TETZAVÉ 5786
Desde que inicia el mes de Adar se incrementan la alegría, la unidad y la victoria
Dado que la cualidad singular del mes de Adar es la de transformar el mal en bien, desde que inicia el mes de Adar se incrementa la alegría. @ El pueblo de Israel debe recordar que le está prohibido ser excesivamente compasivo con sus enemigos. @ Se acostumbra a dar tzedaká en el mes de Adar en recuerdo del “medio shekel” (majatzit hashekel). @ El mejor momento para hacerlo es antes del rezo de Minjá del ayuno de Ester, para que la caridad se una al ayuno como forma de expiación. @ Hoy se acostumbra a dar al menos medio shekel por cada uno de los miembros del hogar. @ Es apropiado extender a todo el año la luz de la festividad de Purim y el acercamiento de los corazones que se da en ella.
En Purim, si bien podremos compartir la comida solo con algunos de nuestros amigos y parientes, lo principal es que, a partir de la alegría del banquete festivo, comprendamos el valor de la amistad y de la alegría, y su expresión en las comidas preceptivas. Procuremos a lo largo del año de participar más de las alegrías de nuestros familiares y amigos, tales como bodas, circuncisiones, conclusiones del estudio de tratados del Talmud y libros judaicos en general, y otros encuentros de parientes y amigos.
Desde que inicia el mes de Adar se incrementa la alegría
Dijeron los sabios: “Desde que inicia el mes de Adar se incrementa la alegría” (Tratado de Ta’anit 29(A)). La alegría habitual se debe al bien que existe en el mundo; sin embargo, esta alegría está amenazada, porque todavía hay en el mundo mal y sufrimiento. Pero cuando incluso el mal se transforma en bien, la alegría se multiplica. Esto fue lo que ocurrió en Purim: el Santo, Bendito Sea, transformó el mal en bien y salvó a Su pueblo Israel. Quedó claro que justamente gracias al duro decreto que Hamán hiciera promulgar sobre nuestra nación, el pueblo de Israel retornó en arrepentimiento, Mordejai se convirtió en virrey, y por su intermedio, el Segundo Templo continuó construyéndose y el pueblo de Israel se afianzó en su tierra. De ello aprendimos que todo lo que sucede en el mundo, incluso el mal, finalmente se transformará en bien. Y puesto que la cualidad del mes de Adar es convertir el mal en bien, desde que inicia el mes de Adar se incrementa la alegría.
Recuerda lo que te hizo Amalec
Para revelar la palabra de HaShem en el mundo, el pueblo de Israel debe saber que existe la maldad, y el Nombre de D’s no estará completo en Su mundo mientras Amalec exista. Hoy, el recuerdo de Amalec se ha perdido, pero su herencia aún permanece, y el pueblo de Israel debe recordar que no le está permitido ser excesivamente compasivo con sus enemigos. Cuando actuamos con una compasión exagerada, fuimos castigados: así ocurrió en los días del rey Shaúl cuando este se apiadara de Agag, y otro tanto ocurrió en los días del rey Ajab quien se apiadara del rey de Aram.
También en nuestros días, aunque ya no se aplica la ley específica en lo que respecta a Amalec, el principio de que es necesario derrotar por completo a un enemigo cruel permanece vigente. Es una mitzvá recordarlo y no olvidarlo, y en consecuencia librar una guerra que apunte a una victoria total, tal como lo escribiera el rabino Soloveitchik después del Holocausto. Lamentablemente, muchos de los miembros de nuestro liderazgo militar y político lo olvidan y prefieren diversos acuerdos antes que una victoria absoluta.
Debido al olvido del deber de combatir la maldad, se ha olvidado que el Hamás quiere destruir a Israel y asesinar a la mayor cantidad posible de judíos. Se ha olvidado que la mayoría de los árabes que viven en Yehudá y Shomrón (Judea y Samaria) apoyan a Hamás, con todo lo que ello implica. Se ha olvidado que un porcentaje no despreciable de los árabes ciudadanos del Estado de Israel apoya a Hamás y desea destruir al país de los judíos. Pero el enemigo nos recuerda su intención maligna mediante actos de maldad y asesinato, y así volvemos a recordarlo, y con la ayuda de D’s venceremos.
