yom Kipur, el Rabino Tzví Yehudá Kuk, de bendita memoria, solía instarnos a amar a los demás seres humanos.

El objetivo del ayuno de Yom Kipur es desconectar un poco nuestras almas de los lazos que la amarran a la materia y permitir así que todas nuestras buenas y verdaderas aspiraciones puedan liberarse y manifestarse.

De las palabras del Rabino Tzví Yehudá Kuk, de bendita memoria, aprendemos que es imperativo priorizar el valor del amor al prójimo por sobre el del estudio de la Torá y su estricto cumplimiento, porque la Torá está destinada a traer bendición al hombre. Por ello, primero siempre debe haber un ser humano que descubra su propio valor intrínseco, y que a partir de ello se eleve bajo la guía de la Torá.

La expiación en el día de Kipur tenía lugar principalmente por medio de los dos chivos que eran sorteados, uno era destinado a D’s y el otro a ser arrojado al Azazel.

Cabe prestar atención al hecho de que todas las transgresiones tanto sean de los hijos de Israel, como de los propios cohanim, eran expiadas por el chivo que era arrojado al Azazel, al tiempo que el que era destinado a D’s expiaba únicamente por la impureza del Templo y sus ofrendas. Además de ello, el Sumo Sacerdote realizaba una ofrenda expiatoria con un buey para limpiar las posibles impurezas del Templo y de las ofrendas que él o sus hermanos habían ofrecido. Surge por sí misma la pregunta de ¿por qué el buey y el chivo cuya sangre se asperjaba en el Santo Sanctorum (Kodesh HaKodashim) y en el recinto sagrado (el Kodesh) están destinados a expiar únicamente las transgresiones del Templo, al tiempo que el chivo que era arrojado al Azazel expiaba por todos los demás pecados?

Aquí nos encontramos con una idea sumamente significativa. El origen o la raíz de todos los pecados proviene de una falla o un defecto en nuestra conexión con los valores sagrados que se manifiestan en el Sagrado Templo. Cuando hay un pecado en la raíz de la planta, automáticamente se multiplican a lo largo y ancho de su follaje, y por lo tanto, la principal expiación depende de la pureza del ámbito de la santidad, y una vez que la principal reparación es llevada a cabo resulta evidente que todas las transgresiones son exteriores y que es posible librarse de ellas con relativa facilidad. Por ello, se nos ordenó expiar todos estos pecados por medio de un chivo que es arrojado al Azazel, a la perdición.

La culpabilidad de los líderes de la nación

Esto es lo que dijeron nuestros sabios: “Todo aquello que los líderes hacen, toda la generación lo hace. ¿Cómo es esto posible? El presidente de la Gran Tribunal autoriza, ante lo cual el juez titular se dice para sí: ‘Si el presidente autoriza, ¿yo voy a prohibir?’ Luego los jueces dicen para sí: ‘Si el juez titular permite, ¿nosotros vamos a prohibir?’ Acto seguido, el resto de la generación se dice para sí: ‘Si los jueces autorizaron, ¿nosotros vamos a prohibir?’ ¿Quién es pues el causante de que toda la generación peque? ¡El presidente del Gran Tribunal que fue quien pecó primero! Dijo Rabí Simlai: Sobre esto está escrito: ‘La madre actuó como una prostituta, la que los concibió se comportó vergonzosamente’ (Oseas 2:7), se refiere a que ellos (los magistrados) hacen vergonzosas sus palabras ante el común de la gente. ¿Cómo ocurre esto? Un sabio enseña ante el público: ‘No habrás de prestar a interés’ y él mismo presta a interés. Dice: ‘No asaltarás’ y él mismo asalta. Dice: ‘No robarás’, y él mismo roba. Dijo Rabí Berajiá: Una vez a alguien le robaron su manto y fue a presentar una denuncia donde el juez… y al llegar encontró su manto tendido sobre la cama del magistrado” (Devarim Rabá 2:19).

Otro tanto dijeron nuestros sabios respecto de la justicia según las leyes de la Torá, por efecto de la cual quienes cometieron asesinatos no intencionales deben huir hacia la ciudad refugio y permanecer allí hasta el fallecimiento del Sumo Sacerdote, porque “(los Sumos Sacerdotes) debían haber pedido compasión por su generación y no lo hicieron” (Tratado de Macot 11(A)). O sea, si el Sumo Sacerdote cumpliese plenamente con su rol moral y social no existirían asesinatos inintencionales.

El remedio para ello es que cuando el presidente del Supremo Tribunal peque se confiese y ofrende un sacrificio para su expiación (Vaikrá-Levítico 4:22). Esto lo explicó Rashi según lo que dice la Guemará en el Tratado de Horaiot (10(B)): “Feliz de la generación en la cual su líder se preocupa de expiar por sus errores no intencionales, y obviamente que se arrepiente por sus malas acciones intencionales”. El error no intencional más grave tiene lugar en el ámbito del aprendizaje de las palabras de la Torá, por cuanto que un descuido inintencionado en el estudio lleva posteriormente a un pecado premeditado (Tratado de Avot 4:13).

