Rendir el honor debido a los sabios y perpetuar la memoria de los benefactores: el orden de prioridades en la sinagoga

MISHPATIM 5786

Rendir el honor debido a los sabios y perpetuar la memoria de los benefactores: el orden de prioridades en la sinagoga

 

Al sentar a los ancianos en la parte delantera de la sinagoga, toda la comunidad rendía honor a la Torá y a sus sabios. @ Aunque encontramos distintas comunidades en las que se acostumbró a no sentar a los rabinos en el “mizraj” (la pared oriental de la sinagoga), es correcto volver a la costumbre original. @ Esto, con el fin de honrar a la Torá y aumentar su influencia. @ Debe atenderse la solicitud de una persona que donó una suma elevada para la construcción de la sinagoga de que se coloque una placa en la que se perpetúe su contribución. @ Así como se acepta un sacrificio de holocausto (korbán olá) en el Templo de un no judío —incluso de parte de un idólatra—, del mismo modo está permitido aceptar el donativo para una sinagoga de parte de un gentil.

 

En la época de los sabios de las últimas generaciones (ajaronim), en muchas sinagogas de judíos de origen sefaradí se anuló la costumbre de que los ancianos se sentaran de cara al público, y en su lugar se sentó a los rabinos en el centro, junto a la bimá, de modo tal que toda la congregación se orientaba hacia la bimá. Así, todos quedaban unidos en la oración y el canto alrededor de los rabinos y del jazán. Esta disposición de los asientos del público existía también en parte de las sinagogas de Ashkenaz.

 

La ubicación de los asientos de los eruditos de la Torá en la sinagoga

Pregunta: ¿Es necesario sentar a los rabinos en la parte delantera de la sinagoga, con el rostro dirigido hacia el público?

Respuesta: Dijeron los sabios: “¿Cómo se sentaban los ancianos? Con el rostro hacia el pueblo y la espalda hacia el Santuario” (Tosefta Meguilá 3:14). Y así escribieron varios de los sabios medievales (rishonim) (Rif, Rosh, Rambam, Tur y Shulján Aruj, Oraj Jaím 150:5).

A primera vista, parecería que los ancianos daban literalmente la espalda al Arca Sagrada (Arón Hakodesh). Sin embargo, es posible interpretar que “su espalda hacia el Santuario” significa hacia el lado donde se encontraba el Arca Sagrada, pero no que dieran directamente la espalda al Arca. Así lo explicó el Meiri (Tratado de Meguilá 25(B); y también en Responsa Jatam Sofer, Oraj Jaím 29 y 35). Respecto a la disposición del público, el Rambám escribió: “Y todo el pueblo se sienta fila delante de fila, y el rostro de cada fila hacia la espalda de la fila que tiene delante, hasta que el rostro de todo el pueblo esté dirigido hacia el Santuario, hacia los ancianos y hacia la teivá (el Arca Sagrada)” (Hiljot Tefilá 11:4).

 

¿Quiénes son los ancianos que se sentaban frente al pueblo?

Los ancianos que se sentaban frente al pueblo eran los sabios de la Torá, tal como lo dice el Talmud: “No se llama anciano (zakén) sino a quien ha adquirido sabiduría (zé kaná jojmá)” (Tratado de Kidushín 32(B); Sifrá, Kedoshim). Y se los llamaba “ancianos” porque, de manera natural, dado que se acostumbraba a dedicar los Shabatot y las festividades al estudio de la Torá, y también durante los días de semana se fijaban tiempos para el estudio, los ancianos —que habían tenido más años para estudiar Torá y acumular experiencia de vida— eran generalmente más sabios en la comprensión de la Torá.

 

El fundamento de la halajá

Al sentar a los ancianos en la parte delantera de la sinagoga, toda la congregación rendía honor a la Torá y a sus sabios; y a partir de ello se fortalecía el deseo entre los fieles de dedicarse al estudio de la Torá, seguir los caminos de D’s e incrementar el bien y la bendición en el mundo. Además, al orientarse los sabios hacia el pueblo, expresaban su respeto hacia todos los que acudían a la sinagoga, los hijos amados de D’s que venían a rezar ante Él y a estudiar la Torá que Él les había entregado (ver Beit Yosef 150:5; Har Tavor 7).