Shekalim
En el precepto de donar cada año el medio shekel al Templo se manifiesta la cualidad especial de Israel. Pues todo judío —ya sea este rico o pobre, sabio o ignorante, justo o malvado— dona medio shekel, y con la suma de todo lo recaudado se ofrendan los sacrificios públicos, que son aquellos que expresan el vínculo absoluto que existe entre el pueblo de Israel y el Santo, Bendito Sea. Además, cada uno aporta solo la mitad de un shekel, para enseñarnos que toda persona necesita de su prójimo para completarse. Al parecer, esta idea es tan profunda que incluso Moshé Rabeinu tuvo dificultad para comprenderla. “Dijo Rabí Meir: una moneda de fuego sacó el Santo, Bendito Sea, de debajo de Su Trono de Gloria (kisé hakavod) y se la mostró a Moshé” (Talmud Jerosolimitano, Tratado de Shekalim 1:6). Es decir, la raíz del concepto de la cualidad singular del pueblo de Israel está originada en la santidad suprema.
Cuando el Templo estaba en pie, la santidad de Israel se expresaba en la entrega concreta del medio shekel, dinero con el cual se ofrendaban los sacrificios ante HaShem. Y cuando el Templo fue destruido, es la sangre de quienes fueron asesinados al santificar el Nombre de D’s la que expresa la cualidad singular de Israel, y por medio de ello nuestra nación vive y perdura hasta la redención.
La costumbre del recuerdo del medio shekel
Se acostumbra a dar tzedaká (caridad) en el mes de Adar en recuerdo del “medio shekel”. El mejor momento para hacerlo es antes del inicio del rezo de Minjá del día del ayuno de Ester (13 de Adar), para que la tzedaká se una al ayuno como forma de expiación.
Hay quienes acostumbran a dar la mitad de la moneda corriente del lugar. Otros acostumbran a dar tres mitades de la moneda vigente, en correspondencia con las tres veces que aparece la palabra “terumá” (ofrenda o donativo) en la porción de lectura de Shekalim (Ramá, Oraj Jaím 694:1). En nuestros días la moneda habitual es el shekel; según esta costumbre, se dan tres medios shekalim. Otros acostumbran a dar el valor del medio shekel, es decir, el valor de plata pura con el peso de medio shekel, que es 7,5 gramos, cuyo precio hoy es 77 shekalim (NIS). Todas estas costumbres son válidas, y quien dé abundante caridad recibirá bendición.
¿Quiénes acostumbran a dar el recuerdo del medio shekel?
Hay quienes dicen que esta costumbre corresponde a los hombres a partir de los veinte años, que es la edad a partir de la cual estaban obligados a ir al ejército, y eran ellos sobre quienes recaía el precepto del medio shekel (Ramá). Otros sostienen que también los jóvenes a partir de los trece años deben cumplir esta con costumbre (Tosafot Yom Tov).
Hay quienes opinan que es correcto dar el recuerdo del medio shekel (zejer lemajatzit hashekel) también por parte de los menores (Eliá Rabá, Oraj Jaím 686:4; Mishná Berurá 694:5). Otros dicen que es apropiado que también las mujeres den el recuerdo del medio shekel (Kaf HaJaím 694:27). Así es como se acostumbra a proceder hoy en día: dar al menos medio shekel por cada miembro del hogar, incluso por un feto en el vientre de su madre. Se puede recomendar dar el valor del medio shekel de plata pura (NIS 77) por los hombres mayores de veinte años, y por todos los demás, medio shekel. No se debe dar el recuerdo del medio shekel con dinero del diezmo de los ingresos (ma’aser kesafim), ya que no está permitido cumplir preceptos ni costumbres obligatorias con dinero proveniente del diezmo.
Los dilemas que se presentan en la observancia de los preceptos de Purim
He aquí que llega Purim y tenemos una magnífica oportunidad de alegrar a nuestros familiares y amigos con el envío de porciones (mishloaj manot). Sin embargo, surge la pregunta: ¿a quién se las enviaremos? A primera vista, los primeros destinatarios deberían ser los familiares; pero si les enviamos solo a ellos, ¿qué sentirán nuestros buenos amigos? Y si les enviamos a los amigos, ¿a cuáles? ¿a los más cercanos o también a los más lejanos, que también son amigos queridos y a quienes corresponde expresar cariño en Purim? Y, en general, ¿cómo se determina quién es cercano y quién es lejano?, ¿según el tiempo que compartimos juntos o según la profundidad del vínculo? ¿Aquellos que saben alegrarse o aquellos que saben ayudar en tiempos de necesidad? ¿O quizá convenga enviar a los vecinos que, aunque no son amigos íntimos, son vecinos correctos con quienes es apropiado mantener buenas relaciones? ¿O tal vez enviar a los vecinos con quienes la relación es tensa, y gracias al envío de porciones lograr reconciliarnos? ¿O quizá sea mejor recordar a los buenos amigos del pasado, de quienes las preocupaciones de la vida nos han alejado, pero a quienes en verdad seguimos queriendo mucho?