Amor a los seres humanos

Mi maestro y rabino el Rav Tzví Yehudá Kuk, de bendita memoria, decano de la Yeshivá Merkaz HaRav, en su disertación previa a Yom Kipur solía instarnos a amar al prójimo por medio del versículo que reza: “y no deseéis en vuestro corazón el mal de vuestro hermano. Este versículo en su totalidad decía: “Así ha dicho el D’s de las Huestes Celestiales: Juzgad rectamente y que cada uno proceda con su hermano con generosidad y compasión, no explotéis ni a la viuda ni al huérfano ni al extranjero y no deseéis en vuestro corazón el mal de vuestro hermano” (Zacarías 7:9-10).

El Rav Tzví Yehudá solía explicar la Mishná que reza: “ama a las creaturas y las acerca a la Torá (Tratado de Avot 1:12) diciendo que esta contiene dos elementos independientes entre sí. No está escrito “ama a las creaturas para acercarlas a la Torá”, ya que ello implicaría un afecto falso, el simple amor a los seres humanos posee un valor intrínseco y de este se desprende el acercamiento a la Torá. “¿A qué seres humanos se refiere? Seguramente a personas que están alejadas de la Torá, ya que a estas hay que acercarlas, y también estamos preceptuados de amarlas” (Sijot HaRav Tzví Yehudá a Vaikrá pág. 30). El amor al prójimo debe ser tangible, absoluto, verdadero, natural, normal, Divino, y en virtud de ello debe acercar a estas personas a la Torá”. “En primer lugar, los judíos se tienen que acostumbrar a observar el precepto que ordena “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Este es un precepto de la Torá. Es preciso acostumbrarse a cumplirlo durante un muy largo período de tiempo, ya que es el fundamento de todo, la raíz de todo. Luego, es posible interpretar cómo y de qué manera…” corresponde combinar el amor con la amonestación que es motivada por el afecto. “Es preciso limpiarnos de la impureza del odio, de la impureza del odio de determinados estudiosos de la Torá, y de determinados decanos de yeshivot que profanan el Nombre Divino y en nombre de la Torá intentan introducir al ambiente el odio al prójimo, ¡D’s nos libre de ello, D’s nos guarde!” (Sijot HaRav Tzví Yehudá, Midot pág. 35; Am Israel pág. 212).

“Hay quienes se ‘suben al carro’ del versículo de los Salmos que dice ‘¿D’s, acaso no he de odiar a quien te odia?’, y hay doctrinas educativas que resaltan esta cuestión de forma manifiesta, y hacen de ella un pilar. Hacen del odio al prójimo un principio fundamental so pretexto de que así logran defenderse a sí mismos. Resulta interesante constatar que nunca se calificó a un gran justo o a una eminencia del pueblo judío como ‘Soné Israel’, ‘Aquel que odia en Israel’” (en HaTorá HaGoelet IV pág. 160).

Un verdadero estudioso de la Torá ama al prójimo

Nuestro maestro y rabino, el Rav Tzví Yehudá Kuk, nos enseñó también que “Nuestro patriarca Abraham es llamado ‘Abraham, aquel que me ama’, él era puro amor al prójimo. Solo por medio del fundamento de nuestro patriarca Abraham es que llegamos a nuestro maestro Moshé. La Torá llega nosotros en virtud de que Moshé la recibió en Sinai, pero nuestras características de la conducta provienen de Abraham. Nuestro maestro Moshé es el nieto de nuestro patriarca Abraham: no se obtiene la Torá sino por medio de las virtudes puras, la delicadeza personal y el mérito de Abraham. En la medida en que un estudioso de la Torá se torne más constante y esmerado en su estudio, en la medida en que se asemeje más y más al tipo de erudito de la Torá que es denominado “Moshé Rabenu” mayor deberá ser el amor a los seres humanos que colme el interior de su ser (Sijot HaRav Tzví Yehudá, Midot pág. 13).

De las palabras del Rabino Tzví Yehudá Kuk, de bendita memoria, aprendemos que es imperativo priorizar el valor del amor al prójimo al del estudio de la Torá y su estricto cumplimiento, porque la Torá está destinada a traer bendición al hombre, y por ello, primero siempre debe haber un ser humano que descubra su propio valor intrínseco, y a partir de ello procure ascender y se eleve bajo la guía de la Torá. De no ser así, se corre el peligro de que para esta persona la Torá se torne un elixir de muerte, haciendo de ella alguien intolerante para con el prójimo y buscadora de pleitos.  HaShem ama a Sus creaturas al tiempo que el estudioso errado, pretendidamente en nombre de la Torá, las odia.