 

¿Por qué hubo comunidades que no practicaron esta costumbre?

En la práctica, aunque en muchas comunidades de Israel se acostumbró a cumplir esta práctica, hubo otras que no la adoptaron. En el antiguo libro titulado “Las diferencias entre los habitantes de Oriente y de la Tierra de Israel” (Hajilukim Shebein Anshei Mizraj veEretz Israel) se señala que en Babilonia se acostumbraba a proceder conforme a lo expuesto en la Tosefta, mientras que en la Tierra de Israel se procedía de otro modo. De manera similar, en la época de los sabios medievales (rishonim), en muchas comunidades de Ashkenaz no se acostumbraba a sentar a los sabios de la Torá en la parte delantera de la sinagoga. Asimismo, en el norte de África y en el Yemen hubo muchas comunidades que no fueron estrictas en este punto. Se dieron diversos motivos para explicar la costumbre de aquellas comunidades que no sentaban a los sabios de la Torá en la parte delantera de la sinagoga:

  1. a) Algunas comunidades financiaban el mantenimiento de la sinagoga mediante la venta de los asientos, y cuanto más cercano estaba el asiento a la parte delantera de la sinagoga, mayor era su precio; los asientos de la primera fila eran los más costosos. Si se los reservaba para los sabios, tendrían dificultades para sostener económicamente la sinagoga (Levush, Oraj Jaím 150:5; Turei Zahav 2; Mishná Berurá 14).
  2. b) La elección de los ancianos que se sentarían en el lado oriental podía provocar disputas, ya que en ocasiones resulta difícil determinar quiénes son exactamente los sabios de la Torá de la comunidad, y el intento por decidirlo podía conducir a conflictos. Para evitar peleas, se abstuvieron de sentar a los ancianos en la parte delantera de la sinagoga. Algo similar a la disposición de los sabios de que el cohen suba primero a la Torá aun cuando haya personas más distinguidas que él en la sinagoga, a los efectos de mantener la paz, (Mishná Tratado de Guitin 5:8–9). En este mismo sentido, Rabí Abraham hijo del Rambám, en su obra “Lo suficiente para los siervos del Eterno” (HaMaspik Leovdei HaShem), cap. 25, escribió que a veces los rabinos se enorgullecen frente al público, y por lo tanto no resulta apropiado que se sienten en el lado oriental (mizraj).

 

La costumbre de la comunidad de Esmirna (Izmir)

Rabí Jaim Palagí escribió (Kaf HaJaím 11:27) que, en Esmirna, en Turquía, se acostumbraba que los sabios se sentaran junto a la entrada. Explicó que quizá lo hacían para evitar que personas de conducta ligera se sentaran cerca de la puerta, dando así la impresión de que la permanencia en la sinagoga les resultaba una carga. O tal vez se procedía así porque todos los fieles solían besar las manos de los rabinos, y estos últimos no querían molestarlos obligándolos a caminar hasta cerca del Arca.

 

La costumbre de parte de los sefardíes de sentarse en forma de letra “jet” (ח)

En tiempos más recientes, en muchas sinagogas de judíos de origen sefaradí quedó sin efecto la costumbre de que los ancianos se sentaran de cara al público, y en su lugar se sentó a los rabinos en el centro, junto a la bimá, de modo tal que toda la congregación quedase orientada hacia la bimá. Así, todos quedaban unidos en la oración y el canto alrededor de los rabinos y del jazán. Esta disposición de los asientos existió también en parte de las sinagogas de Ashkenaz. No obstante, incluso con esta disposición, resulta aún posible observar las palabras de los sabios en cuanto a sentar a los ancianos en la parte delantera de la sinagoga, a ambos lados del Arca Sagrada.