Por otra parte, ¿cómo descuidar a los familiares y a los buenos amigos que durante todo el año mantienen con nosotros buenas relaciones, y ahora, en Purim, olvidarlos y no enviarles porciones? Y si enviamos a todos, tendremos que preparar unas cien porciones y no podremos invertir en cada una lo mejor, de modo tal que nuestro envío será modesto y no expresará plenamente nuestro cariño. Más aún: después de enviar a tantos amigos y vecinos, los demás amigos y vecinos que no recibieron envío se enterarán y quizás se sientan heridos.
Lo mismo ocurre con el banquete festivo. Es una oportunidad extraordinaria para una alegría de mitzvá, en la que es posible abrir el corazón, decir palabras profundas, entusiasmarse en el amor a Dios y a Su Torá. Pero para ello se necesita un lugar adecuado, comidas selectas y buenas bebidas, y, sobre todo, compañeros apropiados. Y vuelve a surgir la misma pregunta: ¿con quién celebraremos la comida? ¿Con los familiares de un lado o del otro, con los amigos de este grupo o del otro, con los abiertos y alegres o con los profundos y sabios, con los fieles que quizá resultan aburridos o con los traviesos e interesantes? Surge el temor de que, hagamos lo que hagamos, habrá familiares y amigos que se sientan heridos. Entonces, ¿quizá sea mejor sumarse a la comida de otros? Y nuevamente surge la interrogante: ¿a la de quién?, y ¿qué haremos con quien se ofenda porque no fuimos a su comida? ¿O tal vez sea mejor viajar a un lugar distante…?
Purim establece los envíos de alimentos de todo el año
La respuesta es que todas las ideas son buenas: a todos es apropiado enviar porciones, con todos es apropiado celebrar una comida preceptiva. Ese es precisamente el sentido del día de Purim: generar inspiración para todo el año. En Purim, ciertamente, no alcanzaremos a enviar porciones a todos, pero a partir de Purim podremos comprender la belleza intrínseca del envío de porciones y el gran valor que tiene la amistad, y así, continuaremos enviando porciones dignas a amigos y conocidos durante todo el año.
Aunque no existe un precepto obligatorio y definido de enviar porciones a familiares y amigos todos los días, de hacerlo, estaremos cumpliendo con la gran mitzvá de “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Y si enviamos las porciones a amigos o a familiares que están pasando por momentos de aflicción, cumpliremos además con el precepto de alentar a quien necesita fortalecimiento.
Si enviamos las porciones a amigos o familiares cuando están alegres por una alegría de preceptiva, cumpliremos otro mandamiento más: participar en la alegría por el cumplimiento una mitzvá. A partir de Purim reflexionaremos sobre el valor especial de la persona que envía alimentos sabrosos a su amigo y se vincula con él mediante una conexión profunda y amorosa. Y no es tan difícil: cuando se hornean jalot (panes trenzados) o se cocina algo especial para Shabat, se puede aumentar un poco la cantidad y enviar un pan o un guiso a una amiga que tuvo una semana cargada, o a quien cumple años, o a quien consiguió un nuevo trabajo, o a quien fue despedido de su empleo.
Así, podremos extender la luz de Purim y el acercamiento de los corazones que se da en esta festividad a todo el año. Y aunque en el propio Purim no alcancemos a enviar porciones a todas aquellas personas a las que quisiéramos, el día de Purim será aquel en el cual decidamos fortalecer los lazos de amistad y enviar cosas que alegren a todos aquellos a quienes hubiera sido apropiado enviarles porciones en Purim. De este modo, se incrementarán el amor y la fraternidad entre nosotros y todos nuestros familiares, amigos y vecinos.
Purim ilumina las comidas preceptivas (seudot mitzvá) de todo el año
Lo mismo ocurre con el banquete preceptivo. En Purim, ciertamente, podremos comer solo con algunos de nuestros amigos y familiares, pero lo principal es que, a partir de la alegría de la comida, comprendamos el valor de la amistad y de la alegría, y su expresión en las comidas de mitzvá. Procuraremos participar más a lo largo de todo el año en las alegrías de nuestros familiares y amigos, como bodas, circuncisiones, celebraciones por la conclusión del estudio de tratados del Talmud y libros judaicos en general, y otros encuentros de parientes y amigos. Decidiremos que nuestra participación en estas alegrías no será solo para cumplir una obligación familiar o social, sino que dedicaremos a ello todo el tiempo necesario para poder regocijarnos de gran manera en la alegría de la observancia de sus mitzvot.
Más aún, pensaremos en todos los amigos cercanos con quienes quisimos celebrar la comida de Purim y no lo logramos, y procuraremos hospedarlos o ser huéspedes de ellos en comidas de Shabat y festividades. De este modo, la alegría de Purim iluminará y se extenderá a todo el año, y aumentarán así el amor y la alegría.