El amor a los hijos de Israel antecede al amor a la Torá

Nuestro maestro y rabino, el Rav Tzví Yehudá, acostumbraba también a recordarnos las palabras del Taná Debei Eliahu Raba: “Una vez iba de lugar en lugar y encontré una persona… me dijo: Rabí, dos cosas tengo en mi corazón y las amo enormemente, la Torá y el pueblo de Israel, pero no se cual de ellas debe ser la primera. Le dije: Las personas suelen decir que el amor a la Torá es el que debe preceder a todo, ya que está escrito “D’s me poseía desde el principio” (Proverbios 8:22), pero yo diría que los sagrados hijos de Israel preceden a todo, ya que está escrito: “Israel está consagrado a D’s, es el inicio de Su cosecha” (Jeremías 2:3). Esto se asemeja a un monarca de carne y hueso que tenía esposa e hijos en su casa y escribió la misiva (que es su Torá), de no ser porque su esposa y sus hijos cumplen con su voluntad dentro de la casa la misiva no tendría valor…” (Tana Debei Eliahu Parashá 15).

La reparación del vínculo con el prójimo

Dijeron los sabios: “Los pecados del hombre para con D’s – Yom Kipur las expía, los pecados entre el hombre y su prójimo – Yom Kipur no los expía hasta que logre disculparse (Mishná Tratado de Yomá 85(B)). Aunque ofrende todos los sacrificios posibles y abunde en ayuno y oración – no será perdonado hasta que su compañero lo disculpe (Tratado de Baba Kama 92(A)).

Por lo tanto, es necesario reparar en primer lugar los pecados para con el prójimo, pues de no ser así, por más que alguien se esmere en reparar sus malas acciones para con D’s, dado que está enredado en transgresiones para con el prójimo, no podrá acercarse a HaShem. Algo similar escribió el Rav Yoshiahu Pinto en su comentario al libro Ein Ya’akov (Tratado de Yomá 85(B)) e cuanto a que mientras que una persona detente en su haber pecados para con el prójimo la expiación de sus faltas para con D’s depende también de que resuelva sus cuestiones interpersonales. “Y por cuanto que se disculpa y se reconcilia con su compañero – el Santo Bendito Él acepta expiar sus pecados para con D’s” (ver Birjei Yosef 606:1, Kaf HaJaím 606:3).

Conceptos similares fueron vertidos por nuestros sabios, en cuanto a que una conducta interpersonal ética es anterior a la Torá (Taná Debei Eliahu 1, Vaikrá Rabá 9:3).

El ayuno nos abre a la posibilidad del retorno

Cada año el alma se ve recubierta por una capa de materialidad y por las diferentes pasiones corporales que hacen que el ser humano olvide su aspiración interior y peque. HaShem nos ordenó ayunar en Yom Kipur para que nuestra alma se desconecte un poco de los lazos que la amarran al cuerpo y a la materia, y permitir así que todas nuestras buenas y verdaderas aspiraciones puedan liberarse y manifestarse.

El ayuno nos abre en primer lugar a la reparación de los pecados entre el hombre y su prójimo. Por lo general, un individuo está ocupado impulsando la concreción de sus metas y de objetivos, y en el camino, a veces hace caso omiso del dolor de sus compañeros y los afecta negativamente. Por medio de la sensación de malestar producida por el ayuno, el corazón de la persona se abre a la percepción del sufrimiento de sus amigos y de todas las demás creaturas. Sus pequeños problemas adquieren así la justa proporción, al compararse con el enorme dolor existente en el mundo y con las injusticias aberrantes que provocan un dolor que llega hasta lo más profundo del ser.

Así, el individuo logra entender que solamente por medio de la fe en HaShem y el cumplimiento de Su Torá es posible alcanzar la completa reparación y revelar tanto sus potencias como sus habilidades, y entonces, imbuido por un deseo de prodigar el bien a las demás personas, alcanza el nivel de la teshuvá por amor, a través de la observancia de los preceptos para con el prójimo y para con D’s.

La alegría de Sucot y de Simjat Torá

Por medio del retorno en arrepentimiento de Yom HaKipurim los hijos de Israel reciben la alegría de Sucot que expresa la unidad de nuestro pueblo, tal como dijeran nuestros sabios: “Todos los hijos de Israel merecen sentarse bajo una misma sucá” (Tratado de Sucá 27(B)). Asimismo, las cuatro especies vegetales de la festividad aluden a los cuatro tipos de judíos que se reúnen en Sucot, y si bien la aravá (las hojas de sauce) representa a aquellos judíos que son carentes tanto de Torá como de buenas acciones y aparentemente sus vidas carecen de valor, justamente gracias a la reunión de todo el pueblo de Israel, nuestra nación es expiada y la Gloria Celestial se ve enaltecida (ver en Vaikrá Rabá 30:12). Así, es posible alcanzar la alegría de la Torá, gozar de vida y bendición en este mundo y en el Venidero.

 

 

 

 

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