 

A priori, es correcto sentar a los rabinos en el “mizraj”

Aunque encontramos diversas comunidades en las que se acostumbró a no sentar a los rabinos en el “mizraj”, es decir, en la parte delantera de la sinagoga con el rostro dirigido hacia el público, es apropiado retornar a la costumbre original que establecieron los sabios tanaítas (del tiempo de la Mishná) en la Tosefta, y tal como dictaminaron la mayoría de los sabios medievales (rishonim) en la halajá. Así fue la práctica en muchas comunidades de Israel, y es posible que así se haya acostumbrado a proceder en la mayoría de las comunidades judías. Todo ello con el fin de honrar a la Torá e incrementar su influencia.

 

La interrupción de la costumbre en las últimas generaciones

En las últimas generaciones, de manera gradual, incluso descendientes de comunidades que en el pasado acostumbraban a sentar a los rabinos en el “mizraj”, dejaron de hacerlo. Al parecer, la causa principal de ello fue la decepción de muchos de los miembros del público respecto de la conducción de ciertos rabinos que, por poner un gran énfasis en preservar la tradición, establecieron numerosas restricciones y, en el proceso, dejaron sin efecto preceptos y valores sagrados. Así ocurrió que hubo rabinos que se opusieron al cumplimiento del precepto del asentamiento de la Tierra de Israel y al precepto de defender al pueblo y al país en el marco del servicio en el Ejército de Defensa de Israel, se opusieron al estudio de las ciencias y le restaron valor al trabajo y al derej éretz (la ética humana básica y la dedicación a las cuestiones generales de la vida material) que precede a la Torá (derej eretz kadmá laTorá); algunos, incluso provocaron disputas por estas cuestiones. En tal situación, muchos prefirieron que los rabinos se limitaran a atender los servicios religiosos tales como la kashrut de los alimentos, la celebración de matrimonios y la realización de divorcios, el cuidado de la mikvé y del eruv, y que no recibieran un lugar de honor, que quizá podrían utilizar para suscitar controversias y dañar valores sagrados. Por esta razón, en muchas comunidades no existe el interés por nombrar un rabino.

 

La solución

Sin embargo, la solución no es anular la posición de los sabios de la Torá, sino procurar sentar en el “mizraj” a ancianos fieles en el cumplimiento de todos los preceptos y el cultivo de los valores de la Torá de Israel: la Torá y el asentamiento en la Tierra Prometida, los preceptos entre el hombre y D’s, los preceptos entre el hombre y su prójimo, y el “derej eretz” que precede a la Torá. Para destacar el conjunto de los valores de la Torá, es adecuado sentar en la parte delantera de la sinagoga también a ancianos estudiosos de la Torá que hayan alcanzado logros en áreas tales como la ciencia, el asentamiento en el país y en el ámbito militar; ellos también están incluidos entre los “ancianos” dignos de honor, para que sirvan de ejemplo a los más jóvenes. Incluso en un lugar donde las disputas existentes no permiten sentar a los ancianos con el rostro hacia el público, al menos debe sentarse allí al rabino, cumpliéndose así el versículo que dice: “Y tus ojos verán a tus maestros” (Heijal Ytzjak, Oraj Jaím 9).

 

La costumbre del rabino Gottesman

La idea de sentar en el “mizraj” a los sabios de la Torá también idóneos en otros ámbitos la aprendí del Dr. Faingold, de bendita memoria, quien me contó sobre la práctica del rabino Israel Zeev Gottesman, de bendita memoria. En la yeshivá “Netzaj Israel” sentaba en el “mizraj” también a profesores estudiosos de la Torá tales como el profesor Menajem Elón que fungía como vicepresidente del Tribunal Supremo de Justicia y al profesor Halperin, que se dedicaba al estudio de la física. También le pidió al profesor Aumann —quien más tarde recibiera el Premio Nobel de Economía— que se sentara en el “mizraj”, pero por su humildad prefirió sentarse con el resto del público. Le preguntaron: “¿Cómo elige el rabino a quién sentar en el ‘mizraj’?” El rabino entendió que la pregunta se refería a por qué sentó allí a profesores que no eran rabinos, y respondió: “Aquí, en la Tierra de Israel, es necesario ocuparse de cuestiones vinculadas a la existencia estatal (maljut), y estas son personas que lo simbolizan”. El “maljut” expresa, al parecer, los distintos sistemas o mecanismos sobre los que se sustenta la existencia nacional. Además, cabe señalar que estos profesores eran destacados estudiosos de la Torá.

 

La perpetuación de la memoria de los donantes

Pregunta: ¿Debe atenderse la solicitud de una persona que donó una suma elevada para la construcción de la sinagoga, de que se coloque un cartel en el que se escriba: “La sinagoga fue construida con la ayuda de la donación de Fulano de Tal”?

Respuesta: Si efectivamente fue un socio significativo, debe atenderse su petición. Así ocurrió en tiempos del Rashbá en España: un hombre rico aceptó ampliar la sinagoga con su propio dinero y en su propio terreno, pero exigió que se dejara constancia de ello en la entrada de la sinagoga. Algunos de los fieles vieron esto con recelo y preguntaron al Rashbá si era apropiado hacerlo. Él respondió que debía cumplirse su voluntad por dos motivos: primero, porque se trataba de su terreno; segundo, porque es “la cualidad de los sabios” y “la cualidad de los antiguos” dar publicidad a quienes realizan una acción preceptiva “para otorgar recompensa y fomentar la realización de mitzvot… y si la Torá hizo así (al publicitar a quienes realizaron una acción preceptiva), debemos seguir los caminos de la Torá, que son caminos de dulzura (noam)” (Responsa del Rashbá I, 581). Así lo dictaminaron también muchos otros juristas halájicos (Ramá Yoré Deá 249:13; Maguén Abraham, Oraj Jaím 154:23; Mishná Berurá 59; Pninei Halajá Haemuná Umitzvoteha 23:7).

 

Donaciones de no judíos y su mención en una placa o un cartel

Pregunta: ¿Es posible aceptar una donación de un no judío para una sinagoga? y ¿resulta apropiado mencionarlo en un cartel conmemorativo?

Respuesta: Así como se acepta de un no judío un sacrificio de holocausto en el Templo incluso de parte de un idólatra (Pninei Halajá, Haemuná Umitzvoteha 5:3), del mismo modo está permitido aceptar de un gentil una donación para una sinagoga, por ejemplo, una donación para la compra de una lámpara (Tratado de Arajín 6(A); Tosafot a Bava Batra 8(A); Shulján Aruj, Yoré Deá 259:4; Ramá 254:2).

En cambio, la caridad destinada a los pobres está prohibido recibirla de no judíos, tanto porque ello implica una profanación del Nombre de D’s, al parecer que hijos de Israel necesitan recibir su sustento de parte de no judíos, como porque la caridad expía pecados, y podría ser que gracias a ella se les perdonen sus culpas y continúen sometiendo a Israel. Sin embargo, los sacrificios y las donaciones para la sinagoga sí se aceptan, ya que no están destinados a la expiación (Hagahot Ashrí; Turei Zahav, Yoré Deá 254:4). No hay en ello profanación del Nombre de D’s pues con su donación el no judío desea participar junto al hijo de Israel en el servicio a D’s. No obstante, de un cristiano que intenta apartar a Israel de su fe, está prohibido aceptar una donación. Pero de cristianos que se han comprometido a no inducir a los judíos a convertirse, está permitido aceptar donaciones para una sinagoga; y con mayor razón, de quienes aman a Israel.

En general, está permitido mencionar al no judío en un cartel conmemorativo, e incluso hay en ello una santificación del Nombre de D’s. Sin embargo, algunos temen que ello pueda implicar una falta de honor para Israel, al dar la impresión de que los judíos no contribuyeron suficientemente por sí mismos (Yad Itzjak III, 271). En la práctica, corresponde que el rabino del lugar en cuestión decida a este respecto.

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